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AVENTURAS E INVENCIONES DEL PROFESOR SOUTO, José María Merino

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JOSÉ MARÍA MERINO, Aventuras e invenciones del profesor Souto, Páginas de Espuma, Madrid, 2017, 336 páginas.
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Esta antología reúne las ficciones que giran alrededor de Eduardo Souto, quien, en palabras de la responsable de la edición, Ángeles Encinar, es un "personaje quijotesco, forjado desde su origen en la dicotomía cordura-locura", que, "con el paso de los años, ha dejado de ser un un usurpador para convertirse, con nombre propio, en el alter ego de su creador".

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EL TEMA DEL CUENTO

   Al oír la sirena de la ambulancia, descubrió el argumento definitivo del cuento cuya idea lo tenía obsesionado: resultaba que el personaje era él mismo, y comprendió que ya conocía el final.

LA TRAMA OCULTA, José María Merino

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JOSÉ MARÍA MERINO, La trama oculta, Páginas de Espuma, Madrid, 2014, 288 páginas.

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La tercera sección del libro Silva mínima (pp. 261-285) contiene quince microrrelatos.
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CENIZAS

   Como se habían amado tanto, acordaron que, tras la muerte de los dos, incinerados sus cuerpos, sus cenizas se guardasen en la misma urna, y que así mezcladas fuesen esparcidas por su hija en diversos lugares donde habían sido felices.
   Ponerse de acuerdo los llevó mucho tiempo, pero al fin decidieron que serían esta cala, aquella playa, ese jardín, tal lugar de un monte, un pequeño valle montañés, aquel río de aguas transparentes, el prado ante aquella ermita, lugares muy distantes unos de otros, y algunos situados en espacios escarpados de difícil acceso.
   La hija y su marido, otro matrimonio feliz, comenzaron a cumplir los deseos de la pareja: visitaron la cala, la playa, el jardín, el monte..., depositando en cada lugar una porción de las cenizas. Mas las distancias y los accesos empezaron a hacer cada vez más penosa la obligación y surgieron disensiones entre ellos. En el sexto vertido ya estaban muy enfrentados. Tras el séptimo y último, se divorciaron.

LA REALIDAD QUEBRADIZA, José María Merino

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JOSÉ MARÍA MERINO, La realidad quebradiza, Páginas de Espuma, Madrid, 2012, 262 páginas.
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 Esta Antología de cuentos al cuidado de Juan Jacinto Muñoz Rengel, recoge Minicuentos (pp. 217-240). Una sección de Viaje al centro de la mente de José María Merino (pp. 9-23) se titula significativamente: Nanocirugía: viaje al mundo de lo micro. Cierra el tomo Una conversación con José María Merino (pp. 241-262).
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CRISIS DE PERCEPCIÓN
        
   Durante muchos años mi percepción de esas cosas ha sido la que tiene el común de mis compatriotas, y no sé cuál pudo ser la causa de que comenzase a manifestarse la anomalía, pero con ocasión de la entrega de aquel premio descubrí que el rey estaba desnudo, sin que nadie se inmutase, y continué viéndolo desnudo en todas las ceremonias que retransmitía la televisión. Aficionado como soy a la ópera y a los espectáculos teatrales, en aquellas mismas fechas empecé a percibir que a menudo el escenario permanecía vacío y que los actores, cuando salían a escena, no cantaban ni recitaban, lo que no impedía el entusiasmo de los espectadores ante la supuesta representación. Lo mismo me ocurrió con las películas y las novelas. En aquellas, mientras la gente encontraba escenas hilarantes, conmovedoras o llenas de intriga, yo sólo veía una continua imagen borrosa; en estas, los elogios de la crítica o la fama que algún premio les había deparado no conseguían que yo encontrase otra cosa que páginas en blanco o impresas con las mismas palabras, machaconamente repetidas. Consciente de la gravedad del caso, oculté durante mucho tiempo lo que me pasaba, hasta que llegué a sentirme tan desganado de mi comunidad que busqué la ayuda de los médicos. Me dijeron que mi dolencia era muy rara, una pérdida grave del sentido de la convención, me internaron, me dieron muchas medicinas, pero no me sentía mejorar. Al fin he resuelto intentar curarme por mi propia voluntad y, tras mentir convincentemente a los facultativos, he vuelto a mi casa y me esftterzo por ver al rey vestido, por encontrar en los escenarios y en las pantallas los estupendos espectáculos que dicen que suceden, y en esas novelas las admirables y bien contadas historias que celebran tantos lectores. Creo que si continúo intentándolo, conseguiré curarme del todo.

