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MIS PEQUEÑOS PLACERES, Raquel Díaz Reguera

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RAQUEL DÍAZ REGUERA, Mis pequeños placeres, Lóguez, Salamanca, 2017, 40 páginas.

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El olor a café recién hecho, la canción de recibir el día, el canto de los pájaros, un aguacero inesperado...: «Recibir estas pequeñas cosas cotidianas como un regalo». Otro nuevo ejercicio de sutileza y sensibilidad de Raquel Díaz Reguera
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CAMINAR SOBRE LA HIERBA RECIÉN CORTADA

   Caminar y respirar el olor a hierba recién cortada. La sensación de sentir tu propio peso amoldándose al terreno. Notar la humedad de la tierra, su frescor. Andar muy despacio y dejar que las hebras nos hagan cosquillas. Tal vez arrebatarse y dar una voltereta que nos haga sentir como si no hubiese pasado el tiempo por nuestro esqueleto. Y si el cielo ha traído nubes de las que saben disfrazarse de mil cosas, tumbarse y perder la tarde descifrando sus formas con una sonrisa en la cara. 


ABUELAS. MANUAL DE INSTRUCCIONES, Raquel Díaz Ruguera

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RAQUEL DÍAZ REGUERA, Abuelas. Manual de instrucciones, Lumen, Barcelona, 2014, 58 páginas.

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Complacerá sin dudas este álbum de Raquel Díaz Reguera al lector de sus obras, en particular a los que disfrutaron de Abuelas de la A a la Z.
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LAS ÚNICAS CAPACES DE DECIRLE A...

   Una abuela no se corta un pelo a la hora de decir lo que piensa y no se para a pensar lo que dice. Al parecer llega una edad en la que los pensamientos no se pueden guardar dentro, así que salen a borbotones tal y como pasan por la cabeza. Y allí donde las madres convierten las palabras que no se atreven a decir en miradas que hay que saber descifrar, las abuelas no se limitan a poner ojitos ni a hacer gestos: ellas no se callan una, y hala, que tiemble el mundo. Por eso, algunos nietos se aterrorizan cuando su abuela va a verlos a una audición de piano o a un entrenamiento de baloncesto. A ella no le tiembla el pulso si tiene que plantarse en mitad de la cancha y quitarle el balón a aquel infeliz al que se le ha ocurrido hacerle una falta a su niño o niña. Se trata de una situación que a algunos nietos les parece bochornosa, pero que, pasados los años, al recordar ese momentazo, les hará morir de risa.

¿Qué le diría tu abuela a...?

Ferran Adriá
“¿Croquetas líquidas? ¿Qué es eso de croquetas líquidas? A mí me salen unas lentejas con chori­zo que no tienen nada que envi­diar a tus inventos.”

Fernando Alonso
“Qué manía de correr tanto... ¿No tienes ya edad de sentar la cabeza en vez de andar jugan­do con los cochecitos y dándole tantos disgustos a tu madre con las carreritas.”

Lady Gaga
“Bonita, si tú en el fondo eres mona. Si quieres. te puedo acompañar a comprar ropa que te siente bien y además baratita.”

Messi
“Pero ¿a ti no te han dicho tus padres que escupir es de muy mala educación, y más en los campos de fútbol donde te ve todo el mundo por la tele? ¡Que eso da muy mal ejemplo!”

Alejandro Sanz
“¿Y tú eres cantante? A ti te hago yo un tomillito con miel y limón y te aclaro esa voz tan cascada en un santiamén. Que no es que no cantes bien, pero en mis tiempos, con esa voz, desde luego que no te sacaban por la radio.”

Marc Gasol
“Tu madre, la pobre, no ganaría para zapatos. Y no me mires por encima del hombro.” (Una de sus bromitas.)

Angela Merkel
“Usted debería estirar el cuello y caminar derecha, porque con todo lo que sale en la tele y con lo importante que es, digo yo que tendría que preocupar­se un poco de tener mejor planta.”

DIARIO DE UN DESPECHO, Raquel Díaz Reguera & Irene Mala

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RAQUEL DÍAZ REGUERA & IRENE MALA, Diario de un despecho, Thule, Barcelona, 2015, 64 páginas.


