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AUTOAYÚDATE QUE DIOS TE AYUDARÁ, Carlos Monsiváis

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CARLOS MONSIVÁIS, Autoayúdate que Dios te ayudará. Aforismos de Carlos Monsiváis, Seix Barral, México D.F., 2011, 154 páginas. Prólogo, investigación y selección de Francisco León.
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El Metro es la imagen del mundo felizmente suspendido entre la estación Génesis y la estación Apocalipsis.
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Con la explosión demográfica toda escritura deviene en taquigrafía.
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Somos el lenguaje de quienes nos gobiernan.
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Sólo renunciaré al voyeurismo si me permiten tocar.
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El instante del triunfador dura más que el día del fracasado.
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Lo que interesa es salir en pantalla, no decir genialidades.
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Babel fracasó no por la intención sino por la falta de fondos. 
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El tigre es nuestra única oportunidad de ser devorados por el gato.
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Hay que seguir creyendo mientras no consigamos otra fuente institucional de estímulos.

EL ACIAGO DEMIURGO, Emil Cioran

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E. M. CIORAN, El aciago demiurgo, Ediciones Perdidas, Almería, 2011, 112 páginas.
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Desear la gloria es preferir morir despreciado que olvidado.
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A veces uno piensa que más vale realizarse que dejarse ir, a veces se piensa lo contrario. Y se tiene enteramente razón en los dos casos.
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Nuestras oraciones reprimidas estallan en sarcasmos.
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Nada da mejor conciencia que dormirse con la visión clara de uno de sus defectos, que uno no se atrevía a confesarse hasta entonces, que incluso se ignoraba.
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El delirio es, sin disputa, más hermoso que la duda, pero la duda es más sólida.
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No hay más que un signo que testimonie que se ha comprendido todo: llorar sin motivo.
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La palabra y el silencio. Se siente uno más seguro al lado de un loco que habla que de un loco que no puede abrir la boca.
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Toda agonía es, en sí, curiosa; sin embargo, la más interesante sigue siendo la del cínico, la del que la desprecia en teoría.
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Para encontrarse de nuevo, no hay nada como ser «olvidado». Nadie viene a interponerse entre nosotros y lo que cuenta. Cuanto más se apartan los otros de nosotros, más trabajan en nuestra perfección: nos salvan al abandonarnos.
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Mis dudas sobre la providencia no duran nunca mucho: ¿quién, fuera de ella, estaría en disposición de distribuirnos tan puntualmente nuestra ración de derrota cotidiana?
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El combate a que se entregan en cada individuo el fanático y el impostor es causa de que nunca sepamos a quién dirigirnos.
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Me gusta glosar la caída, me complazco en vivir como parásito del pecado original.
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¡Si pudiera uno hacerse inhumillable!

ANIMALES CÉLEBRES, Luis de Oteyza

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LUIS DE OTEYZA, Animales célebres, Clan, Madrid, 2011, 232 páginas.

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Recupera Clan este Bestiario publicado en 1919 en el que Luis de Oteyza (1883-1961) desmitifica con humor tanto a la serpiente del Edén o el cisne de Leda como a el caballo Babieca o el ratoncito Pérez. José María Parreño en el Prólogo (pp. 9-12) dice: «Oteyza es un pionero en zoología fantástica. De ella hay en la literatura española del siglo XX ejemplos memorables. El libro de los seres imaginarios (1957)de Jorge Luis Borges es el más logrado. [...] Frente a la gravedad borgiana [...] Oteyza es castizo y literal».
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LAS GOLONDRINAS DE BÉCQUER

