MÁS REALIDAD, Miguel Ángel Arcas

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MIGUEL ÁNGEL ARCAS, Más realidad, Pre-Textos, Valencia, 2012, 68 páginas.

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Tú me interesas más que la verdad.
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La oscuridad es un cadáver,
y no sabes de quién.
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Un beso es un caballo de Troya.
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Cuando la rutina alcanza prestigio
la llaman Eternidad.
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La rectitud siempre termina torciendo las cosas.
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La memoria es lo que queda después de olvidar.
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Una máscara
no esconde un rostro, esconde una herida. 

EL OLOR DEL AGUA, Ricardo Vírhuez Villafane

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RICARDO VÍRHUEZ VILLAFANEEl olor del agua, Editorial Pasacalle, Lima, 2012, 80 páginas.

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ARTISTA

   Cuando terminó de colorear el enorme y hermoso paisaje, el pintor descubrió que no podía salir de su lienzo y se ahogó entre el río y los árboles que él mismo había pintado.

EL MAGO, Ryunosuke Akutagawa

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RYUNOSUKE AKUTAGAWA, El mago. Trece cuentos japoneses, Candaya, Barcelona, 2012, 192 páginas.

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Además de "la fluidez expresiva de su prosa", Ednodio Quintero destaca en Akutagawa "su capacidad de generar emociones, su estilo inconfundible basado en la perfección de la forma y su profundo conocimiento de lo humano"; una suma de logros narrativos cuyo resultado ha llegado a influir en la obra cuentística de autores como Borges, Hemingway o Salinger.


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PANTANO


   Camino a orillas de un pantano.
   No sé si es de día o de noche. Sólo alcanzo a escuchar el canto de una garza azul, oculta en algún sitio, y apenas vislumbro el cielo, a medias iluminado, entre las copas de los árboles cubiertas por la hiedra.
   Cañas que superan mi estatura cubren, como con cautela, la superficie del pantano. El agua, las plantas acuáticas, todo está inmóvil, al igual que los peces que se esconden allá en las profundidades —¿O será acaso que no hay peces en este lugar?
   No sé si es de día o de noche. Durante los últimos cinco o seis días sólo he estado caminando a orillas de este pantano. Una vez, el aroma del agua y las cañas, mezclado con la luz fría del alba, me envolvió por completo. También recuerdo que en otra ocasión el croar de las ranas fue despertando una tras otra las estrellas que se habían quedado dormidas entre las copas cubiertas de hiedra.
   Estoy caminando a orillas de un pantano.
   Cañas que superan mi estatura cubren, como con cautela, la superficie del pantano. Desde hace mucho tiempo yo sabía que existía un mundo fabuloso más allá de esa tupida cortina de cañas. En este instante, desde aquel apartado lugar me llega a los oídos, sin cesar, la melodía Invitación au Voyage. Ahora que la escucho, también creo percibir, en medio del aroma que emana del agua y de las cañas, la dulce fragancia de miel irradiada por la tonada de “La flor de nomeolvides de Sumatra”.
   No sé si es de día o de noche. Durante los últimos cinco o seis días he caminado en estado de ensoñación entre los árboles cubiertos por la hiedra, añorando ese mundo fabuloso. Sin embargo, es hora ya de tomar la decisión de avanzar hacia el fondo del pantano en busca de “la flor de nomeolvides de Sumatra”, pues desde esta orilla sólo se alcanza a vislumbrar la superficie serena del agua entre las cañas. Por fortuna, hay un sauce viejo en medio de las cañas, con la mitad de las ramas a ras del agua. Desde allí me podré lanzar sin dificultad alguna hacia el fondo del pantano, donde me debe aguardar ese mundo fabuloso.
   Al fin, me he lanzado con temeridad desde el sauce hacia el fondo del pantano.
   He escuchado los susurros de las altas cañas en el aire, los murmullos del agua, el temblor de las plantas acuáticas. Los árboles cubiertos de hiedra, que cobijan a las ranas que no cesan de croar, parecieran estremecerse en estado de alerta. Mientras me voy hundiendo como una pesada roca hacia el fondo, tengo la sensación de que un enjambre de llamas azules revolotea vertiginosamente a mi alrededor.
   No sé si es de día o de noche.
   Mi cadáver yace sobre el lodo viscoso que se extiende en el fondo del pantano. A su alrededor y hasta donde alcanza la vista sólo se ve agua azul. ¿Me he equivocado al suponer que existía un mundo fabuloso bajo la superficie del agua? Quizá la melodía Invitación au Voyage la emitían las hadas ocultas en el pantano con el único propósito de atraparme con sus artimañas. Sin darme tiempo para extraer alguna conclusión, un tallo fino comienza a crecer, con asombrosa rapidez, desde la boca de mi cadáver. Tan pronto como alcanza la superficie, un capullo fresco se abre y deja ver una hermosa flor de nenúfar en medio de las cañas que cubrían el pantano impregnado por el aroma de las plantas acuáticas.
   Así que éste es el mundo fabuloso que tanto he añorado —con esta reflexión, mi cadáver permite boca arriba con la mirada fija en la flor de nenúfar, que semeja una joya flotante allá en la superficie.

