Mostrando entradas con la etiqueta SEXTO PISO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SEXTO PISO. Mostrar todas las entradas

NOCHES SIN NOCHE Y ALGUNOS DÍAS SIN DÍA, Michel Leiris

0


MICHEL LEIRIS, Noches sin noche y algunos días sin día, Sexto Piso, Madrid, 2017, 248 páginas.

**********
En traducción de David M. Copé, este volumen presenta las anotaciones oníricas de Michel Leiris  durante un periodo superior a treinta y cinco años.
**********
12-13 DE ABRIL DE 1923

   Una tarde, al entrar en mi habitación, me encuentro a mí mismo sentado en la cama. De un puñetazo, acabo con el fantasma que me ha robado la apariencia. En ese momento, mi madre asoma por el umbral de una puerta en el preciso instante en que su doble, una réplica exacta del original, entra por la puerta que hay justo enfrente. Grito con fuerza, pero mi hermano acude, también él acompañado de su doble, que me ordena callar diciendo que voy a asustar a mi madre.

AÚN QUEDA MUCHO POR DECIR, Rose Ausländer

0


ROSE AUSLÄNDER, Aún queda mucho por decir, Sexto Piso, Madrid, 2016, 308 páginas.

*********
 Muchos de los poemas de esta edición bilingüe traducida por Nuria Manzur son breves.
*********

SEGUNDO

Cuánto tiempo
se puede esperar

Un segundo
eternidad

lo siguiente
es tiempo

YO TAMBIÉN ME ACUERDO, Margo Glantz

0



MARGO GLANTZ, Yo también me acuerdo, Sexto Piso, México, 2014, 384 páginas.

**********

Me acuerdo que sólo tuve una muñeca en mi infancia, a lo mejor es un recuerdo falso.
***
Me acuerdo que en el círculo de amigos de Joseph Conrad se decía que su mujer Jessie era gorda, mecanógrafa y cocinera. Sus memorias demuestran que era algo más.
***
Me acuerdo que me gusta recibir elogios.
***
Me acuerdo que me cuesta trabajo gozar plenamente de mis experiencias.
***
Me acuerdo que mis padres me registraron diez años después de que nací, ejemplo de procrastinación postnatal que me ha causado muchos problemas legales.
***
Me acuerdo que esas telenovelas son conocidas como soap operas porque las patrocinaba la Palmolive Oil Company.
***
Me acuerdo de uno de mis más grandes defectos, exagerar mis grandes defectos.
***
Me acuerdo que por ser una niña judía nunca me trajeron regalos de Reyes.
***
Me acuerdo que Georges Perec hacía crónicas de lo infraordinario.

POEMA A TRES VOCES DE MINASE. RENGA, Sôgi, Shôkaku, Sôchô

0


SÔCHÔ, SHÔHAKU, SÔGI, Poema a tres voces de Minase. Renga, Sexto Piso, Madrid, 2016, 256 páginas.

**********
Japón, siglo XV; tres grandes poetas, Sōchō, Shōhaku y Sōgi, se reúnen para componer un poema alrededor del esplendor perdido y la memoria. La forma del renga, con breves estrofas entrenzadas sucesivamente por cada autor, permite tejer una obra en que la unidad y la variedad se complementan y equilibran, para dar lugar a un canto solemne donde la palabra, entre ruinas, tal vez aún pueda decir algún brote frente al olvido.

**********


naku mushi no
kokoro to mo naku
kusa karete




Los insectos cantan
indiferentes, sin corazón
la hierba se seca


Sōgi


***

























yume ni uramuru
ogi no uwakaze




Interrumpe mis sueños, imperdonable 
el viento sobre los juntos.


Shôkaku


***




kimi o okite
akazu mo tare o
omouran




¿Por quién sino por ti
insaciable sentiré
todo esto?


Sōchô
























EL IDIOMA MATERNO, Fabio Morabito

0



FABIO MORABITO, El idioma materno, Sexto Piso, Madrid, 2014, 178 páginas.


