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DISPARATES, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Disparates, Calpe, Madrid, 1921, 184 páginas.

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En Teoría del disparate (pp. 5-13) dice Ramón: «El disparate es la cosa más difícil, más lenta, más desesperada, y en esa temporada en que he estado alcanzando disparates me han nacido alguna noche hasta veinte y treinta canas, cuando yo no tenía ninguna».
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EL PRESTIDIGITADOR

   El prestidigitador es de los pocos hombres que no se han afeitado. Le va muy bien con su gran barba, y eso le da un gran prestigio. Así, todas las cosas, que de otro modo resultarían graciosas, resultan muy serias.
   El prestidigitador, el hombre del paraguas bastón y mil cosas más, no viaja mas que con sombrero de copa. Ni maleta, ni baúl, ni nada.
   Cuando el prestidigitador necesita algo se quita el sombrero de copa y saca de él lo que sea.
   El prestidigitador, con un gran disimulo, se quita el sombrero de copa, lo coloca sobre las piernas y va sacando los elementos de aseo para el viaje, la manta con que se arropa, la gorra para el camino, las zapatillas del hombre cómodo, el vaso, la cafetera con café, la merienda, las naranjas del postre y, por fin, los palillos de los dientes.

TOTAL DE GREGUERÍAS, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Total de greguerías, Aguilar, Madrid, 1962, 1598 páginas.
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Este amplio volumen de greguerías incluye alrededor de trescientas ilustraciones realizadas por el propio autor.
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En la botella del bebedor se refleja todo el desengaño y la muerte.
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El reloj picotea el maíz del tiempo.
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Cuando nos tardan en servir en el restaurante nos convertimos en xilofonistas de la impaciencia.
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Hay quienes creen que al prodigar una alabanza dan un cheque por una ventanilla para cobrarlo en la de más allá.
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El reloj de bolsillo es la pastilla de jabón del tiempo.
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El robo de estrellas que hacen los poetas no se descubrirá hasta el final del mundo.
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Cuando la joven pone una flor en el ojal del joven cree que va a ser eterna.
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Vejez: tener que contar ya en las emes que se escriben, si tienen todas sus patitas.
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El teatro es como el amor: nunca se sabe si es verdad o mentira.
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Al atardecer pasa en vuelo rápido una paloma que lleva la llave con que cerrar el día.
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El reloj es una bomba de tiempo, de más o menos tiempo.
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Los buzones callejeros olfatean la calidad de las cartas que reciben y a veces aprietan los dientes para que no pase la carta. 

GREGUERÍAS ONDULADAS, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Greguerías onduladas, Renacimiento, Sevilla, 2012, 140 páginas.

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Nigel Dennis prologa y reúne una colección de greguerías de temática radiofónica que Ramón Gómez de la Serna escribió para Unión Radio Madrid y que, aparte de su lectura en la radio y  la publicación en la revista Ondas, habían permanecido inéditas hasta esta edición.

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Los cipreses son las antenas del reino vegetal.
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Hay conferenciantes que parecen haber comido polvorones antes de comenzar la emisión.
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Si la metempsicosis fuese verdadera, los radioyentes se convertirían en pájaros y se pondrían a oír con las antenas.
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Cuando tocan el xilofón es como si tocasen la dentadura a las ondas.
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En el futuro se emitirán ondas de buen sueño. Es decir, que estando dormidos recibimos pautas de ilusión, verdaderas guías eléctricas para la videncia nerviosa.
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El piano de las ondas es como un piano submarino, el piano que teclea en una habitación llena de agua.
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Me he asomado muchas veces a la mirilla de las emisoras y confieso que no se ve nada; noche absoluta; camino sin faroles; sombra llena de oídos.
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Los esquemas de los aparatos de construir son como planos para las casas de las ondas y esos muelles lineales que a veces los interrumpen, parecen indicar el sitio de los divanes.
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Hay mucha música de Radio que viene de la gruta desconocida.

BESTIARIO DE GREGUERÍAS, Ramón Gómez de la Serna & David Vela

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DAVID VELA & RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Bestiario de greguerías, Acuf, Madrid, 2007, 91 páginas.

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David Vela compone un divertido bestiario de más de cuarenta gouaches con los que ilustra e ilumina las correspondientes greguerías de Ramón.
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Las vacas aprenden geografía mirándose unas a otras sus manchas blancas y negras.

