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MATERIA OSCURA, Ángel Zapata

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ÁNGEL ZAPATA, Materia oscura, Páginas de Espuma, Madrid, 2015, páginas.
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PIEDRA VENCIDA EN EL VIENTO

   No ha terminado.
   Cede sus ojos a la lejanía, tiene a su alrededor herramientas melladas, oye susurros en las sombras.
   Lo inacabable, en él, es lo que le circunda como un límite, es el zócalo inútil de una isla en la extensión de un mar vaciado. Nunca habla de esta soledad, no sabría trasponerla: las escamas desprendidas de las nubes arden sobre él; una palabra se dirige a otra, él no es una palabra. Si aún se ocupa, lo hace fuera de sí, con huellas, con reflejos, con jirones de seres.
   Impura, extrema lasitud donde habitar…
   Ni siquiera desea ver más, pero el triunfo de la noche, el único, es haber abolido los párpados.

LAS JUGADAS INTERMEDIAS, David Vivancos Allepuz

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DAVID VIVANCOS ALLEPUZ, Las jugadas intermediasLetras de Autor, Madrid, 2015, 198 páginas.
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TRAMPAS

   Ya en el siglo XIII, Alfonso X, llamado el Sabio, señalaba en su notable tratado Libro de ajedrez, dados y tablas la conveniencia de sentar al ajedrecista rival enfrentado al sol, con el objeto de dificultarle la concentración y perjudicar su rendimiento durante la partida. Las fórmulas ilícitas de sacar ventaja han evolucionado hasta el uso actual de dispositivos electrónicos, de los cuales me confieso auténtico analfabeto. Sin desmerecer la vigencia de los consejos del rey castellano ni la eficacia de la aplicación de las nuevas tecnologías al ajedrez, prefiero jugar con los escaques de mi tablero marcados con unas muescas apenas visibles cuyo significado sólo yo conozco. Y con las piezas cargadas, las mías y las del oponente, como se cargan los dados de los casinos, porque me incomoda y me disgusta dejar nada en manos del azar.

¿DÓNDE VAMOS A BAILAR ESTA NOCHE?, Javier Aznar

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JAVIER AZNAR, ¿Dónde vamos a bailar esta noche?, Círculo de Tiza, Madrid, 2017 (2015), 288 páginas.

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En el prólogo El veraneo del alma (pp. 11-12) David Gistau dice: «Resulta obvio al leer estas estampas suyas vitales, ligeras, sofisticadas, urbanas y bien vestidas» que Javier Aznar «todavía vive en estado de veraneo».
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TOSTADAS

   A veces me acuerdo. Nadando en la piscina. Viendo la vida pasar en un atasco. Mientras espero en algún bar a que un amigo vuelva con la segunda ronda. O en el andén del metro. 
   Es un fogonazo que apenas dura unos segundos. Un flash. Un latigazo. Pero tiene efecto retardado, similar al de esas bombas que llevan enterradas en alguna playa de Normandía desde la Segunda Guerra Mundial. 
   Y me acuerdo. De todo. Nítidamente. De su camiseta. De la silla metálica del jardín pintada de verde. Del tintineo acompasado de sus pulseras y de su napia de tucán. Del olor. Del olor de todo. Del olor a leña y a hierba mojada. Y me acuerdo de su té. Y de mi disco de Enrique Urquijo sonando lejos en la cocina. Y de las revistas sobre la mesa. 
   Pero, sobre todo, me acuerdo de sus tostadas.
   Raspaba ligeramente la superficie quemada con un cuchillo de plata algo gastada. Ras, ras. Luego lo hundía en la mantequilla, que esparcía con mucha delicadeza por la tostada, dejando que se deslizara por encima como haría una patinadora sobre hielo. Y cubría las esquinas. Daba muchísima importancia a las esquinas. Porque «la gente siempre se olvida de las pobres esquinas». Tal era su concentración y su perfeccionismo que, momentos, parecía que me encontrara desayunando con un francotirador de los SEAL que poniendo a punto su rifle de mira telescópica.
   A continuación, abría el frasco de la mermelada —poniendo una cara de sobreesfuerzo propia de una levantadora de peso búlgara— y remataba el proceso con una capa de mermelada de naranja.
   Finalmente, echaba un último vistazo a su creación desde distintas perspectivas. Y solo cuando quedaba satisfecha con su obra, solo cuando era digna de ser presentada a un certamen de miss tostada del año, solo en ese momento, sonreía. Y entonces me daba la tostada. Y continuaba leyendo despreocupada su revista, dando pequeños sorbas a su té.
   Ahora solo desayuno un café con leche. Pero en ocasiones veo tostadas.
   ¿Es grave, doctor?