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Irene Mala ilustra esta Tragicomedia del olvido en la que el texto narrativo está acompañado de poemas, citas, canciones... y un pequeño catálogo de Tipos tópicos a los que no acercarse. Otro acierto editorial de Thule.
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EL CRÍTICO

   Ese tipo al que le gusta ser el rarito, presume de incomprendido, de diferente, siempre incómodo entre los mortales de a pie porque él es un ser superior. Y tú no te has enterado de nada, te ha­cen gracia sus rarezas, porque a ti te trata como a una reina. Pero tras unos primeros días, tal vez semanas de adorarte y simular por ti una admira­ción desbordada, cuando ya has caído, empieza a cuestionarte cualquier cosa, hasta tu forma de bostezar, poniendo en entredicho tus gustos y afi­ciones, que por lo visto son de lo más vulgares.



CONSEJO

Huye. Ese es el único consejo. Les capullos de rosas son los únicos que tiene cabida en tu dormitorio.

MADRE SOLO HAY UNA Y AQUÍ ESTÁN TODAS, Raquel Díaz Reguera

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RAQUEL DÍAZ REGUERA, Madre no hay más que una y aquí están todas, Lumen, Barcelona, 2013, 42 páginas.

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Otra vez lo ha vuelto a conseguir: estos textos ingeniosísimos que catalogan hasta treinta modelos de madre (desde la Madre Nadasetira hasta la Madresuegra), están acompañados por las bellísmas ilustraciones a las que nos ha acostumbrado Raquel Díaz Reguera. Además completan el álbum nueve Páginas especiales que, por ejemplo, permiten inventariar el tipo de bolso de cada madre o las frases a las que más frecuentemente recurren. Para lectores inteligentes de todas las edades. ¡Ah! Que nadie espere encontrar aquí ninguna ñoñería. 
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MADRE DOMADORA DE PENAS

   Todas las madres, o como mínimo el cien por cien de ellas y cada una a su manera, hacen lo indecible por ver felices a los miem­bros de su prole. Pero los niños no pueden estar alegres las ocho mil se­tecientas sesenta horas del año, porque sería agotador incluso para ellos. Los hijos también tienen días en los que se levantan con el pie izquierdo o se sienten como si llevaran aburridos «tooooooda» su vida, o tienen una pena insondable que se materializa en un llanto constante insufrible para los padres, que ni imitando todas las voces de animales parlantes de los dibujos animados consiguen que cese la llorera.
   En esos días no hay nada mejor que tener en casa una Madre Domadora de penas. Y es que estas madres tienen una sabiduría natural para ponerle un final feliz a los «momentos dramáticos» Es un don que las hace capaces de domesticar las penas más salvajes. A modo de estrellas circenses, consiguen que las lágrimas hagan toda suerte de acrobacias y equilibrios hasta que se convierten en risas desternillantes. Saben cómo meter en cintura a la tristeza y son expertas en darle la vuelta a la tortilla. Ellas ponen en práctica la estrategia «no hay mejor defensa que un buen ataque», así que para defenderse de un llanto lastimero contraatacan con una sobredosis de cosquillas, con una ristra de chistes o con un discurso que en otras madres podría sonar como aleccionador y, sin embargo, en sus palabras y a su modo, calma todas las congojas. Transforman los pu­cheros en caras con sonrisas de oreja a oreja. Las Madres Domadoras de Penas son dueñas de la carcajada más contagiosa del mundo, la única capaz de amendrentar a una tristeza leonina, haciendo que esta huya por donde llegó con el rabo entre las piernas.


ABUELAS DE LA A A LA Z, Raquel Díaz Reguera

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RAQUEL DÍAZ REGUERA, Abuelas de la A a la Z, Lumen, Barcelona, 2012, 80 páginas.

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En Índice y explicaciones (p. 3) leemos: "Muchos sabemos que hay pocas sensaciones comparables a la de quedarse dormidos en el regazo de una abuela Tejedora de cuentos". Ésta es una de las ventinueve abuelas descritas en este tomo bellamente ilustrado por la también autora de unos textos marcados por la sutileza y un humor delicadamente amable. Completan el libro las Páginas especiales: Los bolsillos de las abuelas, Los recuerdos, Esencias enfrascadas de las abuelas del mundo...
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ABUELA DESMEMORIADA

