AFORISMOS, Valeriu Butulescu

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VALERIU BUTULESCU, Aforismos, Editorial Club Universitario, San Vicente del Raspeig, 2013, 144 páginas. Traducción de Catalina Iliescu Gheorghiu.

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Gloria. Olvido con efecto retardado.
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La pureza de la infancia. Todo río es límpido en sus comienzos.
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Deseo un ramo en el que las flores se abracen por su propia iniciativa.
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Heredamos el llanto. Solo el canto se aprende.
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Por una banal lluvia, tanto despliegue de relámpagos.
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Le arranqué al verdugo su capucha. Su rostro estaba cubierto de lágrimas.
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Me siento inútil como un ala de ángel en el cielo al vacío.
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La noche es solo la impotencia del ojo.
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La necedad no gobierna. Reina.
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Los únicos que celebran el paso del tiempo son los prestamistas.

PULGAS, Ricardo Sanz

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RICARDO SANZ, Pulgas: microrrelatos, Edición de autor, 206 páginas.

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DE NUESTRO CORRESPONSAL EN LAINOPIA

   El Gobierno en la sombra acaba de fenecer por falta de vitamina D. Los conspiranoicos andan desolados.

JUEGA O MUERE, Varios Autores

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VV. AA., Juega o muere. Los aforistas y lo lúdico, Libros al Albur, Sevilla, 2019, 52 páginas.
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Contra la usura anonadante del tiempo, el derroche del juego.
Manuel Neila
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El político juega en el tablero de las vidas ajenas.
Fernando Menéndez
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Jugando descubrimos cuánto nos puede emancipar la obediencia y cuán vastos llegan a hacerse los límites.
Francisco Ferrero
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En el juego de la vida las circunstancias son los dados, el talento es la jugada, el mundo es el tablero, el crimen es la trampa, la realidad son las reglas y el amor un comodín.
Jesús Cotta
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A las palabras les molesta sobremanera tener que contar con nosotros para hacer juegos de palabras.
Roberto Villar
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En la vida hay que saber jugar y conjugar.
Carmen Canet
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Del reino animal ninguno tan cervantista como el antílope.
Tirso Priscilo Vallecillos
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Los alumnos estudian los efectos del cambio climático hincando los CO2
Eduardo Cruz Arcillona
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Los jugadores de futbolín siempre siguen la más rígida de las tácticas.
Elías Moro
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Si la vida es un juego, la muerte es su premio de consolación.
Antonio Ferrer

NUESTRO PERSONAJE EN PRÁCTICAS, Mercedes Alfaya

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MERCEDES ALFAYA, Nuestro personaje en prácticas, Edición de autor, 2019, 68 páginas.

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MOVERSE EN AUTOMÁTICO

   Llevo algunos años que no siento la navidad; algo que me parece ficticio, un teatro, una farsa. 
   Por imposición, hay que celebrar unas fechas que ni siquiera concuerdan con la verdad (Jesús no nació el 24 de diciembre). Las familias se reúnen en torno a una mesa donde a veces muchos de sus miembros ni se aguantan. La movilidad, el gasto y el derroche se multiplican, los mercados se desbordan y la gente se lanza a comprar y consumir de una manera frenética. A mí no me importa lo que hagan o deshagan los demás, pero yo he decidido ser coherente conmigo misma: quiero decir que lo que pienso, lo que siento y lo que hago debe concordar para que mi cuerpo no se resienta ante el caos que desencadena la falta de equilibrio entre las partes. 
   Conozco personas que enferman por estas fechas debido a que no saben cómo manejar algunas situaciones que plantea el tener que reunir a la familia con la falta de espacio, dinero o motivación. Y si hablamos de los adornos navideños…, la tienda de abajo ya flanqueó la entrada con los arbolitos del año pasado cargados de bolas, guirnaldas y luces, todo colocado de forma automática, sin imaginación ni esmero. Si llegara un extraterrestre y preguntara para qué los arbolitos con adornos, imagino que la respuesta sería esta: Es navidad. Y ese "Es navidad" lo justificaría todo. Así nos volvemos más entrañables, emotivos, más gastosos, más glotones, más falsos, más ciegos, más hipócritas… Echamos de menos a los que ya no están con mucho más empeño que en otros momentos y, como es sabido, recurrimos a la rueda del consumismo con la intención de alimentar carencias y socorrer nostalgias. Porque, a ver, si de verdad te apetece reunir a la familia, traer de Santander a la tía Matilde (que no hay quien la aguante) y almorzar todos juntos una noche, repartir regalos, brindar, incluso tener presente a Jesús, a Buda o a tu ídolo de adoración predilecto, ¿necesitas esperar a que te digan cuándo hacerlo?..., ¿necesitas que los precios se disparen, las calles se iluminen, las tiendas modifiquen sus horarios, los mercados se colapsen y los rótulos parpadeen anunciando el “pistoletazo de salida”: ¡¡¡Es navidad!!! 
   Bueno, no sé si mi familia entenderá que yo no voy a continuar con esta farsa ni voy a celebrar las fiestas, con lo que habrá que trasladar el escenario a otra parte si ellos quieren seguir con esto. Lo que sí espero es que lo respeten, como yo respetaré a todo aquel que decida moverse en automático.