**********
SCRITTORE TRADITORE

   A los siete años me enamoré de un compañero del colegio. Me habría podido enamorar de una niña, pero en mi escuela los niños y las niñas estaban separados, así que me enamoré de la única niña que estaba a mi alcance, y ésa era Massimo P., un niño tímido de facciones delicadísimas que no hablaba con nadie. Era el primer día de colegio, estábamos en el recreo y Massimo se acercó a pedirme que le amarrara los cordones de los zapatos. Se veía desvalido entre tantos niños que gritaban correteando en el patio y quedé prendado de su hermosura y su fragilidad. «Pareces una niña», le dije, y él, quizá acostumbrado a oír eso, se limitó a sonreír. Acabó el recreo y regresamos al salón de clase. Su lugar estaba separado del mío por dos hileras, ni una sola vez volteó a verme y pensé que se había olvidado de mí. Llegó la hora de la lectura. Cada uno debía leer en voz alta algunos trozos de un cuento que venía en el libro. Leyeron unos cuantos niños antes de que el maestro señalara a Massimo. Él puso su dedo sobre el inicio del párrafo y pronunció la primera palabra; mejor dicho, la balbuceó; en la segunda palabra volvió a atorarse, y también en la siguiente. Leía tan mal, que no pudo concluir la frase, el maestro perdió la paciencia y le dijo a otro que siguiera leyendo. Acepté la triste verdad: Massimo P., a pesar de su apariencia angelical, era un burro redomado. Entonces llegó mi turno. Tomé una decisión repentina: leer peor que Massimo. Pienso que, de haberlo hecho, ahora sería un hombre mejor del que soy. Si hay episodios decisivos en la infancia, ése fue uno de ellos, porque después de equivocarme adrede en la primera línea me di cuenta de que no podría seguir estropeando una palabra más y me solté a leer con una fluidez que el maestro aprobó con un gesto de admiración. «Esto es leer bien», dijo, y creo que fue entonces que vislumbré que mi vocación sería escribir libros, casi al mismo tiempo que conocí el sabor de la traición. Siempre he pensado que son dos vocaciones estrechamente unidas.

CONSEJOS PARA NIÑAS PEQUEÑAS, Mark Twain

0


MARK TWAIN, Consejos para niñas pequeñas, Sexto Piso, Madrid, 2014, 28 páginas.

**********
Vladimir Radunsky ilustra estos consejos traducidos por Raquel Vicedo al español.
**********

Si tú madre te pide que hagas algo, no está bien decirle que no. Es mejor y más conveniente darle a entender que harás lo que te ordena y, después, proceder con discreción según los dictados de tu sabio criterio.


EXTRAVÍOS O MIS IDEAS AL VUELO, Príncipe de Ligne

0


PRÍNCIPE DE LIGNE, Extravíos o mis ideas al vuelo, Sexto Piso, Madrid, 2004, 128 páginas.


**********
Ignacio Díaz de la Serna en Príncipe color de rosa (pp. 7-18) repasa la biografía del contemporáneo de Rousseau o Voltaire.
**********

Todos los que escriben pensamientos o máximas son charlatanes que pretenden deslumbrar: nada más sencillo que escribir un libro de tal manera. Quiero intentarlo. A nada se está obligado; se abandona la obra y se regresa a ella cuando uno quiere. Eso me conviene mucho. Casi todos dicen cosas comunes, falsas o enigmáticas. No hay que ofrecer sobre qué disertar o interpretar, sino en qué pensar.

 ***

Los locos tienen a ratos momentos de lucidez que los hacen desdichados. No me refiero a los que se encuentran en los manicomios, sino a los que corren sueltos por el mundo, a los galanteadores, a los enamorados, a los mili­tares: piensan a veces que la campiña, una pastora que ahí encuentran, y la vida apacible, valen más que la corte, que una mujer de gran mundo y que el ejército. Los tontos no son así; nunca examinan su conducta. Siempre están contentos consigo mismos y descontentos con los otros.

