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LA CIENCIA DE LO INÚTIL, Juan Manuel Uría

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JUAN MANUEL URÍA, La ciencia de lo inútil, Trea, Gijón, 2018, 80 páginas.

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¿Un pensamiento definitivo? Dejarlo atrás y comenzar a pensar de nuevo.
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No entiendo nada. Y nace en mí una flor. Y no me lo explico.
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Escribir para saber qué es la poesía. Aproximarse lo más posible como una mano se acerca al fuego, como un niño que aprende a hablar.
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Y tu compañera durmiendo a tu lado, más poderosa que el dios de la conciencia, que el café de los mineros, mientras escribes.
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Escapa la poesía de la definición cerrada, del dictado. Escapa de mí.
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El poema coloca las cosas en su sitio: la sangre en su curso; el pensamiento en su pujanza; la salud en la verdad de un espíritu que cuaja en cada célula.
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La voluntad ata su pie derecho al pie izquierdo de la conciencia para caminar juntas alrededor de una hoguera como una realidad que hay que definir.
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La concentración de un matemático que calcula la existencia de dios, un todo abstracto; la divinidad como un sinsentido hermoso y subversivo.
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Palabras hilvanadas de oscuridad, preñadas de futuro y esperanza. He aquí todo en realidad, todo lo que hay que decir: la esperanza. La que el poeta lleva encerrada en una mano cuando llora, cuando sufre, cuando calla.
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Un origen que siempre nos esperará con manos de partera.

K’AMÉKUARHU, Juan Manuel Uría

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JUAN MANUEL URÍA, K’amékuarhu, Luces de Gálibo, Málaga, 2018, 80 páginas.

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Lloverá, sí,
sobre el árbol quemado.
Renacimiento.

DOS POR LA MAÑANA, Juan Manuel Uría

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JUAN MANUEL URÍA, Dos por la mañana, El Gallo de Oro, Bilbao, 2015, 104 páginas.

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La cubierta no engaña: estas páginas de certeras píldoras, acompañadas por las magnificas ilustraciones de Pablo Gallo, componen un viaje el lector disfrutará doblemente.
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Cuidado con los que tienen cabeza de chorlito y corazón de buitre.
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Hay quienes, como las polillas, sólo se arriman a la luz que más brilla.
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A los buenos carniceros les falta un dedo.
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El buen poema te guiñará un ojo, el buen aforismo te sacará la lengua.
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La verdad ya no se escribe en piedra sino en pósit.
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El exceso de sobriedad también deja resaca.
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El aforismo tiene mucho de zanahoria: lo bueno queda oculto, bajo tierra, y si comes muchas, mejora la vista.
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En verano, en medio de tanto turista con su cámara de fotos, uno se siente mono del zoo.