CATÁLOGO DE OBJETOS IMPOSIBLES, Jacques Carelman

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JACQUES CARELMAN, Catálogo de objetos imposibles, Aura Comunicación, Barcelona, 1990, 240 páginas.

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Este libro recoge fotografías y dibujos de los objetos imposibles ideados por el patafísico artista plástico francés. Humor sobre y crítica de la sociedad de consumo.
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El ajedrez es el cuerpo a cuerpo de dos laberintos.
André Breton

AJEDREZ ESFÉRICO CONOCIDO COMO «GLOBAJEDREZ»

   Este nuevo juego constituye un perfeccionamiento del inmemorial juego del ajedrez, pues añade, en efecto, otra dimensión: ¡la tercera! Qué sorpresa y qué interés adicional cuando, por ejemplo, una reina que uno no había visto surge de las antípodas para «comerse» una pieza. No sea como esos famosos ratones japoneses, que no conocen la tercera dimensión, y adopte nuestro tablero. Esfera metálica, pieza imantadas. Artículo muy esmerado y de gran clase que le hará entrar de golpe en el reducidísimo círculo de los «Nuevos jugadores de Ajedrez».

CUENTACUENTOS, Judith Morris Campos

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JUDITH MORRIS CAMPOS, Cuentacuentos. Antología del relato hispanoamericano, Teide, Barcelona, 2014, 286 páginas.

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David de las Heras ilustra esta edición escolar que contiene una Guía de lectura y propuestas de trabajo (249-286). En la documentada Introducción (pp 7-38) quedan muy bien explicadas las características de la narrativa del «boom». Entre los microrrelatistas: Monterroso, Britto García, Denevi, Galeano, Valenzuela o Shua.
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 LA ÚLTIMA OVEJA

   Para poder dormirme, cuento ovejitas. Las ocho primeras saltan ordenadamente por encima del cerco. Las dos siguientes se atropellan, dándose topetazos. La número once salta más alto de lo debido y baja planeando. A continuación saltan cinco vacas, dos de ellas voladoras. Las sigue un ciervo y después otro. Detrás de los ciervos viene corriendo un lobo. Por un momento la cuenta vuelve a regularizarse: un ciervo, un lobo, un ciervo, un lobo. Una desgracia: el lobo número treinta y dos me descubre por el olfato. Inicio rápidamente la cuenta regresiva. Cuando llegue a uno, ¿logrará despertarme la última oveja?

Ana María Shua



BREVIARIO PERPLEJO, Juan Kruz Igerabide

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JUAN KRUZ IGERABIDE, Breviario perplejo, Trea, Gijón, 2017, 108 páginas.

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Componen doce secciones este Breviario perplejo en el que el autor deleita al lector con aforismos, greguerías y frecuentes relecturas de sentencias de otros autores.
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Todo es un peligro, sobre todo la seguiridad total.
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Cuando alguien tiembla ante ti, también tiembla tu suelo.
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Un profesor rigurosamente justo es necesariamente perverso.
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Morir será como quedarse a dormir un rato más. Esa eterna pereza.
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En el amor, como en el arte de volar, el aterrizaje es el momento más delicado.
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La boca es una herida que no acaba de cicatrizar.
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Del signo de interrogación se desprende la gota del pensamiento.
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Si una oveja se enamora de un lobo, espera ilusionada ser una excepción.
 




CUENTOS EN MINIATURA, Alexander Solzhenitsyn

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ALEXANDER SOLZHENITSYN, Cuentos en miniatura, Emecé, Buenos Aires, 1968, 180 páginas.

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LA FOGATA Y LAS HORMIGAS

   Tiré al fuego un pequeño tronco podrido, sin haber visto que por dentro estaba densamente poblado por hormigas. El tronco empezó a crepitar. De él salieron en masa las hormigas y empezaron a correr desesperadas. Corrían por arriba y se contraían quemándose en las llamas. Tomé el tronco y lo hice rodar hacia un lado. Entonces muchas de las hormigas que consiguieron salvarse corrían a la arena sobre las agujas de pino. Pero que cosa extraña: no se apartaban de la fogata. Habiendo apenas sobrellevado su horror, ya daban la vuelta, rodaban y..una fuerza irresistible las atraía hacia atrás, a la Patria abandonada. Hubo muchas entre ellas que subieron corriendo por el tronquito en llamas, y agitándose sobre él, perecieron ahí mismo.

AÚN NO ESTÁ DECIDIDO, Marie Luise Kaschnitz

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MARIE LUISE KASCHNITZ, Aún no está decidido, Pre-Textos, Valencia, 2008, 176 páginas.