PEQUEÑOS RELATOS ILUSTRADOS, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Pequeños relatos ilustrados, Ediciones de la Torre, Madrid, 1987, 126 páginas.

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En la Introducción (pp. 9-25), José Luis Rodríguez de la Flor, responsable de la edición, glosa con precisión y sencillez la trayectoria vital y literaria de Ramón. Los relatos incluidos "fueron publicados por Ramón Gómez de la Serna en la revista Buen Humor".
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COSAS DE LAS PLAYAS
   
   Las playas engañan al veraneante, hechas, como están, con aserrín del sol, menudo aserrín que echa en espuertas sobre la tierra.
   No es sólo engañoso el nombre que escribe una sombrilla en su jergón, sino el jergón mismo.
   Engañan, pero se las vuelve a buscar siempre y hasta se hace a ellas esas excursiones, de noche, que hunden inútilmente en su arena, produciéndose en sus hoyos la sordera de todos los jazz band, que siempre suenan en el mundo.
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   Lo único que tiene de bueno la playa es que en ella la propiedad es libre y puede fijarse un toldo en los sitios libres que se escojan. Hay unos gitanos elegantes que se establecen para todo un verano en la tienda de campaña simple, y allí cocinan, duermen, toman el té, hacen las finas labores de aguja.
   De la antigua manera con que la Humanidad acampaba en las praderas y los pináculos, sólo quedan dos supervivencias: la de los gitanos en los campos y la de los veraneantes en las playas.
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   En las playas se pierden todas las novelas leídas y las novelas vividas. Es un gran papel secante de todo lo que sucede en ella. De las memorias pasadas no guarda ningún recuerdo, y donde más se pierde la presunción del presumido es en la playa en que luce sus zapatos blancos con vivos de charol negro.
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   Parece muchas veces la playa un tendedero de ropa, en que los trajes blancos se reblanquean más.
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   El que sorprende a unas cuantas muchachas tendidas en la playa teme que, al sentir sus pasos, todas escapen volanderas.
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   En la disputa de los novios, el más iracundo echaría de buena gana polvorones de arena en la boca del otro.
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   Las sombrillas en la playa debían ser como velas que empujasen al que camina.
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   El niño de los barquillos es un niño que se come al día varios miles de barquillos, llegando a sonar a barquillo quebradizo cuando se le besa y a saber a barquillo relleno.

CAPRICHOS, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Caprichos, Cuadernos Literarios, Madrid, 1925, 114 páginas.

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Predominan los relatos de mayor extensión en esta primera edición de los caprichos que cuenta con las ilustraciones del autor.
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EL ENTE PLÁSTICO

