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UN SOLO DESEO
Al caracol que le enviaron las olas hasta la playa, le descubrió forma de lámpara. Otra especie de lámpara de Aladino, discurrió esperanzado y comenzó a frotarla. Un solo deseo. No necesitaba más. Con sus ojos zambulléndose en el mar acarició en vano, hasta el anochecer, al dorado caracol. Nada sucedió. Ya no hay lámparas de Aladino. Un simple caracol. Y lo tiró mar adentro regresando a su vivienda sin darse cuenta de la seductora sirena que, un poco retrasada y confiando en encontrar allí al amor de su vida, llegó hasta el lugar donde aquel hombre había encontrado el caracol.
UMBERTO SENEGAL,
Cuentos atómicos,
Cuadernos Negros, Calarcá, 2006, 38 páginas.
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EL MENDIGO
"Regáleme un poema", solicitaba a los sorprendidos transeúntes, quienes sólo tenían monedas.
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LA ALFOMBRA
Papá tejió su alfombra voladora con hilos de telaraña y nos convidó a subir para emprender juntos el añorado viaje. Lo miramos dudosos. El perro llamaba desde ella. Papá trepó para darnos confianza. Durante el otoño tejió la alfombra. Recelosos, uno tras otro subimos, abuela con su paraguas bajo el brazo, esperando que abuelo hincara la punta de su bastón en algunas partes de la alfombra; mamá, la última en subir, con sus agujas de tejer. "Por si acaso", advirtió, mirando a papá.
La alfombra resistió y remontamos montañas, lagos, ciudades. Ninguno quiere bajarse aunque nos incomoda la estrechez. Llevamos varios días de vuelo. Papá amenazó con destejer la alfombra antes de que lo arrojáramos al volcán. El resto de la familia sigue unida. No logramos ponernos de acuerdo respecto al lugar que visitaremos al regresar a la tierra. Mamá teje otra alfombra por si a esas alturas vuelven a presentarse disgustos entre nosotros.