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CUENTOS BREVES LATINOAMERICANOS, Alejandra Torres (editora)

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ALEJANDRA TORRES, Cuentos breves latinoamericanos, Aiqué, Buenos Aires, 1998, 160 páginas.

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Alejandra Torres apunta en el Prólogo (pp. 11-17): "Entre los cuentos elegidos se observa la gran inclinación de los cuentistas latinoamericanos a producir ficciones fantásticas".
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LA NOCHE

   Es la noche, oscura como el antifaz de los asesinos. Muy cerca se oye un grito de terror, luego, un disparo que lo silencia. Ninguna de nuestras ventanas se ha abierto; todos temblamos en el interior, absteniéndonos de ser testigos de un hecho que más tarde podría comprometernos. Un automóvil arranca y se pierde a lo lejos con su carga de muerte. En la esquina alguien agoniza en medio de un gran charco de sangre. A su alrededor un vecindario de culpables trata en vano de conciliar el sueño.

Manuel Rueda

TRATADO DE CULINARIA PARA MUJERES TRISTES, Héctor Abad Faciolince

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HÉCTOR ABAD FACIOLINCE, Tratado de culinaria para mujeres tristes, Alfaguara, Madrid, 1998, 144 páginas.
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   Convéncete, te ruego, no hay afrodisíacos. No busques el deseo por medios de la gula o de la magia. Algunos ignorantes han soltado el embuste de frutos de pasión. Patraña es esta que tiene origen claro y mueve a risa. Fruto de la pasión o pasiflora llamaron los botánicos a algunas plantas rastreras que se enredan y trepan. Su flor se suponía que mostraba los estigmas de la pasión de Cristo: la lanza, el cáliz, la corona, los  clavos... De la de Cristo, piensa, que poco o nada tiene que ver con la pasión que buscan los consumidores de afrodisíacos, no ansiosos de martirio sino de desenfreno. Créeme, la pasión viene sola o no viene. Si no llega espontánea no la fuerces con pócimas. O surge sin esfuerzo o no valía la pena.
   No es cierto, sin embargo, que no se pueda hacer con la comida algo que favorezca los placeres del tálamo. Excitar los sentidos, todos los sentidos, es útil para hacerlos participar —una vez avivados— en el rito del abrazo. Se sabe que después del deseo sexual otra apetencia domina de segunda nuestra urgencia y es el deseo de saciar el hambre. Para desatar el apetito sexual nada mejor que apagar antes las ganas de comer. Come con apetito y observa el apetito de tu amigo, sin olvidar las palabras de una sabia matrona florentina: «Desganados en la mesa, desganados en la cama».
   Aviva todos los sentidos: la vista, con partes estratégicas tapadas y descubiertas de tu cuerpo; con una combinación armoniosa de colores en el plato. El tacto: deja que la piel roce la piel y que los dedos partan la corteza del pan. El olfato: no ocultes del todo tus olores naturales y prepara la nariz del otro con olores deleitosos de comida. El oído con música rítmica y palabras escogidas. Para el gusto prepara esta receta:
   Pelas trece langostinos grandes y pones a hervir las cáscaras en un buen caldo con cebollas y apios y un trozo de pescado. Fríes cebolla y ajo en aceite y mantequilla; luego le echas el caldo reducido a esta mezcla; lo adensas con una cucharada de harina de trigo; le das mejor sabor con una copa de brandy. Añades allí los langostinos enteros y dejas sólo que su color pase a un naranja intenso. Aparte cueces en agua con sal doscientos gramos de pasta corta. Al momento de mezclar la pasta con la salsa, añades pimienta y crema de leche. Este plato avivará sus sentidos hasta el colmo. Si lo acompañas con una botella de champaña muy seca, el resultado casi, casi es infalible.

TURRIS EBÚRNEA O LA REINA DEL PAPAGAYO, Francisco Xabier de la Colina Unda

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FRANCISCO XABIER DE LA COLINA UNDA, Turris ebúrnea o la reina del Papagayo, Huerga & Fierro, Madrid, 1998, 302 páginas.