DE VAMPIROS Y OTROS ASUNTOS AMOROSOS, Alfons Cervera

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ALFONS CERVERA, De vampiros y otros asuntos amorosos, Montesinos, Barcelona, 1984, 130 páginas.

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RETRATO DE FAMILIA CON HIJO

   Allí estaba la foto: los rizos de la época, el color sepia de los pómulos, el hombre al lado, con los gestos robustos y la mirada perdida en el infinito. La acarició una vez más, echó mano del hierro de levantar las brasas y golpeó con fuerza la horma de sus zapatos embarrados 
   (los recordaba en la laguna cenagosa, revolcándose desnudos, golpeándose creía él cuando excitados rodaban entre el fango y ella le acariciaba brutalmente todo el cuerpo, y luego él la envolvía en un abrazo igualmente irracional hasta hacerla gritar de dolor creía él y más tarde, huído ya hacia la casa, los veía llegar agotados, rápidamente meterse en el baño y escuchaba, al instante, las risas y otra vez los gritos de dolor creía él culminando la batalla entre el agua perfumada de azules)

   la acarició una vez más cuando escuchaba de nuevo, aun después de haber pasado tantos años, los mismos gritos en la habitación del piso superior. Apagó el cigarrillo rubio en la repisa enladrillada y arrojó con rabia la foto donde las llamas. Ascendía, ahora, parsimoniosamente, las escaleras señoriales y alcanzaba, ya, la puerta que cerraba los gritos a la casa: penetraba y, por qué, sintió que alguien decía con los ojos asustados, ya estaba llenando de sangre los dos cuerpos desnudos que, hermosos aún, se agitaban amablemente entre las sábanas de encaje.

TRABALENGUERO, Valentín Rincón, Gilda Rincón & Cuca Serratos

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VALENTÍN RINCÓN, GILDA RINCÓN & CUCA SERRATOS, Trabalenguero, Nostra, México, 2005, 145 páginas.
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En Introducción para los más chicos (p. 6) se dice de los trabalenguas: "No son para que sufras sino para que te diviertas." En Introducción para los más grandes (p. 7) se recuerda que desde tiempos inmemoriales a los seres humanos les ha gustado jugar con el lenguaje: rimas, métrica..."En la poesía japonesa, por ejemplo, se observa que la aliteración guía más al poeta que la rima y para muestra de lo anterior están los haikus". Además de recoger trabalenguas populares en México, los autores también aportan sus propias creaciones. El libro se beneficia notablemente del grafismo de Alejandro Magallanes. 
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Pablito clavó un clavito en la calva de un calvito, en la calva de un calvito, un clavito clavó Pablito.
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En tres trastos de trigo tres tristes tigres trigo tragaban, tigre tras tigre, tigres tan tristes trigo tragaban.
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Cuando cuentes cuentos, cuenta cuántos cuentos cuentas.
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Un burro comía berros y el perro se los robó, el burro lanzó un rebuzno y el perro al barro cayó.
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El amor es una locura que ni el cura la cura y si el cura la cura es una locura de cura.
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Los cojines del obispo, los cajones del alcalde, ¡qué cojines, qué cajones, los cojines del obispo, los cajones del alcalde!
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LEYENDA

Filiflama alabe cundre
ala olalúnea alífera
alveolea jitanjáfora
liris salumba salífera.