EL LIBRO DE LAS HORAS CONTADAS, José María Merino

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JOSÉ MARÍA MERINO, El libro de las horas contadas, Alfaguara, Madrid, 2011, 216 páginas.

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Merino engarza hábilmente sus microrrelatos en una trama novelesca: Pedro, un hombre a la espera de una complicada operación quirúrgica, explora en la escritura el territorio que olvide las equívocas fronteras entre la vida, el sueño, la realidad y la muerte.

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LA RABIA DE VULCANO

   Marte, que está en Madrid, iba a encontrarse con Venus en Oslo para vivir ambos un amoroso fin de semana. Vulcano se enteró y puso en marcha el volcán islandés Eyjafjalla, que hizo imposibles los vuelos en Europa. Venus y Marte no pudieron encontrarse, pero Venus conoció a un piloto finlandés muy simpático, y Marte descubrió que la chica del mostrador de Iberia era un encanto.
   Es muy difícil luchar contra las fuerzas de la naturaleza.

CUENTOS DEL LIBRO DE LA NOCHE, José María Merino

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JOSÉ MARÍA MERINO, Cuentos del libro de la noche, Alfaguara, Madrid, 2005, 176 páginas.
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Una cita de Chuan Tzú (En el libro de la noche / nuestras páginas están en blanco.) abre este volumen que contiene 85 relatos entreverados por ilustraciones, la mayoría de las cuales son obra del propio Merino.
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REENCUENTRO

   Se encontraron de nuevo en un almuerzo de homenaje al profesor querido, veinte años después de haber terminado la carrera. Él recordaba lo mucho que aquella mujer le había atraído durante los tiempos estudiantiles y ciertas miradas de ella que entonces parecían expresar idéntica actitud. Sin embargo, sus grupos de amigos eran diferentes, y hasta la política los separaba. Pero en el almuerzo, reunidos en la misma mesa, la vieja barrera se deshizo y ambos descubrieron que seguía encendido en ellos el antiguo sentimiento de mutua atracción. No necesitaban hablar. En los postres, cuando comenzaban los discursos, se marcharon juntos. Un hotelito cercano los acogió y durante toda la tarde sus cuerpos dialogaron con pasión, ya sin reservas ni disimulos. Al atardecer ella dijo que tenía que irse y él la acompañó hasta el tren que la devolvía a su ciudad, a su marido y a sus hijos, antes de regresar a su casa, con su propia familia.
   A partir de entonces los días parecieron carecer de consistencia, como si la realidad, y su vida, hubieran perdido densidad. Una tarde se acercó a la plaza en que se encontraba el pequeño hotel que había cobijado sus abrazos, y contempló la ventana de aquella habitación, donde relumbraba la luz interior. Estuvo allí mucho tiempo, hasta que despertó en él la sospecha de que su unión de aquella tarde no había terminado, que todavía los cuerpos de los dos permanecían allí dentro, enzarzados en su amorosa entrega, que sus besos no habían concluido, ni las caricias profundas en que ambos se embelesaban. Los dos seguían allí, pensó, y todo lo demás era sólo sombra, un exterior borroso y sin volumen, una escenografía apenas esbozada, y él mismo un fantasma superfluo, el jirón de un pensamiento vago.
   Sigue yendo allí cada atardecer, para contemplar aquella habitación donde se mantiene la realidad de un encuentro inacabable, la verdad de sus cuerpos abrazándose sin cesar. Esta convicción le ayuda a sobrellevar la rutina de los días que pasan.

DÍAS IMAGINARIOS, José María Merino

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JOSÉ MARÍA MERINO, Días imaginarios, Seix Barral, Barcelona, 2002, 256 páginas.