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EL LUNAR


   Cuando nació aquella preciosa niña el padre se puso muy contento, pues era de una belleza deslumbrante; tan perfecta y acabada que él anheló, y creyó, que no cambiaría nunca. Deseaba que se quedase para siempre como aquella cabeza, antigua y degollada, de la muñeca alemana de porcelana que él tenía tras el cristal de la alacena donde se alineaban algunos de sus libios lujosos.
   Siempre concibió tener una hija así, rubia y de tez dorada y transparente. Por fin, después de varios hijos atezados y oscuros, que sin duda salieron a la madre (una guapa y morena mujer), había venido esta criatura perfecta. Sólo que su entusiasmo estaba limitado; diríamos, mejor, aminorado, por la presencia en la mejilla de la niña, cerca de la orejita, de un pequeñísimo lunar marrón que con el tiempo crecía de una manera casi imperceptible pero continuada.
   Tanta fue su obsesión por aquel lunar, que le llevó a consultar secretamente esta anomalía de la piel a un médico amigo. Éste le tranquilizó asegurándole que a una cierta edad, cuando cesase el crecimiento de la niña, esta maculita no sería mayor que una lenteja y que, incluso, embellecería su rostro aún más. Calmose el padre que, al posar sus ojos sobre tan linda carita, hacía abstracción del inoportuno lunar, encontrándola cada día más bella. Como la niña crecía que era una bendición —esbelta y dorada— sus temores se disiparon completamente y no prestó más cuidado a esa manchita, insignificante dentro de la total hermosura del conjunto.
   Sin embargo la vida trae, a veces, ritornelos curiosos. El padre que hacía mucho tiempo no había vuelto a ver a una antigua novia suya, rubia y de cutis ambarino, se la encontró casualmente. Al saludarse y besarse, como es frecuente entre viejos conocidos, vio con asombro (pues lo había olvidado) que en la mejilla derecha ella tenía un lunar exacto al de su hija, y en el mismo sitio. Entonces recordó todo; la gran pena que sintió al dejar a la muchacha, y la causa: no haber podido superar la aversión a aquel lunar, islote oscuro en el que brotaba, cual levísima palmera de un oasis, el filamento de un feo, largo y negro pelo. Algo de aquel amor truncado reverdecía misteriosamente en el rostro de su hija en forma de lunar. ¿Era una venganza del Destino o una huella que sobrevivía? Sintió un vago remordimiento.
   Pero como en los cuentos (en los buenos cuentos de antaño) a partir de esos días de purga (¿purga de un pecado no cometido?), un extraordinario y, a la vez, natural acontecimiento ocurrió: el oscuro botoncito, el lunar ominoso en la mejilla de su hijita fue desapareciendo sin dejar rastro.
   El mismo no-rastro de lisura que el viento deja en la arena del desierto.

ESPERAN LA MAÑANA VERDE, María Rosa Lojo

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MARÍA ROSA LOJO, Esperan la mañana verde, El Francotirador, Buenos Aires, 1998, 72 páginas.

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FISTERRA, a.C.

   En la costa más extrema de Occidente se terminaba el mundo. Un hombre solo vivía allí, sobre el borde del infinito. Habituado a la altura y a la distancia inmensa, ya no podía entrar en las casas circulares de piedra, ni sostener en las manos objetos tan vulgares y nimios, como cucharas o platos de madera. Se alimentaba de los frutos marinos, su piel era indiscernible del color de las rocas y sus ojos traslúcidos brillaban en la oscuridad como los ojos de los lobos.
   Nadie volvió a dirigirle nunca una palabra humana, ya que era sagrado y tan sordo como los dioses. Murió en las cuevas del risco después de haber contenido durante medio siglo el mar y el cielo para que no vaciasen su amor desaforado sobre el amor pequeño de las casas de piedra.

HISTORIAS NATURALES, Jules Renard

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JULES RENARD, Historias naturales, Analecta Malacitana, Málaga, 1998, 175 páginas.