Estoy seguro de que desde el comienzo de mi obra se esperaba la llegada de estos animalitos. ¡Claro que sí! Son célebres, tan célebres como aquel que de mayor celebridad goce. 
   En efecto. ¿Cuántas señoritas cursis puede calcularse que existirán en España y los países iberoamericanos?... Millones, muchos millones, ¿eh? Pues bien; todas ellas se saben de memoria la «rima» de Bécquer donde las «obscuras golondrinas» desempeñan el papel principal. Todas, todas, sin faltar ninguna. 
   Y es lógico, perfectamente lógico, que así sea. El proceder de las referidas aves resulta de una entera, absoluta y definitiva cursilería. Intervienen en un idilio, admirando la belleza de la amada y el entusiasmo del amante, y cuando ese idilio se rompe culpan a la desdeñosa, llenas de condolencia hacia el desdeñado... ¡Como para cogerlas con liga y guisarlas con arroz! 
   Fue que Bécquer se echó una novia, la cual, al enterarse tratándole de que era poeta de profesión y de que no se lavaba casi nunca, decidió darle calabazas, a fin de ponerse en relaciones con otro galán más limpio y de mejor porvenir. Y fue que la conducta de esta higiénica y previsora joven —higiénica, pues no hay profilaxis como la del aseo, y previsora, porque mientras Bécquer se murió de hambre el otro galán llegó a ministro—, disgustó a unas golondrinas que en su balcón colgaban los nidos.
   Esas golondrinas, cuando el poeta visitaba a su novia, iban jugando y llamaban con el ala en los cristales. Entonces la tierna pareja abría y salía a tomar el aire un poquillo. Y las golondrinas refrenaban el vuelo para contemplar cuan hermosa era ella y cuan dichoso era él.
   Además, aprendieron los nombres de ambos. ¿Cómo?... Oyéndoles cuando se llamaban el uno al otro. ¿Qué cómo se supo que los habían aprendido?... ¡Ah, ya! Lo ignoro. Pero el caso fue que aprendieron los nombres de los dos. Así llegaron a considerarles de la familia mismamente.
   En esto sobrevino la ruptura de que queda hecha mención y entre las golondrinas se alzó un gran revuelo. sus protestas contra la ingrata fueron generales. «¿Habéis visto —decía una— cómo ha plantado al pobre?» Otra replicaba: «Es que quiere casarse con ese chico gallego, amigo de Moret» ¡Qué atrocidad —clamaban varias al unísono—, dejar a un poeta por un politicastro!» Sólo una se permitió advertir que el poeta pringaba de sucio y tenía menos dinero que pulcritud; pero las demás la redujeron al silencio, llamándola burguesa. Al fin, todas tomaron el acuerdo de no volver a tratarse con la novia de Bécquer.
   Tal procedieron las aves en cuestión, y de ahí lo que indiqué al empezar. Semejante cursilada, puesta por el autor de las Rimas en unos versos muy pegajosos, a los que el maestro Casares agregó unas notas más pegajosas aún, tiene que adherirse forzosamente a la memoria de cuantas señoritas cursis hablan castellano. Y se adhiere, ¡vaya si se adhiere!
   Mas, ahora que reparo... No deben molestarse mis distinguidas lectoras, aunque sepan la canción. Puede saberse, sin estar en el caso aludido también la sé yo, por ejemplo, que no soy cursi ni siquiera señorita. 

          Volverán las oscuras golondrinas
          de tu balcón sus nidos a colgar, 
          y otra vez con el ala en tus cristales
          jugando llamarán. 
          Pero aquellas que el vuelo refrenaban
          tu hermosura y mi dicha al contemplar; 
          aquellas que aprendieron nuestros nombres... 
         ¡Esas no volverán! 

   La sé con música y todo. Re fa la, si la fa re fa la, re la ta si, la sol fa sol sol la. Re fa la, si la fa re fa la, la re, re si, do la. Et sic de caeteris.

 Valeriano Bécquer

LA EXPULSIÓN DEL PARAÍSO, Marco Aurelio Chavezmaya

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MARCO AURELIO CHAVEZMAYA, La expulsión del paraíso, Ficticia, México D.F., 2011, 120 páginas.

