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POEMAS EN PROSA. CONTRA EL SECRETO PROFESIONAL, César Vallejo

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CÉSAR VALLEJO, Poemas en prosa. Contra el secreto profesional, Editorial Laia, Barcelona, 1983, 268 páginas. 

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   Conozco a un hombre que dormía con sus brazos. Un día se los amputaron y quedó despierto para siempre.

DÍAS Y NOCHES DE AMOR Y DE GUERRA, Eduardo Galeano

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EDUARDO GALEANO, Días y noches de amor y de guerra, Laia, Barcelona, 1981 (1978), 206 páginas.

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SUEÑOS

   Los cuerpos, abrazados, van cambiando de posición mientras dormimos, mirando hacia aquí, mirando hacia allá, tu cabeza sobre mi pecho, el muslo mío sobre tu vientre, y al girar los cuerpos va girando la cama y giran el cuarto y el mundo. «No, no —me explicas, creyéndote despierta—. Ya no estamos ahí. Nos mudamos a otro país mientras dormíamos.»

RAJATABLA, Luis Britto García

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LUIS BRITTO GARCÍA, Rajatabla, Laia, Barcelona, 1987 (1970), 216 páginas.

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ELLA ÉL

   Él, que se acuesta con ella, él, que para atraerla fue poniendo de manifiesto tan diversos rasgos de carácter, su desilusión, entre otros, su manera de manejar a lo pase que Dios quiera, entre otros, su capacidad de contar verdades como si fueran embustes, entre otros. Él que cuenta en su haber los cien metros planos el gusto por las medias caras el paralelo y risible descuido por los zapatos el aprecio por autores de los que llaman menores el tiro con rifle la manía de no botar las camisas viejas el tabaco inglés la confesión de que cualquier pendejada lo conmueve la constancia —llámenla si quieren testarudez— irracional, la teoría de que hablar con las mujeres es perder el tiempo de que mejor las manos que además siempre deben estar doblando tapas de refrescos monedas quebrando astillas aplastando nueces para hacerla sentir a ella una cierta impresión de peligro de inminente tenaza.
   Ella, que tan repetidamente ha puesto de manifiesto su miedo por las ratas cierto sueño infantil de desamparo su aversión hacia las señoras gordas el gusto de que le hagan cosquillas en el tercer espacio intercostal derecho su indiferencia por la metafísica su interés en la hiperconductividad metálica su compulsión de romper jarrones su amor por los cuartos encerrados y sin muebles su aversión por las jaulas con pajaritos su convicción de que los caracoles arrastran el invisible carro del olvido su risa por las señoritas que se platinan su propensión a crear lenguajes cuyas palabras son ciertos guiños ciertas formas de relamerse los labios.
   Él, ese carajo a quien inventé atribuyéndole las cualidades todas que creí que podrían atraerla que en efecto la atrajeron y que en el fondo no tienen nada que ver conmigo que soy otra cosa, que como sabrán ustedes soy enteramente otra cosa.
   Ella, que tantos antedichos rasgos inventó para atraer, no a mí, sino al monigote falso que yo había creado, no a mí, sino a ese ser increíble que todas las noches la posee y que tiene tan poca existencia como el que ella ha creado.
   Ella él quién pudiera reventarle los ojos decirles a él cabrón a ella puta levantarles la tapa de los sesos, quien entonces yo y tú mirándonos con horror y con asco desde nuestra repentina verdad y nuestra extrañeza.

EL PESO DEL MUNDO, Peter Handke

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PETER HANDKE, El peso del mundo, Laia, Barcelona, 1984 (1981), 350 páginas.

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En (de una carta del traductor al editor) (pp. 5-7), Víctor Canicio advierte: "traducir una enrevesada frase hankiana de 17 líneas y media es como cañonear al aire". Subtitulado Un diario (noviembre 1975—marzo 1977), este volumen, compuesto mayoritariamente por apuntes que pueden ser considerados aforismos y microrrelatos, lo cierra Una conciencia sin velo alguno (pp.341-349): un breve ensayo sobre Handke firmado por Isabel García Manzano. 

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La huida: una mujer persigue a un hombre. La perseguidora se arranca la peluca y resulta ser un hombre; el fugitivo pierde el sombrero y resulta ser una mujer; y ambos se funden en un abrazo
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Desenvolver algo y, en vez del papel, arrojar el contenido a la basura
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Alguien que hace ruido incluso andando de puntillas
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La muchacha explicaba: "Seguí a un hombre en el metro y a cada estación me iba sintiendo más hermosa —cuando él me habló, yo ya erra inaccesible de tan guapa"
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Un vecino recibía frecuentes visitas de sus amigos que solían anunciarse tocando la bocina del coche que imitaba el mugido de una vaca. El día en que murió el hijo del vecino los amigos vinieron por la tarde a dar el pésame, anunciando su llegada como de costumbre con un mugido, esta vez más suave 
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"Esperé dos días a que alguien me dijera una palabra amable. Luego me fui al extranjero"
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El entrevistador le dijo al "solitario": "¡Hábleme de la soledad!" El entrevistado guardó silencio
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Me enfadé con ella porque no era ella
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Envejecer, sin el transcurso del tiempo

JUEGO CAUTIVO, Neus Aguado

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NEUS AGUADO, Juego cautivo, Laia, Barcelona, 1986, 83 páginas.

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En el Prólogo (pp. 9-11) Carme Riera alaba las "miniaturas deliciosas, en las que la concentración y la intensidad dominan".

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LA ORQUÍDEA

Nunca podrás regresar al pueblo sin acordarte de mí. Transcurrirán días de aparente tranquilidad, mas de repente haré mi aparición. Entraré arteramente por la puerta de la cocina o subiré a la era, cerca del pozo, el cual volverá a reflejar nuestras imágenes. Tendremos el aspecto moho y hoja que se les atribuye a ciertos vampiros. Esta vez no descubriremos el futuro. Esta vez, te obligaré a beber el agua sucia del pozo. Después arrastraré tu cadáver escaleras arriba y abriré las ventanas del cuartito que dan al camino de las yeguas. Te colocaré, sin un gemido, encima del catre.
Tan sólo una orquídea, colocada con anterioridad en una caja de plástico, custodiará tu corrupción.