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EL DOMADOR, Rafael Pérez Estrada

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RAFAEL PÉREZ ESTRADA, El domador, Paréntesis, Alcalá de Guadaíra, 2009, 172 páginas.

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   Quiso decir una palabra que fuera diferente, una palabra para expresar aquellos estados a los que ni siquiera el pensamiento llega. Una palabra como un instrumento musical único. Dúctil. Capaz de contener todos los registros de la emoción y la melancolía. Una voz útil para representar a los contrarios; así, agua y fuego podrían decirse con sólo pronunciarlas; y vuelo y caída, o lejos y cerca también se significarían en ella. Será -deseó- una expresión con tacto; y deseada, la hizo aún más amplia, con olas, lluvia y brisa: Entonces, tal si fuera a parirla, la mujer realizó un esfuerzo, abrió la boca, y suave y rítmica surgió la palabra que era un tallo muy frágil y decidido. Un tallo ascendiendo, ajeno a todo cuanto no fuera ascender; un eje acariciado por un sol extraño a este esfuerzo, a esta mística de engendrar la palabra. Sorprendida, la mujer la vió alzarse más allá incluso de los cipreses. La sintió indefensa, mecida por el viento, y sólo su alma se sosegó cuando los primeros pájaros vinieron a habitarla.

EL MUCHACHO AMARILLO, Rafael Pérez Estrada

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RAFAEL PÉREZ ESTRADA, El muchacho amarillo, Plaza & Janés, Barcelona, 2000, 192 páginas.

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LA BUHARDILLA

   A base de esfuerzo y ahorro habían conseguido un mar en la buhardilla. Sólo los domingos lo visitaban, el resto de los días debían contentarse con oírlo bramar. En ocasiones, una mancha extensa y salina de humedad en el techo del salón delataba la existencia de un secreto compartido por todos los de la casa.
   —Cuando consigamos nuevos ahorros —decían— compraremos gaviotas y peces voladores.
   Y es que trataban a aquel mar casero como si fuera un árbol de Navidad hambriento de sorpresas. Pero nunca pensaron en subirle la maqueta, deslucida, de un transatlántico varado durante décadas en el mostrador de la agencia de viajes de un antiguo huésped:
   —Con los barcos llegan los naufragios —advertían precavidos.
   Sufrían privaciones con tal de mantenerla y palpitante aquella ilusión, pero no se quejaban.
   —Un mar —decían— debe ser parte del destino de los hombres.
   De vez en cuando abrían la puerta de la buhardilla, y lo miraban y también lo olían, cuidando siempre de que las olas no acabaran escaleras abajo. Pero sobre todas las cosas lo soñaban, y cada amanecer se intercambiaban sus sueños nunca repetidos.
   Y sí alguno sufría de insomnio, se dedicaba a hojear catálogos de aves marinas, pensando cuáles de ellas irían mejor en los amaneceres de aquel mar cautivo. El albatros, quedaba eliminado a la primera: Excesivo —aseguraban—para un mar tan pequeño. Y volvían a remirar en los catálogos por si encontraban una especie de colibrí marino.
   Sólo uno de ellos, proclive a las alarmas y a invocar infortunios, les prevenía:
   —Cuidado, mucho cuidado —susurraba— pues de estar tanto tiempo encerrado es fácil que acabe por convertirse en un mar pálido, un mar de escaso azul y mucha ojera.
   Entonces, subían todos, y, ante las aguas contenidas, derramaban unas cucharadas de tinta estilográfica. Y el mar azuleaba agradecido, salpicando con su espuma las paredes tapizadas de la vieja buhardilla.

COSMOLOGÍA ESENCIAL, Rafael Pérez Estrada

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RAFAEL PÉREZ ESTRADA, Cosmología esencial, DVD, Barcelona, 2000, 208 páginas.

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José Ángel Cilleruelo subraya en un extenso y documentado Prólogo (pp. 7-19) la singularidad de Pérez Estrada. Cosmología esencial en sus cuatro libros (Libro del cielo, Libro de los seres naturales, Libro de la ciudad y Libro del mar) es una buena carta de presentación del polimorfismo poliédrico del autor malagueño.
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OFERTA

   Como una novedad, como un producto de gran lujo, vendía su pobreza. Una pobreza de verdad, paupérrima, de 22 quilates. Y la gente acudía curiosa al lugar de la venta.
   Nunca —me dijo una señora experta en estos asuntos—he visto una pobreza tan rotunda, con tantas llagas y escondites, con tantas posibilidades de consuelo.
   ¡Una pobreza envidiable! —exclamó otro.

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AVE SÁLMICA

   Cuenta una leyenda hebraica que en la boca atronadora de los profetas se cría un pájaro cuyo plumaje es de oro y poder. Esta ave prodigiosa se alimenta de salmos y anatemas. Es un animal enteco que no gusta de emparejarse, una ave solitaria que irá adelgazando su existencia hasta convertirse en un junco vertical en una laguna, un atardecer cualquiera, laguna que el ave secará con su canto hasta dejarla en páramo de polvo y miedo. Con el dedo, una niña pide su cabeza.