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AGOSTO

   En febrero las polvaredas nos obligaban a jugar dentro de la casa y en el tapanco. En los aguaceros de mayo la abuela nos obligaba a los nietos a caer de hinojos en la sala, frente a la Virgen de Guadalupe, y nos ponía a rezar para que no cayera la “cola”, que era un cielo negro, cargado de granizo y de truenos y de miedo. Eso sí, terminada la tormenta, corríamos a una barranca cercana a lanzar barquitos de papel.
   De manera que, comparado con los anteriores, agosto era sin duda el mejor periodo del año, no sólo porque eran las vacaciones de la escuela, sino porque la verde y luminosa milpa de la abuela, detrás de la casa, se convertía en la tierra del nunca jamás, la tierra prometida, el país de las maravillas, el mejor escondite para perderse de los padres, el sagrado suelo de los deseos y la ansiedad. 
    Y lo más bello de agosto y de las vacaciones era mi prima Verónica, un caramelo terso y jugoso, de trenzas limpias y unos vestidos ampones y almidonados. Tenía un año menos que yo, y lo más importante de esta circunstancia era que Verónica me obedecía cuando la jalaba de la mano rumbo a la milpa de la abuela. El maíz no había alcanzado su verde madurez, pero su altura era suficiente para ocultarnos tan pronto cruzábamos el umbral del primer surco.
   En la milpa siempre era domingo. Y los rayos del sol no alcanzaban a penetrar nuestro refugio, formado por plantas de maíz y guías de calabaza. En el centro del escondite yo había desyerbado y formado un redondel de tierra fresca y lisa donde Verónica se tendía con las piernas apretadas y las manos cubriéndole el frente del vestido. Mi prima jugaba a negarse y no quería enseñarme la panochita, y yo jugaba a reclamarle y le decía: “Ándale cómo eres, entonces para qué viniste”, pero ella, retozona, decía: “no y no hasta que atrapes un camaleón”, lo que a fin de cuentas me parecía un sacrificio razonable, pues a cambio de arriesgar la palma de la mano sobre las jurásicas espinas del pavoroso animal, recibía de ella la recompensa de subirle el vestidito ampón y luego bajarle sus calzones satinados y repletos de los consabidos olanes para descubrir allí, quieta e inocente, su rajita sonrosada y húmeda que casi me decía: “Ven y bésame los pétalos en flor”.
   Y yo, enternecido, febril, bajaba y la besaba. Un rato más tarde le pedía a Verónica que me tocara el miembro y lo besara. Ella se negaba al principio, jugaba a negarse, pero yo entonces jugaba a obligarla. Verónica simulaba bajar la cabeza a la fuerza. sus mejillas ardían al rozar mis muslos. La quemadura era mutua, correspondida. El camaleón, absorto, no atinaba a correr, y se quedaba quieto, con los ojillos cerrados, en el lindero del surco, bajo la penumbra de agosto.

IRSE A MADRID Y OTRAS COLUMNAS, Manuel Jabois

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MANUEL JABOIS, Irse a Madrid y otras columnas, Pepitas de calabaza, Logroño, 2011, 188 páginas.

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Recoge este volumen una feliz selección de las crónicas periodísticas que Jabois confiesa haber comenzado «a escribir por la ambición provinciana de querer asomar la cabeza fuera para ver.»
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RESISTENCIA

   Durante unos años viví enfrente de un piso de prostitución de tapadillo. El verano del Mundial de Alemania los inmigrantes colgaron de las ventanas las banderas de sus países, y en el piso aquel una muchachita ató al tendal la verdeamarela y un sujetador rojo que retiró a medianoche. Uno de esos días, de madrugada, escuchamos la bronca de nuestros vecinos, y al rato salió a los gritos el hombre dando un portazo:
   —¡Y no me busques, que no me voy muy lejos!
Aquella pareja hacía el amor todas las tardes con una puntualidad escandalosa. A medida que se acercaba la noche iba dejando el sexo para empezar con la bronca. Los días de ese verano, como otros escuchan los grillos, yo escuchaba el apareamiento de la especie. Nacho Miras tiene en su blog una frase de José Luis Alvite: «El amor es algo muy resistente: se necesitan dos personas para acabar con él». Pero hay amores que exigen más. Un día, no sé por qué, esa pareja empezó a tener hijos. Calló de repente en la cama y también en la cocina. Una mañana los vimos subir las escaleras muy serios, casi en trance, acarreando bolsas del Froiz. Habían madurado. Todo lo turbio empezó a ser pequeñoburgués, y nos mudamos antes de que ella, como Julianne Moore en Las horas, quisiese llenarse el estómago de pastillas.

