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¡VAYA FIGURA!, Cecilia Campironi

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CECILIA CAMPIRONI, ¡Vaya figura!, Thule, Barcelona, 2017, 64 páginas.

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De la mano del Señor Lítote y Tata paráfrasis para pasear con la Princesa Símil o el Profesor Palíndromo. Un modo muy divertido de aproximarse a las figuras retóricas. Otro acierto de Thule Ediciones.
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SEÑOR LÍTOTE

   A fuerza de negar con la cabeza, el señor Lítote hace años que sufre tortícolis. Le parezca bien o le parezca mal, siempre va con un amable «no» por delante. Es para suavizar su forma de expresarse, siempre negando lo contrario de lo que quiere decir. Cuando algo le emociona o alegra su corazón, exclama: «¡No está tan mal!». En cambio, si algo le resulta insoportable, tan solo barrunta: «No me vuelve loco». Y cuando le atacan fiebres altas, después de estornudar hasta sacar las entrañas y toser entre vómitos, susurra quedamente: «Creo que no me encuentro muy bien». 


DIARIO DE UN DESPECHO, Raquel Díaz Reguera & Irene Mala

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RAQUEL DÍAZ REGUERA & IRENE MALA, Diario de un despecho, Thule, Barcelona, 2015, 64 páginas.


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Irene Mala ilustra esta Tragicomedia del olvido en la que el texto narrativo está acompañado de poemas, citas, canciones... y un pequeño catálogo de Tipos tópicos a los que no acercarse. Otro acierto editorial de Thule.
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EL CRÍTICO

   Ese tipo al que le gusta ser el rarito, presume de incomprendido, de diferente, siempre incómodo entre los mortales de a pie porque él es un ser superior. Y tú no te has enterado de nada, te ha­cen gracia sus rarezas, porque a ti te trata como a una reina. Pero tras unos primeros días, tal vez semanas de adorarte y simular por ti una admira­ción desbordada, cuando ya has caído, empieza a cuestionarte cualquier cosa, hasta tu forma de bostezar, poniendo en entredicho tus gustos y afi­ciones, que por lo visto son de lo más vulgares.



CONSEJO

Huye. Ese es el único consejo. Les capullos de rosas son los únicos que tiene cabida en tu dormitorio.

EL APESTOSO HOMBRE QUESO Y OTROS CUENTOS MARAVILLOSAMENTE ESTÚPIDOS, Jon Scieszka

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JON SCIESZKA, El apestoso hombre queso y otros cuentos maravillosamente estúpidos, Thule, Barcelona, 2004, 52 páginas. Ilustraciones de Lane Smith.


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LA PRINCESA Y LA BOLA DE JUGAR A BOLOS

   Érase una vez que había un príncipe. Y por alguna razón al padre y la madre del príncipe (el rey y la reina) se les metió en sus reales cabezas que ninguna princesa habría de ser lo bastante buena para su hijo a no ser que fuera capaz de notar la presencia de un guisante bajo cien colchones.
   No es de extrañar, pues, que al príncipe le costara dar con una princesa. Cada vez que conocía a una chica guapa, su madre y su padre apilaban cien colchones uno encima del otro sobre un guisante y luego la invitaban a dormir en lo alto.
   Cuando la princesa bajaba a tomar el desayuno, la reina le preguntaba:
   —¿Qué tal has dormido, preciosa?
   La princesa, muy educada, decía siempre:
   —Bien, gracias.
   Y entonces el rey le indicaba la puerta.
   Así fue durante tres largos años. Como es lógico, nadie era capaz de notar la presencia de un guisante bajo cien colchones. Hasta que un día el príncipe conoció a la chica de sus sueños. Y decidió tomar cartas en el asunto. La noche en cuestión, antes de que la princesa se acostase, el príncipe colocó una bola de jugar a bolos bajo los cien colchones.
   Cuando, a la mañana siguiente, la princesa bajó a desayunar, la reina le preguntó:
   —¿Qué tal has dormido, preciosa?
   —Siento decirlo —respondió la princesa—, pero creo que tendríais que cambiar el colchón. He tenido la sensación de dormir sobre un bulto tan grande como una bola de jugar a bolos.
   El rey y la reina se miraron satisfechos.
   Al poco, el príncipe y la princesa se casaron.
   Y todos fueron felices, aunque no del todo honrados, y comieron perdices.