   Hay abuelas que pueden recordar perfectamente lo que desayunaron un domingo de hace ciento veinte años (y quién las acompañaba y cómo iban vestidas y lo que haga falta) pero, sin embargo, no se acuerdan nunca de tu nombre; son las llamadas abuelas Desmemoriadas y las hay de dos tipos: las preocupadas por esos involuntarios tropezones de la memoria y las despreocupadas, que son las divertidas porque han decidido que allá donde no llegue su memoria llegará la improvisación, así que empiezan a cocinar cualquier cosa y acaban guisando cualquier otra, van a no sé dónde y terminan descubriendo no sé qué, empiezan un cuento conocido que termina teniendo un final imprevisible. Lo mejor de las abuelas Desmemoriadas es que les puedes decir que siempre es tu cumpleaños y así siempre se lo creen. Acostumbran a desordenar los nombres de sus nietos, es decir encadenan estos, uno tras otro, y los dicen de carrerilla y sin respirar hasta llegar al que realmente querían nombrar. Pierden cualquier cosa en cualquier lugar y dejan olvidado todo en todas partes, por lo que las tardes en casa de estas abuelas se convierten en una gymkana en la que sus nietos deben seguir pistas de los descuidos de la abuela hasta localizar cada uno de los objetos extraviados.

   Las abuelas Desmemoriadas tienen un pañuelo largo, larguísimo, en el que van haciendo nudos. Un nudo por cada cosa que deben recordar. Tienen una libreta para anotar qué tienen que recordar con cada nudo, una grabadora para dejar un mensaje que explica dónde guardan la libreta, que a su vez explica para qué sirven los nudos, y un broche de compartimento secreto con un papel con el teléfono de su hija, para que les recuerde dónde está la grabadora que le recordará dónde está la libreta que le recordará para qué sirve cada nudo.

   Los nietos más ingeniosos de este tipo de abuelas colocan pósit en las puertas, espejos o neveras de sus casas. En ellos, para ayudarlas a no olvidar escriben en mayúsculas: CERRAR LOS GRIFOS, APAGAR EL HORNO, HACER GALLETAS CON MERMELADA LOS SÁBADOS, LLEVAR A TUS NIETOS AL CINE LOS DOMINGOS.




CATÁLOGO DE BESOS, Raquel Díaz Reguera

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RAQUEL DÍAZ REGUERA, Catálogo de besos, Thule Ediciones, Barcelona, 2011, 64 páginas.

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Este libro bellamente ilustrado contiene un catálogo de veintiséis besos. A cada descripción le sucede un sugerente microrrelato.
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BESO SUSURRO

   Este beso se mueve como pez en el agua entre las palabras, deslizándose hábilmente entre los adjetivos y los verbos. Se sirve con vocales y consonantes suaves, en cualquier idioma, sutil y pausadamente.
   Es paciente y emprendedor. Sujeto y predicado. Le gusta dar rodeos hasta asegurar la presa. Una vez que ésta queda rendida, se entrega, normalmente bajo la oreja y acompañado de una voz casi inaudible. Su efecto inmediato es un cosquilleo que desciende por el cuello y se cuela entre los botones de las blusas. Eriza la piel y despierta otros besos más pendencieros.
   Suele darse en lugares con luz tenue. La noche es sin duda su hábitat natural.
   Puede encadenarse con sustantivos que esconden otro beso susurro.

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    Posología: No se ha descrito dosificación.
   Contraindicaciones: Provocan adicción por los adjetivos y por las voces cálidas que encierra la radio a altas horas de la noche.
        
SSSSSSSSSSSSSS...

   La cantidad de gente que abarrotaba el bar sirvió como coartada. Punto y seguido. Era imposible hablar sin acercarse más. Un adjetivo y casi se rozaban. Álvaro, con dos dedos, apartó levemente la melena de Amanda y dejó caer tres palabras elegidas cuidadosamente. Ella cerró los ojos, labio inferior mordido, pronóstico perfecto. Puntos suspensivos.                                                              
   Fueron bajando el tono. Una frase después, las silabas eran casi inaudibles. Un adjetivo más y esta vez fue ella la que se retiró el cabello para dejar la curva de su cuello al descubierto. Un beso susurro mordió el lóbulo de la oreja de Amanda. Naufragio. Dos palabras curvas pasearon por su mejilla izquierda, un verbo horizontal viró a la derecha al llegar a su boca y otro beso susurro más arriesgado mordió sutilmente su hombro. Carne de gallina. Un silencio después, la conversación dejó libre los labios para otros menesteres.