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R. Redoli Morales en la Introducción (11-25) a esta nueva traducción que se presenta en edición bilingüe, dedica espacio a demostrar la posible influencia de Renard en la creación de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Por ello, ocupa las últimas páginas de este volumen una antología de "renarderías".
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EL SAPO

   Nacido de una piedra, vive bajo una piedra y en ella se cavará su tumba.
   Le visito con frecuencia y, cada vez que levanto su piedra, temo encontrarle de nuevo y también temo que ya no esté.
   Sigue ahí.
   Oculto en ese seco escondrijo —limpio, estrecho, tan suyo— que ocupa su totalidad, hinchado como bolsa de avaro.
   Si una lluvia le hace salir, se planta delante de mí. Unos torpes saltos me mira con ojos enrojecidos.
   Si este injusto mundo le trata como a un leproso, a mí no me da miedo agacharme junto a él y acercar mi rostro humano al suyo.
   En seguida, dominaré un gesto de desagrado y te acariciaré con mi mano, ¡oh, sapo!
   En esta vida hay que aguantar a algunos que dan mucho más asco.
   Ayer, sin embargo, me faltó un poco de tacto. Él hervía y rezumaba por todas sus verrugas reventadas.
   —Mi pobre amigo —le dije—, no quisiera entristecerte, pero, ¡mira que eres feo!
   Abrió su boca infantil y desdentada de aliento cálido, y me respondió con un ligero acento inglés:
   —¡Pues anda que tú!

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El grillo da cuerda a su minúsculo reloj.
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La cucaracha es negra y embutida como ojo de cerradura.
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Las hormigas son perlas negras que se engarzan.
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El caracol es hogareño.
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La rosa, cuando tiene frío, se pone una oruga alrededor del cuello.
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El avestruz tiene alas de pollito y gorra de jefe de estación responsable.
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Las cigüeñas siempre se están encogiendo de hombros.

TESORO DE MÁXIMAS, AVISOS Y OBSERVACIONES, Lucio Anneo Séneca

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LUCIO ANNEO SÉNECA, Tesoro de máximas, avisos y observaciones, Edhasa, Barcelona, 1998, 162 páginas.
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Carlos García Gual subraya en el prólogo algunos de los motivos por los que Séneca es un pensador tan apreciado: por la "vivacidad de su estilo, la agudeza de sus reflexiones y, además, por sus temas, que siguen siendo modernos, es decir, los mismos que pueden acuciarnos hoy".

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No porque sean difíciles no nos atrevemos a algunas cosas, sino que son difíciles porque no nos atrevemos a ellas.
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El no querer es la causa; el no poder, el pretexto.
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Nadie es tan viejo que no le sea lícito esperar un día más; y un día más es un peldaño de la vida.
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La desgracia escoge algún modo nuevo de lanzar sus fuerzas contra los que, al parecer, ya la habían olvidado.
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No puede el amor mezclarse con el temor.
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De ánimo debes cambiar, no de clima.
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Eso que tú crees cumbre es sólo un escalón.
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Tú estás ocupado; la vida pasa deprisa; llegará entre tanto la muerte y, para ella, quieras o no, tendrás que vacar de tus quehaceres.

LEY DE VIDA, David González

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DAVID GONZÁLEZ, Ley de vida, DVD, Barcelona, 1998, 90 páginas.
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En Ley de vida suceden a los poemas distintos relatos, muchos de breve extensión.
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ZUMO DE NARANJA
        
