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HAY OTRAS COSAS, Carles Bosch

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CARLES BOSCH, Hay otras cosas, Sirpus, Barcelona, 2007, 120 páginas.

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UN BICHO EXTRAÑO

   Un bicho extraño se ha introducido en mi radiocasete y aparece y desaparece entre canción y canción. Un moscardón se ahoga voluntariamente en un tazón, y contra las ventanas de nuestra habitación se agolpan cientos de insectos que, atraídos por la luz, nos espían desde la cara externa del cristal y solicitan con sus zumbidos un resquicio para entrar. Fiera noche: apoyo mi oreja contra los pechos de Mónica y advierto que su corazón se balancea y toma enloquecidamente las curvas y el maquinista hace sonar un largo pitido como si anunciara su entrada en una nueva estación, y ambos sabemos que efectivamente un diminuto tren viaja circularmente entre pulmón y pulmón. Fiera noche: parece que todos andamos buscando minúsculos escondites, como si sólo nos sintiéramos resguardados bajo la esfera de un reloj, recostados en sus ruedecillas, o entre las pulidas paredes de un tazón; dentro de un radiocasete, o en la oscuridad de una plateada cajita de rapé. Anochece, y el aire ya no nos sirve para respirar.

LEYENDAS MEXICANAS, María Rosa Solsona

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MARÍA ROSA SOLSONA, Leyendas mexicanas, Sirpus, Barcelona, 2006, 112 páginas.

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EL FANTASMA DE LA MONJA

   Después de la conquista de América, los españoles llamaron a México «Nueva España». En la capital de Nueva España construyeron un convento. Se alojaron en él muchas monjas, hijas y familiares de los conquistadores. Una de ellas fue doña María de Alvarado. Era una mujer muy guapa, que tenía muchos pretendientes. Su familia era muy rica y noble.
   Pero María se había enamorado de un joven pobre, conocido por ser peleador y mentiroso. Se llamaba Arrutia. María le amaba y deseaba casarse con él. Los hermanos de la muchacha querían impedirlo, porque sabían que, en realidad, Arrutia sólo quería casarse con ella por su dinero.
   —Nada podréis hacer. Ella me ama y será mi esposa—les dijo él a los hermanos, en tono de burla—.
   Los hermanos, viendo que no la convencerían, ofrecieron a Arrutia una gran cantidad de dinero para que se marchara. Este aceptó y se fue sin siquiera despedirse de ella. No le importaba el dolor que le iba a causar a María. Pasaron dos años. La desdichada joven seguía llorando y sufriendo. Sus hermanos le aseguraron que Arrutia había muerto. Le dijeron que lo mejor para ella era hacerse monja y entrar en el convento.
   Tanta era la tristeza de María que ya no tenía voluntad. Siguió el consejo de sus hermanos y entró en el convento.
   Pero no consiguió olvidar a su amor. En la soledad de su cuarto pensaba en él, en sus palabras de amor y en su promesa de matrimonio. Todas sus oraciones eran para él, para que su alma encontrase paz, ya que lo creía muerto.
   Pero las noticias también llegaban a aquel lugar cerrado. María supo que su amado había recibido dinero a cambio de alejarse de ella. También se enteró de que había vuelto para pedir más dinero a sus hermanos. Estaba vivo y la había traicionado.No pudo soportar tanto dolor.
   Cogió un cordón fuerte, pidió perdón ante la Cruz, y se dirigió a la huerta, al lado de una fuente. Crecía allí un melocotonero en flor. Ató la cuerda a una rama alta y se ahorcó. Su cuerpo blanco y ligero quedó colgando, movido por el viento. Al día siguiente, una de las monjas la encontró muerta. Fue enterrada en el interior del convento. El melocotonero dejó de florecer.
   Al mes siguiente, una de las monjas vio, en las aguas de la fuente, el reflejo del cuerpo de la ahorcada. Y todas las demás monjas pudieron verla, día tras día, cuando el sol del atardecer se ocultaba y comenzaban las primeras sombras.
   Cuando su amado murió, de forma violenta, tal como había vivido, dejó de aparecer. Desde entonces, el melocotonero volvió a cubrirse de flores. Al amanecer están siempre húmedas, como mojadas por lágrimas.


CUADERNO VERDE DE JUSEP TORRES CAMPALANS, Max Aub

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MAX AUB, Cuaderno verde de Jusep Torres Campalans, Sirpus, Barcelona, 2007, 152 páginas.
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En La invención de Torres Campalans (pp. 9-15), Vicente Rojo glosa la figura del pintor y anarquista catalán, heterónimo de Max Aub.
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El arte arde o no es.
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Ir contra el momento preciso, ir en contra de "ahora", para dar a las cosas un estar perdurable.
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No saber lo que se hace, hasta después. Es decir engendrar.
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El que imita, se limita.
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Crear es fácil: se parte del caos. Lo difícil es recrear.
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Todo es medio para lograr otro medio de alcanzar un fin que desconocemos.
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Hace muchos siglos San Agustín dijo que los cuadros, con su idioma simbólico, eran libros para ignorantes. Ahora, al revés: cualquiera ignorante lee libros; en cambio, la pintura ha venido a ser lectura para inteligencias más vivas.
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Arte es creación, no reproducción. El arte no es vida, sino muerte que produce vida. Reproducción es vida que produce vida, no necesita más que artesanos.

EL LIBRO DEL HAMBRE, Franz Kafka

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FRANZ KAFKA, El libro del hambre, Sirpus, Madrid, 2003, 120 páginas.

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Gustavo Martín Garzo transparenta en su Presentación los hilos que relacionan a los protagonistas de estos relatos: "Todos ellos sobreviven en las condiciones más precarias, y todos, en ese proceso de debilitamiento, encuentran misteriosamente una fuerza, una energía secreta que les lleva a actuar sin descanso, de una forma obstinada y obsesiva, aunque no conozcan el problema que tienen que resolver."


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LA PARTIDA

   Ordené que trajeran mi caballo del establo. El criado no me entendió. Fui al establo yo mismo, ensillé el caballo y lo monté. A lo lejos oí tocar una trompeta, y le pregunté qué significaba. No sabía nada ni había oído nada. En la puerta me detuvo y me preguntó:
   —¿Adónde vas señor?
   —No lo sé —dije—, solo quiero irme lejos de aquí, lejos de aquí. Irme cada vez más lejos de aquí; solo así puedo legar a mi destino.
   —Entonces ¿conoces tu meta? —me preguntó.
   —Sí —le respondí— ya te lo he dicho «lejos de aquí», ésa es mi meta.
   —No llevas provisiones —dijo.
   —No las necesito —dije—; el viaje es tan largo que si no encuentro nada que comer durante el camino, me moriré de hambre de todos modos. De nada me servirían las provisiones. Por suerte, es un viaje realmente enorme.