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LOCUCIONES DE LA SIBILA, Marina Ivánova Tsvietáieva

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MARINA IVÁNOVA TSVIETÁIEVA, Locuciones de la Sibila, Ellago, Castellón, 2008, 102 páginas.

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No encontrará el lector «un libro de aforismos de Tsvietáieva que la autora escribiera como tal», sino «una recopilación de pensamientos, máximas, que la escritora ha ido sembrando a lo largo de todos sus escritos».
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Para el niño no existe el futuro, existe sólo el ahora (que para él es siempre).
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Sí, aquello que conoces en la infancia lo conoces para toda la vida, pero también lo que no conoces en la infancia no lo conoces para toda la vida.
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Para no ser culpado, hay que convertirse enseguida en acusador.
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El niño odia solamente la alevosía, la traición, las promesas incumplidas, los pactos rotos. Ya que el niño, como nadie, es fiel a la palabra y cree en la palabra.
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Los libros deben acercar y no separar.
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La fidelidad al igual que la perseverancia de la pasión, me es incomprensible, ajena. (La fidelidad tanto como la infidelidad - ¡todo lo separa!).
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El alma se alimenta de todo, en especial de las pérdidas.”
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Antes de la vida el ser humano es siempre y todo, mientras está viviendo es algo y ahora. (Es — ¡no importa lo que sea!).
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El alma es una vela. El viento — la vida.
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Siempre que me entero de que una persona me quiere —me asombro, si no me quiere también me asombro, pero sobre todo me asombro cuando a alguien le soy indiferente.
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La pasión sexual es ante todo - un incendio del alma.

UN ALMA EN INCANDESCENCIA, José Ángel Mañas

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JOSÉ ÁNGEL MAÑAS, Un alma en incandescencia, Buscarini, Logroño, 2008, 92 páginas.

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En el Prólogo (pp. 9-12) a este libro subtitulado Pensando en torno a Franciam Charlot (aforismos sobre pintura) admite Mañas que el lector percibirá en estos pensamientos «una reflexión sobre la pintura y el arte en general».
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Todo objeto estético es una piedra lanzada al lago de nuestra cultura personal: provocará ondas de mayor o menor intensidad en función de la fuerza del artista pero también e nuestra sensibilidad.
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Limpiarse las legañas culturales que entorpecen la mirada.
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El arte es el cobijo del hipersensible, la válvula de escape de quien no soporta la realidad.
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Lo feo y el mal han sustituido a lo Bello y el Bien. La mentira se ha convertido en Verdad.
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Si el arte ya no existe, existen al menos los artistas. Son la vanguardia de la libertad humana. Dentro de la anarquía estética actual, el artista es rey. Su único enemigo es su propia libertad.

BREVES ENCUENTROS, Enrique del Acebo Ibáñez

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ENRIQUE DEL ACEBO IBÁÑEZ, Breves encuentros (en ciento once relatos)Milena Caserola, Buenos Aires, 2008, 100 páginas.

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LA LÁGRIMA

   Intrigado, esta vez decidió seguir a su lágrima para ver dónde iba.
   Fue así como descubrió el mar.

CUENTOMANCIA, Fernando Sánchez Clelo

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FERNANDO SÁNCHEZ CLELO, Cuentomancia, BUAP, Puebla, 2008, 56 páginas.

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EL EMPERADOR

   Bajo la tempestad de escarnios, la muchedumbre atosiga al Emperador, que arrastra los pies encadenados rumbo a la guillotina. Él escarba en sus recuerdos bíblicos para obtener un poco de consuelo, pero sólo encuentra la cabeza de Goliat sangrando en las manos del niño David, a Judith decapitando a Holofernes, y a Salomé bailando desnuda con la cabeza de Juan Bautista en una charola de plata. Su fuerza real se desvanece.
   Ya en el patíbulo, con la hoja de hierro afilada pendiendo sobre su cuello, levanta la vista: la multitud que ahora aplaude su muerte, antes temblaba bajo su mirada. Con la evocación de los rostros cobardes, recobra su despotismo imperial y ruge la última orden:
   —¡Que me corten la cabeza!
   Su pueblo lo obedece temeroso.

LA LUNA SABE A COCO, Juan Kruz Igerabide

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JUAN KRUZ IGERABIDE, La luna sabe a coco, Anaya, Madrid, 2008, 96 páginas.

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Ilustra Antonio Santos este delicioso libro en el que predominan los haikus y otros poemas breves.
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El sol se mete
en mi bolsillo
a hurgar entre mis
pañuelos sucios.


EL DESHIELO, Lino Braxe

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LINO BRAXE, El deshielo, Embajada de España, La Havana, 2008, 58 páginas.