BREVIARIO MÍNIMO, Diego Muñoz Valenzuela

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DIEGO MUÑOZ VALENZUELA, Breviario mínimo, Liberaliza Ediciones, Santiago de Chile, 2011, 50 páginas.

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Las ilustraciones de Luisa Rivera acompañan a cada uno de los veinte microrrelatos de este volumen.
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DEMONIOS VAGOS

   Era un demonio tan pequeño como horrible. Lo encontré vagabundeando entre mis libros, de modo que me sentí autorizado para atraparlo y meterlo en un frasco. Emitió un espantoso hedor a azufre: saltó, bramó, expelió fuego por su pequeña y perversa boca. Me divertí contemplándolo: era un demonio muy temible, solo que demasiado pequeño. Enfureció hasta el paroxismo cuando le anuncié que iba a convertirlo en amuleto. Estrellaba su menudo cuerpo escarlata contra las paredes transparentes con empecinamiento notable. Terminó extenuado.
   Después de varias semanas, luce más tranquilo. Quizás resignado. Insiste mediante señas en que desatornille la tapa del frasco, pero no. Desconfío de él. Suelto, no hay demonio manso. Eso decía mi abuela. 

333 MICRO-BIOS, Edgar Allan García

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EDGAR ALLAN GARCÍA, 333 micro-bios, Alicia Rosell Servicios Editoriales, Bilbao, 2011, 160 páginas.
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   Nada más romper nuestro noviazgo, vino a llevarse una que otra cosilla que yo suponía que me las había regalado pero que, por lo visto, me las había dado solo mientras estuviera con ella. Se llevó entonces el telescopio con el que ella solía espiar las estrellas, el iPod que me dio en mi cumpleaños y que contenía todas sus canciones preferidas, los electrodos para su dolor de espaldas que me regaló en la última navidad, las tres novelas sobre vampiros que a ella tanto le gustan, el cachorro de cocker spaniel al que bautizó con mi segundo nombre y, tras buscar y rebuscar por toda la casa, terminó por llevarme a mí también que, según ella, no era bueno que me quedara tan solo, pero sobre todo, tan sin ella.

HIPERHÍBRIDOS, Pablo Gallo

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PABLO GALLO, Hiperhíbridos, El Gaviero, Almería, 2011, 148 páginas.

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Celebra Eloy Fernández Porta en De literatos y caricatos que Pablo Gallo haya creado «un álbum de jugosos cromos literarios donde genera sonoras interferencias entre la cultura libresca y la audiovisual». Basho Bin-Ho aporta los textos a estas «greguerías visuales».
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ELVIS KAFKA
la cucaracha, la cucaracha
ya no puede caminar

83 NOVELAS, Alberto Chimal

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ALBERTO CHIMAL, 83 novelas, 2011, 108 páginas.

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SUICIDIO

   Como el universo se repite, le bastó esperar la eternidad menos unos años para impedir aquel coito de sus padres.

DIARIOS 2004-2007, Iñaki Uriarte

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IÑAKI URIARTE, Diarios 2004-2007, Pepitas de Calabaza, Logroño, 2011, 196 páginas.

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¿El fondo y la forma? Claro que existen y son diferentes. Las mismas insensateces farfulladas por un borracho en un bar a las tres de la madrugada cobran respetabilidad al día siguiente por venir impresas, con una adecuada sintaxis, en la sección de opinión de un periódico.
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Me asombra que puede ser un genio haciendo reír y un tonto hablando en serio.
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Exageran sus temores para poder ser racistas a gusto con su conciencia.
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¿Qué se relee? Aquellos libros que te han interesado y de los que sabes que te has dejado mucho por el camino. Aquellos que te produjeron un placer  intenso y singular, que no podrías encontrar en ningún otro libro.
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El ansia de saber es una de nuestras mayores pasiones. Hobbes decía que la curiosidad es la lujuria del pensamiento. Pero Cioran: «Todo lo que sé a los sesenta ya lo sabía a los veinte.»
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Esencia del pensamiento conservador: creer en las élites, creer que hay personas mejores que otras y que se merecen más. Yo lo que suele ser risible: creer que tú eres una de ellas.
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A cierta edad, una de las buenas cosas de relacionarte con poca gente es que no recibes demasiadas noticias sobre la salud de mucha gente.
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X y V tendrán aproximadamente la misma inteligencia y los mismos datos sobre la situación política. ¿Por qué han llegado a interpretarlos de manera tan distinta?
«La razón es esclava de las pasiones» dijo Hume.
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Ocuparse de los enfermos es una de las pocas cosas que da sentido a la vida.
A veces basta con un solo enfermo: tú mismo.