   Con el calor de día gris se asoma ese muñeco a los escaparates de objetos de pintura. Se apoya en un caballete o se sienta sobre una de esas paletas de porcelana que son tan odiosas.
   Ese maniquí de madera es en verdad un ente, algo que existe, tiene vida propia y es grotesco. Al mismo tiempo ese engendro tiene algo de muerto, de muerto antes de nacer, de tipo de ser en los limbos primitivos, de proyecto abortado, de primer momento de un alma, de larva humana.
   Para mí siempre ha tenido una gran fuerza fija ese muñeco de vestir que tienen los artistas en sus estudios y que no se sabe cómo clasificar.
   ¿De quién es ese monigote? ¿Es muñeco, espectro anatómico o ser vivo? ¿En qué capítulo de la fauna debe figurar? ¿Entre lo monstruoso, entre lo vivo o entre lo muerto?
   Está siempre en el acuario de la tienda. Da tipo de pinturas al establecimiento pero tarda mucho en venderse. Parece un niño triste que juega eternamente con los pinceles, las paletas, los lápices de colores y los tarros que son tan simpáticos de apretar. Es el crío infausto que no sale nunca de la convalecencia y que juega a iluminar los paisajes esquemáticos de las cartillas de dibujo.
   Tienen cambios de postura en sus escaparates eternos. Unos días al abrir la tienda están sentados en el sillín campestre para los pintores, otros como con una lanza en el tiento en ristre, otros junto a la caja de bombones de la acuarela.
   A través de mis paseos por las ciudades, en mis peripatetismos más solitarios he encontrado siempre de cuerpo presente y queriendo ser un juguete del día, a ese muñeco malogrado, juguete ciego, calvo y con hechuras bastante perfectas. ¡Hubiera sido un niño tan bonito!
   En los días más desconceptuados de mi vida, en los días de fallecimiento he visto siempre al maniquí híbrido, desustanciado, trivial, que da a los escaparates de las tiendas de pintura tipo de tiendas fúnebres.
   Mi mirada hacia el muñeco hospiciano no era la que se dirige a un objeto cualquiera, la que se dirige a los bastidores con lienzo que dan pena porque casi siempre soportaran un cuadro malo, ni a las cartucheras de municiones de los tubos de óleo, ni la mirada que se arroja desesperada sobre ese paisaje en uno de cuyos rincones se lee un “Se vende”, escrito con letra mendicante.
   El maniquí de artista tiene un gesto descompuesto de niño que tuvo la meningitis y tiene algo de muñeco de ventrílocuo despintado, embrionario, filosófico.
   Parado frente a los escaparates me decía yo siempre: “Es un hombrecito, algo particularmente serio que no podría sufrir las bromas de un niño y que por lo tanto nunca podrá dársele de juguete a un niño... Tiene la melancolía de los cartabones”.
   El monigote ortopédico, el bailarín mudo y quieto —al que ha querido echar a perder Pinocho— con el tipo de los seres anatómicos a los que se ha quitado la primera piel. Es algo así como el ser vestido sólo con un traje como de tejido conjuntivo.
   En cada población me ha caracterizado para siempre el sitio en que se me apareció. ¡Oh, Montparnás lleno de ellos, como si fuesen las “tenias”, a medio bien formar, del Arte y la Gloria!
   Por fin sin ser pintor he comprado uno de esos entes que miran al cielo y lo he observado con repugnancia de su tristeza y con deseo de descubrir su secreto.
   Nadie como yo ha dedicado una atención tan intelectual y tan constante a ese ser olvidado, perdido en los rincones de los estudios, tratado como una cosa.
   He sido el disecador, el anatomista, el observador científico de ese espantajo de la nostalgia de no se sabe qué.
   Me ha dado noches de pesadilla y me ha abrumado con la idea de todo lo que permanecerá informe en el espíritu aunque yo muera por darlo forma. Ha sido colgado de su clavo nº 1898, la emulación para que todo sea divertido en literatura, el remordimiento ostentoso de las cosas inacabadas, de las cosas en ciernes, de aquello en que se pensó lo mejor y se olvidó enseguida.
   Pero no encontraba su secreto soporífero e intelectual de ningún modo, aunque puse en ebullición toda mi materia gris.
   Hasta que un día la modelo trivial, al verlo en un rincón de mi torreón gritó: “¡Hijo mío!”, y me contó que era hijo de ella y del pintor mediocre de los cabellos rubios, el aborto de los partos que suceden en los divanes de los pintores y que van a parar a las inclusas de las tiendas de pintura para que sirvan de modelo contorsionista a los pintores mediocres. ¡Por eso ya no se encuentra en los estudios de los pintores geniales como no sea como documento arqueológico y sarcástico!



NINFAS Y CALAVERAS, Ramón Gómez de la Serna & David Vela

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA & DAVID VELA, Ninfas y calaveras, El Patito, Santiago de Compostela, 2013, 96 páginas.

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Jesús Rubio Jiménez escribe en David Vela y Ramón Gómez de la serna. juego de espejos (pp. 11-14): "En la obra de David Vela, como en la de Ramón, uno tropieza de continuo con sobrecogedoras fábulas simbolistas del tiempo." Subtitulado Y otras elucubraciones de Ramón Gómez de la Serna, muchas de las ilustraciones que contiene (témperas sobre papel) ya fueron exhibidas anteriormente en dos exposiciones: Los muertos y Las muertas.
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La vida es decirse ¡adiós! en un espejo.

FLOR DE TODO LO QUE QUEDA, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Flor de todo lo que queda, Edelvives, Zaragoza, 2012, 128 páginas. Selección: Raúl Vacas e Isabel Castaño. Ilustraciones: Pablo Amargo.

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La cosedora de sábanas cazó un oso blanco con su máquina de coser
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La máquina de coser es el aparato cinematográfico de las sábanas blancas.
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Todas las sábanas que guarda la luna son sábanas de hilo.
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En los carretes de hilo hay unos cuantos maíces de película íntima.
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Es bonito ese gesto con que la mujer que enhebra la aguja le retuerce el bigote al hilo.

