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CUENTOS DEL LEJANO ORIENTE, Ramiro A. Calle

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RAMIRO A. CALLE, Cuentos del Lejano Oriente, Martínez Roca, 1999, 224 páginas.

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Estos alrededor de trescientos relatos originarios de Bhután, Birmania, Sri Lanka, Tailandia, Nepal, Indonesia..., conforman el cuarto volumen de cuentos orientales compilado por Ramiro A Calle.
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EL ESPEJO

   Había una vez un feliz matrimonio con una en­cantadora hija. Pero como la muerte ronda por do­quier, la madre enfermó de gravedad y días antes de fallecer le dijo a su hija:
   —Mi querida niña, aunque me voy, no te dejo sola. Mira este espejo que he guardado para ti. Cuando estés triste y necesites mi consuelo y apoyo, contém­plate en el espejo y me verás, así siempre tendrás mi amor.
   La buena mujer murió. Fueron días de enorme dolor para su esposo y su hija, pero desde aquella amarga jornada, siempre que la joven necesitaba consuelo, miraba el espejo y veía el rostro amable y lozano de su madre, lo que le proporcionaba alien­to y apoyo. No veía a su madre con la palidez mor­tecina de los últimos días de su vida, sino con el rostro sonrosado y bello. En la imagen de su madre re­flejada en el espejo, la joven encontraba el ánimo para vivir, ser feliz y hacer felices a los demás.
   Un día, el padre la vio contemplar durante largo rato el espejo.
   —¿Qué haces, hija? —preguntó.
   —Estoy viendo el dulce rostro de mamá, padre mío. Ella me da fuerzas y me alienta.
   El hombre, por supuesto, se dio cuenta de que la joven no veía más que el reflejo de su propio rostro, tan parecido al de aquella que les había abandona­do, pero no dijo nada. Su hija era cada día más ma­ravillosa y serena.

   Dice el Maestro: Halla inspiración en el amor, porque no hay inspiración más fecunda ni más sublime.

LOS 101 MEJORES CUENTOS CLÁSICOS DE LA CHINA, Ramiro Calle & Chang Shiru

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RAMIRO CALLE & CHANG SHIRU, Los 101 mejores cuentos clásicos de las China, Edaf, Madrid, 1996, 220 páginas.

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En la Introducción (pp. 13-14) Sebastián Vázquez escribe: "Los maestros chinos comparaban a estos cuentos con cierto tipo de miniaturas: una primera visión permitía, por ejemplo, percibir un hermoso paisaje, pero un acercamiento más cuidadoso dejaba ver detalles hasta entonces invisibles".
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SUICIDIO EN EL RÍO

   Ji Jun era miembro de la Academia Imperial y estaba dotado de una aguda inteligencia y gran hori­zonte de conocimientos. Un día, el emperador Qian Long le preguntó:
   —Dime, sabio erudito, ¿qué se entiende por la fidelidad y por el amor filial?
  —La fidelidad —contestó rápidamente—Ji se ma­nifiesta en la obediencia total e incondicional al so­berano. Aunque éste le mandase a uno suicidarse, tendría que cumplir su voluntad. Por amor filial se entiende el cumplimiento cabal de la voluntad pater­na. Si el padre quiere que se suicide el hijo, así se cumplirá su deseo.
   El emperador pensó que como Ji era muy inteli­gente, aunque le ordenase poner fin a su vida, no lo cumpliría de ningún modo. Por lo tanto, con el áni­mo de tomarle el pelo y ver cómo se las arreglaría en una circunstancia extrema, le dijo:
   —Entonces, ordeno que te suicides.
   Ji no se sorprendió ni un ápice, contestando sin vacilación:
   —Sí, Majestad, cumpliré su orden.
   —¿Se puede saber cómo te vas a suicidar? —pre­guntó el monarca.
   —Me voy a tirar al río —le contestó Ji.
   El emperador sabía perfectamente que no se iba a suicidar y que podría salir airosamente de la situa­ción, pero quería seguir con la broma:
   —Bueno, concedido el derecho a la muerte.
   Dicho esto, se puso a leer un libro que tenía a mano, sin prestar más atención al intelectual. El sen­tenciado salió del palacio, dio una vuelta y volvió de nuevo. El emperador aparentó sorprerderse de la sú­bita aparición del que iba a pasar al otro mundo.
   —¿Qué te ha pasado? ¿Por qué has vuelto?
   —Majestad, —empezó a explicar el intelectual con un tono intrigante—, cuando llegué al río y me iba a lanzar, de repente vi que había salido del agua el antiguo poeta Qu Yuan. Me agarró fuertemente impidiéndome ejecutar la suprema voluntad imperial. Me rogó que volviera a preguntar a Su Majestad.
    —¿Qué quería que me preguntaras?
   —Me dijo que él se había lanzado al río para sui­cidarse porque el soberano de su época era despótico e imbécil. Sin embargo, ahora que estamos glorifica­dos con la lucidez y sabiduría de nuestro ilustre rei­nado, merece la pena preguntarle si realmente desea mi muerte. No sería demasiado tarda en cualquier caso suicidarme después de la confirmación de su voluntad.