HISTORIAS DE CAMISETA, Esteban Dublín

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ESTEBAN DUBLÍN, Historias de camiseta. Antología de microrrelatos de fútbol, Micrópolis, Lima, 2018.

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LOS ASTROS SE ALINEAN

   Cuando llegó, los troncos de palo santo ardían en el patio. Vestido de blanco, con adornos multicolores, el yumbo es ahora el centro de la ceremonia. Los hinchas de los Puros Criollos le dicen al oído lo que quieren y el yumbo murmura oraciones, pidiendo por ellos.
   –¡Que no vengan! –dicen–. Y el avión que los trae no despega. Pero aquellos son hombres obstinados. Consiguen otro vuelo.
   –¡Que no lleguen! –piden–. Pero alguien procura un vehículo especial para el traslado desde el aeropuerto.
   –¡Que se queden en el camino! –imploran–. Y el colectivo revienta el radiador y se detiene. Pero ellos insisten y el motor arranca nuevamente.
   –¡Que no puedan jugar! –inquieren–. Y al llegar, no tienen camisetas ni botines que les quepan. Pero aquellos hombres son tenaces. Consiguen la indumentaria y entran al campo de juego.
   –¡Que pierdan! –suplican–. Y en ese mismo instante, San-Petri hace el milagro que revienta en miles de gargantas. 
   Cuando suena el último silbato, los hombres de Atlético Tucumán se relajan. Ríen y lloran y se abrazan. Recién notan que los botines son chicos y lastiman. Que las camisetas celestes y blancas son del Seleccionado Nacional y se emocionan. Que coincidieron con los pibes en el mismo lugar en el momento justo. Que los conjuros no surten efecto cuando el coraje los impulsa. Que las casualidades son la materia del destino. Que los astros se alinean si se queman las naves.

Julio Ricardo Estefan

DICCIONARIO COLACAÓTICO E INACABADO..., Herre

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HERRE, Diccionario colacaótico e inacabado..., Éride Ediciones, Madrid, 2010, 96 páginas.

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Ascopeta: Arma de caza que dispara cartuchos a la que le hace falta una enorme limpieza, es repugnante y maloliente.
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Calamor: Molusco cefalópodo siempre romántico y siempre enamorado, de cuerpo alargado, con una concha interna en forma de pluma de ave y diez tentáculos provistos de ventosas, dos de ellos más largos que el resto. Vive formando bancos que son objeto de una activa pesca.
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Estupidiez: Torpeza muy notable en comprender las cosas. Dicho o hecho enorme propio de un estúpido. Cosas de políticos.
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Malvino: Nombre muy poco adecuado para un bodeguero.
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Orgasmus: 1. Beca que consiguen algunos españoles para salir al extranjero e intentar hincharse a follar, y de paso estudiar algo. 2. de Rotterdam, filósofo contemporáneo de Lutero, el Protestón, que entre otras cosas, creó (Orgasmus, y no Lutero) la corriente denominada Órgasmismus, que no tuvo éxito debido a la fuerte censura tanto de Lutero como de la iglesia catolica.
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Sincerdo: Persona muy abierta y confiada, que se fía de todos, y cuenta que tiene una casita de campo donde cría animales y algunas frutas y verduras. Cuando vuelve a su casita de campo se da cuenta de que la pocilga está completamente vacía. Adiós jamones, chorizos, longanizas  y otras viandas.