ESTACIÓN DE CERCANÍAS, Juan Malpartida

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JUAN MALPARTIDA, Estación de cercanías. Diario 2012-2014, Fórcola, Madrid, 2015, 208 páginas.
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Recuedo haber copiado en la adolescencia muchas páginas de autores que me gustaban. Las copiaba por admiración al autor y gusto por la imitación, sin duda, pero también para que mi mano las leyera.
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«Nadie conoce el corazón secreto del reloj», escribe Elias Canetti. Es decir, nadie conoce el corazón.
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A veces escribir es pegar el oído a la piedra, convertirse en piedra. Echarse a rodar.
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Un testimonio, la sombra de una memoria en sombra, la inminencia de una resurrección que se perpetúa.
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«Los libros —escribe Proust en El tiempo recobrado— deben ser hijos no de la plena luz y de la charla, sino de la oscuridad y del silencio». Todo lo que nace surge de lo oscuro. Y una verdadera obra es un nacimiento, y lo hace hacia la luz, no desde ella.
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Teoría de la relatividad. Has envejecido veinte años mientras abajo, en el bar, en el mismo tiempo, la gente pide otra copa.
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Hay gente tan llena de sí que, cuando hablamos con ella, cuando compartimos un rato de su tiempo, sentimos que no tenemos lugar. Son como cántaros llenos de su propia forma: no cabe en ellos un poco de agua.
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Creo que es hora de retomar otros temas, que, más que la intención, el ánimo ha orillado.

SOBRE NADA Y OTROS ESCRITOS, Mark Strand

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MARK STRAND, Sobre nada y otros escritos, Turner, Madrid, 2015, 174 páginas.

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POESÍA NARRATIVA 


   Ayer en el supermercado oí a un hombre y a una mujer discutiendo sobre la poesía narrativa. Ella dijo: «Puede que todos esos llamados poemas narrativos no hagan más que señalar lo pobres que nos hemos vuelto, y cómo, cual utopistas sin esperanza, vivimos para el final. Muestran que nuestra vida está invalidada por las necesidades, sobre todo por la necesidad de seguir. He llegado a creer que la narrativa nace del odio a uno mismo». 
   Él dijo: «Lo que a mí me preocupa es el poema narrativo que no proporciona un marco coherente para medir el desplazamiento temporal y espacial, el poema narrativo en el que el héroe viaja, creyendo que avanza cuando en realidad está quieto, convertido en la encarnación de la poesía narrativa, su terrible engaño, la pesadilla de su propia irrealidad». 
   Quise recordarles que el poema narrativo ocupa el lugar de una narración ausente y absorbe en todo momento la ausencia del otro para poderla nombrar, a la vez que entrega su propia presentía a las soledades terribles del olvido. Quise decir que la narración ausente es aquella en la que nuestro destino está escrito. Pero se fueron antes de que yo pudiese hablar.
   Cuando llegué a casa, mi hermana me esperaba sentada en el salón. Le dije: «Verás, hermanita, se me ha ocurrido que algunos poemas narrativos se mueven tan rápidamente que no podemos seguirles el paso, por lo que su avance nos lo tenemos que imaginar. Son los que mas se parecen a la vida real y los menos reales». «Si —dijo mi hermana—, pero, ¿te has dado cuenta de que algunos poemas narrativos se mueven con tanta lentitud que nos adelantamos constantemente a ellos, imaginando lo que podrían ser?». «Sí —dije—, me he dado cuenta».
   Después me acordé de aquel verano en Roma cuando estaba convencido de que los poemas narrativos en los que la memoria desempeña un papel importante se derrotan a sí mismos. Comprendí que la memoria es un mausoleo de acontecimientos que no se sostendrían en el presente, y por ello está impregnada de lástima y su música es siempre un canto fúnebre.
   Sonó entonces el teléfono. Era mi madre, que llamaba para saber qué hacía. Le dije que estaba trabajando en un poema narrativo negativo, un poema que se niega a comenzar porque el comienzo es un sinsentido en un universo infinito, y que por esa misma razón se niega a terminar. Es, todo él, un espacio intermedio suprimido, una conjunción inagotable. «Y, mamá —le dije—, se niega a enmascarar la quietud esencial y universal, y por lo tanto limita sus observaciones a lo que nunca ocurre».
   Entonces dijo mi madre: «Tu padre me hablaba a menudo de la poesía narrativa. Decía que era una mujer con un vestido largo y que portaba flores. Era pelirroja y el pelo le caía suavemente sobre los hombros. Decía que la poesía narrativa sucedía habitualmente en primavera y que tenía que ver con un hombre. La mujer se acercaba a la casa de él, lo saludaba y dejaba caer sus flores. Por lo visto esto —añadió mamá— pretendía dar a entender la inutilidad de la poesía narrativa».
   «Pero mamá —dije—, lo que llamamos narración es simplemente la sumisión a los insufribles reclamos del predicado sobre el futuro; perpetúa su continuación, florece en otro predicado. ¡No pienses que las nociones de conclusión se fundan en nuestra añoranza de predicado estéril!» «Eso es absolutamente cierto —dijo mi madre—, no hay otra forma de concebirlo». Y colgó.