NORD-SUD, Juan Manuel Bonet & Bernard Plossu

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JUAN MANUEL BONET & BERNARD PLOSSU, Nord-Sud, Galería José R. Ortega, Madrid, 2011,  80 páginas. 
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Fernando Castillo en Cuaderno de viaje (pp. 7-13), prólogo al catálogo de la exposición que reunió en la Galería José R. Ortega las fotografías de Plossu y los poemas de Bonet,  elogia esta «mirada doble, literaria y artística» en la que se desliza un homenaje a la revista de Pierre Reverdy.
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VEERMER EN MONTPARNASSE

El orden en medio del bullicio
de la noche eléctrica y caótica:
este mantel, mínimo escenario
que te lleva hacia blancas quietudes,
hondos silencios, y más al Norte.
 

VULTUREFFECT, Jorge Enrique Lage

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JORGE ENRIQUE LAGE, Vultureffect, Ediciones Unión, La Habana, 2011, páginas.

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THE SELFISH GENE

   Bandadas de buitres bandidos. Atracan bancos y supermercados, pinchan las gomas de los carros y destrozan los parabrisas, violan a las mujeres y las mujeres violadas dan a luz a criaturas híbridas. En raras ocasiones: un niño o una niña con alas de buitre. Casi siempre:  un  buitre  capaz  de  pensar  como  niño  o  niña  y  que,  al  hacerse mayor, correrá a unirse a una bandada de buitres bandidos.

LA SOLEDAD LE ESCRIBE CARTAS AL OLVIDO, Javier Sanz

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JAVIER SANZ, La soledad le escribe cartas al olvido, Gráficas Mera, A Coruña, 2011, 276 páginas.

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El también fotógrafo Javier Sanz ofrece al lector un compendio de poemas breves, aforismos y greguerías acompañados de poemas visuales.
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Envejecemos ante la indiferencia del espejo.
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Me despertaron de la nada para decirme que soy nada.
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Nunca es más libre la hoja que cuando cae.
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Todas las religiones tienen un denominador común, 
embellecer la muerte.
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La vida es una mariposa en el ojo del huracán.
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Que cerca está para un niño el cielo
hasta que se le escapa un globo.
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Un deseo:

detener el tiempo sin parar el corazón.
  

ENANOS ESCONDIDOS, Andrés Navarro

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ANDRÉS NAVARRO, Enanos escondidosPerras Negras, Santiago del Estero, 2011.

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CUATRO MONOS

   El primer mono tomó el objeto con cierto recelo y lo depositó cuidadosamente en una rama de hojas secas. Lo examinó atentamente, de un lado, del otro, llegó a la conclusión de que jamás había visto tal cosa.
   El segundo mono enfatizó nerviosamente en los colores del objeto y propuso los comparasen con los de algún otro objeto conocido por ellos.
   Un tercer mono, ya más intranquilo, intervino y advirtió que ningún objeto conocido tenía tales colores e impeló a sus compañeros a deshacerse inmediatamente de aquello. Decisión aprobada ruidosamente.
   Un cuarto mono, más calmado, trató de serenar los ánimos diciendo –vean compañeros, una vez fuimos aturdidos, ustedes recordaran, por una turba de buitres. En aquella ocasión nos refugiamos en lo alto de la selva y sin embargo estos carroñeros nos increparon con famélicos insultos. Nosotros llegamos a dudar de nuestra condición vital pero cuando uno de esos embusteros animales se acercó demasiado nos abalanzamos sobre él y le dimos muerte. Después de ese acto de extraordinaria camaradería las otras malsanas bestias nos dejaron en paz ¿lo recuerdan ahora?
   En tanto, el objeto había descubierto un sendero entre las hojas secas y ya se encontraba, sin temor alguno, donde los suyos.

