Mostrando entradas con la etiqueta JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA. Mostrar todas las entradas

EFÉMERA, José Manuel Benítez Ariza

0


JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA, Efémera, Takara, Jerez de la Frontera, 2016, 68 páginas.
**********
También las sociedades, como los individuos, optan a veces por el suicidio, y por los mismos motivos inexplicables o absurdos. Y hay poco que hacer. Blindar la propia privacidad, quizá, para evitar el contagio.
***
Frente a lo gregario espeso, la soledad transparente.
***
Signo de indiferencia por antonomasia: ver llover. Pero a ver quién acierta a hacerlo sin que se le moje por lo menos la mirada.
***
Conozco a algunos que, además de tener una intensa vida social, encuentran tiempo para escribir. No quiero pensar a qué se lo quitan.
***
A veces lo que más asusta de la soledad es lo confortable que resulta.
***
Hace siempre más frío en el recuerdo de los inviernos pasados.
***
Terminar siendo un raro de tercera o cuarta fila; y fiar tu fama póstuma a que la Diputación reedite los libros olvidados...
***
No es difícil saber de dónde sopla el viento: basta con mirar hacia dónde se inclinan las cabezas de los intelectuales.
***
Hablar de política, como hablar de dinero o sexo, presupone siempre una cierta mala educación.
***
El viento en el campo viene de más lejos.

PINTURA RÁPIDA, José Manuel Benítez Ariza

0


JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA, Pintura rápida, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2011, 128 páginas.

**********
Subtitulado [Entradas del blog COLUMNA DE HUMO], contiene una selección de lo publicado entre septiembre y diciembre de 2008.
**********

CARCOMA

   Este amigo mío dice que tiene tortícolis de mirar las nubes.

***

   La llegada del camión de la leña resulta siempre alentadora: significa que este invierno no pasaremos frío, y que esa leña alimentará muchas veladas tran­quilas frente al fuego. Pero, como todo lo que es pre­visión o anticipo, incluye un elemento turbador: ese montón de troncos junto a la puerta da una idea muy exacta del carácter informe del tiempo por venir. A estas alturas, no queremos ni pensar que no llegáse­mos a quemarlos todos. Pero también resulta inquie­tante la idea de que, a la vuelta de seis meses, esta montaña de troncos macizos será, como el tiempo que hemos tardado en consumirla, puro humo.

***

   Si esto, después de todo, ha de ser un diario íntimo, no tengo más remedio que consignar aquí el dato: este fin de semana, por primera vez en mi vida, he usado un taladro eléctrico, aparato que hasta ahora me había infundido un respeto rayano en el pavor. Y he de decir que no ha sucedido nada y que la tarea doméstica que me proponía resolver, la instalación (le unos radiadores, ha sido satisfactoriamente ejecu­tada. Tanto, que hasta me he animado, como remate, a colgar un cuadrito que llevaba meses apoyado en una cornisa. Y estoy deseando que surjan nuevas oportunidades de hacer agujeros en la pared: me he convertido en carcoma.
   Pero también hay que constatar la pérdida: ese miedo vencido, o esa coquetería definitivamente arrumbada, que antes era pretexto para llamar a parientes y amigos, ha desaparecido de mi imaginario sentimental. Conforme vamos superando nuestras dependencias nos vamos quedando más solos.