The Continuous Life, 1990, recogido en The Weather of Words, 2000.

LA VIDA EN UN INSTANTE, Herme G. Donis

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HERME G. DONIS, La vida en un instante, Cuadernos de Humo, Nueva York, 2015.
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PERSONAJES SECUNDARIOS, Manu Espada

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MANU ESPADA, Personajes secundarios, Menoscuarto, Palencia, 2015, 100 páginas.

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En Personajes secundarios, héroes clásicos, protagonistas de la Historia o estrellas de cine desfilan por unas páginas donde toda narración es posible, donde la literatura es a la vez hogar y herramienta a la hora de compartir y (re)descubrir el mundo. La imaginación, los juegos tipográficos o intertextuales van entretejiendo una búsqueda ya esbozada en los títulos de las tres secciones que organizan el libro (El silencio, El ruido, La palabra); una búsqueda que se construye, y en especial se disfruta, en cada uno de los textos de este maestro de la narrativa breve.

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CAMBIO CLIMÁTICO

   El hombre del tiempo predijo una borrasca de letras «e». Me puse las katiuskas y salí a la calle. Todo comenzó con un leve sirimiri. Unas pequeñas y finísimas «es» Times New Roman cuerpo siete mojaron mi pelo. Abrí los brazos y un chaparrón de Tahoma veinte (mayúsculas) me caló hasta los huesos. Emocionado, chapoteé en un charco de «es» Courier New en negrita hasta que se pusieron en cursiva. Tras dos días de incesantes chubascos, el viento alejó los oscuros nubarrones de Arial Black. Ahora brilla el sol y el hombre del tiempo predice una feroz sequía. Mientras escribo este texto compruebo, aterrado, cómo comienzan a evaporarse hacia la página anterior las «es» de los jardines, de los carteles, de los letreros, de las canciones, de los sermones, incluso de este mismo cu nto.

ÉRASE UNA VEZ UN ALFABETO, Olivers Jeffers

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OLIVER JEFFERS, Érase una vez una alfabeto, Andana,Valencia, 2015, 110 páginas.

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Jeffers ilustra con fino humor los microrrelatos que organiza alfabéticamente.
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JUEGOS CON GELATINA

   A Jimena le gustaba jugar con gelatina. De vez en cuando preparaba jugosos manjares. A veces creaba cosas ingeniosas como un jarrón irrompible. Un día se hizo la puerta de casa con gelatina. Así, si se dejaba las llaves, sólo tenía que estirar el brazo y cogerlas. Pero, claro, cualquiera podía hacer lo mismo. Por eso este tipo de puerta jamás se puso de moda. Además, ¿quién puede ser tan despistado como para olvidarse de las llaves? 


LA RUTA NATURAL, Ernesto Hernández Busto

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ERNESTO HERNÁNDEZ BUSTO, La ruta natural, Vaso Roto, Madrid, 2015, 180 páginas.