ANDANADA, Luis Britto García

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LUIS BRITTO GARCÍA, Andanada, Thule, Barcelona, 2004, 176 páginas.

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TREGUA

   Las sirenas anunciaron la tregua y bajamos al río desde lados opuestos. Bebimos y llenamos las cantimploras. Un momento nos quedamos sentados en el cauce que nos mojaba, pensando aunque ninguno sabía qué pensaba el otro. Había tiempo y me lavé la cara y hundí la cabeza y sentí un gran alivio. Luego sonó la primera sirena y sin hablarnos nos retiramos, mirándonos. Cuando la segunda sirena sonó disparé primero, y allí quedó tendido para siempre a la orilla del río que sigue pasando para siempre.

EN LA CALLE DEL ALQUIMISTA, Franz Kafka

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FRANZ KAFKA, En la calle del alquimista, Thule, Barcelona, 2006, 160 páginas.

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UN CRUZAMIENTO

   Tengo un animal singular, medio gatito, medio cordero. Es una herencia de las posesiones de mi padre. Pero no se ha desarrollado hasta estar en mi poder, antes tenía más de cordero que de gatito, ahora tiene de ambos más o menos lo mismo. De gato, cabeza y garras; de cordero, tamaño y configuración; de ambos, los ojos, que son relampagueantes, las manos, el pelaje, que es suave y espeso, los movimientos, tan inquietos y escurridizos. Echado al sol, en el alféizar de la ventana, se ovilla y ronronea, en el prado corre enloquecido y es difícil de agarrar, huye de los gatos, quiere topar con los corderos. En noches de luna su camino preferido es el borde del tejado, no sabe maullar y las ratas le producen horror. Junto al gallinero puede estarse horas al acecho, pero aún no ha aprovechado la menor oportunidad de crimen. Lo alimento con dulce leche que es lo que mejor le sienta, la ingiere a grandes sorbos entre sus dientes de animal de presa. Naturalmente, es un gran espectáculo para los niños. El domingo por la mañana es el momento de las visitas, me pongo el animal en el regazo y todos los niños del vecindario se colocan alrededor. Entonces es cuando hacen las preguntas más sorprendentes, aquellas que nadie puede contestar. No me esfuerzo mucho en responder, y sin más explicaciones me basta con enseñar lo que tengo. A veces los niños traen gatos, en una ocasión trajeron incluso dos corderos; bien al contrario de lo que se esperaban no se dieron escenas de reconocimiento mutuo, los animales se miraron tranquilamente a sus ojos de animales y cada uno se tomó a sí mismo como un acontecimiento divino.
   En mi regazo el animal no conoce ni miedo ni delirio de persecución.
   Pegado a mí es como se siente mejor. Pertenece a la familia que lo ha criado. No se trata de ningún tipo extraordinario de fidelidad, más bien es el instinto de un animal que tiene en el mundo incontables parientes, pero ningún parentesco de sangre, y por eso la protección que ha encontrado en nuestra casa es para él sagrada. A veces tengo que reírme cuando me olisquea por todas partes, se me instala entre las piernas y no hay modo de que se separe de mí. No contento con ser a la vez cordero y gato, quiere ser también un perro. Y esto lo puedo asegurar. Tiene dos tipos de inquietudes en su interior, la de gato y la de cordero, por muy diferentes que puedan parecer. Por eso la piel se le queda estrecha. Quizá el cuchillo del carnicero sea para este animal una liberación que le tengo que negar por tratarse de una herencia.

