**********
EL NOTARIO DE LOS NUEVOS TIEMPOS
El notario de los nuevos tiempos buscaba una perla en las entrañas del cerdo y se encontró de pronto con su equivocación: confundir a las ostras con los puercos, pero no se dio por enterado y siguió adelante. Muchos de sus seguidores realmente llegaron a pensar que los equivocados eran los que defendían las perlas en el interior de las ostras. El error del notario se llevó a muchos cerdos por delante sin haber encontrado en su interior una sola perla, a pesar de todo sus seguidores siguen excavando en las entrañas del cerdo, posiblemente hasta que la comunidad porcina, harta de ser masacrada de forma tan gratuita, se organice y comience también a buscar perlas en el interior de los humanos.
**********
Nunca oraba en el interior de los templos, siempre lo hacía fuera, en el paisaje, junto a los árboles.
***
Todavía en el fondo de las viejas cocinas olvidadas se oye cantar a las chocolateras pequeños poemas de maíz.
***
Contrapunto en esta tarde gris, un petirrojo sobre el alero.
***
Suave, dulcemente vuela el canto de la tórtola
sobre los párpados de la fatiga,
fecundando nuestro sueño de levedad y olvido.
***
Humilde reflexión de vuelo: la sombra del pájaro dibujada en la tierra.
***
Memoria de hierba y desierto de olvido.
***
Toda la certeza que preciso en este instante es la de tu mano sobre mi pelo.
***
Toda percepción es nueva escritura del mundo.
***
Como conjuro ante lo que hiere, sostener en la mano una raíz, un esqueje, un poco de tierra.
**********
LÁMPARA SUIZA
Cada mañana el señor oscuro se ocupa de la disección del lenguaje sobre la gran mesa de madera de la cocina, bajo la potente luz de la lámpara suiza. Desnudo, peinado y perfumado, cubriendo gran parte de su níveo cuerpo con el acostumbrado delantal azul ultramar, embutidas sus manos en guantes de látex hasta la mitad de sus brazos, armado de cuchillos, cinta métrica y báscula, y teniendo muy cerca de su mano derecha la bandeja con el instrumental de disección: bisturí, pinzas, tijeras... da comienzo al diario ritual de la metamorfosis, abriendo en canal los párrafos y las frases, deshuesando, con extrema delicadeza, nombres, verbos y adjetivos, desangrando los profundos cauces de su sentido hasta dejar los significados vacíos y pálidos como paisaje de venas tras el paso de un vampiro. Viene luego el tiempo del limado, limpiado y abrillantado de cada fonema, con el mismo esmero y mesura con los que se maquilla a un muerto.
Las palabras, entonces, ya anodina masa inerme, linaje de la morgue, pueden ser troceadas al gusto, sus minúsculas partes se unen luego con otras desconocidas surgiendo así sonidos turbadores, extraños, que nadie entiende pero que engalanan a quien las pronuncia con una suerte de aureola de misterio y sabiduría.
**********
OTO DE AQUISGRÁN
Cuentan que el emperador Oto de Aquisgrán era tan sumamente perfeccionista, que, acometiéndole una vez un agudo ataque de melancolía profundísima, y decidiendo en medio de tristes delirios acabar con su vida, tuvo tan extremado cuidado en dejar bien acabados y atados los asuntos de la corte, que antes de pasar a mejor vida pasó años y años despachando con sus consejeros, firmando tratados y recibiendo en mil audiencias. Hasta el punto de que al fin todo en orden, el pobre empera- dor Oto, ya muy anciano y enfermo desde su lecho de muerte, no recordaba realmente el extraño motivo que le había tenido toda su vida sumido en aquel delirante y frenético ritmo de trabajo, no conocido jamás en ninguna corte imperial.
JULIA OTXOA,
Un león en la cocina,
Las Tres Sorores, Zaragoza, 1999, 172 páginas.
**********
OTO DE AQUISGRÁN
Cuentan que el emperador Oto de Aquisgrán era tan sumamente perfeccionista, que acometiéndole una vez un ataque agudo de melancolía profundísima, y decidiendo en medio de tristes delirios acabar con su vida, tuvo tan extremado cuidado en dejar bien acabados y atados los asuntos de la Corte, que antes de suicidarse, pasó años y años despachando con sus consejeros, firmando tratados, y recibiendo en mil audiencias. Hasta el punto de que al fin todo en orden, el pobre emperador Oto, ya muy anciano y enfermo desde su lecho de muerte, no recordaba realmente el extraño motivo que le había tenido toda su vida sumido en aquel delirante y frenético ritmo de trabajo, no conocido jamás en ninguna corte imperial.
JULIA OTXOA,
Kískili-Káskala, Vosa, Madrid, 1994, 72 páginas.
**********
39 microrrelatos suceden a un prólogo de Javier Tomeo (pp. 7-9) y una justificación del título de su autora (p. 11): Kískili-Káskala es el nombre de un camino que lleva a este "paisaje de perplejidades".
**********
INTRANSIGENCIA
Realmente aquel hombre se obstinaba en no querer entender. Mientras enfurecido me daba puntapiés en las costillas y riñones, me insultaba y me perseguía por toda la casa, incapaz de soportar la idea de esposo abandonado.
Yo no me defendía, sabía perfectamente que hubiera podido cortarle la yugular con la velocidad de un rayo. Pero en el fondo me daba lástima, ya que en cuanto se cansara y dejara de golpearme, yo también me iría dejándole totalmente solo.
Porque ningún perro de mi categoría, soportaría vivir con un dueño que no le permite contemplar escondido tras las cortinas del dormitorio, como su mujer se desnuda todos los días.