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ACECHOS CERCANOS

Las tazas tienen el asa a la izquierda, pero los tazos la tienen a la derecha. Los cucharos ofrecen una concavidad menor que las cucharas. Las púas de los tenedores son menos afiladas que las de las tenedoras. ¿Qué resultará cuando empiecen a reproducirse?
Eso que parece desvanecimientos del azogue, no son sino los ojuelos con los que los espejos nos miran. En el extremo de los brazos de los sillones permanecen disimuladas unas largas garras. Los colchones ocultan los estómagos y los intestinos de las camas. Por ahora se han alimentado de sueños.
Fue comprendiendo poco a poco que los objetos domésticos parecían inertes, pero que estaban al acecho. La noche de fin de año abandonó la casa con toda su investigación. Cuando lo encontraron en la habitación del hotel, el agua rebosante del baño casi había disuelto la tinta de los documentos. Enroscada con fuerza en el cuello, la goma de la ducha parecía una serpiente.

PALABRAS EN LA NIEVE [UN FILANDÓN], Juan Pedro Aparicio, Luis Mateo Díez & José Maria Merino

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JUAN PEDRO APARICIO, LUIS MATEO DÍEZ & JOSÉ MARÍA MERINO, Palabras en la nieve [Un filandón], Rey Lear, Madrid, 2007, 128 páginas.
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Sabino Ordás en el Prólogo (pp. 13-18) presenta, atinadamente, el "filandón" (de filum: "reuniones nocturnas en que las mujeres hilaban, mientras los asistentes contaban historias") como un feliz antecedente de las veladas literarias.

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CARTA SIN RESPUESTA

Una amiga había comentado ante el espejo: “Nadie me llama guapa, así que yo me lo digo muchas veces a mí misma para animarme”. A Sofía, que nunca había recibido una carta de amor, se le ocurrió enviarse una, escrita por ella misma, pero firmada por un inventado Roberto Sastre que vivía en Villalba. Para más verismo, tomó el tren de cercanías y echó la carta en un buzón de esa localidad. Y de esa manera recibió muchas cartas, casi una a la semana. Había que ver con qué ilusión abría el sobre y leía las dos o tres cuartillas manuscritas, con una letra recta, firme, que no se doblegaba a derecha ni a izquierda.
A veces, Roberto y ella tenían discusiones y hasta pequeños enfados, como pasa con todas las parejas de enamorados. Roberto se empeñaba en que fueran a Marbella una semana y ella le ponía excusas, por más que lo estuviera deseando. Le decía que no estaba segura de que compartir habitación durante siete días fuese una buena idea. Procuraba no obstante ser muy suave y persuasiva porque no quería perderle ni que se enfadara, pero Roberto tenía que comprender que llevaban muy poco tiempo de relaciones como para convivir así una semana.
En esas estaban cuando la última carta de Roberto no llegó. Esperó una semana, diez días, un mes, reclamó a Correos pero definitivamente la carta no llegó. Se sintió muy ofendida por el silencio. “¿Qué se habrá creído este?” –le llegó a decir a una amiga.
Y nunca más le volvió a escribir, que ella no se iba a rebajar.

JUAN PEDRO APARICIO

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LA MOSCA

Bajo la luz del flexo la mosca se quedó quieta.
Alargué con cuidado el dedo índice de la mano derecha.
Poco antes de aplastarla se oyó un grito, después el golpe del cuerpo que caía.
En seguida llamaron a la puerta de mi habitación.
—La he matado—dijo mi vecino.
—Yo también—musité para mí sin comprenderle.

LUIS MATEO DÍEZ

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AGUJERO NEGRO

El hombre pasea por la playa solitaria y encuentra, depositada en la orilla por las olas, una botella de cristal negro, con una señal muy extraña impresa en su tapón. Mientras lo desenrosca, el hombre piensa en sus lecturas de niño: el genio cautivo, los mensajes de náufragos. Abierta, la botella inicia una violentísima inhalación que aspira todo lo que la rodea, el hombre, la playa, las montañas, los pueblos, el mar, los veleros, las islas, el cielo, las nubes, el planeta, el sistema solar, la Vía Láctea, las galaxias. En pocos instantes, el universo entero ha quedado encerrado dentro de la botella. El movimiento ha sido tan brusco que se me ha caído la pluma de la mano y han quedado descolocados todos mis papeles. Recupero la pluma, ordeno los folios, empiezo a escribir otra vez la historia del hombre que pasea por la playa solitaria.

JOSÉ MARÍA MERINO