EL DOCTOR INVEROSÍMIL, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, El doctor inverosímil, Destino, Barcelona, 1981, 239 páginas.
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Publicada en por Atenea en 1921, Destino reedita esta colección de microrrelatos y microrrelatos XL protagonizados por tan heterodoxo galeno.
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LOS NIÑOS
        
   A los niños les mata cualquier cosa; pero también los salva cualquier cosa.
  Una cosa que me ha dado un gran resultado con niños y que utilizo muy a menudo, es una caja de música, de esas cajas de musica que tienen como esencia de pinos o araucarias más que centenarios... Con esa caja de música bien empleada les retengo, les hago olvidarse de su antojo de echar los brazos a la muerte para irse con ella como con una tía que también quiere jugar con ellos.
  En esta ultima temporada he salvado a más de cincuenta niños, gracias a mi caja de música.

LOS MUERTOS, LAS MUERTAS Y OTRAS FANTASMAGORÍAS, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Los muertos, las muertas y otras fantasmagorías, Cruz y Raya, Madrid, 1935, 188 páginas.

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LA CABELLERA DE LA SOMBRA

   En la oscuridad sentí una cabellera, una larga cabellera...
   No quise ni encender, ni espantarla...
   Quise cazar aquella cabeza a la que pertenecía la cabellera y saqué mi peine de bolsillo para convencer al cabello con esa caricia del peinado que convence a todas las cabelleras.
   Eran sedosos y vivos los cabellos —juro que no eran los de ninguna muerta—, y aunque avancé sigiloso por las galerías oscuras sin dejar de peinar los oleosos cabellos, no encontraba la cabeza buscada.
   ¡Qué larga cabellera! Cola como de de vestido que daba vueltas a las habitaciones aunque su dueña estuviese muy lejos.
   Era una cosa de la realidad con algo de ilusión. Me acerqué los cabellos como quien se acerca una flor para cloroformizarse de perfume, y percibí el olor humano de los cabellos, con un remoto recuerdo lanar...
   Jugándome el todo por el todo, dejé la cabellera y encendí la luz.
   Nada.
   Pero había tenido la voluptuosidad de tener en mis manos la incentiva cabellera de la oscuridad.

SENOS, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Senos, Albino y Asociados, Buenos Aires, 1979, 83 páginas.

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Baste una pincelada de Osiris Chierico en la Aproximación (pp. 10-11): "Ramón y Luis nos dan este libro lleno de respuestas. Un bello libro con el más bello de los temas". Como en las otras entregas, las diez bellas xilografías de Luis Seoane, se insertan entre los microrrelatos.

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LOS SENOS DE LA DOMADORA

   Senos valientes, intrépidos.
   Los zarpazos del león van buscándolos y aun con eso ella los presenta lo primero de todo por delante de sí misma, aunque se ve que es lo que defiende con el revólver que lleva a la cintura.
   Los gestos de las "manos" del león hacia la domadora son gestos bruscos, temerosos, intencionados, de hombre que busca los senos a la mujer y ella tiene la misma táctica que la mujer emplea con el hombre.
   Es notable ver más sincera que nunca la violenta y enconada ferocidad del hombre frente a la valiente defensa de la mujer. (Así son las luchas entre la doncella que no quiere que la toque el señorito, y el señorito que lo está intentando siempre.)
   ¡Cómo son de fuertes los senos de la domadora bajo la recia cazadora, bajo el fuerte pijama de agremanes como cadenas!
   La domadora resultará por eso mucho más heroica que el domador, porque da sus senos al peligro, porque da más pecho a la fiera.
   Los senos de la domadora son como crótalos, como senos con dos escudos que los defienden, apretados sus poros, dispuesto el pezón como un estilete. Parece la domadora la cazadora de osos con el cuchillo en el pecho.
   ¡Qué mansa y qué femenina resultará después para su marido la valiente domadora! ¡Qué gran contraste en el hogar con cuadros románticos, frente al tocador vestido de rosa como un bebé!

LUNARIO DE GREGUERÍAS, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Lunario de greguerías, Pre-Textos, Valencia, 142 páginas.