   Apenas te sostienes de pie. Son cinco días ya sin probar bocado. Los dos últimos, además, sin beber nada.
   Una huelga de hambre en plan salvaje.
   Piensas constantemente en comida. En la comida de la cárcel. En el agua tibia con lentejas. En los garibolos, que podrían servir muy bien para el juego de las canicas. En el arroz viscoso: prueba a tirarlo contra la pared y verás como se queda allí pegado. En las patatas fritas, frías y revenidas. En los huevos fritos, sin yema, cachos de cáscara unidos a la clara.
   El Mellado entra en la celda. Lleva una naranja en la mano. La naranja más grande que has visto en tu vida. Se la pasa de una mano a la otra. La lanza al aire. La recoge. Te mira. Se cachondea:
   —¿Qué, pringao? ¿Cómo lo llevas? ¿Todavía no te has muerto?
   Se apalanca en la cama, a tu lado, y se pone a pelar la naranja. La pela despacio. Sin ninguna prisa. Cuidadosamente. Las mondas las arroja al suelo. No puedes apartar la mirada de sus uñas llenas de roña. El jugo de la naranja le resbala por ios dedos sucios y él deja por un momento de pelar y se los chupa, haciendo todo el ruido de que es capaz, haciéndolo adrede. Se pasa la lengua por los labios, relamiéndose, como lo perra que es. Algunas gotas han caído sobre la almohada, muy cerca de tu cara, demasiado cerca.
   Termina de mondar la naranja, la acerca a ios labios, abre la boca, y cuando va a pegarle el primer mordisco parece arrepentirse; entonces te mira, sonríe:
   —~Quieres que te dé un gajo?
   No. Uno no. Uno es poco. Todos. Los quieres todos. Le arrancas la naranja de las manos y te la llevas entera a la boca. No entra. Te muerdes la lengua, también un trozo de labio. Entonces arrancas los gajos de tres en tres, los llevas a la boca, y para que te entren del todo los empujas con la yema de los dedos. Tienes tanta gusa que los pasas enteros, sin masticar. Lo que masticas son tus propios dedos, tus propias uñas. Te atragantas con las pepitas. Te empapizas. Toses. Te dan arcadas. Te entran ganas de vomitar. Pero sigues devorando la naranja.
   Luego te tiras de cabeza al suelo.
   Todavía tienes que comer las mondaduras.

CONTRASOMBRAS, Medardo Fraile

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MEDARDO FRAILE, Contrasombras, Pre-Textos, Valencia, 1998, 124 páginas.

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OBITUARIO
        
   En Casal de Lavas, chiquita comunidad rural entre Sololá y San Mateo, donde residía con sus hijos, nueras nietos y bisnietos, falleció la centenaria señora gutemalteca doña Gabina Flores, que alcanzó gran renombre al crear en la niñez la letra más cantada del Universo mientras embalaba bananas en la United Fruit Company.
   Bien sabido es por todos que los altavoces alentaban a las trabajadoras de los pabellones de embalaje con canciones Populares Yanquis, que escuchaban o no escuchaban, pero nunca entendían. En una de esas mañanas, Gabinita Flores una escuincla entonces de once años escasos suplió rebelde la letra en ingles de las melodías y cantó la musica con un la, la, la, tenaz y entusiasta. El la, la, la, prendió como epidemia en las demás mujeres y aquel año de 1905 aumentó el embalaje del coto bananero en un cuarenta por ciento con relación a otros años, y la niña recibió un dólar de premio. Es fama que tenía voz y estilo y que, hasta poco antes de su muerte, entonaba las canciones gringas con la misma letra que ella inventó.
   Desde aquel año de 1905, ignorar una letra cantada no ha vuelto a ser obstáculo para que los pueblos hagan de su voz un instrumento vivo de la música
        

LAS IDEAS LIEBRES, José Bergamín

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JOSÉ BERGAMÍN, Las ideas liebres, Destino, Barcelona, 1998, 127 páginas.