EL HOMBRE DE LOS PIES PERDIDOS, Gabriel Jiménez Emán

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GABRIEL JIMÉNEZ EMÁN, El hombre de los pies perdidos, Thule, Barcelona, 2005, 128 páginas.
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LA TRISTE HISTORIA DE FINIA, UNA GALLINA ENAMORADA

A Orlando Flores y Orlando Barreto

   Una gallina rara de esas que se alejan de las demás después de comer y se pegan a los alambres del gallinero a hacer la digestión y a reflexionar sobre su triste destino, no es conocida por todos. Cualquiera que la vea ahí, con el pico entre los alambres, susurrando una inaudible canción de amor, debe por reglas del alma, conmoverse. 
   Busquémosle un nombre para identificarnos con ella: Finia, por ejemplo. Pues bien, Finia, además de ser muy hermosa y muy triste, está también muy enamorada de un gallo que oye cantar todas las mañanas, y deduce que por su canto debe ser el gallo más amoroso y comprensivo de la tierra.
   El canto del gallo le traspasa el alma, y ella, encerrada en su triste y húmedo gallinero, llora sin lágrimas, pues ya sabemos que a las gallinas no le salen lágrimas por los ojos, ni siquiera cuando les tuercen el pescuezo.
   Finia, al fin, fortalecida por su amor, logra pasar increíblemente por un orificio demasiado estrecho para su cuerpo, rompiéndose así las plumas, parte de la cabeza, e inutilizándose por completo una pata. Después con el plumaje lleno de sangre, espera que despunte el alba y aguarda el canto de su gallo; luego, guiada por su corazón y conducida por el canto más melodioso de la tierra, llega hasta el hogar de su gran gallo, poseedor de sus infinitas ilusiones. Y allí está él, con las alas extendidas al viento y al mundo, con un plumaje que podría desafiar a los pavos reales, con el pico hacia el cielo. Y allí está ella, llorando, porque Finia es la única gallina que ha llorado, y ahora está parada ahí, al final de su vida, porque en ese momento alguien le agarra el pescuezo y se lo tuerce.
   Después, el señor de la casa comentará: «Qué gallina más buena», sin saber, ahora ni nunca, que estaba llena de amor hasta los huesos.

ESTE CUERPO ES HUMANO, Carlos Grassa Toro & José Luis Cano

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CARLOS GRASSA TORO & JOSÉ LUIS CANO, Este cuerpo es humano, Thule, Barcelona, 2009, 40 páginas.
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En el Prólogo (pp. 3-4) los autores anotan: "El cuerpo no está ni fuera ni dentro de nosotros, tenemos un cuerpo que es nuestro cuerpo que somos nosotros". Para saber cómo funciona el cuerpo humano desde una perspectiva lúdica en la que las imágenes de José Luis Cano acompañan al ingenio y humor de Grassa Toro.
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SISTEMA ENDOCRINO
DONDE SE HACE CASO A LA VOZ INTERIOR

   Dormir no es morirse, dormir es quedarse a solas con uno mismo, apartarse durante unos minutos o unas horas del mundo y seguir vivos. Mientras dormimos dejamos de pensar, dejamos de tomar decisiones y dejamos de actuar. Pero no dejamos de respirar y la sangre roja no deja de circular y el pelo largo y el pelo corto no dejan de crecer y los músculos no dejan de moverse vuelta para aquí vuelta para allá. Mientras todo esto sucede, nosotros soñamos con ríos que nunca llegan al mar o con arañas que tienen la voz de alguien conocido.
   Mientras dormimos y soñamos, las glándulas no cesan de producir hormonas que se ponen en contacto con otras células o dejan que fluyan por la sangre hasta lugares lejanos. Gracias a esta ocupación lenta y constante podremos despertarnos y reconocer que seguimos siendo nosotros, que yo sigo siendo yo y que tú sigues siendo tú, lo que no quiere decir que sigamos siendo iguales a como éramos, porque para seguir siendo nosotros mismos tenemos que estar siempre cambiando, aunque no nos demos cuenta. No sólo dormidos, también despiertos, de que todo cambie para poder seguir siendo nosotros mismos se ocupan las glándulas y los órganos que conforman el sistema endocrino que, a fin de cuentas, tiene que ver con todas las células de nuestro cuerpo.
   Crecemos gracias a que el lóbulo anterior de la glándula pituitaria segrega GH (o somatotropina).
   A veces, nos unimos a alguien que deseamos aprovechando que la hipófisis segrega las hormonas LH (o luteinizante) y FSH (o foliculoestimulante).
   Podemos huir ante el peligro porque la suprarrenal segrega la hormona noradrenalina.
   Dormimos porque tenemos sueño y tenemos sueño porque la pineal segrega la hormona melatonina.
   Nos saciamos, vigilamos, cambiamos de voz, ganamos o perdemos pelo, producimos leche, se nos oscurece la piel, retenemos el agua, contraemos el útero, soportamos el frío, nos defendemos de un ataque, y seguimos y seguimos y seguimos porque alguna glándula está haciendo su trabajo, sin anunciarlo, casi en silencio. Sólo cuando logramos a nuestro alrededor un silencio mayor que el silencio de las glándulas podemos escucharlas. Es el mismo sonido del agua en alta mar. Se escucha una única vez en la vida.