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En la nota previa (p. 11), escribe Ernesto Hernández Busto: «Como un palíndromo: no tiene partes, léase como se lea, siempre dice lo mismo. Así circula la energía que pide la escritura.» En este volumen no sólo repara el autor en los orígenes de la escritura fragmentaria, sino también postula su práctica como restitución: la escritura como apología del kintsugi.
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   Cuando tiene que definir la tarea del traductor, Walter Benjamin recurre a la antigua metáfora de la vasija rota, cuyos fragmentos, para volver a juntarse, han de encajar a la perfección, aunque no sean idénticos entre ellos. «Así también es preferible que la traducción, en vez de identificarse con el sentido del original, reconstituya hasta en los menores detalles el pensamiento de aquel en su propio idioma, para que ambos, del mismo modo que los trozos de la vasija, puedan reconocerse como fragmentos de un lenguaje superior». El significado de una traducción, parece decirnos, no tiene que ser idéntico al original; es cierto efecto de totalidad (fragmentada) lo que debe buscarse. 
   En ese ensayo comentadísimo, interpretado, malinterpretado, sobreinterpretado, sigue brillando esa «metáfora de la metáfora»; toda traducción es, por supuesto, ruptura y fragmento, pero también el arte de componer los fragmentos, de reunificarlos. Para algunos intérpretes, Benjamín enfatiza el fragmento, la diferencia que no puede ser subsumida en una nueva totalidad. Para otros, se trata de una nueva armonía, de una reconstitución que apunta a la idea de un Lenguaje universal. Pero más que regreso a esa Lengua pre-existente, lo que hace el traductor es reinventar siempre una lengua: propone un nuevo hallazgo, no un regreso a la utopía. De nuevo: en el kintsugi, arte japonés de la cerámica rota y enmendada, podría estar la manera de trascender esta dialéctica. Porque ahí siempre están presente las dos condiciones. La taza reconstruida según esta técnica es la memoria simultánea de ambos estadios: fragmento, vasija. Y de la misma manera que los Victorianos procuraban una restauración perfecta en la que desaparecieran las fisuras, y los modernists aseguraban que «el fragmentó es bello», la tercera vía del kintsukuroi encuentra la belleza absoluta en el «poner-juntos-los-fragmentos».

CACHORROS DE ORNITORRINCO, Francisco Rodríguez Coloma & Raquel Vázquez

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FRANCISCO RODRÍGUEZ COLOMA & RAQUEL VÁZQUEZ, Cachorros de ornitorrinco. Teoría del microrrelato y experiencia docente, Zaera Silvar Editor, A Coruña, 2015, 96 páginas.


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Durante el curso 2013-2014 la escritora Raquel Vázquez impartió docencia en su antiguo instituto: el IES Francisco Aguiar de Betanzos. Los alumnos de 3º de Enseñanza Secundaria Obligatoria comenzaron a escribir frenéticamente microrrelatos tras sus lecciones. El subtítulo del libro, Teoría del microrrelato y experiencia docente, obedece a esa razón: el libro contiene la Unidad didáctica elaborada por Raquel Vázquez y los microrrelatos de 36 chicos de catorce y quince años, que despertaron la admiración del escritor Pedro Sánchez Negreira, padrino de esta recua de jóvenes escritores, a los que mostró sus herramientas creativas. De sus jóvenes autores dijo: «Treinta y seis talentos por pulir, algunos de ellos de muchos —repito, muchos—quilates».
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ÍNDICE

Prólogo     [5]
Antología de microrrelatos     [9]


Unidad didáctica: El microrrelato     [35]
1. La competencia comunicativa a través de los textos literarios     [39]
2. Teoría del microrrelato    [48]
3. El microrrelato en las aulas de secundaria    [61]
4. Desarrollo de la unidad didáctica    [67]

Referencias bibliográfica     [87]

Microrrelatos seleccionados para el desarrollo de la propuesta     [91]



SONAJERO

El bebé es incapaz de dormir con el llanto de su padre.


Pablo Ferrer Herrero
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[DES]AMOR
Pensaron que un hijo ayudaría a terminar con sus discusiones de pareja. 
Ya son familia numerosa.
Isabel López Blanco
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INFANCIA
El niño no era invisible, pero todos lo ignoraban.
Rosalía Doporto Regueiro

NEGRO CLARO, Christian Bobin

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CHRISTIAN BOBIN, Negro claro, Sibirana, Zaragoza, 2015, 70 páginas.

