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YOGASŪTRA, Patañjali

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PATAÑJALI, Yogasūtra. Los aforismos del Yoga, Kairós, Barcelona, 2016, 448 páginas.
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Òscar Pujol es el responsable de la traducción de estos aforismos, cada uno de ellos acompañado por un breve comentario "basado principalmente en los textos clásicos de la tradición sánscrita".
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La tendencia natural de la mente a detenerse en lo que le gusta hace que la elección de un objeto de meditación placentero facilite la concentración.
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La contemplación cognitiva asume formas distintas: la tosca, la sutil, la gozosa y la referente al yo.
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El sueño es un proceso mental que depende de la percepción de la ausencia.
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El conocimiento es la percepción, la inferencia y el testimonio verbal.
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Yoga es la detención de los procesos mentales.
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La práctica es el esfuerzo para la consecución de la estabilidad [mental].
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La memoria es la no tergiversación de un objeto percibido.

KALILA Y DIMNA, Ramsay Wood

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RAMSAY WOOD, Kalila y Dimna, Kairós, Barcelona, 1999, 288 páginas.

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Doris Lessing en la Introducción (pp. 9-20) a estas Fábulas selectas de Bidpai contadas por  Ramsay Wood recuerda que «no es posible rastrear las influencias» de este libro tan viajero, cuyo poder seminal es innegable: desde el folklore de la mayoría de los países europeos y orientales, a Esopo o La Fontaine. De la versión de Wood dice: «es contemporánea, viva, enérgica, llena de entusiasmo».
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LOS RATONES COMEDORES DE HIERRO

   Érase una vez un rico y joven comerciante que fue a hacer el negocio de su vida en un país lejano. No obstante, antes de marcharse, como precaución contra la pérdida de todo lo que poseía, depositó un par de toneladas de hierro en casa de un amigo, estimando, con razón según se vio después, que el precio del hierro nunca bajaría y que, pasara lo que pasara, siempre podría volver a casa y volver a empezar echando mano de sus ahorros.
   El negocio de su vida se fue al traste; regresó algunos años más tarde prácticamente arruinado. A fin de conseguir dinero líquido acudió a casa de su amigo y le pidió el hierro, pues deseaba venderlo. Su amigo, quien el año anterior se había visto atrapado estrechamente por una red de deudas, ya lo había vendido en beneficio propio.
   —¡Ah, por fin! —dijo—. Me tranquiliza mucho verte. He estado preocupado durante meses. Ha sucedido algo horrible y no sabía cómo ponerme en contacto contigo.
   —¿Qué pasa? —preguntó el comerciante, oliéndose el principio de algún fraude.
   —Verás —dijo su amigo—, ¿recuerdas que almacenamos todo tu hierro en esa habitación del fondo bajo llave? No tenía la menor idea de que el lugar estaba infestado de ratones: cientos de ellos, según parece. Siento mucho tener que decírtelo, pero tu hierro ha desaparecido por completo. ¡Lo han devorado esas miserables criaturas! ¡Se han comido tu hierro!
   Ahora bien, aquel joven comerciante no era tonto y no iba a acusarle de algo tan obvio. El trato con su amigo había sido sólo de palabra; no había recibos ni contratos, y deseaba evitar pleitos legales prolongados. «Aquí hay gato encerrado —pensó para sus adentros—. Dejemos que se desenmarañe un poco más, quizás podamos tomar un cabo y tirar de él hasta obtener la verdad.»
   —¿Comido por los ratones? —dijo en voz alta.—¡Oh, no!, ¡otra vez no! Ya me ha sucedido varias veces a lo largo de mi carrera. Sencillamente ya no hacen el hierro como antes: hoy en día es demasiado dulce y blando. El hombre que me lo sirvió seguramente tuvo la insensatez de untarlo con uno de esos aceites antioxidantes que a nuestros amiguitos peludos les resulta exquisito. Seguramente se lo tragaron como si fuera jarabe. En fin, de nada sirve el quejarse. Estoy vivo y tengo manos para trabajar. Hay que saber tomarse a bien estos pequeños percances. ¡Ja, ja!
   Tan contento estaba el amigo por aquella actitud despreocupada que inmediatamente le invitó a comer con la esperanza de que si le mostraba mucha hospitalidad el desafortunado incidente quedaría relegado al olvido. Anfitrión y huésped pasaron una tarde agradable, riendo y bebiendo juntos en una perfecta demostración de camaradería. Cuando llegó la hora de irse, el huésped salió afuera y consiguió secuestrar en secreto al único hijo y heredero del anfitrión. Condujo al muchacho a casa y lo encerró bajo llave en el sótano.
   Al día siguiente, cuando el comerciante andaba ocupandóse de sus asuntos en la ciudad, se encontró amigo que parecía loco de inquietud.
  —¡Dios mío! —exclamó—. ¿Qué te pasa?
  —Es mi hijo —gimió el otro hombre—. Está desaparecido desde anoche. Hemos buscado en todas partes, pero hasta ahora no tenemos ninguna pista.
  —Es curioso —señaló el comerciante—. Ahora que lo dices, recuerdo haber visto a un niño a lo lejos ayer por la noche cuando me marché de tu casa. Es rubio, ¿verdad? Si, sí, bien pudo haber sido él. Se lo llevaba un gavilán. Lo tenía agarrado por el pelo con las garras y se marchaba volando hacia el cielo.
   —¡Qué me estás diciendo, mentiroso? —protestó el otro hombre—. ¿Mi hijo secuestrado por un gavilán? ¡Eso es ridículo! Debería darte una buena p…
   —Querido amigo —interrumpió el comerciante—, tranquilízate, por favor, ¡y haz el favor de ser razonable! En una ciudad en la que los ratones pueden tragarse dos toneladas de hierro, ¿qué tiene de raro que un gavilán se lleve a un niño? ¡No me extrañaría nada ver a uno con un elefante a cuestas!
   Entonces el otro entendió que todo había terminado y que el comerciante no era el mentecato que él había supuesto. Agachó la cabeza y confesó.
   —No te enfades —dijo—, pero los ratones no se comieron tu hierro.
   —No te entristezcas —dijo el comerciante—, pero ningún gavilán ha secuestrado a tu hijo. Paga el valor del hierro y recupera a tu hijo.
   Convinieron en ello, pero los dos hombres no volvieron a dirigirse la palabra jamás.

