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LONDON CALLING, Juan Pedro Aparicio

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JUAN PEDRO APARICIO, London Calling, Páginas de Espuma, Madrid, 2015, 184 páginas.

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Las ilustraciones de Fernando Vicente armonizan con esta colección de microrrelatos para componer una agradable canción británica.

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EL BESO

   —Ah, yo sé muy bien el apego de los ingleses hacia los animales —dijo el embajador—. Durante mi primer destino en Inglaterra, en la Oficina para Asuntos Culturales, hace ya de esto algunos años, todos los días solía sacar a mi perro a dar un paseo. Era una perrita labrador negra, no muy alta y con el típico rabo de visón, una mirada tierna y brillante y la trufa algo respingona. Iba con ella de Queens Gate a Kensington Gardens y daba un largo paseo entre los árboles. A la vuelta, al cruzar el semáforo en el cruce con Queens Gate, un hombre, que venía en la dirección opuesta me miró con insistencia, lo que como saben no es frecuente en Inglaterra. Me di cuenta además de que no era la primera vez que lo hacía, pues días atrás me había llamado la atención que, al abrirse el semáforo, se quedara quieto esperando a que yo cruzara. Como me lo encontraba a diario en el mismo sitio empecé a preocuparme y llegué a sospechar que se trataba de un terrorista o de un homosexual, o de, no sé, alguien que tuviera alguna fijación obsesiva conmigo. Lo comenté con algún compañero, y hubo quien me aconsejó que lo denunciara a Scotland Yard. Yo no hice nada y seguí saliendo con mi perrita. Un día el hombre, enjuto, de rostro sonrosado y pelo pajizo, me detuvo cuando llegué a su altura. Su mirada de cerca me pareció tan amigable y franca como la de mi perrita. Me la señaló con mucha timidez, casi con miedo y me preguntó: ¿Puedo besarla? Sorprendido, asentí aliviado. Él se inclinó y le dio un beso en la cabeza negra, un beso tan cargado de cariño que me emocionó.

EL ORIGEN DEL MONO, Juan Pedro Aparicio

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JUAN APARICIO FERNÁNDEZ, El origen del mono, Akal, Madrid, 1975, 166 páginas.

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EL PRESENTIMIENTO

   La familia rodeaba al moribundo.
   El moribundo habló con lentitud:
   —Siempre creí que yo no viviría mucho.
   Los niños clavaban en él sus conmovidos ojos.
   El moribundo continuó tras un suspiro:
   —Siempre tuve el presentimiento de que me iba a morir muy pronto.
   El reloj del comedor tocó la media y el moribundo tragó saliva.
   —Luego, a medida que he ido viviendo, llegué a creer que mi presentimiento era falso.
   El moribundo concluyó juntando las manos:
   —Ahora, ya veis: con ochenta y seis años bien cumplidos comprendo que ese presentimiento ha sido la mayor verdad de mi vida.

PALABRAS EN LA NIEVE [UN FILANDÓN], Juan Pedro Aparicio, Luis Mateo Díez & José Maria Merino

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JUAN PEDRO APARICIO, LUIS MATEO DÍEZ & JOSÉ MARÍA MERINO, Palabras en la nieve [Un filandón], Rey Lear, Madrid, 2007, 128 páginas.
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Sabino Ordás en el Prólogo (pp. 13-18) presenta, atinadamente, el "filandón" (de filum: "reuniones nocturnas en que las mujeres hilaban, mientras los asistentes contaban historias") como un feliz antecedente de las veladas literarias.

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CARTA SIN RESPUESTA

Una amiga había comentado ante el espejo: “Nadie me llama guapa, así que yo me lo digo muchas veces a mí misma para animarme”. A Sofía, que nunca había recibido una carta de amor, se le ocurrió enviarse una, escrita por ella misma, pero firmada por un inventado Roberto Sastre que vivía en Villalba. Para más verismo, tomó el tren de cercanías y echó la carta en un buzón de esa localidad. Y de esa manera recibió muchas cartas, casi una a la semana. Había que ver con qué ilusión abría el sobre y leía las dos o tres cuartillas manuscritas, con una letra recta, firme, que no se doblegaba a derecha ni a izquierda.
A veces, Roberto y ella tenían discusiones y hasta pequeños enfados, como pasa con todas las parejas de enamorados. Roberto se empeñaba en que fueran a Marbella una semana y ella le ponía excusas, por más que lo estuviera deseando. Le decía que no estaba segura de que compartir habitación durante siete días fuese una buena idea. Procuraba no obstante ser muy suave y persuasiva porque no quería perderle ni que se enfadara, pero Roberto tenía que comprender que llevaban muy poco tiempo de relaciones como para convivir así una semana.
En esas estaban cuando la última carta de Roberto no llegó. Esperó una semana, diez días, un mes, reclamó a Correos pero definitivamente la carta no llegó. Se sintió muy ofendida por el silencio. “¿Qué se habrá creído este?” –le llegó a decir a una amiga.
Y nunca más le volvió a escribir, que ella no se iba a rebajar.