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Como Mario Hernández señala con acierto en su prólogo, a través de esta selección temática "el lector persiste más fácilmente en el asombro, como ante un único poema ante la luna", que con su "luz inexacta" duerme "en el papel carbón del tiempo y de la poesía". Las ilustraciones de Agustín Hernández, Rafael Pérez Estrada, Carmen Ramírez y José Miguel Ullán giran alrededor de las greguerías sobre el satélite subrayando la sensación de "caleidoscopio infinito" que desprende el volumen, en el que la "Oda a Ramón Gómez de la Serna" de Pablo Neruda luce en las coordenadas del epílogo. 

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Luna nueva: cambio de sábanas en el paisaje.
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La luna: actriz japonesa en un monólogo de silencio.
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La luna está llena de objetos perdidos.
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La media luna mete la noche entre paréntesis.
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En la luna no hay viento: sólo tormentas de pasiones antiguas.
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La luna por el lado nuestro ve, pero por el otro sueña.
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Quieren ir a la luna para grabar su nombre y el de su novia en sus bancos de piedra.
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La luna está llena de catedrales heladas.
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La luna es un Banco de metáforas arruinado.
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Damos la vuelta a la almohada como si así variásemos la luna de nuestro sueño.


Ilustración: José Miguel Ullán

GREGUERÍAS, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Greguerías, Cegal, Madrid, 1988, 116 páginas.

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Ricardo Senabre en Ramón y la greguería (pp. 7-10) desmonta,  atinadamente, la definición  insuficiente, acuñada por el propio autor: "humorismo + metáfora = greguería". Para superar un lenguaje anquilosado, Ramón acude a "la experimentación tenaz con las palabras, la búsqueda constante de nuevas relaciones y significados, la utilización del instrumento verbal como objeto".
Para esta edición no venal del año 1988, selecciona en bloques temáticos las greguerías.

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La muerte es la abrepuertas fatal. Tiene ganzúa para todas.
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El epitafio es la última tarjeta de visita que se hace el hombre.
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El más pequeño ferrocarril es la oruga.
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La lechuga es toda enaguas.
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El encanto de la mujer tirada en la arena es que parece la estatua a medio desenterrar.
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Sólo la mujer da cuerda a los corazones.
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LA B es el ama de cría del alfabeto.
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Hay un momento en que al bandoneón parece que se le cae una pila de libros que no ha podido abarcar con las dos manos.

DISPARATES Y OTROS CAPRICHOS, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Disparates y otros caprichos, Menoscuarto, Palencia, 2005, 264 páginas. Edición de Luis López Molina.

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La Introducción (pp. 7-36), donde se encuadra al escritor al lado de otros precursores del microrrelato como Juan Ramón Jiménez y Max Aub, estudia algunos de los temas más recurrentes de su obra, como el erotismo, la fantasía, la muerte o el humor. Además, se justifica la selección de los 200 textos que integran la antología atendiendo "ante todo, aunque no solamente, a la brevedad y a la narratividad".

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EL GAS DEL DIABLO

Lucifer, en esta hora de los negocios, ha pensado hacer la competencia a las fábricas de gas.
Él puede dar el metro cúbico a céntimo chico. La competencia con las fábricas va a ser ruinosa, además de que el gas infernal tendrá un poder calorífero mucho mayor y las cazuelas de aluminio se calentarán en menos tiempo que en las cocinas de gas municipal.
Algo compremeterá a las almas el gastar gas del infierno, aunque quizá por eso ha envuelto su propaganda en el socorrido antifaz de las compañías anónimas.

TRAMPANTOJOS, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Trampantojos, Clan Editorial, Madrid, 2002 (1947), 207 páginas.
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Un tercio de este original libro, profusamente ilustrado por el autor, lo componen Greguerías ilustradas (pp. 157-206). Los editores incluyen también la Nota biográfica a la primera edición de R.G.S. (pp. 207-208) y la Advertencia preliminar del autor a la primera edición (página 8).