Olivea oleo olorife
alalai cánfora sandra
milingítara girófora
ula ulalundre calandra.
Mariano Brull
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LA BRUJA, PIRUJA

Ésta era una bruja, piruja piruja,
de puento pito puja de pompa pirón,
que tenía dos hijas, pirijas pirijas,
de puento pito puja de pompa pirón.
Una iba a la escuela, piruela piruela,
de puento pito puja de pompa pirón.
Otra iba a la música, pirúsica pirúsica
y este cuento se acabó.

VIAJE IMAGINARIO AL ARCHIPIÉLAGO DE LAS EXTINTA, Susana Camps Perarnau

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SUSANA CAMPS PERARNAU, Viaje imaginario al Archipiélago de las Extinta, Talentura, Madrid, 2013, 64 páginas.

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FINIS TERRAE

   Le acompaño en el sentimiento. Un abrazo, un par de besos. Ahora a seguir adelante. Besos, una mano. La vida sigue. Tenemos que ser fuertes. Una caricia en la cara, fuerza (pero no hay sentimiento que acompañe). Un abrazo, condolencias... La fila se va agotando. Un par de besos más y termino, llego al final de la cinta transportadora. No sé qué hay después, todos han ido cayendo al vacío: la cadena de montaje termina en cascada. ¿O tendrán razón los que creen en la esfericidad?..

TURRIS EBÚRNEA O LA REINA DEL PAPAGAYO, Francisco Xabier de la Colina Unda

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FRANCISCO XABIER DE LA COLINA UNDA, Turris ebúrnea o la reina del Papagayo, Huerga & Fierro, Madrid, 1998, 302 páginas.

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EL LUNAR


   Cuando nació aquella preciosa niña el padre se puso muy contento, pues era de una belleza deslumbrante; tan perfecta y acabada que él anheló, y creyó, que no cambiaría nunca. Deseaba que se quedase para siempre como aquella cabeza, antigua y degollada, de la muñeca alemana de porcelana que él tenía tras el cristal de la alacena donde se alineaban algunos de sus libios lujosos.
   Siempre concibió tener una hija así, rubia y de tez dorada y transparente. Por fin, después de varios hijos atezados y oscuros, que sin duda salieron a la madre (una guapa y morena mujer), había venido esta criatura perfecta. Sólo que su entusiasmo estaba limitado; diríamos, mejor, aminorado, por la presencia en la mejilla de la niña, cerca de la orejita, de un pequeñísimo lunar marrón que con el tiempo crecía de una manera casi imperceptible pero continuada.
   Tanta fue su obsesión por aquel lunar, que le llevó a consultar secretamente esta anomalía de la piel a un médico amigo. Éste le tranquilizó asegurándole que a una cierta edad, cuando cesase el crecimiento de la niña, esta maculita no sería mayor que una lenteja y que, incluso, embellecería su rostro aún más. Calmose el padre que, al posar sus ojos sobre tan linda carita, hacía abstracción del inoportuno lunar, encontrándola cada día más bella. Como la niña crecía que era una bendición —esbelta y dorada— sus temores se disiparon completamente y no prestó más cuidado a esa manchita, insignificante dentro de la total hermosura del conjunto.
   Sin embargo la vida trae, a veces, ritornelos curiosos. El padre que hacía mucho tiempo no había vuelto a ver a una antigua novia suya, rubia y de cutis ambarino, se la encontró casualmente. Al saludarse y besarse, como es frecuente entre viejos conocidos, vio con asombro (pues lo había olvidado) que en la mejilla derecha ella tenía un lunar exacto al de su hija, y en el mismo sitio. Entonces recordó todo; la gran pena que sintió al dejar a la muchacha, y la causa: no haber podido superar la aversión a aquel lunar, islote oscuro en el que brotaba, cual levísima palmera de un oasis, el filamento de un feo, largo y negro pelo. Algo de aquel amor truncado reverdecía misteriosamente en el rostro de su hija en forma de lunar. ¿Era una venganza del Destino o una huella que sobrevivía? Sintió un vago remordimiento.
   Pero como en los cuentos (en los buenos cuentos de antaño) a partir de esos días de purga (¿purga de un pecado no cometido?), un extraordinario y, a la vez, natural acontecimiento ocurrió: el oscuro botoncito, el lunar ominoso en la mejilla de su hijita fue desapareciendo sin dejar rastro.
   El mismo no-rastro de lisura que el viento deja en la arena del desierto.