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EL HOMBRE ALEGRÍA, Christian Bobin

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CHRISTIAN BOBIN, El hombre alegría, La Cama Sol, Madrid, 2018, 80 páginas.
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La obra del pintor y grabador José María Sicilia acompaña a la traducción que Victoria Gómez Casado realiza de un nuevo "pedazo de cielo azul. Eso es lo que nos ofrece Christian Bobin en este libro. Incluso nos abre el cielo entero".
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Escribir es dibujar una puerta en un infranqueable, y luego abrirla.
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Sueño con un librito duro como el cráneo rajado de un niño preso pero cuya fontanela todavía estuviera abierta.
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La dulzura de aquel poema era tan grande que cuando acabé de leerlo mi cuerpo ya no existía.
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Al ver un milagro la mayoría cierra los ojos.
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Las flores de cerezo condenadas a muerte se ríen a carcajadas.
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El silencio, ese regalo de los ángeles que ya no queremos, que ya no intentamos abrir.
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Los muertos son gente rara. Sus párpados son pesados como piedras de monasterio. Se diría que están cautivos en una lectura indescifrable para nosotros.
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Agarré la mano del diablo. Debajo de sus uñas negras he visto la luz.
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Escribiendo a mano cuento las ovejas que no tengo.

UN ASESINO BLANCO COMO LA NIEVE, Christian Bobin

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CHRISTIAN BOBIN, Un asesino blanco como la nieve, La Cama Sol, Madrid, 2017, 88 páginas.
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Muy probablemente, el lector acertará a reconocerse en el reflejo de estas palabras que al final del libro firma Victoria Gómez Casado, su traductora: «Sólo puede traducirse a Bobin del mismo modo que hay que leerlo: con el corazón, con el asombro del niño que descubre un color nuevo, que nombra por primera vez un recuerdo. Solamente así dejaremos que nos inunden esas imágenes que nos rodean, en las que vivimos. Nadie sabe contarlas como Christian Bobin.»
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La muerte no apaga la música, no apaga las rosas, no apaga los libros, no apaga nada.
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El recién nacido tiene ante sí un bosque incendiado que deberá cruzar descalzo.
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Siempre habrá una lluvia para tocar el clavicordio o un mirlo para componer una fuga.
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Al tiempo se le espanta como a una mosca. La ventana abierta de par en par da a lo eterno. Nunca ha habido más que un solo día.
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Me pregunto qué le falta a la vida cuando la belleza la cruza durante un instante. Tal vez nada.
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El petirrojo hallado muerto ante la puerta del garaje conserva bajo el plumón el calor de los días felices. Dios es un asesino blanco como la nieve.
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A veces veo cosas tan bellas que me alegra no poseerlas.
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Las nubes son maravillosas enfermeras.
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Leer es añadir al libro: descubrir, al inclinarnos sobre él, nuestro propio rostro en la fuente de papel blanco.
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Dios escribe mucho, sin duda por angustia.
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Saber que estamos vivos es saberlo todo.