CRÍMENES EJEMPLARES, Max Aub

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MAX AUB, Crímenes ejemplares, Thule Ediciones, Barcelona, 2005, 112 páginas.

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No, si yo me iba a suicidar. Pero se me encasquilló la pistola. Juro que la última bala era para mí. ¿Qué más me daba que me llevara a unos cuantos por delante? Allí, desde la ventana, no se me escapaba uno. Me recordaba mis buenos tiempos de cazador.

COSAS QUE A VECES PASAN, Kestutis Kasparavicius

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KESTUTIS KASPARAVICIUS, Cosas que a veces pasan, Thule Ediciones, Barcelona, 2009, 80 páginas.
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LA CITA

   Dos globos se conocieron. Uno era azul y el otro rosa. Para ser más exactos, un chico conoció a una chica, y cada uno llevaba un globo.
   Se habían conocido por teléfono y concertaron una cita. Para reconocerse habían acordado que cada uno llevaría un globo. El chico, uno azul, la chica, uno rosa. Se citaron en un parque, en un banco de madera. Al principio, se mostraban tímidos y en lugar de mirarse a los ojos, se miraban las puntas de los pies. Para los dos era la primera cita.
   Los globos eran más atrevidos. Se saludaron y se frotaron las narices. Entablaron una animada conversación. Los globos se gustaron. El azul era un chico y el rosa una chica, como sus dueños. El globo azul intentó besar en la mejilla al rosa. Pero el beso fue tan ardiente que estallaron.
   Los chicos se asustaron, pero luego les dio la risa. Y entablaron una animada conversación sentados en el banco.
   Al anochecer aún seguían en el banco, abrazados. Y aunque parezca extraño, no estallaron.

MI PEQUEÑA FÁBRICA DE CUENTOS, Bruno Gibert

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BRUNO GIBERT, Mi pequeña fábrica de cuentos, Thule, Barcelona, 2008, 44 páginas.

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Bajo la apariencia de libro infantil de cuatro pestañas intercambiables, la siempre sugerente Thule presenta un queneautiano ejercicio de permutaciones matemáticas del que se pueden obtener 194.481 microrrelatos o deliciosas greguerías.
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Por la noche el marciano se entretiene con tres sardinas pequeñas.


COSAS QUE PASAN CADA DÍA, Kestutis Kasparavicius

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KESTUTIS KASPARAVICIUS, Cosas que pasan cada día, Thule Ediciones, Barcelona, 2005, 80 páginas.