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Escribe Nigel Dennis en José Bergamín, aforista (pp. 9-24): "El presente libro, recopilación de una serie de aforismos y apuntes críticos olvidados y desconocidos de José Bergamín, tiene como propósito conmemorar el centenario del escritos, ofreciendo al "curioso lector" un "bello cofrecillo de sorpresas", de ideas liebres, en que se manifiesta lo más ágil y sugerente de su pensamiento"
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Al que se le mete una idea en la cabeza se vuelve loco. Las ideas no deben meterse en la cabeza, sino salir de ella. Salir corriendo, fugitivas. La cabeza no es una madriguera.
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Dijo la banderola al espanta-pájaros: yo tampoco sirvo para espantar a los pájaros.
Y el espanta-pájaros le contesto: pero yo siquiera les divierto.
Una bandera vieja puede parecer un espanta-pajaros nuevo.
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La novela nace del desengaño. La poesía, de la deseperación.
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Viajar como una maleta siempre me pareció perfecto. Lo malo es viajar como el que lleva su maleta o como aquél a quien su maleta le lleva.
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Las sombras de las nubes, pasajeras, no dejan más huella sobre la Tierra que las palabras en el pensamiento. Pero solamente ellas nos saben decir, silenciosamente sutiles y fugaces, las verdades eternas.
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Ganar tiempo, ¿no es siempre perder la vida?
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Cuando no hay nada que temer, es cuando hay que temerlo todo.
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La desesperación nos hospeda en el desengaño y nos aposenta en el desengaño. 

EL LIBRO DE LOS LIBROS, Quint Buchholtz

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QUINT BUCHHOLTZ, El libro de los libros, Lumen, Barcelona, 1998, 120 páginas.

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46 autores de distintos países aceptaron inspirarse en las obras de Quint Buchholtz: Herta Müller, W.G. Sebald, Cees Nooteboom, Carmen Martín Gaite, George Steiner, Milan Kundera, Javier Marías, John Berger...

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   Mister Smaller se sentía verdaderamente muy incómodo entre la página 43 y la 44. Sabía que alimentaba grandes sentimientos. Había hecho lo posible por hablar con el Escritor, incluso le había dicho que estaba dispuesto a hacer de Protagonista Comprometido. Y se lo había dicho en francés, «engagé», porque le parecía más chic. El Escritor lo había mirado con desconfianza y le había preguntado: «¿Engagé en qué sentido?». Mister Smaller había respondido con sencillez: «Políticamente engagé, y no es nada fácil». El Escritor había torcido el gesto. «Eso ya no se usa», le había dicho. «Confórmese con estar en la página 43 y darle un cigarrillo al Gran Protagonista, que es un hombre metafísicamente desesperado, un verdadero neo-neo-neorromántico.»
   Y así fue como Mister Smaller acabó encerrado en la página 43. El tipógrafo acababa de componer su nombre: S-m-a-l-e--r, y se fue a beber una cerveza.. Mister Smaller aprovechó la ocasión: retiró la letra S como si fuera una nariz, la letra M como si fuera una frente, la A como si fuera una boca, las dos L como si fueran los brazos, la E y la R como si fueran las piernas. Y con sus dos piernecitas se largó. Dejó un mensaje para el Escritor: «Me voy a buscar otra novela. Adiós y que tenga usted suerte con la metafísica».
   Y Mister Smaller no volvió a aparecer. Todavía lo andan buscando.
      
                                  ANTONIO TABUCCHI

HAI-KAIS DEL ABANICO JAPONÉS, Carlos Pujol

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CARLOS PUJOL, Hai-kais del abanico japonés, Pamiela, Pamplona, 1998, 64 páginas.

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A contraluz
la vida juega a ser
sombras chinescas.

DIARIO DE LOS AÑOS APRESURADOS, Luisa Castro

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LUISA CASTRO, Diario de los días apresurados, Hiperión, Madrid, 1998, 154 páginas.