LOS 120 MEJORES CUENTOS DE LAS TRADICIONES ESPIRITUALES DE ORIENTE, Ramiro Calle & Sebastián Vázquez

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RAMIRO CALLE & SEBASTIÁN VÁZQUEZ, Los 120 mejores cuentos de las tradiciones espirituales de Oriente, Edaf, Madrid, 1999, 192 páginas.

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 En la Introducción (pp. 15-18), Sebastián Vázquez subraya: "...el factor más importante en este tipo de cuentos es que tienen el poder de provocar en la conciencia un impacto capaz de situar al oyente o al lector en un estado de comprensión más elevado".
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   Unos hombres fueron a inspeccionar un manicomio famoso por el acertado tratamiento que allí se les daba a los pacientes. Entre los muchos enfermos encontraron a uno de ellos extremadamente sonrojado y que desprendía un gran calor. Preguntaron a los médicos encargados sobre aquel caso tan singular.
   —Es el enfermo más antiguo del hospital —contestaron aquellos sabios—. Ese hombre se cree un horno.
   —¿Y cómo con sus conocimientos no han podido curarlo aún?
  —Bueno..., verán —se excusaron los médicos—, lo que ocurre es que hace un pan excelente.

LAS FÁBULAS DE AMOR DEL VIEJO MARINERO, Ramiro Calle

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RAMIRO CALLE, Las fábulas de amor del viejo marinero, Temas de Hoy, Madrid, 2005, 183 páginas.
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Un relato marco entre el narrador y Rafael, el viejo marinero, permite a Ramiro Calle enhebrar historias sobre el amor, que resultan enriquecidas por los comentarios sugerentes que vierten sobre ellas ambos personajes.
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AMOR Y ODIO

   Un sabio y sosegado maestro declaró ante un buen número de asistentes:
   —Amor y odio son dos grandes potencias. Son magia y tienen mucho poder. En el amor hay una gran potencia constructiva; en el odio, una gran potencia destructiva. Pero hay, creedme, una notable diferencia en su poder.
   Intrigados, los asistentes se preguntaron para sí cuál sería aquella diferencia.
   El sabio insistió:
   —Hay, sí, un gran poder en el amor y en el odio; los dos tienen una gran fuerza pero hay una diferencia en su poder.
   Todos esperaban expectantes. Tras una pausa, el sabio agregó:
   —El amor es como el perfume; el odio es como el veneno.  Los dos tienen una gran fuerza, pero no hay una diferencia muy grande en su poder.
   Hizo otra pausa y los asistentes se mostraban muy impacientes por saber la diferencia, tanto es así que uno de ellos no pudo reprimir el preguntar en voz alta:
   —Pero, ¿cual es la gran diferencia?
   El sabio sonrió amablemente y dijo:
   —El amor es balsámico; el odio es tóxico. Ambos son muy poderosos, pero hay una gran diferencia en su poder.
   La concurrencia comenzaba a exasperarse y el sabio se daba cuenta de ello y lo que pretendía es que cada uno pudiera descubrir esa gran diferencia, pero ya fueron muchos los asistentes que levantaron la voz para preguntar:
   —Pero, ¿cual es la diferencia?
   —¡Es tan simple! —exclamó el sabio—. El amor tiene mayor alcance y nadie puede frenarlo. El odio es poderoso, sí, pero puede ser atajado. Os pondré un ejemplo. El odio es veneno. Cuando el veneno está bien sellado en un recipiente, no puede hacer daño, ¿verdad?
   —Así es.
   —Pero el amor es perfume. Aunque el perfume esté bien cerrado en un frasquito, su aroma emerge y es perceptible. Nadie puede limitar el amor.

EL GATO ASTUTO Y OTROS CUENTOS PARA EL ESPÍRITU

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RAMIRO CALLE, El gato astuto y otros cuentos para el espíritu, Oberon, Madrid, 2004, 272 páginas.