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EL RESPLANDOR

Tus iluminados sueños habitan en tus ojos
junto a unos diminutos seres del pasado.
Aquellos amantes que también contemplaron
el tesoro de la isla misteriosa.

A CUERPO ABIERTO, Manuel Rivas

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MANUEL RIVAS, A cuerpo abierto, Alfaguara, Madrid, 2008, 344 páginas.

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Así lo presenta el autor en su prólogo: "Éste es un viaje de periodismo indie. Independiente, libre, irónico, crítico y de fábrica literaria. Digo eso, lo de literario, sin complejo. El mejor periodismo constituye siempre una pieza literaria."
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RÉQUIEM

   Era noche espesa y Ángel González detuvo el auto ante un semáforo en verde. Un patrullero de Nuevo México lo llevó detenido. Él explicó ante el sheriff sureño que se había parado en nombre de la humanidad. El jefe ordenó su ingreso en el calabozo. ¿Qué clase de tipo podía ser ese barbudo quijotesco que se detenía en verde para evitar atropellos? En la celda había quince chicanos con los que cantó y recitó poemas. El sheriff se acercó a las rejas y los mandó callar. Todos fueron saliendo en libertad, salvo Ángel. Y el último en marchar le confió: «Doctor, ¿qué hace usted aquí, intentando civilizar a estos pendejos?». Ángel siempre se dedicó a civilizar, sabiendo que la naturaleza era extraña. De niño, en la posguerra, vio que una patata cocida se movía en el plato. Pensó que era un episodio del realismo mágico hasta que descubrió que la llevaba en el lomo una cucaracha. Mataron a su hermano cuando era niño rojo, aunque él amaba una muchacha de calcetines blancos. Y en aquellas fechas un antiguo conocido, ufano con los correajes fascistas, le colocó una pistola en el pecho: «Mataremos a toda tu estirpe». Nosotros también intentamos matarlo. Lo llevamos a un acantilado, en el faro de Hércules, como extra en una película. Y él acudió generoso. Era agosto. Buen mes para los crímenes de antaño. Pero ocurrió algo imprevisible. Cuando llegó la hora de fusilarlo, se levantó un temporal no pronosticado. Toda la noche se encrespó furiosa la mar y no hubo forma de abatir al poeta. Dos noches lo intentaron, dos noches el océano lo impidió. Por eso no me creo lo que cuentan los periódicos desde la capital. Esa noticia de que se ha muerto Ángel González. Y si finalmente se confirma, proclamo lo que Antón Tovar cuando tropezó con el entierro de un niño: ¡No estoy de acuerdo!

PRIMITIVO RAMO DE ORQUÍDEAS, Gilda Manso

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GILDA MANSO, Primitivo ramo de orquídeas, Libros en Red, Buenos Aires, 2008, 74 páginas.

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RUIDO DE ALACRANES

   Me despertó el camión de la basura, y los pájaros insomnes que chillaban en las ramas del tilo. Pensaba que podría volver a dormirme, pero por la calle, justo al lado de mi ventana, pasó la vieja chiflada, la de las palomas, insultando a su troupe de perros pacientes; tal vez orinaban demasiado despacio. Me desvelé casi sin remedio, dormitando de a ratos, diez minutos como mucho. Ya al amanecer, oí que del ropero salía un sonido como de tambor ahogado. Sólo esto me faltaba, alcancé a pensar, sumergida en el limbo del sueño postergado. Abrí el placard y el espectro que se refugia entre mis perchas me miró, los ojos bien abiertos; él tampoco podía dormir.
   —¿Te parece que es una hora lógica para ponerte a latir? – le pregunté. Me dijo que lo había despertado el ruido de los alacranes, los de su propia cabeza, y ahí me apiadé. Yo sé cómo se siente eso.
   —Vení, que te acuno un rato —le dije. Me acosté y él se aovilló en mi pecho.
Me desperté horas más tarde, sin rastros del espectro, aturdida por el estrépito del sol sobre mi cama.

POLVO ERES, Nieves Concostrina

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NIEVES CONCOSTRINA, Polvo eres, La Esfera de los Libros, Madrid, 2008, 396 páginas.

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En Aquellos polvos trajeron estos lodos (pp. 15-17) ya el humor atraviesa el relato con el que la autora explicita el germen de este libro: una colaboración radiofónica que pretendía demostrar que "la muerte (de otros) puede llegar a ser tan interesante, extravagante o divertida como la propia". 
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EL CRÁNEO SUBASTADO DE RENÉ DESCARTES
(1596-1650).

