URSULA WÖLFEL, Veintiocho historias de risa, Miñón, Valladolid, 1980, 63 páginas.
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Carmen Bravo-Villasante traduce y Bettina Anrich-Wölfel ilustra.
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LA HISTORIA DE LOS BOLLITOS DE PASAS
Una vez el padre le dijo al niño:
"Por favor, vete deprisa a Correos y cómprame treinta sellos".
Y la madre dijo:
"A la vuelta vete a la panadería y tráeme tres bollitos de pasas".
El niño salió corriendo con el dinero. Correos no estaba muy lejos. Así es que, como otros niños estaban jugando en la calle y el niño los había visto, se quedó un ratito a jugar. Luego fue corriendo a Correos. Compró tres sellos y luego compró en la panadería treinta bollitos de pasas, que llenaron dos bolsas. El niño apenas podía con ellas. El padre se echo a reír y dijo:
"¡Bueno, pues ahora tendré que pegar bollitos de pasas en mis cartas!"
Y la madre también se echó a reír; enseguida preparó café y comieron tantos bollitos de pasas que hasta tuvieron dolor de tripa.
URSULA WÖLFEL, Veintinueve historias disparatadas, Miñón, Valladolid, 1980, 63 páginas.
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Arturo Ruiz traduce y Bettina Anrich-Wölfel ilustra.
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LA HISTORIA DE LA MUJER PLANTADA
Una mujer se encontraba a sí misma tan hermosa y delicada como una flor. Cada día su marido tenía que decírselo, y nunca podía jurar o contar chistes verdes o eructar cuando la mujer estaba delante. Debía sólo admirarla y cuidarla y tratarla siempre como a una hermosa flor delicada.
Por eso el hombre plantó un día a su mujer en un tiesto grande.
URSULA WÖLFEL, Veintisiete historias para tomar la sopa, Interduc/Scchroedel, Madrid, 1978, 60 páginas.
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Un relato marco ("...la madre comenzó a contarle al niño una historia para que se tomase la sopa.") hilvana estas 27 historias traducidas al español por Carmen Bravo-Villasante e ilustradas por Bettina Anrich-Wölfel.
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LA HISTORIA DEL COCHE Y EL TOPO
Una vez un chico tenía un coche de juguete y lo llevó al parque. Dejó que su coche corriese de un lado para otro, pero ¡de pronto desapareció! El chico lo busco por todas partes, pero no pudo encontrarlo. Lo que pasó es que el coche se había caído en el agujero de un topo, y por allí siguió corriendo todo a lo largo de la galería de la topera. Los ratoncillos se asustaron mucho y echaron a correr. Todos daban grititos de miedo. El topo les oyó. Fue por la galería y se acercó al coche. Lo olfateó empezó a roerlo. Pero no le supo bien. Y con el hocico fue empujándolo a lo largo de toda la galería, hasta que lo echó fuera. Fue un trabajo tremendo el que hizo el topo. Los ratoncitos se pusieron muy contento y ya no tuvieron más miedo. Al día siguiente se encontraron un montoncito de tierra junto al camino, y encima del montoncito estaba el coche de juguete. El chico cuando llegó al parque de juegos, vio enseguida su coche, y se alegró mucho.