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MINIFALDAS

   Siempre que aprieta el verano me acuerdo de María la Pantalonera.
   Ya podían caer témpanos de hielo o arder el misterio, que María, la Pantalonera, no se sacaba sus vaqueros. Fue la primera mujer que se los puso. Cuando nosotras estrenábamos nuestro primer novio, los doce años y el primer wrangler, ya estaba María paseando sus cincuenta primaveras y sus levis gastados de subir y bajar escaleras de casa al Supermercado y del supermercado a casa. Su fidelidad a los pantalones le acarreó el sobrenombre y puede que más de una grosería. Aunque María, con su cabeza de pájaro y las manos en los bolsillos, que no tenía rival a la hora de defenderse, por si había que limpiarle con un guantazo los mocos a alguien, pocas veces recurría a la fuerza. Encajaba con una sonrisa el piropo o el improperio y seguía adelante. Una sonrisa seductora o maternal dependiendo de la estatura del admirador o el grosero. Ya se sabe que para la sandez no hay edad. Nuestras madres, regresando de la fábrica en medio del invierno, con la carne de gallina bajo sus combinaciones, la envidiaban en silencio. Algunas se decidieron a imitarla. Enseguida se llenó la fábrica de pantaloneras. Y el pueblo.
   A nadie le sorprende ahora ver a una mujer con pantalones. Y sin echarle la culpa a María la Pantalonera, el mundo está lleno de señoras enfundadas en vaqueros. Tampoco se escandaliza nadie por una minifalda; pero las que caminamos con un pie delante del otro y tenemos dos piernas y mucho calor, cuando llega el verano ya no somos las mismas. Antes que rubias o morenas, altas o bajas, guapas o feas, somos minifalderas.
   Pantaloneras minifalderas me quedo con todas y me gusta ser como ellas. Recuerdo a María ahora que me miran las piernas y me clasifican. Ahora que aprieta el verano e ingreso por mi pie, muy a gusto, en el bando de las minifalderas. Ahora que dejo de ser quien soy para ser sólo mis piernas, para ser una minifalda, me siento más que nunca cómoda dentro de mí, más yo y más ellas. Es mi uniforme y son mi bando. Y ya se sabe que no hay edad para la sandez. Y ya se sabe que, te pongas como te pongas, cualquier cosa que te pongas, te quedará bien.
   Te quedara todo bien, chica. Diles a los de la moda que no estás para sudar de calor ni de vergüenza. A los ricos, que te gustan las telas pobres. A los modernos, que haces todo lo que puedes. A los mojigatos, que sólo son dos meses. A los horteras, que eres la reina de la remolacha. A los viejos, que te saquen una foto y la amplíen en póster. A las exquisitas, que las tienes de todos los colores. A las resentidas, que tienes una hermana monja. A los agentes Sociales, que vas a buscar trabajo. A los violadores y a los jueces, que debajo no llevas nada. Y que te levanten la tapa de los sesos si quieren saber lo que llevas dentro.
   Y acuérdate de María la Pantalonera. Que, te pongas lo que te pongas, te quedará bien, y eso no les hace gracia.
   Minifaldera, hermana.

EL ÁRBOL, Slawomir Mrozek

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SLAWOMIR MROZEK, El árbol, Quaderns Crema, Barcelona, 1998, 169 páginas.

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UNA NOCHE EN UN HOTEL

   Estaba a punto de dormirme cuando detrás de la pared se dejó oír un fuerte golpe.
   "Ya está, ahora empezará aquello —pensé—. Será igual que en aquella famosa anécdota. El vecino se quitó un zapato y lo dejó caer al suelo. Ahora no podré dormir hasta que se quite el otro y vete a saber cuánto rato tendré que esperar a que lo haga".
   Así que cuál no sería mi alivio cuando enseguida se dejó oír el segundo golpe.
   Me estaba durmiendo de nuevo cuando detrás de la pared sonó un tercer estrépito que me quitó el sueño.
   Eso sí que no me lo esperaba. ¿Acaso mi vecino tenía tres piernas? Imposible. ¿Había vuelto a ponerse un zapato y se lo había quitado de nuevo? Poco probable. Así que, por lo visto, tenía dos vecinos.
   Y comenzó mi tormento,justo como lo había previsto. Lo único que me permitía resistir era la esperanza de que de un momento a otro tenía que quitarse el otro zapato. Sin embargo, la noche transcurría y el segundo, es decir, el cuarto ruido no llegaba.
   No pegué ojo en toda la noche y por la mañana bajé a desayunar totalmente agotado. Encontré a mi vecino. Busqué con la mirada al otro, pero no estaba, sólo había uno. Ese otro seguramente se había dormido hecho una cuba y continuaba durmiendo con un zapato puesto.
  —¿Tiene ratones en su habitación? —inquirió mi vecino—. Porque yo sí los tengo. Hacían tanto ruido que tuve que tirarles un zapato para que pararan.
   A partir de entonces dejé de pensar con lógica. Un estúpido ratón tiene más poder que toda la lógica junta, y la lógica sólo provoca insomnio.

