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LA VIDA DE LAS PALABRAS, Salvador Robles Miras

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SALVADOR ROBLES, La vida de las palabras, M.A.R. Editor, Madrid, 2018, 264 páginas.

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EL CAMINO A DIEGO

   “El tiempo no pasa en balde”, se dijo Paula, contemplándose en el espejo del tocador, mientras trataba de disimular con una capa de maquillaje las ojeras, cada día más pronunciadas, que se extendían por debajo de sus párpados. “¿Dónde estará Diego ahora? ¿Se habrá olvidado de mí?”. Cinco años sin él. Cómo pudo ser tan estúpida. Era el hombre de su vida… “¿Y si…?” Paula se afanó en el maquillaje, escogió el vestido rojo que no había vuelto a ponerse en el último lustro, se calzó unos zapatos negros, los que más tacón tenían, se embutió en un chaquetón a juego y, colgándose del antebrazo el bolso que él le regaló en su trigésimo cumpleaños, salió a la calle sin saber qué camino tomar, aunque conocía su destino. Los treinta y cinco primeros años de su vida habían sido poca cosa, pero los próximos podrían convertirse en todo si él aún la estuviera esperando. Paula cogió un taxi.
   —¿A dónde vamos, señora? —preguntó el taxista.
   Paula se palpó el corazón. Latía muy fuerte.
   —Recto, hasta el final de la calle.
   —Y, luego, ¿qué dirección?
   —Se lo diré después.
   —¿Es que no sabe a dónde va?
   —Claro que lo sé. Voy hasta Diego.
   —Entonces, es a la izquierda.

LA FIESTA DE LAS PALABRAS, Salvador Robles

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SALVADOR ROBLES, La fiesta de las palabras, Atticus, Valladolid, 2014, 288 páginas.

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Las ilustraciones de Elena González (ELNO) son bien recibidas en la fiesta de este conjunto de microrrelatos.
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EL VUELO DE ADRIÁN

   —¿De qué trata la lección, Adrián? —preguntó por sorpresa la joven maestra al alumno más soñador del curso.
   Adrián, abismado en sus pensamientos, no pareció darse por aludido.
   —¡Adrián!
   El muchacho aterrizó en el aquí y ahora entre las risas ahogadas de sus condiscípulos.
   —Dígame, señorita Marta.
   —Te preguntaba por el tema que estamos desarrollando en la clase de hoy.
   —Sé que ha empezado usted a hablar de las abejas y la fotosíntesis. Eso es todo. Lo siento, señorita Marta, pero me he distraído con las extrañas palabras que han resonado en mi cabeza.
   —¿Por qué extrañas?
   —No sé de dónde han surgido; trataba de atender lo que usted decía, cuando, de repente, mi cabeza se ha llenado de palabras.
   —¿Qué tipo de palabras?
   —Palabras de colores y algodón.
   —¿Algodón?
   —Sí, el de las nubes.
   —¿Te importa repetirlas?
   —No sé si seré capaz de recordarlas todas.
   —Inténtalo. Incorpórate para que te escuchemos mejor.
   Adrián se levantó, carraspeó para aclararse la garganta y…
   —Las abejas volaban demasiado alto para alcanzarlas de un salto. Así que el estudiante desplegó las alas de su imaginación y voló junto a ellas, por encima de las nubes.
   —¿Eso es todo?
   —Sí, señorita. Luego me he limitado a mover las alas y volar.
   —Por encima de las nubes.
   —Un poquito por encima, las rozaba con los pies.
   —Por eso sabías que eran de algodón.
   —Sí, y me hacían cosquillas.
   —Muy bien —la maestra dio una palmada para atraer la atención de toda la clase—. Faltan cinco minutos para la hora del recreo. Hasta entonces, volemos todos con Adrián.
   En los siguientes minutos, el aula se pobló de sonoras carcajadas. Las cosquillas que hacían las nubes de algodón eran irresistibles.

PEQUEÑAS PALABRAS, Salvador Robles

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SALVADOR ROBLES, Pequeñas palabras, Paréntesis, Alcalá de Guadaíra, 2010, 196 páginas.

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ALAS PARA LA NECESIDAD

Cuando las aceras comenzaron a subastarse, a los pobres no les quedó más remedio que aprender a volar.