JUAN PEDRO APARICIO

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LA MOSCA

Bajo la luz del flexo la mosca se quedó quieta.
Alargué con cuidado el dedo índice de la mano derecha.
Poco antes de aplastarla se oyó un grito, después el golpe del cuerpo que caía.
En seguida llamaron a la puerta de mi habitación.
—La he matado—dijo mi vecino.
—Yo también—musité para mí sin comprenderle.

LUIS MATEO DÍEZ

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AGUJERO NEGRO

El hombre pasea por la playa solitaria y encuentra, depositada en la orilla por las olas, una botella de cristal negro, con una señal muy extraña impresa en su tapón. Mientras lo desenrosca, el hombre piensa en sus lecturas de niño: el genio cautivo, los mensajes de náufragos. Abierta, la botella inicia una violentísima inhalación que aspira todo lo que la rodea, el hombre, la playa, las montañas, los pueblos, el mar, los veleros, las islas, el cielo, las nubes, el planeta, el sistema solar, la Vía Láctea, las galaxias. En pocos instantes, el universo entero ha quedado encerrado dentro de la botella. El movimiento ha sido tan brusco que se me ha caído la pluma de la mano y han quedado descolocados todos mis papeles. Recupero la pluma, ordeno los folios, empiezo a escribir otra vez la historia del hombre que pasea por la playa solitaria.

JOSÉ MARÍA MERINO

ASUNTOS DE AMOR, Juan Pedro Aparicio

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JUAN PEDRO APARICIO, Asuntos de amor, Everest, León, 2010, 176 páginas.

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Ensamblando algunos inéditos a una base de textos publicados con anterioridad se obtiene esta colección de narrativa breve del escritor en la que el amor se erige como constante temática. Un prólogo de Alfonso García (pp. 5-9) deja paso a 11 relatos y a los 29 microrrelatos (cuánticos en el universo verbal del autor) que, dispuestos por extensión decreciente, juegan a aproximarse hacia los confines de la brevedad.

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AMOR EXPRIMIDO

Mientras la acariciaba y le decía dulces palabras al oído, mi novia se iba licuando entre mis brazos como un zumo. Entonces, siguiendo el manual de instrucciones de un poeta, la bebí sorbo a sorbo toda entera. Luego me tomé un par de tabletas de Alka Seltzer, por si acaso.

LA MITAD DEL DIABLO, Juan Pedro Aparicio

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JUAN PEDRO APARICIO, La mitad del diablo, Páginas de Espuma, Madrid, 2006, 172 páginas.

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En "Razones del título y otras" (pp. 7-9), Aparicio defiende su ambicioso proyecto: la escritura de 666 microrrelatos (a los que el prefiere llamar literatura cuántica), secuenciados en dos entregas: ésta y su posterior El juego del diábolo.


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EL BIG BANG

Mirar a través del telescopio espacial Hubble es como viajar al pasado.
Hace unos días se pudo contemplar la explosión que dio origen al Universo. Era Dios que prendía una cerilla.

EL JUEGO DEL DIÁBOLO, Juan Pedro Aparicio

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JUAN PEDRO APARICIO, El juego del diábolo, Páginas de Espuma, Madrid, 2008, 165 páginas.


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Libro gemelo de La mitad del diablo, aquí están los otros 333 relatos para completar la simetría. "Aquel iba de más a menos [...] éste va de menos a más" (página 7.)


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DESAMOR A PRIMERA VISTA

La vi y lo comprendí enseguida. Pero ella lo sabía desde mucho antes. Una mujer así nunca sería para alguien como yo.