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Ramiro Calle ofrece al lector estos noventa y dos relatos protagonizados por animales, "historias espirituales milenarias y anónimas que los maestros transmiten oralmente a sus discípulos". Cierra cada relato una breve reflexión moral.
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LA TORTUGA Y LA ARGOLLA

   Era un sabio tan anciano que nadie sabía cuál era su edad, ni siquiera el mismo. Un apacible y tibio atardecer, se sentó bajo una higuera y dejó que su mirada se perdiera en el anaranjado horizonte.
   De pronto, escuchó unas pisadas no lejos de donde estaba. Al dirigir la vista al lugar del que procedía el rumor de las pisadas, pudo ver a un joven taciturno que pasaba una soga sobre la rama de un árbol y luego se envolvía el cuello con ella. Su intención de quitarse la vida era evidente, por lo que el anciano se incorporó tan rápido como le dejaba su decrépito cuerpo y corrió con esfuerzo hasta donde el joven pensaba realizar su macabro plan.
   —Te ruego que no te quites la vida, amigo. La vida es muy valiosa.
   —La vida no es nada -replicó el joven—. No veo ningún motivo para seguir viviendo.
   —Tienes la eternidad por delante, amigo, así que al menos concédeme un par de minutos y escúchame con atención.
   —Dime lo que quieras —dijo el joven con displicencia—. A donde voy ahora no les importará si llego dos minutos tarde.
   —Entonces—dijo el anciano—, escúchame.
   Ambos se sentaron en el suelo. Los apacibles ojos del anciano se posaron en los atormentados del joven. El sol había empezado a ocultarse. El sabio dijo:
   —Te voy a pedir que imagines una cosa, querido amigo. Imagina una tortuga, una sola, en el inmenso océano. Esta tortuga saca la cabeza a la superficie, para respirar, sólo una vez cada millón de años. Imagina también una argolla flotando sobre las aguas del colosal océano. Pues te diré algo: tener una forma humana es más difícil que la posibilidad de que la tortuga introduzca la cabeza en la argolla curando la saca cada millón de años. Obra como creas conveniente, pero vas a perder una ocasión única. Reflexiona unos instantes en ello y procede.
   Los lugareños de la zona todavía comentan que aquel joven llegó a la ancianidad y se convirtió a su vez en un sabio.

CUENTOS ESPIRITUALES DE ORIENTE, Ramiro Calle

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RAMIRO CALLE, Cuentos espirituales de Oriente, Sirio, Málaga, 2005, 144 páginas.

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Ramiro Calle es el encargado de recopilar unas historias que, según afirma en sus palabras introductorias, siempre terminan invitando "al autodesarrollo y al cultivo de los mejores recursos espirituales de la persona".

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INCERTIDUMBRE

   El discípulo estaba lleno de inquietantes dudas. Le expuso una de ellas al mentor, preguntándole:
   —¿Querido maestro, ¿cómo podré saber cuándo estoy realmente en la senda hacia la suprema libertad interior?
   El maestro sonrió afectuoso y respondió:
   —No te atormentes. Cuando realmente estés en la senda hacia la suprema libertad interior, ya no te formularás ese tipo de preguntas. ¿Acaso el ave se pregunta si realmente está volando?

101 CUENTOS CLÁSICOS DE LA INDIA

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101 cuentos clásicos de la india, EDAF, Madrid, 1999 (1995), 130 páginas.

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Ramiro Calle, recopilador de unas "joyas de la sabiduría" que recogen la esencia del pensamiento tradicional de la India, es también quien añade, al final de cada narración, un comentario que vuelve explícita la enseñanza.

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LA MADERA DE SÁNDALO

   Era un hombre que había oído hablar mucho de la preciosa y aromática madera de sándalo, pero que nunca había tenido ocasión de verla. Había surgido en él un fuerte deseo por conocer la apreciada madera de sándalo. Para satisfacer su propósito, decidió escribir a todos sus amigos y solicitarles un trozo de madera de esta clase. Pensó que alguno tendría la bondad de enviársela. Así, comenzó a escribir cartas y cartas, durante varios días, siempre con el mismo ruego: "Por favor, enviadme madera de sándalo." Pero un día, de súbito, mientras estaba ante el papel, pensativo, mordisqueó el lápiz con el que tantas cartas escribiera, y de repente olió la madera del lápiz y descubrió que era de sándalo.
   El Maestro dice: Si la percepción está embotada, se estrella en las apariencias de las cosas.