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LA ÚLTIMA MOSCA
        
Estoy convencido de que hay lo menos mil millones de últimas moscas, sin contar las muchas que son penúltimas y antepenúltimas.
Las últimas moscas se ríen del tópico de la última mosca.
Lo vienen leyendo en los periódicos hace muchos años; pero como creen que eso las hace compadecidas y perdonadas, no se han ocupado de rectificar nunca el motivo de las crónicas anuales cuando ya llega la época del frío.
Las ultimas moscas se permiten todos los atrevimientos de las que saben la inagotable condescendencia que se suele tener con una última mosca.
—¡Si somos la última mosca! rezongan lagrimeantes al Ver que ya hemos fabricado el arma de papel con que matarlas.
Numerosos escritores, en distintas mesas, bajo distintas lámparas, con plumas de marca diferente y en muy separados pueblos, escriben en esa noche friolenta en que, como siempre, se hace raro ver una mosca más, un título común a sus crónicas, a sus sonetos, a sus dramas: La última mosca.
Después la observan, sin comprender la ironía con que se esta quieta y se deja mirar.

Esa última mosca
que en el hogar pernocta,
deja de ser la tosca
y se convierte en docta.
        
Comienza a escribir el poeta chirle que se deja inspirar por lo que es más chabacano entre las cosas inspiratrices.
Los hombres prosaicos la buscan más las vueltas, y pintan su miedo a morir, su viaje al fogón, siempre con algún rescoldo, y su amor por las perchas en que buscan los pliegues de las bufandas.
«Siempre hay un cuadro escribe el prosista número dos mil de los que concursan en la misma divagación acerca de la última mosca en que la mosca que quiere salvarse encuentra el paisaje primaveral que tiene por fondo, y allí se queda, poniendo su huevo en el lienzo, de cuyos árboles saldrán el año que viene moscas sin cuento como bandadas de pardales en la proporción.»
Entresacaré algunas ideas mosquiles tomadas del ejercicio escrito de todos los hombres livianos que escriben acerca de la última mosca.
«La última mosca ha leído todos los libros, y sabe la hora que es.»
«La última mosca ha agotado todo el repertorio de la cocina burguesa.»
«La última mosca pone ya los puntos sobre las íes.
«La última mosca es golosa como una mujer.»
«La última mosca llega a conocer los chorizos de cuelga, y las uvas de invierno, atracándose de jamón.»
«La última mosca sabe escuchar en las calvas el eco y el rumor de los pensamientos.»
«La última mosca llega a saber dos y tres idiomas, y ya pone sus nuevos con h.»
«La última mosca ha catalogado toda la casa, con paciente labor muy meritoria, y se ha explicado ya lo que son los espejos. »
«La última mosca siempre se ahoga.»
Y después de escribir esos pensamientos los sagaces escritores «mosquinómanos» se hacen los distraídos cuando ven revolotear numerosas moscas más a su alrededor, y consideran que se trata del plagio telepático cuando contemplan en la columna de la «crónica» en diferentes diarios las huellas inconfundibles, sui generis, dactilográficas y auténticas de otras últimas moscas, tan últimas moscas como las suyas.

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Hay unas calvas que parecen papel de música, pues sus cuatro pelos pentagramizan la pelada y sólo esperan que el maestro escriba las notas.
El gaitero es un músico que lleva la tráquea y los pulmones fuera y los va tocando al exterior y los llena de aire y de música.
He inventado el sofá eléctrico para facilitar la ejecución de los criminales, sobre todo cuando los autores, coautores y cómplices del asesinato han sido varios.

SENOS, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Senos, Albino y Asociados, Buenos Aires, 1979, 89 páginas.

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Federico Martino en la Aproximación (pp. 7-8) glosa la capacidad de observación de Ramón. El volumen, el tercero de una serie de cuatro, contiene diez xilografías de José M. Moraña, que se insertan entre los 53 microrrelatos.
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LOS SENOS DE EVA

Por pensar en todos los senos hemos pensado en los de Eva, caudalosos, fuertes, de piel dura, rojiza y áspera; senos de ama de cría montañesa, de leche pura, salutífera y prodigiosa, la leche en su primera fuente, la fuente que no se ha agotado después. Adán no se dio verdadera cuenta de ellos, porque estaba asombrado ante otras sorpresas. Fueron los únicos senos que hicieron un perfecto ángulo recto en relación con el plano del pecho, un ángulo recto que inmediatamente después fue perdiendo grados y decayendo. Los senos de Eva fueron los que conservaron la estructura que les imprimió el molde de metal, el flanero que utilizó el Creador para su formación y que después colgó en su cocina.