   «Cogito, ergo sum», se decía René Descartes, cuando en una de ésas se murió. Dejó de pensar y, por tanto, de existir. Lo que aún no ha quedado firmemente confirmado es si se murió o si lo suicidaron. El pensador y filósofo francés falleció en Suecia, oficialmente, de una pulmonía, pero oficiosamente se sospecha que sus pulmones estaban relativamente sanos cuando murió. Descartes dictó cuatro reglas para la investigación científica, y la primera de ellas era no dar por cierto lo que no resulte evidente. Morir entre vómitos, náuseas y retortijones es evidencia —si no clara, al menos sospechosa— de que no murió de pulmonía. El asunto huele a arsénico. Resfriado o envenenado, ya da igual, porque aquí lo que cuenta es que murió y que fue a dar con sus huesos en el cementerio Fredrikskyrkan, en Estocolmo, en febrero de 1650.
   Tuvieron que pasar dieciséis años para que Francia reclamara los restos de su preclaro súbdito. Se le exhumó, se le colocó delicadamente en un ataúd de cobre y allá que se lo llevaron, a la iglesia parisina de Sainte-Geneviève-du-Mont. Como dejar a los muertos quietos no es costumbre muy extendida entre los humanos, durante la Revolución Francesa René Descartes fue de nuevo exhumado y trasladado al Panteón de Hombres Ilustres. Sin embargo, tampoco aquí dejaron tranquilo al filósofo, y volvieron a exhumarlo en 1819 para trasladarlo a la abadía de Saint-Germain-des-Prés, también en París. Y ya vamos por su cuarto entierro. En esta ocasión se decidió hacer un reconocimiento de restos, pero cuando abrieron el féretro para comprobar si Descartes mantenía una postura digna pese al ajetreo, se descubrió que el receptáculo de donde surgió tan vasto conocimiento, el cráneo, no estaba. Cierto es que Descartes proclamó que mente y cuerpo eran dos entidades separadas, pero nadie habría imaginado entonces que lo dijera en un sentido tan literal. Nada podían hacer entonces, salvo lamentarse de que el padre de la filosofía moderna hubiera perdido la cabeza. El misterio vino a solucionarse años después: en Suecia, sobre una mesa de subastas, se puso a la venta un cráneo con la inscripción «Cráneo de Descartes, tomado en cuidadosa posesión por Israel Hanstrom en el año 1666, en ocasión del transporte del cuerpo a Francia, y desde entonces oculto en Suecia». Nadie ha entendido aún hoy por qué demonios el tal Israel Hanstrom tuvo que separarle la cabeza al indefenso Descartes.
   El cráneo fue devuelto a Francia, al parecer al naturalista Georges Cuvier —un estupendo paleontólogo, pero de sospechosa catadura moral desde que le dio por ir disecando especímenes humanos—, y está custodiado desde entonces en el Museo del Hombre de París. Lejos, lamentablemente, del resto del esqueleto. A René Descartes, sin embargo, le falta algo más: el dedo índice de la mano derecha. Cuando fue exhumado de su primera tumba sueca, el embajador de Francia, un tipo apellidado Chanut, se quedó con ese despojo alegando que quería poseer el dedo que había escrito las palabras «Cogito, ergo sum». Le habría estado bien empleado al diplomático que Descartes fuera zurdo y que el dedo que se quedó fuera el que el pensador se metía en la nariz mientras escribía el Discurso del método.

HILOS SUELTOS, Fernando Menéndez

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FERNANDO MENÉNDEZ, Hilos sueltos, Difácil, Valladolid, 2008, 100 páginas.

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Tras la brillante aproximación filológica a la  poética de este singular género de José Ramón González [Notas sobre el aforismo, (pp. 7-31)], la antología de un maestro: Fernando Menéndez. 
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El vacío, como la muerte, se encamina a la plenitud.
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Debería existir una vacuna contra los deseos.
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Un poema es el fracaso del silencio.
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Mastico la noche hasta aborrecerla.
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Somos huellas de ausencias.
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Nadar en el océano del corazón.
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Hay dos clases de poetas: los que viven de la poesía y los que existen para la poesía.

FIN DE FIESTA Y OTRAS CELEBRACIONES, Luis Bernardo Pérez

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LUIS BERNARDO PÉREZ, Fin de fiesta y otras celebracionesFicticia, México D.F., 2008, 108 páginas.

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CASTIGO

   El castigo impuesto a Prometeo por el vengativo Zeus todavía despierta nuestra compasión. Llenos de pena, imaginamos al hijo de Japeto y Climene encadenado a su solitaria roca con las entrañas expuestas a la voracidad de un águila. Sin embargo, nadie parece sentir lástima por la hastiada ave, la cual desearía poder cambiar de menú aunque sea una vez por semana.