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Sibiriana, afortunadamente para el lector, sigue apostando por la traducción al español de Bobin. El lector encontrará en Negro claro el tono reflexivo y las imágenes brillantes que condensan otra lucidez: la de la sabiduría.
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He visto a un joven boxeador tocar el piano. He visto un huevo de codorniz en la hierba. He visto a un gato cubrir con ramitas los despojos de un ratón. He visto a Mandelstam correr por todo Moscú para defender a cinco ancianos condenados a muerte. He visto a un asesino cuyo corazón era un rubí. He visto a un pan empapado por la lluvia pedir socorro. He visto enredaderas agarrarse a una cerca como prisioneros a sus barrotes. He visto a un bebé ofrecer el tesoro de un pastel estrujado en su mano sucia. He visto a la abubilla fabricar su nido con sus excrementos blancos, más deslumbrantes que las palabras de los ermitaños. Nunca he leído una definición satisfactoria del amor. Nunca la leeré.
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Un poema es el máximo de sensibilidad que un hombre o una mujer pueda conocer. Apenas un poco más y los pulmones del lenguaje estallan, como los de aquellos buceadores que suben demasiado rápido de la profundidad del océano.
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Es imposible vivir sin crueldad. Respirar, ejercer la alegría, ya es hacer daño a alguien alrededor.
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El poeta perfora agujeros en el hueso del lenguaje para hacer una flauta. Eso no es nada pero esa nada habla de lo eterno.
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Sobre el corazón del que agoniza un pétalo de rosa pesa varias toneladas, y el mundo menos que una mota de polvo bajo la cama.
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El cuerpo es la única tumba. El muerto es un sobre del que se ha retirado la carta.

SIN VUELTA ATRÁS, Kalton Harold Bruhl

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KALTON HAROLD BRUHL, Sin vuelta atrás, Perseo, Tegucigalpa, 2015, páginas.

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MEJORA

   Esta mañana me ha dado un beso. Algo simple para mi gusto, pero un beso al fin y al cabo. Quizás mañana si sigue mejorando, decida aflojarle un poco las ataduras. 

DIARIOS 2008-2010, Iñaki Uriarte

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IÑAKI URIARTE, Diarios 2008-2010, Pepitas de Calabaza, Logroño, 2015, 128 páginas.

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A veces se echa en falta un poco más de agresividad en las críticas literarias que se publican en los periódicos y un poco menos en las conversaciones sobre los mismos libros.
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Las páginas que más me gusta leer son las que vuelven insignificantes las mías. Nunca habría podido pretender ser escritor. Tantos buenos libros me hubieran disuadido de ello.
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Dicen que en el origen de las religiones y de las filosofías se encuentra el miedo a la muerte. No hace falta tanto. En la muerte pensamos poco. Es el sufrimiento lo que cuenta. Lo que está por todas partes. El alivio de un dolor de muelas justificaría la existencia de cualquier religión o filosofía.
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Editar. Que alaben tu comida casera no significa que por ello te creas con la capacidad de poner un restaurante.
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A quienes menos conviene conocer en persona de todos los tipos de letras es a los poetas. La impresión de patraña suele ser hasta cómica.
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«Yo ya no leo. Solo releo». Parece una pedantería. Pero no lo es. A cierta edad uno, por lo menos yo, se da cuenta de que apenas recuerda nada de lo que leyó en otros tiempos. Y siente una especie de terror, y se pone a releer.
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Hay gente que tiene mucha facilidad para «ponerse en la piel del otro» y fastidiarlo mejor.
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La tranquilidad de ánimo, el bienestar psicológico, la felicidad, si se la quiere llamar de ese modo, no es un factor adaptativo en la evolución de nuestra especie. De lo contrario, no habríamos llegado hasta aquí tantos individuos casi siempre insatisfechos, enfadados, contrariados por la más mínima cosa. No habrían existido las religiones, ni las filosofías, ni las artes. Los linajes de seres felices no sirven de nada a la propagación de la vida y se extinguen.
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Siempre que alguien menosprecia la «literatura de evasión» pienso que está haciendo un elogio de la cárcel.

ATLAS DE LOS LUGARES MALDITOS, Olivier Le Carrer

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OLIVIER LE CARRER, Atlas de los lugares malditos, GeoPlaneta, Barcelona, 2015, 136 páginas.