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En el Prólogo (pp. 9-13) Hans Leopold Havi destaca en estas setenta y cuatro «el lenguaje directo, conciso, desnudo».   
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PAPEL EN BLANCO 

   Desde hace algún tiempo encuentro las hojas que escribí el día anterior, por la mañana, al sentarme a trabajar, en blanco. Aunque pongo mi mayor voluntad en ello, no logro recordar lo que había llevado al papel. Las pocas palabras que han quedado no las puedo descifrar, a menudo empleo mañanas enteras en adivinarlas. y lo que interpreto no tiene sentido. Además también ocurre que precisamente esas disparatadas palabras me conducen a una nueva pista que sigo con celo. Mi nariz de perro olfatea y socava, vuelve a tener algo que puedo sacar a la luz del día. Al atardecer hay dos o tres páginas llenas que releo con alegría. Por la mañana volverá a ser como ayer, todo descolorido y desaparecido, solamente unas cuantas palabras, delgadas como hilos, han quedado, indostánicas, swahili, un idioma soñado, y si yo no supiera aprovecharlo todo, qué mal andaría.

A LA CARTA, María Teresa Morales

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MARÍA TERESA MORALES, A la carta, Sherezade, Santiago de Chile, 2014, 90 páginas.

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LABERINTO

   La joven pareja entró al laberinto. Se amaban hasta la muerte y debian enfrentar esta prueba: entrar y salir juntos del laberinto. Al ingreso se separaron, tomó cada uno su propio rumbo con la esperanza de encontrarse al final. Se adivinaban con las manos en los muros, se sentían cerca y lejos a la vez, se escuchaban respirar uno muy cerca del otro, pero sus cuerpos estaban separados. 
   Así pasó un mes, dos meses, años, hasta que finalmente salieron del laberinto con el cabello canoso y la piel arrugada, pero con el mismo intacto amor de los comienzos. 

REINAS DE LOS MARES, Jane Yolen

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JANE YOLAN, Reinas de los mares, Oniro, Barcelona, 2009, 104 páginas.

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En el artículo 3 del pirata Bartholomew Roberts se leía: cualuiqe marinero que «lleve a bordo a una mujer disfrazadad e hombre será ejecutado». Y a pesar de ello, por este libro ilustrado por Christine Joy Pratt surcan las historias de Las mujeres piratas alrededor del mundo: desde Artemisa (500 a.c.) a Madame Ching (s. XIX).  
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RACHEL WALL

Estados Unidos de América: a fines del siglo XVIII

   Rachel Wall nació en 1760 en Carlisle, Pensilvania, y creció en una próspera granja. Recibió una rígida educación en la que la obligaban a recitar oraciones diarias y escuchar lecturas bíblicas el sabath. Rachel acabó odiando este régi­men tan estricto y al llegar a la adolescencia huyó de casa. Aunque regresó a ella, volvió a fugarse, en esta ocasión con George Wall, un marinero.
   Durante los primeros años de matrimonio Rachel tra­bajó de criada en el barrio de Beacon Hill de Boston y su marido George, de pescador. Pero durante la Revolución americana George sirvió a bordo de un corsario. De pron­to los Wall vieron la piratería como un medio de progre­sar en el mundo.
   Robaron un balandro en Essex y zarparon hacia la isla Appledore, donde tramaron un plan. Consistía en rasgar las velas del barco e izar la señal de soco­rro después de una tormenta es­tival. Rachel se quedaba planta­da en la borda, gritando, hasta que pasaba un barco por el lugar y se detenía para ayudarla. En cuanto los rescatadores subían a bordo, George y la tripulación com­puesta de cinco piratas los asesi­naban.
   De 1781 a 1782 los Wall reu­nieron seis mil dólares en metálico —una enorme suma en aquellos tiempos— e incluso más aún con los cargamentos captura­dos, que vendían en Boston y Portsmouth. En total mataron a veinticuatro hombres. Las autoridades creían que los barcos pirateados se habían hundido durante las tormentas que azotaban la Costa.
   Lo más curioso es que George murió ahogado durante un huracán y Rachel volvió para trabajar de sirvienta en Bea­con Hill. Pero como aquella vida le parecía demasiado tran­quila y muy mal pagada, volvió a las andadas, trepando sigi­losamente a las naves ancladas en el puerto de Boston y robando a los marineros mientras dormían. Pero la capturaron y juzgaron no sólo por los robos sino también por un ase­sinato cometido a bordo. En la cárcel confesó todas las fe­chorías de su vida como pirata. La enviaron al cadalso en Boston Common el 8 de octubre de 1789; fue la última mu­jer a la que ahorcarían.