LA ESTUPIDEZ, Lucien Jerphagnon

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LUCIEN JERPHAGNON, La estupidez, Paidós, Barcelona, 2011, 136 páginas.


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En el Prólogo (pp. 13-17) el autor explica el origen de este proyecto: llegar a una «fenomenología de la estupidez» tras haber pasado Veinticinco siglos hablando de ella.
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Voltaire: «Todos los siglos se parecen en la maldad de los hombre». (Yo añado: y en la estupidez).
Schopenhauer
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Nada me parece más servil, más despreciable, más ruin, más necio que un terrorista.
Chateaubriand
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Cuántas veces lo he señalado: que Dios prefiere a los imbéciles, es un rumor que desde hace diecinueve siglos propagan los imbéciles.
François Mauriac
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Un imbécil siempre encuentra a otro más imbécil que le admira.
Boileau
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Pues hay algo terrible en la imbecilidad, y es que puede parecerse a la más profunda sabiduría.
Valery Larbaud
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Admiro mucho a los imbéciles que no dudan de ellos mismos, que avanzan en líena recta sin mirar a la derecha ni a la izquierda, perfectamente parapetados en sus certezas.
Jean d'Ormesson

TRES RELATOS BÍBLICOS Y OTROS CUENTOS, David Slodky

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DAVID SLODKY, Tres relatos bíblicos y otros cuentos, El Mono Armado, Buenos Aires, 2011, 116 páginas.

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SUYA

   Cuando la vio, supo que era ella. Sigilosamente, amorosamente, día tras día, fue creando la trama. Una a una esquivó sus descortesías, venció sus resistencias. Cuando ya se hizo imprescindible, cuando por fin le dijo que sí, que ella también lo amaba, nunca más volvió a verla. La guardaría suya, pura, perfecta, para siempre en su memoria, inmune al deterioro del tiempo y a la banalidad de lo cotidiano.

SOUVENIRES, Marcos Rodríguez Leija

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MARCOS RODRÍGUEZ LEIJA, Souvenires (curiosidades literarias), ITCA, Tamaulipas, 2011, 48 páginas.

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SOBRE CIUDADES FUTURAS

   En la calle, de reojo, se miran con miedo unos a otros. Hace mucho tiempo que llevan columpiándose en la cara a la desdicha. Hace tanto de eso que no recuerdan cuándo dejaron de bailar, en qué esquina la alegría tomó un microbús sin destino ni viaje de regreso. 
   Se dispersan con el pavor retumbándoles el pecho, como si el final del mundo estuviera cerca. Viaja en el aire el eco de una risa infantil. Nadie sabe de dónde proviene ni a qué o a quién le pertenece aquel sonido. A la felicidad, ya nadie la recuerda.

DÍAS BAJO EL CIELO, José Ignacio Foronda

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JOSÉ IGNACIO FORONDA, Días bajo el cielo, Pepitas de Calabaza, Logroño, 2011, 200 páginas.

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Al envejecer transformamos en patria el paraíso.
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Ser leve y dejar huella, igual que los gorriones en la nieve.
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Las nubes pasan como las horas, aunque las horas no pasan como las nubes.
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Hay tanta solemnidad en este atardecer que parece que estoy asistiendo al funeral de un emperador.
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Pasear se ha convertido en la única forma de estar conforme con mi destino. De estar conforme… conformándolo.
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Miro el atardecer aquí sentado. Cada día me acerco a él. Aquí sentado.
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Nube: velero de vapor.
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Este sol de junio hace madurar la tarde. Pero no nos quedaremos a recoger su fruto, salvo que el fruto sea saber que el sol de junio hace madurar la tarde.
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Tras el fuego del día llega la luna con su alivio pálido. Oigo el concierto de los grillos, pero no es suficiente: me gustaría ser capaz de saber qué sueñan las hormigas.
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Noviembre. El campo, cansado. El cielo, vacío. Y yo, entre uno y otro, sin rumbo.

