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ESCAFURCIOS Y PALABROS, Mariano de la Banda

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MARIANO DE LA BANDA, Escafurcios y palabros, Temas de hoy, Madrid, 2000, 130 páginas.

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Define Mariano de la Banda en A modo de prólogo (pp. 7-8) los palabros como neologismos involuntarios; los escafurcios como «tropezones en la locución o enganchones en la lectura. Las ilustraciones de Forges añaden interés a este Diccionario de abuso de la lengua castellana.
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Autosuicidio. Te lo juro, lo he visto yo con estos ojones que se ha de comer la tierra, escrito en medios tan importantes como El País. Si conoces a alguien que no se haya suicidado él solito o a alguien a quien le hayan suicidado, dímelo que eso debe de tener premio, aunque sea más allá de la tumba. Intentan descifrar un enigma de remota solución.
  • ¿Se suicidó Marilyn Monroe o la suicidaron? ¿Por qué no unas comillas para la ironía? Y ahora, con su permiso, yo me bajo del auto. ¿Y usted? 
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Castellano Es el nombre primitivo y actual de la lengua oficial en España, al que también se llama español o lengua española. Conviene tener en cuenta que, en tanto que no haya cambios en lo que se llamaba España y que Franco empezó a llamar Estado Español, también son lenguas españolas, entre otras, el gallego, el catalán y el euskera. En cualquier caso, la lengua es un arma cargada de futuro, ella también, y no conviene usarla como arma arrojadiza. Algunos dicen que la sienten con reminiscencias conquistadoras; otros, como el premio Nobel mexicano Octavio Paz, relativizan esa posibilidad. Cuentan que un periodista le preguntó, se supone que con intención de llevarle al huerto de la polémica, que en que idioma hablaba él, si en español o en castellano. Octavio Paz, dicen, contestó: «En español, por supuesto. El castellano no sé pronunciarlo».
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Guay No quiere decir para el diccionario de la Academia «estupendo o maravilloso», que es el sentido que se le da en la jerga juvenil de finales del siglo XX. Guay, por lo legal, es una exclamación que equivale a «ay». En la forma tener guayes equivale a «padecer achaques o contratiempos de fortuna». Cosas poco guay, como puede verse.
  • No sigo presumiendo de ser el más guay, cada uno con sus andrajos todos somos igualmente humanos, patéticos...
  • ¿O ya existe el vocablo en nuestro rico y creativo lenguaje callejero, y la traducción verdadera es guay? (Víctor de la Serna, El Mundo). Para que nadie me tilde de vago, veamos un ejemplo del ya perdido significado de un guay como equivalente de un ay: ¡Guay de nosotros si no les ayudamos! ¡Guay de nosotros si nos dormimos mientras ellos velan! ¡Guay, guay! (Benito Pérez Galdós en «El grande oriente», de sus Episodios nacionales). 
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Márketing Es mala pronunciación. Esdrújulo innecesario. Marketing es un anglicismo combatido en España por los puristas a golpes de mercadotecnia y de mercadeo que te crió, pero ni por esas. En la América hispana sí se usa el mercadeo pero aquí los publicitarios y economistas impusieron este su particular marketing, que ya es de uso aprobado por la Academia, sin necesidad de malgastar el tiempo en poner comillas o cursivas. Con su bread y su butter se lo coman. 
  • Y que haya que esperar a que, años después, un contable, un director de márketing lo denuncie.
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Paparazzi Es término italiano y despectivo para designar a los periodistas (o similares) que persiguen a famosos y famosuelos con la mala intención de robarles alguna imagen. En realidad es un palabro o neologismo inventado para el cine. Nació del apodo que Fellini puso al protagonista de La dolce vita, genialmente interpretado por el inolvidable Marcello Mastroianni: «Paparazzo.» En mi querida España, esta España mía, esta España nuestra, no tenemos paparazzi, pero haberlos, haylos. De paso, voy y digo: ni se te ocurra hacer el plural añadiendo una «s», porque paparazzi ya es plural. Siempre que veas una palabra italiana en una «i» final, suele ser un plural. Atento. Y seguro servidor. 
  • Nunca debió bañarse desnudo, porque sabe que hay paparazzis preparados.
  • Puestos a hablar de los plurales, conviene también dejar claro el singular: no se puede hablar de un paparazzi, que sería tanto como decir un periodistas. Hay que decir, como el gran Fellini, un paparazzo.

LAS FÁBULAS DE AMOR DEL VIEJO MARINERO, Ramiro Calle

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RAMIRO CALLE, Las fábulas de amor del viejo marinero, Temas de Hoy, Madrid, 2005, 183 páginas.
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Un relato marco entre el narrador y Rafael, el viejo marinero, permite a Ramiro Calle enhebrar historias sobre el amor, que resultan enriquecidas por los comentarios sugerentes que vierten sobre ellas ambos personajes.
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AMOR Y ODIO

   Un sabio y sosegado maestro declaró ante un buen número de asistentes:
   —Amor y odio son dos grandes potencias. Son magia y tienen mucho poder. En el amor hay una gran potencia constructiva; en el odio, una gran potencia destructiva. Pero hay, creedme, una notable diferencia en su poder.
   Intrigados, los asistentes se preguntaron para sí cuál sería aquella diferencia.
   El sabio insistió:
   —Hay, sí, un gran poder en el amor y en el odio; los dos tienen una gran fuerza pero hay una diferencia en su poder.
   Todos esperaban expectantes. Tras una pausa, el sabio agregó:
   —El amor es como el perfume; el odio es como el veneno.  Los dos tienen una gran fuerza, pero no hay una diferencia muy grande en su poder.
   Hizo otra pausa y los asistentes se mostraban muy impacientes por saber la diferencia, tanto es así que uno de ellos no pudo reprimir el preguntar en voz alta:
   —Pero, ¿cual es la gran diferencia?
   El sabio sonrió amablemente y dijo:
   —El amor es balsámico; el odio es tóxico. Ambos son muy poderosos, pero hay una gran diferencia en su poder.
   La concurrencia comenzaba a exasperarse y el sabio se daba cuenta de ello y lo que pretendía es que cada uno pudiera descubrir esa gran diferencia, pero ya fueron muchos los asistentes que levantaron la voz para preguntar:
   —Pero, ¿cual es la diferencia?
   —¡Es tan simple! —exclamó el sabio—. El amor tiene mayor alcance y nadie puede frenarlo. El odio es poderoso, sí, pero puede ser atajado. Os pondré un ejemplo. El odio es veneno. Cuando el veneno está bien sellado en un recipiente, no puede hacer daño, ¿verdad?
   —Así es.
   —Pero el amor es perfume. Aunque el perfume esté bien cerrado en un frasquito, su aroma emerge y es perceptible. Nadie puede limitar el amor.