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MINIMALIA, Jorge Dávila Vázquez

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JORGE DÁVILA VÁZQUEZ, Minimalia, El Conejo, Quito, 2005, 164 páginas.

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VALS DE LAS FLORES OPUS 3

   Pensabas que la vida era como un gran jardín. Ibas tomando todas las flores con las que tropezabas, arrancándolas alegremente y lanzando sus pétalos al aire. Caían como una lluvia sobre tu pelo negro ensortijado, sobre tu risa que, como en la canción, era un cantar.
   Hasta que encontraste espinas, de esas que hieren con saña, de esas que rasgan la piel, que la infectan y te emponzoñan todo, para siempre.
   Herido, contemplas el ritmo de las estaciones, el germinar y el morir de la naturaleza, sin ninguna emoción.
   Un día alguien te trae un ramo de rosas. Las miras despectivo. Luego cierras los ojos, con tedio.
   Pero en el fondo de tu ser oscurecido, una vaga melodía como que quisiera empezar su canto.
   —¡Bah —dices enfurruñado, inconsolable—, bah, bah! Y hasta en tu rechazo en voz alta de la música que se alza en lo más hondo de tu rencoroso corazón, empieza a haber algo como un ritmo secreto. Tal vez la vida...

ARTE DE LA BREVEDAD, Jorge Dávila Vázquez

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JORGE DÁVILA VÁZQUEZ, Arte de la brevedad, Libresa, Quito, 2001, 178 páginas.

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LOS HORÓSCOPOS CAMBIANTES
a Paco Febres Cordero

   —Yo era Libra —dijo uno—, pero ahora soy Sagitario. He pasado del equilibrio al riesgo, a la agresividad.
   —Yo, Leo, y ahora Acuario —contó otro—. Tenía un carácter fuerte, indomable, y ahora soy manso, fluyente, humilde y hasta sensible.
   —Fui Géminis —se rió una mujer—, tenía siempre dos posibilidades, dos amores, dos mundos, y ahora soy Virgo, ya pueden imaginarse lo reeatada que me he vuelto.
   Todos rieron. Alguien se volvió al recién llegado:
   —¿Y usted?
   —Yo soy Capricomio —confesó con una especie de vergüenza.
   —Era —dijeron al mismo tiempo dos voces—. Y hubo un corito de risas.
   —No —aseguró él, con ima cierta firmeza, en medio de su timidez—, soy, nací un dos de enero hace cuarenta años.
   —Era, volvió a reír alegremente todo el grupo.
   Y un poco más lejanamente, escuchaba como un eco: nació.
   —Ahora es un Tauro —afirmó con seguridad la mujer—, no ve que estamos a fines de abril y acaba de llegar, ¿no?
   Le miraron el desconcierto y volvieron a reírse, pero luego, con una especie de piedad, explicó uno:
   —Las cosas cambian con la muerte, por eso decíamos antes que fuimos un signo y ahora somos otro; yo, por ejemplo morí un treinta de junio, soy un muerto Cáncer y había nacido un primero de marzo, era un Piscis.
   —¡Un muerto Cáncer! —rió alegremente la mujer.
   Todos se unieron a ella, y el Tauro reciente, sin saber por qué, sintió que era ya parte del grupo de dueños de un nuevo signo zodiacal.