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LA VACA DE BIBLIOTECA

   La Vaca de Biblioteca no se alimentaba de pasto, como el resto de las vacas, sino de letras. Durante un día era capaz de comerse un poema y a veces hasta un cuento entero. Cada mañana su dueño la ataba junto a una página nueva. Era una vaca bien educada, de modo que antes de zamparse las letras leía lo que decían. Algunos libros le parecía que debían de ser importantes, ya que estaban cerrados bajo llave y la Vaca no podía entrar en ellos y darles un apetitoso bocado.
   Una vez encontró uno de estos libros sin cerrar y se puso manos a la obra. ¡Nunca había probado un libro más delicioso! Tragaba palabra tras palabra, frase tras frase y de repente se asustó. Al final de la página ponía:"¡No te atragantes!"
   La Vaquita se lo pensó y decidió que sería mejor mordisquear un geranio que crecía en el alféizar de la ventana.

CUENTOS PULGA, Riki Blanco

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RIKI BLANCO, Cuentos pulga, Thule Ediciones, Barcelona, 2006, 40 páginas.

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AUGUSTO REPENTINO [EL ESCAPISTA]
        
   No había necesidad de apretar tan fuerte las cadenas, las esposas o la camisa de fuerza, pero Bambino, el niño que maniataba a don Repentino, lo hacía siempre con tanto ímpetu que, a veces, éste se había puesto lila por la falta de circulación sanguínea. Después, en un santiamén, Augusto Repentino se deshacía con mucha destreza de todo lo que le oprimía. En ese momento el público estallaba en una gran ovación y todo acababa. Hasta la siguiente función.
   Pero el escapista hundía su cabeza en la almohada y deseaba con todas sus fuerzas que no hubiera una siguiente función.
   Y cada mañana Augusto se decía a sí mismo que de esa noche no pasaba. Le diría, con mucho tacto, delicadeza y sin que se lo tomara a mal que si sería tan amable, por favor, de no apretar tanto.
   Y cada tarde se acercaba a él dispuesto a decírselo, pero en el último momento bajaba la mirada al suelo y pasaba de largo.
   "Mañana si lo vuelve a hacer, dejo la compañía", pensaba.
   Sin embargo, aquella noche tuvo un sueño tan revelador que ya nada fue lo mismo para Augusto. Aquella noche soñó como de costumbre con huir. Lejos del circo, lejos de Bambino, lejos de las cadenas. Y por huir soñó que huía de sus huidas. Y por soñar soñó que escapaba de aquello que habitaba en su interior y que le impedía afrontar las cosas.
   A la mañana siguiente se lo dijo:
   —Bambino, serías tan amable, por favor, de no apretar tanto.
   Y a Bambino se le pusieron las orejas calientes de la vergüenza:
   —Perdone usted, don Repentino, no volverá a ocurrir, esta noche intentaré medir mis fuerzas.
   —No, Bambino —replicó Augusto—, esta noche no hay número, ni ésta ni ninguna otra noche. Se acabaron los escapismos.

AMOR EN JUEGO, Elena Ferrándiz

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ELENA FERRÁNDIZ, Amor en juego, Thule, Barcelona, 2010, 56 páginas.

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Los juegos, atractivamente descritos e ilustrados por Elena Ferrándiz, se dividen en cinco grupos, "según el momento en que se encuentre la relación de cada pareja": Enamoramiento, Conquista, Emparejados, Desiguales y Solitarios.

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CARTAS

   Se juega con la baraja francesa, y únicamente con el palo de corazones.
   El jugador A realiza una apuesta poniendo el corazón sobre la mesa. Con él en la mano, esperará a que el jugador B también apueste el suyo. Si lo consigue, habrá ganado la partida y el corazón no le cabrá en el pecho.

CATÁLOGO DE BESOS, Raquel Díaz Reguera

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RAQUEL DÍAZ REGUERA, Catálogo de besos, Thule Ediciones, Barcelona, 2011, 64 páginas.

