MIGUEL CATALÁN,
La nada griega. 111 paradojas,
Sequitur, Madrid, 2013, 64 páginas.
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Al final de la historia resultó que el libro del destino estaba en blanco.
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LOS VIAJES INÚTILES
Quien nada tiene dentro de sí, nada encuentra fuera.
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Con la llegada de la primavera, los cipreses vuelven a oler el cementerio.
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SALVADO POR EL MARCO
Los muebles atesoran una historia que los hace más o menos honorables.
Todos, menos el espejo. Sólo el marco dignifica este mueble tan pueril
que agota su esencia imitando el presente.
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Las personas que creen que nunca mienten lo hacen por partida doble. Mienten a los demás, como todo el mundo, y además se mienten a sí mismos.
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INFORME GENERAL
Después nada.
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INIQUIDADES DEL ROMANTICISMO
Margarita y Jacinto estuvieron juntos setenta y dos años y medio. Su amor –un amor de los auténticos, inquebrantable, imperecedero– resistió hasta que se murieron. Jacinto falleció primero. Margarita falleció veintitrés días después debido a la desazón y el desconsuelo. Sin hijos, sin fotografías, sin cartas, sin recuerdos… no dejaron ninguna huella mediante la que prolongar su afecto en el tiempo.
Raquel e Iván no llegaron a aguantarse mutuamente ni tres meses. Su amor –un amor de los de boquilla, adolescente, pasajero– duró el escaso lapso que tardaron en engañarse y cansarse el uno del otro. Sin compromiso, sin respeto, sin paciencia… condenaron a un grupo de árboles a crecer con las cortezas desfiguradas por sus nombres y corazones acribillados de flechas.
ARTHUR SCHOPENHAUER,
Los dolores del mundo,
Sequitur, Madrid, 2009, 112 páginas.
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Tras las palabras introductorias de Daniel Mundo que en Schopenhauer: el controvertido filósofo de la época moderna (pp. 9-27) traza como acercamiento al pensador, un conjunto de aforismos y reflexiones de extensión diversa tratan temas como la desilusión, el amor, la resignación o el egoísmo.
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La manera más segura de no llegar a ser muy infeliz es no querer ser muy feliz.
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No hay nada fijo en la fugitiva vida, ni dolor infinito ni eterna alegría, ni permanente impresión, ni entusiasmo duradero, ni resolución elevada que subsista durante toda la vida. Todo se disuelve en el torrente de los años. Los minutos, los átomos innumerables de pequeñas cosas, fragmentos de cada una de nuestras acciones, son los gusanos roedores que devastan todo lo que hay de grande y de atrevido. En la vida humana nada es tomado en serio. El polvo no vale la pena de que algo así se haga con él.
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Es menester que nuestra voluntad se quiebre por un inmenso sufrimiento antes de llegar a la renuncia de sí mismo. Cuando ha logrado recorrer todos los grados de la angustia, cuando llega a tocar el abismo de la desesperación, el hombre vuelve a entrar súbitamente en sí mismo, se conoce, conoce el mundo, su alma se transforma, se eleva por encima de sí misma y de todo sufrimiento.
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El amor es como una compensación de la muerte.