SEIS BARBAS DE BESUGO Y OTROS CAPRICHOS, Ramón Gómez de la Serna & Alfredo

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA & ALFREDO, Seis barbas de besugo y otros caprichos, Media Vaca, Valencia, 2007, 132 páginas.

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En "Regalos para un tiempo de malestar" (pp. 123-127), Ignacio Carrión traza el vínculo entre el dibujante Alfredo y RGDLS. El libro lo componen 50 caprichos: "Relatos breves o greguerías largas". La selección de textos corresponde a Vicente Ferrer.

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LA TÍA DEL NIÑO

Estaba tan floripondiado el jardín que la solterita Araceli, que había salido a pasear a su sobrino de cuatro meses, sintió una tentación rimborondante.
Sentada en el banco verde de las ideas seductoras, pensaba hacer con su mano ese giro de planetas que es sacar un seno y dárselo al mamoncillo.
El sideralismo oculto de los días obraba por persuasión con sus fuerzas de más a aquella hora.
La virginal muchacha contenía el gesto de pelotari venusina, pero la apremiaban los deseos del jardín y el haber concebido la idea.
¿Si? ¿No? A la una, a las dos, a las tres...
Y desabrochando su corpiño tuvo la tremulante alegría de poner su seno al descubierto en pleno jardín público, conseguida una preeminencia que sólo pueden tener las estatuas y las madres.
El niño jugó con la pura morbidez y un ejército de soldados de jardín comenzó a pasar por delante de la maravillosa falsificación del único gesto de impudicia permitido.

SENOS, Ramón Gómez de la Serna

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA, Senos, Editorial AHR, Barcelona, 1972 (1917), 352 páginas.
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Antes de los relatos de este libro "hecho al desgaire", un "Antecesorio" (pp. 5-20) y dos prólogos de Ramón (pp. 21-34). Intercaladas, las reproducciones de los cuadros de Leonor Fini. Las páginas 253-343 las ocupan "Variedades y observaciones", "Expiación epilogal", "Post Scriptum", "Epílogo" y "(Razonada respuesta a Ramón Gómez de la Serna por lo que dice y deja de decir sobre "Los senos"). Aquí se puede leer una acusación lapidaria: "El Eterno Femenino (que Goethe, Milosz y la ligereza de Laforgue han presentido) se escapa a vuestros sentidos de hombre destetado".
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LA TEMEROSA

Tenía los senos más bellos del mundo. Había ido a un tasador a que se los tasase y el tasador le había dicho que valían veinte millones. Las mujeres, que son las más entendidas se recreaban con sus senos, y la célebre baronesa —por algo era baronesa en vez de «feminesa»— los había querido para ella.
Ella con gran miedo de que se los robasen los guardaba en un cofre-fort y a veces los llegó a guardar en las cajas subterráneas del Banco.
Sólo en las grandes solemnidades, en las grandes fiestas del gran mundo, rescataba sus senos y se los ponía.
—Irá la de Rosalda —se decían en voz baja los invitados— y llevará sus dos senos, únicos en el mundo...
El salón que elegía para ir se llenaba de gente, desde muy temprano, pues se podía dar una fortuna sólo por verla subir las escalinatas, todos los invitados en la plataforma de museo del alto y ancho balcón del descansillo que daba a las escaleras de mármol.

100 GREGUERÍAS ILUSTRADAS, Ramón Gómez de la Serna & César Fernández Arias

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA & CÉSAR FERNÁNDEZ ARIAS, 100 Greguerías ilustradasMedia Vaca, Valencia, 1999, 112 páginas.

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Tras el trabajo del ilustrador, un texto a modo de epílogo (páginas 106-110) en el que Juan Manuel Bonet describe el parentesco estético de ambos artistas. 
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NUEVAS GREGUERÍAS, Ramón Gómez de la Serna & Chema Madoz

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA & CHEMA MADOZ, Nuevas greguerías, La fábrica editorial, Madrid, 2009, 150 páginas.
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Laurie-Ann Laget firma un prólogo (pp. 9-18) en el que subraya la sintonía de dos artistas cuyas miradas son capaces de "hacer evidente lo insólito".
Contiene quince foto-greguerías de Chema Madoz.

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Lo único humano que tienen las frutas es el ombligo.
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T.V.: pecera de los seres humanos.
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El lazo del beso enseguida se desata.