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En Los riesgos del viaje (pp. 6-7) se revela la utilidad de este libro; en él «el inocente turista hallará la información necesaria para evitar quedar atrapado en un lugar imposible». 
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138° 37' E - 35° 28' N

AOKIGAHARA: EL BOSQUE DE LOS SUICIDAS


¿Puede ser una vegetación impenetrable más perjudicial para la salud que una zambullida en agua fría? La cuestión merece meditarse, pero la impresionante mortalidad constatada en el inquietante «océano de árboles» de Aokigahara no tiene nada que envidiar a la del famoso Golden Gate de San Francisco, hasta aquí referencia mundial de los candidatos al suicidio. Las autoridades locales —es decir la prefectura de Yamanashi— estiman en un centenar el número de personas que vienen cada año a poner fin a sus días en este sombrío bosque situado a los pies del fotogénico monte Fuji, y la cifra tal vez se quede corta, ya que, a diferencia del puente californiano, donde el salto fatal pocas veces se hace sin testigos, aquí es imposible llevar una contabilidad de los desgraciados que se internan en la bóveda vegetal y no vuelven a aparecer. Solo los cuerpos hallados durante las batidas anuales organizadas por voluntarios entran en las estadísticas. A los desesperados se añaden por otro lado los infortunados o los imprudentes, que entran para impregnase de la atmósfera de este lugar misterioso... y después: son incapaces de encontrar la salida. Y no es que el bosque tenga unas dimensiones gigantescas: apenas ocupa 3000 hectáreas, es decir, a vuelo de pájaro, una distancia de 2 kilómetros para atravesar su lado más ancho. Pero los caminos son escasos, la luz, tenue debido a la densidad de la vegetación, y el suelo, irregular, cubierto de un musgo espeso que disimula profundos socavones, hacen difícil la progresión. También se dice que las brújulas se vuelven locas, que el GPS no funciona y que ninguna comunicación telefónica pasa bajo los árboles. Se habla de la famosa novela de Seicho Matsumoto, Nami no tou (La torre de las olas), publicada en 1960, que habría hecho famoso el lugar porque dos amantes se suicidan en él, afirmando que no hay mejor lugar para poner fin a sus vidas... Pero la gente de la región sabe muy bien que la muerte merodea por aquí desde hace mucho tiempo, que los jurei —los fantasmas de los desaparecidos que vagan por el mundo a la espera de encontrar el paraíso— son habituales en Aokigahara. ¿Acaso el bosque no conoce desde hace más de un siglo la práctica del ubasute, la tradición consistente en que las personas ancianas se retiren ellas mismas a un lugar aislado para morir, a fin de no ser una carga para sus familias? El ubasute en principio ya no forma parte de los usos y costumbres, pero, a pesar de los carteles disuasorios colocados en las entradas del bosque y de la acción preventiva de los equipos de voluntarios de Yamanashi, la atracción morbosa de Aokigahara sigue siendo muy fuerte.

POLVO EN LOS OBJETOS, Mateo Nicolau de las Moras

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MATEO NICOLAU DE LAS MORAS, Polvo en los objetos. Relatos y microrrelatos, 2015, 90 páginas.

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UN SUEÑO DE ARENA

   El pequeño Pablo se ha ido a dormir un poco preocupado, ha visto discutir a su padre por teléfono, le ha escuchado asustado y enfadado así que luego ha tenido un mal sueño. Estaba en un desierto y no había nadie excepto él, mirara donde mirara no se veía nada, sólo cielo y arena. De repente se formó un gran remolino bajo sus pies, uno enorme donde se caía y daba vueltas. El remolino se levantó convirtiéndose en un gran tornado, uno colosal, él estaba en la parte más alta donde fue cogiendo forma una cabeza monstruosa, ciclópea con la cara de su padre. Ésta gritaba con una potencia descomunal, lloraba arena y bramaba un dolor insoportable, Pablo sufría porque quería ayudarle pero no podía hacer nada ya que sólo era un grano de arena en medio de aquella tormenta.  

CLUB COLUMBIA, Daniel Higiénico

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DANIEL HIGIÉNICO, Club Columbia. 50 microthrillers, 2015, 108 páginas.

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DOS CUERPOS DESNUDOS

   Lo perseguí cuatro manzanas antes de que se encontrara con ella. Me acerqué todo lo posible sin que me viera y observé su traje nuevo, ese traje nuevo que se compró para lucirlo con Mary, mi mujer.
   Estaba decidido. Aquella sería la noche.
   Los encontré follando en la habitación de un motel.
   Se asustaron mucho cuando abrí la puerta de una patada. Estaba excitado. Pero antes de disparar, miré el escenario. Dos cuerpos desnudos sobre una cama cutre. Ella, a cuatropatas. Él, a punto de penetrarla.
   Mary gritó que me calmara, que no cometiera una locura. Y en ese momento me di cuenta de que aquella infidelidad me daba igual, que en realidad no soportaba a mi esposa.
Eché la foto... y me fui a casa.