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  El cuerpo adolescente es una cosa, el pensamiento joven un equilibrio inestable. Amar lo inmaduro, es suplicar la inmortalidad.

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Nace el pájaro de la llama
y, encendio,
se evade en la pavesa.
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Hay palabras que tratadas convencionalmente acaban por adquirir el brillo de esos cristales que son como luces abandonadas a la orilla del mar.




VALLE DE LOS GALANES / OBELISCOS, Rafael Pérez Estrada

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RAFAEL PÉREZ ESTRADA, Valle de los Galanes / Obeliscos, Huerga y Fierro, Madrid, 2006, 240 páginas.

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Esta cuidada edición, con prólogo de Antonio Soler, epílogo compuesto por los textos homenaje de Pablo García Baena, Alfonso Canales, Ángel Caffarena y José Infante, y dibujos de José Ignacio Díaz Pardo y el propio Pérez Estrada, ofrece conjuntamente dos libros de este autor en "una oportunidad única para presenciar la caída de todas las leyes, incluida la de la gravedad" (p. 13).

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Dudaron tanto tiempo, que al fin, a una sola mirada, enlazaron sus labios.
A la aurora la pareja seguía aún besándose.
Por la mañana así también seguían.
Por la tarde un silencio absoluto empezó a envolverlos.
A la noche habían muerto de asfixia.

LA PALABRA DESTINO, Rafael Pérez Estrada

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RAFAEL PÉREZ ESTRADA, La palabra destino, Hiperión, Madrid, 2001, 256 páginas. Edición de Juan Carlos Mestre y Miguel Ángel Muñoz Sanjuán.

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Antología de la amplia producción literaria del autor, en la que no resulta sencillo establecer los límites entre géneros como la poesía, el aforismo y el microrrelato. El Prólogo (pp. 7-17) ya permite un primer acercamiento a su obra: "Escribía Wallace Stevens que con nada congenia tanto la imaginación como con la retórica, y la retórica imaginativa de Rafael es propicia a su propósito: inaugurar cada mañana el mundo; ennoblecer hasta lo adorable la dignidad humana" (p. 11).

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CONFIDENCIAS Y MELANCOLÍA

Una tarde de densa melancolía, tomándome del brazo dijo confidente: Sólo tengo un deseo, levitar; si lo consigo, lo demás se me dará por añadidura. Y, aprovechando la ocasión que me brindaban sus confidencias, me atreví a estrecharla a preguntas: ¿Y para qué levitar? -le grité varias veces. Y ella, con lágrimas en los ojos y un denso olor a jacinto en el cuerpo, me contestó asustada: Para llover luego. Entonces supe que nuestro amor sería imposible, pues su ilusión verdadera era ser nube.

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Cree el ángel en su inocencia que hay hombres de la guarda.
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La muerte de un hombre es también el fracaso de un ángel.
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La sombra de la palabra es el eco.
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Toda muerte es violenta, incluso la «natural».
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Los muertos pobres mendigan tumbas.
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¿Qué hacen los espejos cuando nadie los mira?

CRÓNICA DE LA LLUVIA, Rafael Pérez Estrada

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RAFAEL PÉREZ ESTRADA, Crónica de la lluvia, Edhasa, Barcelona, 2003, 158 páginas.
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El editor José Ángel Cilleruelo señala en Una nota escueta sobre la brevedad en la obra literaria de Rafael Pérez Estrada (pp. 9-14) señala la "condición de escritor casi secreto" hasta la década de los 90. Pérez Estrada considera estas piezas "verdaderas greguerías... ínfimas veleidades poéticas, mínimos relatos, intenciones epigramáticas, sentencias, pensamientos surgidos de lo inesperado (muchas veces de las aristas provocadoras de la realidad) y extrañas máximas llenas de provisionalidades surrealistas". 
Concluye Cilleruelo: "Lo breve es también para Rafael Pérez Estrada un medio para superar los géneros tradicionales, aun las formas más elementales del género: el verso, la prosa y el diálogo".

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La sonrisa es enemiga del sueño. Junto al ángel de mármol de las alas truncadas un niño juega con el frío.
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La muerte, pececillo de plata del olvido.
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El espejo acaba por obligarnos a parecernos a nosotros mismos.
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La luna reflejándose en el estanque es el nenúfar de la noche.
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Dormir es un placer, la necesidad de dormir una humillación.
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Puntos suspensivos: también el vuelo de un pájaro es simetría.
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Incluso las nubes, ocultándonos la luz, nos acompañan.
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El beso, como una cremallera, depende del labio de enfrente.
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Él era muy guapo, y ella muy rica. Él se comió el capital de ella; y ella, la belleza de él, y con este ejemplo, el profesor Evans dio por terminada la conferencia sobre Justicia distributiva.
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Justificativo, me explicaba el moralista perverso: los terremotos aman a los pobres.
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El ahogado es un espantapeces.