LAS SUTILEZAS DEL INIMITABLE MULÁ NASRUDÍN, Idries Shah

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IDRIES SHAH, Las sutilezas del inimitable Mulá Nasrudín, Kairós, Barcelona, 2004, 120 páginas.
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LOS PROBLEMAS DE RETRASO

   El avión cuatrimotor estaba en un apuro y la voz del capitán se oyó por los altavoces:
   —Uno de los cuatro motores está defectuoso, pero no hay peligro. Significará que nos retrasaremos cinco minutos, volando con sólo tres motores.
   Algunos pasajeros estaban un poco alarmados, pero el Mulá, que se hallaba entre ellos, habló tranquilizadoramente:
   —Cinco minutos no son para tanto, amigos. Así que todos se calmaron.
   No obstante, poco después volvieron a oír la voz del capitán:
   —Otro motor está funcionando mal. Podemos arreglámoslas con dos motores, pero significará que llegaremos con media hora de retraso.
   Algunos pasajeros parecían incómodos, pero el Mulá volvió a dirigirse a ellos:
   —¿Qué es media hora, después de todo? ¡Es mejor que ir a lomos de burro!
   Los pasajeros aceptaron esta filosofía y volvieron a acomodarse en sus asientos.
   Apenas había transcurrido otra media hora, cuando oyeron de nuevo la voz del piloto:
   —Siento tener que informarles que se ha estropeado un tercer motor. Llegaremos a nuestro destino con una hora de retraso.
   Mulá Nasrudín dijo:
   —Esperemos, por lo menos, que el último motor no se estropee, ¡o nos pasaremos el día aquí arriba!

AWARE, Vicente Haya

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VICENTE HAYA, Aware. Iniciación al haiku japonés, Kairós, Barcelona, 2013, 312 páginas.

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A través de 88 pautas distribuidas en 5 bloques (Parte I: Condiciones elementales del haiku; Parte II: El tono y la temática del haiku; Parte III: El haiku como la expresión de lo sagrado; Parte IV: Secretos del haiku bien construido; Parte V: El haiku es un camino de extinción del "yo"), Vicente Haya buscar desgranar los secretos del haiku, desmontando los vicios que se han ido propagando en los escritores occidentales (Mario Benedetti u Octavio Paz aparecen en la cumbre de los ejemplos que convendría evitar) para finalmente terminar llegando a su haimi o esencia. Frente a la notoriedad de Issa Kobayashi fuera de Japón, el experto niponólogo no esconde su predilección por los modelos de Yosa Buson o el monje Santôka, incluso de aquellos que brotan de la inocencia de los niños: son suyas las auténticas aproximaciones a lo que debería ser un haiku, breve sucesión de palabras que dibujan una fotografía sensible de asombro ante el mundo. Así como el último consejo del libro lleva por epígrafe "El haiku nos invita a comenzar un viaje", al camino de las valiosas enseñanzas del maestro Haya le acaba llegando el momento de concluir, y lo hace con este delicado horizonte: "Así surge el haiku. Como una locura por no-decir con palabras, como un despropósito, como una paradoja llena de luz. Es con el haiku como comprendemos que hasta que no consigamos expresar audiblemente nuestro silencio, todo ha sido fracaso, todo ha sido insuficiente, todo un dolor inútil."

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起きざまに露ふるひけり草の鹿

Okizama ni tsuyu furuikeri kusa no shika

El ciervo en la hierba
al incorporarse
se sacudió el rocío

           Kôkoru

HAIKU-DÔ, Vicente Haya

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VICENTE HAYA, Haiku-dô, Kairós, Barcelona, 2008, 216 páginas.
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En el Prólogo: El origen de este libro (pp. 9-16), subtitulado El haiku como camino espiritual, Vicente Haya, editor, comentarista y traductor (en colaboración con Akiko Yamada), escribe: "Los maestros del haiku nos enseñan que el poeta debe eliminarse de su poesía para que los versos capten la esencia dinámica de la realidad". Cierra este libro subtitulado El haiku como camino espiritual, contiene propuestas didácticas. Las caligrafías son de Nagamatsu Kazue.
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水 に浮く柄杓の上の春の雪

Mizu ni uku hishaku no ue no haru no yuki


Sobre un cazo votivo 
que flota en el agua, 
la nieve de primavera