JUAN ROMAGNOLI,
Caracolas,
Macedonia, Morón, 2017, 118 páginas.
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PAÑUELO
Nos besamos largamente. Nos fuimos deshaciendo poco a poco. Te asustaste y solo me miraste, asombrada de que me fuera licuando frente a tus ojos hasta ser un pequeño charco de agua cristalina a tus pies. Te agachaste a tocarme, como si no te convencieras, y te llevaste los dedos a la boca, para beberme. Entonces, por un instante, fui tus lágrimas. Luego, te secaste con un pañuelo (recuerdo que era mío) y te marchaste, solitaria.
JUAN ROMAGNOLI,
#ElSueñodelaMariposa,
Macedonia, Morón, 2013, 190 páginas.
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Ya escribí el mensaje y lo encerré en una botella. Sólo me falta un mar.
JUAN ROMAGNOLI,
Narrar es humano,
Macedonia, Morón, 2015.
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Mi casa está encantada. De conocerte.
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Trocitos de frutilla y banana. Ralladuras de coco y chocolate. Todo regado con miel y servido entre tus muslos. Sin cuchara.
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Te regalo un tapado de mi piel —le dije. Y la abracé.
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Lo que queda claro es que Sócrates hablaba sin saber.
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En mi gramática, vos y yo siempre estamos juntos y aparte.
JUAN ROMAGNOLI,
Universos ínfimos,
Tres fronteras, Murcia, 2009, 192 páginas.
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INDICIOS
No es fácil perseguir centauros. Como ya nadie cree en ellos, se debe preguntar con sutileza, en forma indirecta:
—¿Ha visto usted pasar por aquí a una hermosa yegua negra con manchas blancas?
O bien:
—¿Ha visto usted pasar por aquí a una hermosa muchacha de cabellos dorados y rosados pechos al viento?
La respuesta nunca será un sí rotundo y, las más de las veces, será negativa.
Sin embargo, muy de tanto en tanto, cuando estamos a punto de abandonar la búsqueda y, desilusionados, emprender el retorno, el interlocutor ocasional de algún pueblito poco frecuentado se quedará en silencio frente a nosotros, con la mirada iluminada y distante, definitivamente enamorado y dichoso, con una gota de rocío a modo de beso en la mejilla e incapaz de pronunciar palabra alguna.
Entonces sabremos que vamos por el camino correcto.