LA BOCA DE LA TIERRA, Manuel Rivas

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MANUEL RIVAS, La boca de la tierra, Visor, Madrid, 2015, 180 páginas.

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Rivas se encarga de la traducción de su poemario en el que deleita al lector con una colección de poemas breves, haikus libres.
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La primera telaraña
Caza la gota
Donde tiembla el alba.

100 JOYAS DE LA LITERATURA INFANTIL ILUSTRADA, Martin Salisbury

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MARTIN SALISBURY, 100 joyas de la literatura infantil ilustrada, Blume, Barcelona, 2015, 216 páginas.

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En la Introducción (p. 9) Salisbury aclara que en los 100 álbumes elegidos pesa más que la parte literaria «la calidad del dibujo y el diseño». Un gozo para la vista también de los adultos.
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  TED HUGHES, Under the North Star, Faber & Faber, Londres/Boston, 1981.
Ejemplar: 1ª edición. 285 / 200 mm. Ilustrado por Léonard Baskin.

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   En una conversación entre Ted Hughes y Léonard Baskin que grabó el fotógrafo y amigo común Noel Chanan en 1983, la cual sirve de base para el documental que rodó este último en 2009 acerca de la pareja, Baskin describe su dilatada relación laboral como una «afinidad»: una «relación de presencia» más que una «relación de influencia». Baskin desdeñaba la idea de la «ilustración» en el contexto de una poesía como la de Hughes, con el que entabló una relación casi simbiótica que les llevó a ambos a la creación de mundos paralelos de poesía verbal y visual en libros tales como Crow (Cuervo: de la vida y las canciones del Cuervo; 1970) y Cave BirdsAves de cueva»; 1978), ambos editados por Faber & Faber.
   Baskin nació en Nuevo Brunswick, Nueva Jersey, y pasó la mayor parte de su vida en Estados Unidos, si bien durante algunos años residió y trabajó en Reino Unido, cerca de la casa de Hughes, en Devon. Dio clases de grabado y escultura en el Smith College en Northampton, Massachusetts, de 1953 a 1974 (año en el que se marchó a Inglaterra). El libro que publicó en 1973 con el título de Hosie's AlphabetEl alfabeto de Hosie») obtuvo el Caldecott Honor Book de aquel año.
   En 1979, Hughes y Baskin emprendieron un viaje conjunto a lo que este último se refirió como la «auténtica tierra salvaje» del Baxter State Parke de Maine. Fue este viaje el que inspiró la creación de Under the North Star. En el, el poeta y el dibujante crearon letanías para las distintas especies animales que pueblan las tierras salvajes de Maine.

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THE GRIZZLY BEAR

I see a bear
Growing out of a bulb in wet soil licks its bLack tip
With a pink longue its little eyes
Open and see a present an enormous buiging mystery package
Over which it walks sniffing at seams
Digging at the wrapping overjoyed holding the joy off sniffing and scratching
Teasing itself with scrapings and lickings and the thought of it
And little sips of the ecstasy of it

O bear do not open your package
Sit on your backside and sunburn your belly
It is all there it has actually arrived
No matter how long you dawdle it cannot get away
Shamble about lazily laze there in the admiration of it
With all the insects it's attracted ail going crazy
And those others the squirrel with its pop-eyed amazement
The deer with its pop-eyed incredulity
The weasel pop-eyed with envy and trickery
All going mad for a share wave them off laze
Yawn and grin let your heart thump happily
Warm your shining cheek fur in the morning sun

You have got it everything for nothing

ATLAS DE LAS CIUDADES PERDIDAS, Aude de Tocqueville

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AUDE DE TOCQUEVILLE, Atlas de las ciudades perdidas, GeoPlaneta, Barcelona, 2015, 146 páginas.
 