VIDA DE UN IDIOTA Y OTRAS CONFESIONES, Akutagawa Ryūnosuke

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AKUTAGAWA RYŪNOSUKE, Vida de un idiota y otras confesiones, Satori, Gijón, 2011, 200 páginas.

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MUERTE

   Aprovechando la suerte de estar solo en el dormitorio, colgó el cinturón del enrejado de la ventana e intentó ahorcarse. Pero al tratar de introducir el cuello en el cinturón, lo asaltó el miedo a la muerte. No temía el dolor físico que se siente en el instante de morir. Sacó por segunda vez el reloj de bolsillo y decidió hacer la prueba de medir el suicidio por ahorcamiento. Entonces, después de una breve agonía, todo se volvió confuso. Si fuera capaz de superar al menos ese paso, sin duda alcanzaría la muerte. Consultó las agujas del reloj. El sufrimiento había durado más de un minuto y veinte segundos. Las tinieblas reinaban más allá de la ventana enrejada. Pero, de repente, la oscuridad fue quebrada por el canto fogoso de un gallo.

MI ESPAÑA PARTICULAR, Edgar Neville

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EDGAR NEVILLE, Mi España particular, Reino de Cordelia, Madrid, 2011,196 páginas.


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Fernando R. Lafuente en Un lujo de otro tiempo (pp. 9-17) glosa la figura de uno de los miembros más importantes de la llamada otra generación del 27. Reino de Cordelia reedita esta Guía arbitraria de los caminos turísticos y gastronómicos de España publicada por Taurus en 1957, en la que el lector hallará "un magistral tratado del viaje, no sólo como modelo de vida contemporánea, sino como ética del saber vivir".

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GALICIA


   Galicia es una especie de Irlanda que tenemos en España. Fronteriza con la pálida meseta central, de pron­to, y a la revuelta de varios montes, se nos aparece una frondosísima pradera verde, que aumenta de tono a medi­da que nos acercamos al mar. Lo más notable de Galicia son las profundas rías por las que penetra, tierra aden­tro, el Atlántico, y que son un espectáculo verdadera­mente grato de ver.
   Las ciudades, salvo Santiago de Compostela, que es una joya, no tienen mayor interés arquitectónico, pero gastronómicamente sí porque nos hallamos en el paraí­so de los mariscos y de los pescados. En toda la costa gallega hay infinidad de lugares donde encontraremos, con profusión y frescura ejemplares, las ostras, las ciga­las, los langostinos, los percebes, las almejas, los cangrejos, los changurros y los centollos. Todo el país es emi­nentemente pesquero y la riqueza y la variedad de su pesca es superior a todo lo que se puede imaginar. En Vigo, hay un hotel nuevo importante, el Gran Hotel, y el mejor restaurante típico se llama El Mosquito.
   Después una carretera excelente, que va por la cos­ta, nos lleva a Pontevedra y por allí, y por el borde de la Ría de Marín, vayamos a la isla de La Toja, que es un lugar agradabilísimo en verano, con un buen Hotel, con su piscina, y unas vistas marítimas encantadoras. Si no tenemos muchas ganas de ir a islas, desde Pontevedra seguiremos por Padrón a Santiago de Compostela, capi­tal del Reino de Galicia. Aquí el turista debe volver a sacar su guía formal para estudiar bien todos los monu­mentos que ha de admiran Yo, como siempre, le pido que se pasee por las callos, bajo los soportales, y vaya a ver la Universidad y, sobre todo, la Catedral, que es magní­fica y se extasíe frente a la puerta del Obradoiro, ante la fachada churrigueresca y la escalera monumental.
   Desde Santiago el viajero puede ir a La Coruña, que es una población muy alegre y muy simpática, con el hotel Embajador, y muchos sitios donde comer mariscos. Luego se sale de Galicia por Lugo, Ponferrada y Astor­ga. Pero ya que estamos en Astorga no hay más remedio que ir a León, para admirar la más bella catedral que tie­ne España, una verdadera joya del arte gótico. En León hay un buen Hotel, el Oliden.