Mostrando entradas con la etiqueta JOSÉ LUIS GARROSA GUDE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JOSÉ LUIS GARROSA GUDE. Mostrar todas las entradas

LA SIRENA DE ALAMARES, José Luis Garrosa Gude

0


JOSÉ LUIS GARROSA GUDE, La sirena de Alamares, Calambur, Madrid, 2013, 260 páginas.

**********
En La sirena de Alamares y otros cuentos portugueses (pp. 235-254) José Luis Garrosa Gude, editor y traductor de estos sesenta y nueve relatos, segunda edición de cuentos populares portugueses, tras la recopilación de Carmen Bravo-Villasante, La gaita maravillosa y otros cuentos portugueses (Olañeta, 1994), recorre la historia de la recuperación de este acervo cultural gracias a folkloristas y filólogos como Adolfo Coelho, Teófilo Braga o Alda da Silva Soromenho.
**********

LA ESTATUA QUE COME

   Había en una iglesia una estatua de mármol que estaba con la boca abierta. Unos hombres comenzaron a hablar al lado de ella, y dijo uno:
   —Está desde hace un montón de años con la boca abierta, sin que nadie le dé de comer...
   —Pues si quiere comer, que se venga a mi casa.
   Pues resulta que el que dijo aquello era muy pobre. Por la noche, cuando llegó a casa, llamaron a su puerta, y era la estatua, que decía que estaba allí para cenar con él. El hombre se quedó un poco confuso y le respondió la verdad, que no tenía nada para cenar, porque era muy pobre:
   —Pues ve a pedir por el mundo adelante, hasta que tengas algo para darme de comer.
   Tras decir aquello, la estatua se marchó y el pobre hombre no pudo quedarse ya tranquilo y se marchó pedir por el mundo. Pasado mucho tiempo era rico, y vino de nuevo a su tierra, buscó su casa, y vio que había otras en su lugar, y todos le decían que ya no se acordaban de que se hubiesen hecho obras en aquel lugar. Fue a la iglesia y vio todavía allí la estatua a la que había invitado, y cuando se fue acercando a ella, le vio aún la boca abierta, y pensó para sí:
   —La invité hace tanto tiempo que ya no me conoce.
   Y cuando se aproximó más, oyó que decía la estatua:
   —Bien que te conozco, y ahora que eres rico es cuando te vas a venir a cenar conmigo.
   Y se le cayó encima, y lo mató.