KOMOREBI, Iñaki C. Nazabal

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IÑAKI C. NAZABAL, Komorebi, Edicions Tremendes, Girona, 2019.
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Ahora mismo, en algún lugar del mundo, amanece.
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Cuanto más corras, menos conocerás del camino.
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Los gatos aprendieron a ronronear, nosotros aún damos las gracias.
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El dolor de las raíces entristece las ramas.
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Como el relámpago antes del trueno, una luz breve y total. Ya llegará el romperse.
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Hay páginas que sólo se pueden pasar arrancándolas.
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Lunes, hora punta, los patos duermen.
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¿Y si ya hubiera llegado a donde quería?
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Siempre son dos los acariciados.

TRUENO ROBADO, Alexis Gómez Rosa

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ALEXIS GÓMEZ ROSA, Trueno robado. Haikus y otras japonerías, Editora Gente, Santo Domingo, 2013.

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Tallado el ojo
en su delirio, una
muerte percibe.

GRAFITIS PARA NEANDERTALES, Jorge Riechmann

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JORGE RIECHMANN, Grafitis para neandertales, Eolas, León, 2019, 304 páginas.
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Los héroes
para hacer sus heroicidades
necesitan tiempo

—y a nosotros se nos acabó
(un tiempo trágico)

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Poder caminar. Poder ver y oír. Poder degustar. Ñor, a menudo, da gracias —oración a ningún dios— por el disfrute de esas capacidades básicas.
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Respeta a tu interlocutor: no le digas por sistema lo que está deseando oír.
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Si lo único que nos queda es hacer literatura, sostenía Ñor, mejor no hacer literatura.
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Quizá lo más importante que puede enseñarnos la poesía: cómo tratar con lo extraño sin volvernos caníbales.

MANUAL DE CRUCIFICCIONES, Daniel Bernal Suárez

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DANIEL BERNAL SUÁREZ, Manual de crucificciones, Idea, Santa Cruz de Tenerife, 2019, 172 páginas.

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MIEDO A LA LUZ

   Mis zapatos tienen miedo a la luz. Cada vez que abro el armario y busco en los cajones inferiores, ellos se arremolinan contra las esquinas, persiguiendo los resquicios de oscuridad. Debo introducir el brazo hasta el fondo, y escucho entonces sus diminutos gritos y protestas. Cuando alcanzo a coger algún par y lo extraigo, sus cuerpecitos tiemblan. De poco valen mis palabras de consuelo. Los estertores continúan hasta pasadas unas horas. Terminan por agotarse y es en ese momento en que puedo caminar tranquilo, sin las constricciones y mordiscos continuos a mis pies. Ya no sé qué hacer con ellos. Tendré que llamar a un psicólogo.

CAÍDA LIBRE, Miguel Ángel Gómez

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MIGUEL ÁNGEL GÓMEZ, Caída libre, Libros al Albur, Sevilla, 2019, 48 páginas.

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001. Los recuerdos del náufrago hacen tanto ruido como un avión de transporte al despegar.
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007. Las caricias encienden las luces.
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010. Los aforismos memorables llueven desde todas las direcciones pero no es fácil levantar la cara como para captar las gotas.
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022. Mi interés por Dios es casi científico, como el de un detective.
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075. Cuando una mariposa vuela se traspapela el aire.
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106. Huye de aquel que lo único que sabe hacer es esperar sentado.
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119. Viajamos en las miradas. Es ciertamente extraño.
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130. No importa a dónde me lleves pero primeramente debes ver mi abismo.
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228. Guardar rencor es una hierba que puede crecer en cualquier parte.
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234. A veces la vida nos hace sonreír a pesar de las heridas en los labios.