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Este libro bellamente ilustrado contiene un catálogo de veintiséis besos. A cada descripción le sucede un sugerente microrrelato.
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BESO SUSURRO

   Este beso se mueve como pez en el agua entre las palabras, deslizándose hábilmente entre los adjetivos y los verbos. Se sirve con vocales y consonantes suaves, en cualquier idioma, sutil y pausadamente.
   Es paciente y emprendedor. Sujeto y predicado. Le gusta dar rodeos hasta asegurar la presa. Una vez que ésta queda rendida, se entrega, normalmente bajo la oreja y acompañado de una voz casi inaudible. Su efecto inmediato es un cosquilleo que desciende por el cuello y se cuela entre los botones de las blusas. Eriza la piel y despierta otros besos más pendencieros.
   Suele darse en lugares con luz tenue. La noche es sin duda su hábitat natural.
   Puede encadenarse con sustantivos que esconden otro beso susurro.

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    Posología: No se ha descrito dosificación.
   Contraindicaciones: Provocan adicción por los adjetivos y por las voces cálidas que encierra la radio a altas horas de la noche.
        
SSSSSSSSSSSSSS...

   La cantidad de gente que abarrotaba el bar sirvió como coartada. Punto y seguido. Era imposible hablar sin acercarse más. Un adjetivo y casi se rozaban. Álvaro, con dos dedos, apartó levemente la melena de Amanda y dejó caer tres palabras elegidas cuidadosamente. Ella cerró los ojos, labio inferior mordido, pronóstico perfecto. Puntos suspensivos.                                                              
   Fueron bajando el tono. Una frase después, las silabas eran casi inaudibles. Un adjetivo más y esta vez fue ella la que se retiró el cabello para dejar la curva de su cuello al descubierto. Un beso susurro mordió el lóbulo de la oreja de Amanda. Naufragio. Dos palabras curvas pasearon por su mejilla izquierda, un verbo horizontal viró a la derecha al llegar a su boca y otro beso susurro más arriesgado mordió sutilmente su hombro. Carne de gallina. Un silencio después, la conversación dejó libre los labios para otros menesteres.

SEÍSMOS, Javier Puche

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JAVIER PUCHE, Seísmos, Thule, Barcelona, 2011, 80 páginas.

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Siguiendo la propuesta de Ernest Heminway (Vendo zapatos de bebé, sin estrenar), Javier Puche compone esta colección de Cuentos d seis palabras magníficamente ilustrada por Riki Blanco
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Le aburre al muerto la eternidad.

DEL AIRE AL AIRE, Rogelio Guedea

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ROGELIO GUEDEA, Del aire al aire, Thule, Barcelona, 2004, 96 páginas.

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CARRETERA

A diario, o casi a diario, salgo a carretera. Con el pensamiento abierto al pensamiento, y la mano fija en el volante, mis ojos miran hacia delante y hacia atrás, como en la vida. No hay una mejor manera de revivir a los muertos ni una peor forma de mantener viva la esperanza. Durante el trayecto, uno puede perdonarse o tal vez convencerse de que no es fácil saber si el destino lo vamos haciendo metro a metro, kilómetro a kilómetro, o si él, por el contrario, nos va entrando piel a piel, hueso a hueso. La velocidad, lo sabe uno desde que arranca, no es el factor esencial, por eso no hay que preocuparse por llegar a la ciudad próxima, no hay ciudad próxima, sólo acotamientos, retenes, puntos de fuga. El que va siempre vuelve, porque viajar es volver, quedarse quieto. Esto me lo enseñó el hombre que a diario, o casi a diario, veo caminando a la orilla de la cinta asfáltica, descalzo, perdido. Ese hombre que, cada vez que paso, me dice adiós desde el otro lado, fuera ya de la carretera de la vida, con ese gesto del que pretende decirte que, si no te sales, seguirás en el rumbo equivocado.

JUEGO DE VILLANOS, Luisa Valenzuela

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LUISA VALENZUELA, Juego de villanos, Thule, Barcelona, 2008, 128 páginas.

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NARCISA

   Como quien mira por la ventana del bar, miro la ventana. El tipo que me ve desde afuera entra para interpelarme.
   —Me gustas.
   —Lo mismo digo yo.
   —¿Yo también te gusto?
   —Nada de eso, me gusto yo. Me estaba mirando en el reflejo. 