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En la introducción a este ameno libro ilustrado por Karin Doering-Froger, escribe De Tocqueville: «La ciudad perdida es poesía, sueño, decorado de nuestras pasiones y andanzas, y una metáfora de nuestras vidas.»
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TAIWÁN • 25º 14' N • 121° 31' E

SANZHI
«No future»

   Si algún día desembarcaron aliens en nuestro planeta, probablemente lo hicieron en la punta norte de Taiwan. Incluso habrían dejado a orillas del Pacífico dos bases para guardar sus platillos volantes. En realidad, los dos pueblos, aparecidos en 1978 y separados por unos 40 kilómetros, deben su existencia a unos promotores fanáticos del diseño futurista de la década de 1979, la de las sillas tulipa y los vestidos de Courrèges. Las dos nuevas poblaciones estaban concebidas como pueblos de vacaciones de lujo destinados a la burguesía taiwanesa y a las tropas americanas estacionadas en la isla. A 15 kilómetros de Taipei, al oeste, la localidad de Sanzhi se componía a ras de playa de unos quince racimos de seis ovnis de colores acidulados, amarillo, verde, azul, rosa, naranja, gigantescos Smarties reunidos y apilados alrededor de una escalera común. Abrían al mar sus amplios ventanales y rodeaban un frondoso jardín en el que unas piscinas equipadas con juegos y toboganes hubieran debido resonar con los gritos de los niños. Comenzado en 1978, el proyecto fue interrumpido dos años más tarde, incluso antes de acabar las obras. Las principales causas fueron la retirada de los marines en 1979 y la quiebra del constructor, un industrial del plástico, después de la crisis del petróleo. Tal vez hubo otra: los materiales utilizados, una piel moldeada de poliéster y de fibra de vidrio sobre una estructura de cemento armado, tan poco adaptados a los tórridos veranos como a los fríos inviernos y a la inestabilidad sísmica, no contribuyeron a la perennidad de la nueva ciudad. Confundidos por aquella arquitectura de libro de cómics que se deterioraba a toda velocidad, los taiwaneses destilaron sobre el abandono de las obras mil fascinantes leyendas: una serie de muertos o, mejor, de homicidios inexplicados entre los obreros, la presencia en el subsuelo de veinte mil cadáveres holandeses muertos en el siglo XVII, durante la primera colonización de la isla...
Hubo unanimidad en que el lugar estaba embrujado: la presencia de espíritus impedía cualquier intervención mientras que el lugar se transformaba en un triste campo de escombros. Ignorando el escándalo, las excavadoras arrasaron finalmente Sanzhi en el 2010... Queda el segundo pueblo, en Wanli, en la costa este. Olvidado al pie de grandes hoteles a la americana, reúne un centenar de las famosas finlandés Matti Suuronen, en los que se había inspirado Sanzhi. En 1968, el diseñador había creado dos modelos: la Futuro, circular, rodeada de ojos de buey, sostenida por cuatro pies y abierta mediante una trampilla como los aviones, y la Venturo, un cubo aplanado acristalado por los cuatro costados. Casas del futuro, equipadas y todo terreno, desmontables y transportables en helicóptero. Pero el parque de Wanli no tuvo más éxito que Sanzhi. Sólo el visitante pasea entre aquellos bungalós kitsch y deteriorados, rodeados de frondosa vegetación.


DIARIOS DE LA REVOLUCIÓN DE 1917, Marina Tsvietáieva

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MARINA TSVIETÁIEVA, Diarios de la Revolución de 1917, Acantilado, Barcelona, 2015, 222 páginas.

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En cuatro de las nueve secciones que componen el libro, Del amor (Extractos de mi diario), De la gratitud (Extractos de mi diario de 1919), Fragmentos del libro Indicios terrestres y De Alemania (Fragmentos de mi diario de 1919), el lector encontrará una escritura fragmentaria tendente al aforismo o al apunte.
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El corazón: sonda, cordel, dinamómetro, termómetro: todo —menos cronómetro del amor.
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Todo lo no dicho —es infinito. Así, un crimen no confesado, por ejemplo —continúa. Lo mismo ocurre con el amor.
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¡Cuántos besos maternales caen en cabezas no-infantiles —y cuántos no-maternales —en infantiles!
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La traición es indicio de amor. Es imposible traicionar a un conocido.
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Si es ofensivo para mí, es ofensivo para el otro.
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Un pobre, cuando da, dice: «Perdona lo poco». La turbación del pobre es por «no puedo más». El rico, cuando da, no dice nada. La turbación del rico es por «no quiero más».
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Amar—ver a un hombre tal como Dios lo concibió y no lo consumaron sus padres.
No amar—ver en su lugar una mesa, una silla.
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La curva te saca, la recta te hunde.
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Del ser y del no ser en el ser amado:
   Nunca quiero estar sobre su pecho, ¡siempre —en su pecho! Nunca —apoyarme! ¡Siempre abismarme! (¡Al abismo!)