JAIKULATORIAS, Raúl Vacas

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RAÚL VACASJaikulatorias. 33 haikusEdiciones De Vacas y Castaño, Salamanca, 2008, 44 páginas.

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La particular comicidad de estas páginas, implícita desde el mismo título, también es puesta en relieve por Isabel Castaño en su "Pórtico": «Este libro contiene en su interior una película de Súper 8 que el autor proyecta sobre el muro de la iglesia, tras acomodarnos al aire libre en la plaza del pueblo. No hay palomitas, pero es posible que caiga un chupito de los frailes.»

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puesta de sol
la sotana del cura
se ve a lo lejos

LA SOLEDAD DE LOS VENTRÍLOCUOS, Matías Candeira

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MATÍAS CANDEIRA, La soledad de los ventrílocuos, Tropo, Huesca, 2008, 178 páginas.

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TODAS LAS POSIBILIDADES

   No mucha gente sabe que hay un almacén de armas en la parte norte de esa montaña que se vislumbra al fondo, rodeada de bruma, prohibida, y no hay que dar más explicaciones. En la oscuridad, al cruzar la puerta llena de cerraduras (¿demasiadas, quizás?) se mueven voces discretas, el corazón del visitante puede comprimirse un poco ante tal cantidad de receptáculos, y el resto ya se conoce. Cabe la posibilidad de ponerse andar y estudiar este gran muestrario: sables brillantes, piedras, innegables ametralladoras todavía echando humo por el cañón. Ah, pero también hay frasquitos con líquidos verdes y sospechosos, útiles para pavos, faisanes o copas de vino si el rey tiene a bien dormirse. Y del mismo modo allí el visitante encuentra, puede ser que respirando más agitadamente en este punto, esas otras armas de tanto renombre y tradición: una quijada, una cobra viva, una guillotina del color exacto de un hueso (¿serán esos restos la sangre de María Antonieta?).
   Ante tal lección dc historia humana, en este almacén, hemos dicho prohibido (se nos olvidó el término «terrible»), ¿qué podría esperarse que sucediera? ¿Sentiría el visitante de pronto, como ahora, una avidez inesperada? ¿Sería posible?
   En este almacén las cosas suelen seguir su curso, su oscuridad se hace más tibia, fluye. Y aunque esta afirmación no siempre es exacta del todo, parece que el visitante empieza a buscar un interlocutor y explora esas otras cavidades, las que están a su izquierda y son más profundas, seguramente con intenciones nada amistosas. Pero la certeza de este instante es terrible, porque rara vez encuentra ninguno. Casi siempre corre hacia la puerta —¿no hemos dicho ya que tenía demasiadas cerraduras?—, intenta abrirla, chilla, la golpea, y después, sabiendo quizás que nadie va a descorrer esos cerrojos, el visitante escoge una de estas armas, ahora tan útiles.

LA NIÑA DEL MALABARISTA, José Manuel Brito

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JOSÉ MANUEL BRITO, La niña del malabarista y otros relatos, Baile del Sol, Tegueste, 2008, 146 páginas.

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CERTEZAS

   Sabía que aquel no era su fusil y que la llave con que acababa de prender el motor no era el de su jeep; que el broncoespasmo nervioso del escape que irrumpió en sus oídos y en el silencio del campo de batalla -único superviviente-, ni siquiera la dureza inoportuna del volante, correspondían al suyo... Pero, a punto ya de poner la primera marcha, también supo que no podía perder ni un segundo más formulándose certezas tan insensatas. Esta vez Fidípides estaba convencido de que no desfallecería tras comunicar la buena nueva de su victoria.

FOSA COMÚN, Armando Alanis

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ARMANDO ALANÍS, Fosa común. Ficciones súbitas, Fósforo, México D.F., 2008, 92 páginas.

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EL COLOR DEL DESEO

   –De rojo me gustas más –dijo el hombre todavía con el puñal en la mano.

EL PÁJARO Y LA PIEDRA, Mariano Castro

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MARIANO CASTRO, El pájaro y la piedra, Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2008, 68 páginas.

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El caracol del tiempo
deja hilos de plata en la memoria.

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He visto una luciérnaga; es decir, sólo su luz.

SUEÑOS, Theodor W. Adorno

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THEODOR W. ADORNO, Sueños, Akal, Madrid, 2008, 128 páginas.