UNA MAGIA MODESTA, Adolfo Bioy Casares

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ADOLFO BIOY CASARES, Una magia modesta, Tusquets, Barcelona, 1998, 168 páginas.

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RESCATE

   Dormía en la cama donde siempre había dormido con su mujer. Seguía ocupando el lado izquierdo del colchón, como si la mujer ocupara el derecho. La verdad es que, a pesar de estar muerta, de alguna manera todavía lo ocupaba, porque todas las noches, quizás en sueños, lloraba a su lado, lo acariciaba, le decía que era desdichada sin él y que lo esperaba ansiosamente.
   O si no, decía:
   —No olvides que tu mujer te espera. Abro los brazos para recibirte.
   Y también:
   —Morir no es horrible; lo horrible es estar separados. No tardes.
   Después de mucho tiempo llegó el día en que el viudo conoció en un club a una muchacha. Ésta lo acompañó a su casa y se quedó a vivir con él. La primera medida que tomó la muchacha fue cambiar el viejo colchón por uno nuevo. La muerta no persistió en sus visitas.

1080 RECETAS LITERARIAS PARA MEJORAR TU VIDA

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1080 recetas literarias para mejorar tu vida, FNAC, Madrid, 1998, 120 páginas. Edición de Teodoro Izquierdo. 
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Incluye un prólogo de Manuel Vázquez Montalbán y un epílogo firmado por Jesús Ferrero. Las recetas, para facilitar su degustación, se presentan siguiendo una estructuración temática.
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Mientras tenga alguna necesidad, me queda una razón para vivir. La satisfacción es muerte. [Georges Bernard Shaw]
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Si los dioses supieran amar, no nos habrían creado. [Josep Capel]
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La ambición no es más que la sombra de un sueño. [William Shakespeare]
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El verdadero paraíso no está en el cielo, sino sobre la boca de una persona amada. [Theophile Gautier]
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Se ahoga más gente en los vasos que en los ríos. [Georg Christoph Lichtenberg]
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Saber olvidar, más es dicha que arte. [Baltasar Gracián]
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Es peligroso el hombre que no tiene nada que perder. [Johann Wolfgang Goethe]
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Creo que el porvenir es simplemente el pasado entrando por otra puerta. [Sir A. W. Pinero]
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Con los años, incluso la desesperación devora y devora hasta hartarse. Luego pierde su nombre. [Elias Canetti]
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La vida nos enseña que no podemos ser felices sino al precio de cierta ignorancia. [Anatole France]
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Después de los cuarenta años la verdadera cara la tenemos en la nuca, mirando desesperadamente para atrás. [Julio Cortázar]

TRECE FÁBULAS Y MEDIA Y FÁBULA DECIMOCUARTA, Juan Benet

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JUAN BENET, Trece fábulas y media y Fábula decimocuarta, Alfaguara, Madrid, 1998, 128 páginas.

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A las trece fábulas y media, acompañadas por ilustraciones de Emma Cohen, se suma, como explica la Nota del editor (p.7), una «Fábula decimocuarta» publicada en la revista El paseante en 1991 y que "es de rigor incluir en la presente edición". En este último caso la autoría de la imagen pertenece a Eugenio Benet.