***

Me disgustan los sabios, a menos que lo sean sin querer serlo y sin saberlo. Nada hay tan sencillo como convertirse en uno. Basta encerrarse en casa durante seis meses para adquirir conocimiento, y se logrará. Vale más tener ima­ginación que memoria. ¿Qué son todos esos diccionarios ambulantes? Los sabios solamente conocen palabras. Jamás me topo con sabios de cosas, pues éstos no tienen la reputación de serlo. Los otros son siempre engreídos, pedantes, y viven a costa de la sociedad. El mundo es el mejor de los libros.
***


Hay síntomas del amor tan inequívocos como los sínto­mas de una enfermedad. Sentimos al mismo tiempo calor; tenemos frío. Compartimos sentimientos iguales. Coincidimos en la manera de juzgar. Damos nuestro consentimiento a las mismas cosas, tenemos los mismos gustos, nos agrada lo mismo, queremos a las mismas personas. Nos gustan los sitios donde comenzamos a amarnos, y todo ello sin que lo sospechemos.

***
Hay personas tan enemistadas consigo mismas, que prefieren padecer una desdicha que previeron, a fuerza de predecirla, que disfrutar de una ventura inesperada.


***

Toda nuestra vida discurre, como mi libro, de error en error. Si hay una cosa que siempre parece la misma, significa que es certera. Si hay un hombre que, luego de recapitular desde cuándo lo conocéis, os parece el mismo, quiere decir que sigue siendo tal como lo habéis juzgado.
***

Un guerrero que ha ganado una batalla, ¿por cuánto tiempo disfruta de esa dicha que es tan rara y la más esplendorosa de a cuantas aspiramos? Al día siguiente, ya lo desgarran la calumnia y la ingratitud. El amante que obtiene una victoria sobre el pudor de una mujer, goza al menos hasta que otro lo reemplaza entre sus brazos. He ahí el tiempo ganado.

EN DOSIS DIARIAS Nº 1, Alberto Montt

0


ALBERTO MONTT, En dosis diarias Nº 1, Sexto Piso, México, 2013, 148 páginas.

**********
En el Prólogo se puede leer que "El dibujo es un signo de interrogación (hermoso) y el texto que lo acompaña es el gatillo de la carcajada".
**********

AFORISMOS DE ZÜRAU, Franz Kafka

0


FRANZ KAFKA, Aforismos de Zürau, Sexto Piso, Madrid, 2005, 168 páginas.

**********
Esta edición presenta los pensamientos de Kafka acompañados por la palabra de Roberto Calasso, a través de un prólogo y un epílogo que permiten un mejor acercamiento a estos aforismos. En ellos, según el escritor italiano, "toda redundancia, todo caracter accidental, toda insistencia queda abolida. En su sequedad e innegable limpidez, estas frases tienen algo del orden del ultimátum [...]. Son los rasgos súbitos del pincel de un maestro muy anciano, que pone gran atención en esas mínimas oscilaciones del pulso guiadas por un «ojo que simplifica hasta la desolación total»".

**********
El verdadero camino pasa por una cuerda que no está tensada en las alturas, sino apenas por arriba del suelo. Más pareciera estar destinada a hacernos tropezar que a ser recorrida.
***
Existen dos pecados capitales del hombre de los que derivan todos los demás: la impaciencia y la inercia. A causa de la impaciencia fueron expulsados del Paraíso, a causa de la inercia no han regresado. Pero quizá sólo haya un pecado capital: la impaciencia. A causa de la impaciencia fueron expulsados, a causa de la impaciencia no regresan.
***
Como un sendero en otoño: apenas ha sido barrido, se cubre de nuevo con hojas secas.
***
Una jaula fue en busca de un ave.
***
Comprender la fortuna de que el suelo que pisas no puede ser más grande que los dos pies que lo cubren.
***
Antes no comprendía por qué mi pregunta no recibía respuesta, hoy no comprendo cómo pude creer que podía preguntar. Pero si yo no creía, sólo preguntaba.
***
No es necesario que salgas de la casa. Quédate a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, sólo espera. Ni siquiera esperes, quédate en absoluto silencio y soledad. El mundo se te ofrecerá para que lo desenmascares, no puede evitarlo; arrobado, se retorcerá ante ti.

OBRAS PÓSTUMAS PUBLICADAS EN VIDA, Robert Musil

0


ROBERT MUSIL, Obras póstumas publicadas en vida, Sexto Piso, Madrid, 2007, 170 páginas.

