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OBRA ESENCIAL, José Bergamín

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JOSÉ BERGAMÍN, Obra esencial, Turner, Madrid, 2005, 460 páginas.

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Nigel Dennis selecciona una antología de este «intelectual vencido, desterrado y ninguneado». Además de a sus ensayos, poemas o dramas, conviene prestar interés a sus aforismos.
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Una sola cosa importa para que puedan importar todas.
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Se puede vacilar antes de decidir, pero no una vez decidido.
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La belleza es la fermentación ideal de los elementos que la componen.
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La sensualidad sin amor es pecado; el amor sin sensualidad es peor que pecado.
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Existir es pensar; y pensar es comprometerse.
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El arte verdadero procura no llamar la atención, para que se fijen en él.
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Limitarse no es renunciar, es conseguir.
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Sé apasionado hasta la inteligencia.


EL DUENDE MAL PENSANTE, José Bergamín

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JOSÉ BERGAMÍN, El duende mal pensante, Cuadernos del Vigía, Granada, 2015, 192 páginas.

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La constancia de la veleta es cambiar.
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No es bueno ser bandera, pero ser abanderado es peor.
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La falta de apetito artístico no se sustituye con un masticador automático.
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La pintura, como la música o la poesía, que no dice nada, calla para que nos la figuremos profunda; o grita para que nos creamos que tiene voz divina: que tiene palabra.
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El cortocircuito Rimbaud fundió toda la literatura francesa.
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—Ahora lo que se lleva es la angustia —me decía un snob.
—Unos la llevan, en efecto —le contesté—: porque otros la traen.
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Para mentir con facilidad basta ser sincero.
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Si España es una, ¿dónde está la otra?
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¿Por qué no morir solo, como un perro, cuando sólo como un perro se ha vivido?
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Un fantasma en el espejo
y una sombra en la pared
me dicen que al fin y al cabo
somos lo mismo los tres.
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El escritor nunca sabe si su lector tiene que aprender a leer para leerle o tiene que leerle para aprender a leer. En cualquier caso, lo que el lector tiene que aprender es a leerse a sí mismo.

CARACTERES, José Bergamín

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JOSÉ BERGAMÍN, Caracteres, Turner, Madrid, 1978, 46 páginas.

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Bergamín define estos breves textos en prosa como "semblanzas epigramáticas" que, aun inspiradas en parte en las "caricaturas líricas" de Juan Ramón Jiménez, se diferencian por omitir los nombres de los personajes reales en los que se motivan. De este modo, el autor finaliza su pasaje introductorio afirmando que "si algún valor tienen todavía estas epigramáticas semblanzas figurativas [...] es el de no haber sido reales; su propio carácter se lo impide. Quisieron serlo vivamente por literarias o ficticias. Por sus trazas como por su trazo al escribirlas".

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EL INCANDESCENTE

   No sé por qué, debajo de la incipiente calva de su cabeza, creía yo que ardía una brasa incandescente.
   Todo él estaba ardiendo desde hacia mucho tiempo en un secreto incendio interior, consumiéndose poco a poco, muy lentamente, en una combustión de siglos.
   No me atrevía, casi, a aproximar a él mis dedos, para no quemarme. Y cuando salíamos al aire libre, temía que el viento le avivase, prendiéndole en una sola llama que le consumiría en un instante.
   Pero cuando en su recogido interior, al leve soplo de sus labios formulaba rítmicamente su pensamiento, yo sentía —¡oh Shelley!— animarse la pura brasa en ascua viva y me acercaba al calor y a la luz tenue y sagrada del sublime rescoldo.

LAS IDEAS LIEBRES, José Bergamín

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JOSÉ BERGAMÍN, Las ideas liebres, Destino, Barcelona, 1998, 127 páginas.

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Escribe Nigel Dennis en José Bergamín, aforista (pp. 9-24): "El presente libro, recopilación de una serie de aforismos y apuntes críticos olvidados y desconocidos de José Bergamín, tiene como propósito conmemorar el centenario del escritos, ofreciendo al "curioso lector" un "bello cofrecillo de sorpresas", de ideas liebres, en que se manifiesta lo más ágil y sugerente de su pensamiento"
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Al que se le mete una idea en la cabeza se vuelve loco. Las ideas no deben meterse en la cabeza, sino salir de ella. Salir corriendo, fugitivas. La cabeza no es una madriguera.
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Dijo la banderola al espanta-pájaros: yo tampoco sirvo para espantar a los pájaros.
Y el espanta-pájaros le contesto: pero yo siquiera les divierto.
Una bandera vieja puede parecer un espanta-pajaros nuevo.
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La novela nace del desengaño. La poesía, de la deseperación.
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Viajar como una maleta siempre me pareció perfecto. Lo malo es viajar como el que lleva su maleta o como aquél a quien su maleta le lleva.
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Las sombras de las nubes, pasajeras, no dejan más huella sobre la Tierra que las palabras en el pensamiento. Pero solamente ellas nos saben decir, silenciosamente sutiles y fugaces, las verdades eternas.
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Ganar tiempo, ¿no es siempre perder la vida?
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Cuando no hay nada que temer, es cuando hay que temerlo todo.
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La desesperación nos hospeda en el desengaño y nos aposenta en el desengaño.