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FÁBULA QUINTA

   Tentó Dios a Abraham y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
   Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a la tierra de Moriah, y ofrécele allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
   Y Abraham se levantó muy de mañana y enalbardó su asno, y tomó consigo dos mozos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y levantóse y fue al lugar que Dios le dijo.
   Al tercer día alzó Abraham sus ojos y vio el lugar de lejos.
   Entonces dijo Abraham a sus mozos: esperáos aquí con el asno y yo y el muchacho iremos hasta allí, y adoraremos y volveremos a vosotros.
   Y tomó Abraham la leña del holocausto y púsola sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo y fueron ambos juntos.
   Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: he aquí el fuego y la leña, mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?
   Y respondió Abraham: Dios proveerá del cordero para el holocausto, hijo mío.
   E iban juntos.
   Y como llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo y púsole en el altar sobre la leña.
   Y extendió Abraham su mano, y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.
   Y con la mano extendida y el cuchillo bien sujeto miró Abraham por el rabillo del ojo para ver si venía el ángel de Jehová dando voces desde el cielo. Porque conocía muy bien Abraham su propia historia, repetida por generaciones y generaciones del pueblo elegido, y de sobra sabía que tenía que venir el ángel de Jehová dando voces por el cielo. Y con la mano extendida y el cuchillo en el aire miró Abraham por el rabillo del ojo y no vio al ángel de Jehová dando voces por el cielo.
   Entonces Abraham alzó de nuevo la mano y tomó el cuchillo y degolló un carnero que antes había escondido en un zarzal, trabado por sus cuernos. Y fue Abraham y soltó a su hijo y tomó el carnero y ofrecióle en holocausto en lugar de su hijo.
   Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y Abraham respondió: Heme aquí, mi hijo. Y habló Isaac y dijo: Pues no vino el ángel de Jehová dando voces por el cielo para traer el carnero. ¿Vas a hacer lo que no hizo Jehová? ¿Pretenderás engañar a Jehová y suplantarle cuando no cumple lo que está escrito?
   Y dijo Abraham: ¿Y tengo yo que dar explicaciones para que tú y yo nos comamos un carnero como Dios manda?

66 HAIKU (POESÍA JAPONESA)

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66 Haiku (Poesía japonesa), Plaza y Janés, Barcelona, 1998, 130 páginas. Edición de Trinidad Sánchez Pacheco.

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Antología que pretende recoger pequeñas muestras de los autores más representativos en la práctica del haiku, en un recorrido que abarca desde Sogi (1420-1502) hasta Shiki (1867-1902) sin olvidar a grandes maestros como Basho, Buson o Issa. En cada caso, se especifica el traductor que vuelca al español el poema desde el original japonés.

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¡Qué pronto prende
y qué pronto se apaga
una luciérnaga!

                                         KIORAI
(Traducción: Antonio Cabezas)

PROVERBIOS MORALES, Sem Tob de Carrión

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SEM TOB DE CARRIÓN, Proverbios morales, Cátedra, Madrid, 1998, 312 páginas. Edición de Paloma Díaz-Mas y Carlos Mota.

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Edición crítica anotada del conjunto de sentencias que, engarzadas en un extenso poema en cuaderna vía, Sem Tob dedicó en el siglo XIV al rey don Pedro, hijo de Alfonso XI. El contenido moral y sapencial de estos versos, no obstante, no limita su validez a este destinatario, sino que cuenta con la capacidad de trascender en todo tipo de lectores de cualquier lugar y época.

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Si noche non obiésemos,   ninguna mejoría
conoçer non sabriemos    a la lumre del día.

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Non pued cosa ninguna   sin fin siempre creçer:
desque hinche la luna,   torna a falleçer.

***
Non puede omre tomar   en la cobdiçia tiento:
es porfundada mar   sin orilla nin puerto.

***
De peligro e mengua   si quieres seer quito,
guárdate de tu lengua   e más de tu escribto.

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Non ha mejor riqueza   que buena ermandat
nin tan mala pobreza   como la soledat.

POEMAS MÍNIMOS, Ramón Dachs

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RAMÓN DACHS, Poemas mínimos, Plaza & Janés, Barcelona, 1999.


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Anne-Hélène Suárez traduce del catalán este ramillete de breves poemas publicados en 1998.
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la mañana
ha aclarado
la noche
y la tiende 
a poniente