**********
En la Nota introductoria (pp. 11-13) el autor dice a propósito de estos textos publicados entre 1920 y 1929: "...por lo general, las obras póstumas presentan una sospechosa semejanza con las liquidaciones por cierre de librerías".
**********


EL DESPERTADO

   Corrí rápidamente la cortina hacia un lado: ¡la suave noche! Una dulce oscuridad yace en el marco de la ventana, en la dura oscuridad de la habitación, como un espejo de agua en un estanque cuadrado. No veo nada; pero es como en verano, cuando el agua es tan tibia como e1 aire y la mano cuelga de la barca. Van a ser las seis de la mañana del primero de noviembre.
   Dios me despertó. Fui arrancado del sueño. No tenía ningún otro motivo para despertar. Fui arrancado como la hoja de un libro. La luna creciente yace, delicada como una ceja dorada, sobre la hoja azul de la noche.
   Pero del lado de la mañana, desde la otra ventana, se está poniendo verdoso. Como plumas de papagayo. También están subiendo ya los pálidos hilos rojizos del amanecer, pero todavía está todo verde, azul y sereno. Salto de regreso a la primera ventana: ¿todavía está ahí la luna creciente? Está ahí, como si fuera la hora más profunda del secreto nocturno. Tan convencida se halla de la verdad de su magia, que es como si hiciera teatro. (No hay nada más cómico que pasar de las calles matinales a la superstición de un ensayo teatral). A la izquierda pulsa ya la calle, a la derecha la luna creciente ensaya.
   Descubro extrañas hermanas, las chimeneas. En grupos de tres, de cinco, de siete, o también solas, están sobre los techos, como árboles en la planicie. El espacio se retuerce entre ellas como un río, hacia las profundidades. Un búho se desliza entre ellas, rumbo a casa; quizá fue un cuervo, o una paloma. Las casas se encuentran desperdigadas sin orden alguno; extraños contornos, paredes que se derrumban; no están ordenadas por calles. El asta en el techo con las treinta y seis cabezas de porcelana y los doce alambres tensados, que cuento incomprensiblemente, ante el cielo matinal como una creación superior por completo inexplicable, secreta. Ahora estoy totalmente despierto, pero sin importar hacia dónde me vuelva, la vista se desliza por pentágonos, heptágonos y prismas perpendiculares: ¿quién soy entonces? El ánfora en el techo con llamas fundidas en hierro, durante el día una ridícula piña, un engendro despreciable del mal gusto, refuerza en esta soledad mi corazón como un rastro humano fresco.
   Finalmente dos piernas atraviesan la noche. El paso de dos piernas de mujer y el oído: no quiero mirar. Mi oído está en la calle como una entrada. Nunca estaré tan unido a otra mujer como a esa extraña cuyos pasos desaparecen cada vez más profundamente en mi oído.
   Después, dos mujeres. Una arrastrando mezquinamente los pies, la otra pisando fuerte con la desconsideración de la vejez. Miro hacia abajo. Negro. Extrañas formas tienen los vestidos de las viejas. Se dirigen a la iglesia. Hace ya mucho, a esta hora, que el alma ha sido disciplinada, y no quiero tener nada más que ver con ella.

DIBUJOS, Franz Kafka

0



FRANZ KAFKA, Dibujos, Sexto Piso, Madrid, 2011, 144 páginas.
**********
En Kafka, un gran dibujante (p. 95-109) leemos: "En los últimos años de la carrera de Derecho (1903-1905), el aburrimiento llevaba a Kafka a garabatear "acertijos" en el margen de sus apuntes. Max Brod los tomaba prestados, reconociendo su valor, y tuvo la perspicacia de recortar y archivar los dibujos". Los editores Niels Bokhove y Marijke van Dorst han concretado en este libro el "cartapacio Kafka". Lo componen cuarenta y una ilustaciones que están acompañadas oportunamente por fragmentos procedentes de diversas obras perfectamente referenciadas.
**********