CASA DE GEISHAS, Ana María Shua

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ANA MARÍA SHUA, Casa de geishas, Thule, Barcelona, 2007, 232 páginas.

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MIRONES

   A los mirones se les hace creer que miran sin ser vistos. Se les dice que la pared transparente junto a la que se ubican simula ser, del otro lado, un espejo. En realidad, sólo un vidrio corriente los separa de los felices exhibicionistas. En estas combinaciones se destaca la madama, hábil en reducir costos.

CUENTOS DE UN MINUTO, István Örkény

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ISTVÁN ÖRKÉNY, Cuentos de un minuto, Thule Ediciones, Barcelona, 2006, 224 páginas.

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¡ADIÓS, PARÍS!

   Aunque mi maleta era pesada, la arrastré hasta la Rue des Écoles. Allí tomé un taxi.
   —A la Gare de L’Est—le dije al chofer.
   Todavía tenía tiempo. No era agradable esperar junto al ferrocarril.
   —Yo ahora me voy a mi país le dije al chofer ¿No se toma conmigo un trago de despedida?
   —Yo sólo tengo medio estómago —dijo el chofer.
   —Un vaso de vino blanco no puede hacerle daño.
   —Conozco un sitio ~dijo el chofer.
   Brindamos y nos tomamos el vino de un trago. Luego también él ordenó una ronda. Mientras esperamos, me preguntó:
   —¿A dónde va?
   —A Budapest.
   —¿Qué país es ése?
   —Hungría.
   —¿Con los alemanes o en contra de los alemanes?
   —Con los alemanes.
   —No es lo ideal dijo.
   — Ni un poquito dije.
   El propietario trajo el vino.
   —Es a los ministros a quienes habría que mandar al frente —dijo el chofer, luego de reflexionar un rato.
   —Así es —dije . Entonces se lo pensarían dos veces.
   Pagamos y nos pusimos en marcha. Por las escaleras de la Grand de l'Est fue él quien subió mi maleta. Después me tendió la mano.
   —Yo me estoy salvando a causa de mi estómago —dijo.
   —Es mucha suerte dije.
   —¿Usted no tiene ninguna enfermedad?
   —No tengo.
   —No importa—me consoló—. En dos meses derrotamos a los alemanes.
   —Ojalá.
   —Quizás nos volvamos a ver alguna vez—dijo.
   —Me cuesta creerlo— dije.
   —Entonces nos tomaremos otra copa— dijo.
   —Eso ya lo creo—dije.
   —Hasta la vista—dijo.
   —Hasta la vista.

MICROQUIJOTES, Juan Armando Epple

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JUAN ARMANDO EPPLE, MicroQuijotes, Thule, Barcelona, 2005, 88 páginas.

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En el Prólogo (pp. 5-13), Juan Armando Epple (también responsable de la selección de los textos) anota que "las obras clásicas perduran en el tiempo [...] porque se abren a a lecturas diferentes en cada época". Es tan propicia la reelaboración de textos quijotescos porque, como señala Vargas Llosa, el tema de El Quijote es la ficción. Asimismo, permite componer microrrelatos por la intersección con dos de las seis características que definen, según Lagmanovich, el microrrelato: el "apoyo en la intertextualidad" y la "predilección por el tratamiento paródico o irónico del tema tratado". Los textos proceden de la mano de una nómina de una treintena de autores entre los que se encuentran Rubén Darío, Borges, Rogelio Guedea, Fabián Vique o Julia Otxoa.

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QUE TRATA DE LA INDAGATORIA AL INGENIOSO CABALLERO DON MIGUEL

—¿Lugar?
—De la Mancha.
—¿Nombre?
—No quiero acordarme.
—¿Por qué?
—No sé. No quiero.
—¿Apellido?
—Hidalgo.
—¿De cuáles?
—De los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor...
—Gracias, eso es todo.
—…una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches…
—¡Basta! ¡Basta!
—…algún palomino de añadidura los domingos…
—¡Basta! ¡BAS-TA! Que siga el próximo caballero.

JOSÉ CARDONA LÓPEZ