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LOS ÁNGELES, NOVIEMBRE DE 1942 

   Yo me hallaba con mi padre en Londres cuando las sirenas que alertaban de un bombardeo aéreo se pusieron a sonar. Nos dirigíamos en metro desde W2 al centro de la ciudad, y la cosa comenzó con el tren precipitándose a toda velocidad durante un buen trecho, de Lancaster Gate a Tottenham Court Road, sin detenerse en una sola parada. En Tottenham Court Road salimos todos. Por doquier había diseminados grandes rótulos, pancartas en realidad, con la inscripción: PÁNICO. Pero era como si con ello no tanto se advirtiera contra el pánico, sino más bien se lo decretara. A través de una salida lateral, llegamos enseguida, y fuimos los únicos, a la calle. Pero yo no pude alegrarme mucho de nuestra suerte. Tenía la sensación de que habíamos hecho algo prohibido al salvarnos a través de la salida incorrecta, que sin duda estaba reservada para el personal del metro, y durante todo el sueño estuve esperando el castigo que inevitablemente se nos impondría por ello. Caminamos hacia el sur, en dirección al Soho, y llegamos a una calle muy ancha, bonita, pero sin vida alguna. Allí pasamos por delante de un pequeño restaurante, que al punto reconocí como yugoslavo. Lo único que en su interior se veía eran mesitas con manteles de un blanco deslumbrante, sin un solo cliente. Una camarera de aspecto muy agradable salió a la puerta y nos invitó a entrar. Yo sentí un irreprimible deseo de comer en aquel restaurante. Mi padre se negó a ello con sorna. Sería francamente ridículo gastarnos nuestro precioso dinero en la estupenda comida de un local como aquél a causa de una alar- ma aérea. Me hizo seguir hasta que llegamos a una boca de alcantarilla en la calle. La tapa estaba abierta. Mi padre insistió en que bajáramos a las cloacas. Allí abajo sería mucho más seguro que en el restaurante. 

MONTAÑA ROJA, Rafael Fombellida

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RAFAEL FOMBELLIDA, Montaña roja, Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2008, 76 páginas.

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Besé la luna
partida en dos mitades.
Bendito sueño.

LAS MEJORES CITAS DE PROVOCACIÓN, Samuel Red

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SAMUEL RED, Las mejores citas de provocación, Robin Book, Barcelona, 2008, 320 páginas.

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Subtitulada Lo más corrosivo e insultante que han dicho personajes de la cultura, la política, el deporte y mucho más, esta antología de Samuel Red está organizada en varios bloques.
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¿Qué sabe el pez del agua donde nada toda su vida?
Albert Einstein 
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Detesto la vulgaridad del realismo en la literatura. Al que es capaz de llamarle pala a una pala deberían obligarle a usar una. Es lo único para que sirve.
Oscar Wilde
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Cuán vano es sentarse a escribir cuando aún no te has levantado para vivir.
Henry David Thoreau
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Un marido que ama a su mujer es un hombre que no tiene el mérito suficiente para hacerse amar por otra.
Montesquieu
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Digamos que la mujer es un bello animal cuya piel es muy cotizada a pesar de que luego ningún peletero pueda aprovecharla.
Jules Renard
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Hay mujeres que prefieren hacer sufrir a varios hombres a la vez, y otras que prefieren concentrase en unos solo: éstas son las mujeres fieles.
Alfred Capus
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Mi esposa es un objeto sexual. Cada ves que le pido sexo, ella objeta.
Bob Hope
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Que otros se jacten de las páginas que han escrito: a mí me enorgullecen las que he leído.
Jorge Luis Borges
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Mi novia siempre se ríe mientras le hago el amor: no importa lo que esté leyendo.
Steve Jobs
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Esta sinvergüenza rastrera merece que un asno la mate a patadas...y yo soy la indicada para hacerlo.
Claudia Schiffer sobre Naomi Campbell
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Siempre que veo la tele y veo esos pobre niños hambrientos en todo el mundo, no puedo evitar llorar. Quiero decir, me encantaría ser así de flaquita, pero no con todas esas moscas, y muerte, y esas cosas...
Mariah Carey
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Las mujeres son capaces de fingir un orgasmo, pero los hombres pueden fingir una relación entera.
Sharon Stone

PERDURABLE MEMORIA, Javier Zúñiga

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JAVIER ZÚÑIGA, Perdurable memoria, Estratega Ediciones, Puebla, 2008.

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NEGACIÓN

   El avestruz me mira directo a los ojos, con cara burlona. En la risa tal vez se esconde la timidez y la desconfianza. Yo le río. Le engaño de frente. Se cansa y corre despacio. Yo camino en dirección contraria. Cada cual nos alejamos negando la existencia del otro, queriendo no ser lo que hemos visto, presintiéndonos incapaces de soportarnos en el mundo oscuro de los arquetipos.