PASEANDO SIN PANTALONES POR EL TEJADO

   Cuando se pasea de noche por una calleja y un hombre, visible ya desde lejos —pues tenemos la calleja ante nosotros y hay luna llena—, viene corriendo en nuestra dirección, nunca lo detendremos, incluso si es débil y andrajoso, incluso si alguien va corriendo y gritando tras él, sino que lo dejaremos seguir corriendo. Porque es de noche y no podemos evitar que la calleja esté ante nosotros, bajo la luna llena, y quizá estos dos han organizado la persecución para entretenerse, quizá ambos persiguen a un tercero, quizá el primer perseguido sea inocente, quizá el segundo vaya a asesinarlo y seamos, entonces, cómplices de asesinato, quizá esos dos no saben nada el uno del otro y cada uno va corriendo por gusto hacia su propia cama, quizá vagan en la noche, quizá el primero vaya armado. Y, al final, ¿es que no tenemos derecho a estar cansados tras haber bebido tanto vino? Estamos contentos, ya no logramos ver al segundo.

[Los que pasan corriendo (anterior a 1908)]




BREVIARIO DEL CAOS, Albert Caraco

3


ALBERT CARACO, Breviario del caos, Sexto Piso, Madrid, 2006, 128 páginas.
**********
Rodrigo Santos Rivera traduce al español este conjunto de reflexiones publicadas por primera vez en 1982, once años después de la muerte de este filósofo nihilista frecuentemente comparado con Cioran.
**********
   Las ciudades que habitamos son las escuelas de la muerte, porque son inhumanas. Cada una se ha convertido en el cruce del rumor y del hedor, cada una convertida en un caos de edificios, donde nos apilamos por millones, perdiendo nuestras razones de vivir. Infelices sin remedio, nos sentimos, lo queramos o no, comprometidos a lo largo del laberinto del absurdo, del que no saldremos salvo muertos, pues nuestro destino es siempre multiplicarnos, con el único fin de perecer innumerables. A cada vuelta de rueda, las ciudades que habitamos avanzan imperceptiblemente la una contra la otra, aspirando a confundirse, es una marcha hacia el caos absoluto, en el rumor y en el hedor. A cada vuelta de rueda el precio de los terrenos sube, y en el laberinto que engulle el espacio libre, las ganancias de la inversión elevan, día a día, un centenar de muros. Ya que es necesario que el dinero trabaje y que las ciudades que habitamos avancen, es también legítimo que en cada generación sus casas doblen su altura y el agua venga a faltarles cada dos días. Los constructores sólo aspiran a sustraerse al destino, que ellos nos preparan, yendo a vivir al campo.

ME ACUERDO, Joe Brainard

0


JOE BRAINARD, Me acuerdo, Sexto piso, Madrid, 2009 (1975), 148 páginas.

**********
Me acuerdo de ver feos a mi padre y mi madre cuando estaban desnudos.
***
Me acuerdo de cuando me encontré una foto de una mujer desnuda de cintura para arriba con unas tetas enormes y se la enseñé a un niño en el colegio y se lo dijo a la profesora y la profesora preguntó si podía verla y se la enseñé y me preguntó de dónde la había sacado y le dije que me la había encontrado por la calle. Después de eso no pasó nada más.
***
Me acuerdo de los sándwiches de mantequilla de cacahuete y plátano.
***
Me acuerdo de los jerséis de pedrería con el cuello de piel y abiertos hasta la cintura.
***
Me acuerdo de la pareja de seis en el pase inglés.
***
 Me acuerdo de evitar mirar a los lisiados.
***
Me acuerdo de Mantovani y sus (¿100 cuerdas?).
***
Me acuerdo de una mujer que casi no tenía cuello. Siempre se ponía llamativos zapatos de plataforma de ante en sus grandes pies. Mi madre decía que eran muy caros.
***
Me acuerdo de las cintas para los regalos que si las pasabas por la hoja de unas tijeras se hacían tirabuzones.
***
Me acuerdo de que nunca lloraba delante de gente.
***
Me acuerdo de la vergüenza que me daba ver a otros niños llorar.
***
Me acuerdo del primer premio de dibujo que gané. En el colegio. Era un dibujo de un nacimiento.
***
Me acuerdo de una estrella muy grande en el cielo. Gané la cinta azul del primer premio.