SUEÑOS ENCAJONADOS, Daniel Álvarez

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DANIEL ÁLVAREZ, Sueños encajonados, Andalgalá, 2015.

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CUPIDO

   Cuando Cupido se enamoró de Psique se quedó ciego, sin perder su capacidad de filosofar, pero al separarse se encerró en su propia habitación y escribió: "...El destino solamente dará las respuestas, mientras el tiempo corre en su hilo universal, el presente es el inicio de la búsqueda del entendimiento para que el pasado sea vestigio de lo vivido..."
   Entonces cerró su mano y apuntó la flecha a su propio corazón porque entendió que amarse es la esencia de su presente.

TACONES DE CRISTAL, Ana Vega Burgos

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ANA VEGA BURGOS, Tacones de cristal. Relatos para volar sin alas, Círculo Rojo, Roquetas de Mar, 2016, 148 páginas.

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MONEDA DE CAMBIO


   (Imaginad a dos niños hablando debajo de las mantas):
   -No nos quiere.
   -Pero nos ha regalado los móviles.
   -Eso es para comprarnos, pero en realidad no nos quiere. Me lo ha dicho mamá.
   -¿Tú la crees?
   -Mamá no miente nunca.
   -Pues la abuela me ha dicho que mamá está loca y que si nos quisiera, nos dejaría vivir con papá, que tiene trabajo, en vez de tenernos comiendo en el colegio por caridad.
   -Entonces ¿tú crees que mamá tampoco nos quiere?
   -No lo sé… ¡Pero es que se pone tan furiosa hablando de papá…! ¿Te acuerdas de cuando quería rompernos los móviles? Me dio miedo. 
   -Pero no tenías que habérselo dicho a papá.
   -Yo no quería decírselo… Se me escapó. Y él me dijo: “para que veas que no os quiere, no quiere que disfrutéis de nada. Solo os utiliza para castigarme”.
   -Sí, pero el abuelo me dijo que papá, en vez de comprarnos cosas caras para jugar, debería darnos ese dinero para que comamos mejor.
   -¿Sabes qué te digo? Me parece que no nos quiere ninguno. Venga a preguntarnos cosas pero nunca escuchan lo que contestamos. 
   -Vamos a pedirles que nos compren un patinete con luces, y con el que nos lo compre primero, pasamos las vacaciones. 
   -¡Buena idea! Anda, arrópame, que tengo mucho frío. Cuando seamos mayores, viviremos siempre juntos y yo cuidaré de ti y tú cuidarás de mí, ¿quieres? 
   -Vale. Y nunca nos casaremos ni tendremos hijos.
   -¡Desde luego que no! Pobrecitos…

CONTAR ES ESCUCHAR, Ursula K. Le Guin

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URSULA K. LE GUIN, Contar es escuchar. Sobre la escritura, la lectura, la imaginación, Círculo de Tiza, Alcobendas, 2018, páginas. Traducción de Martín Schifino.
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SER TOMADA POR GRANITO

   A veces me toman por granito. A todos nos toman por granito alguna vez, pero no estoy de humor para ser justa con los demás. Estoy de humor para ser justa conmigo. Me toman por granito bastante a menudo, y me molesta y me aflige, porque no soy granito. No estoy segura de qué soy, pero granito sé que no. He conocido a algunas personas de granito, como todos: con un carácter de piedra, rectas, inamovibles, inmutables, con opiniones del tamaño y la forma de las Montañas Rocosas, cantera que hay que excavar durante cinco años para extraer una sola sonrisita pétrea. Eso está bien, es admirable, pero no tiene nada que ver conmigo. Lo recto está bien, pero yo soy más bien retorcida.
   No soy granito, y no debería tomárseme por tal. No soy sílex ni diamante ni ninguna de esas estupendas materias duras. Si soy piedra, soy una clase de piedra de pacotilla y quebradiza como la arenisca o la serpentina, o quizá el esquisto. O ni siquiera roca sino arcilla, o ni siquiera arcilla sino barro. Y ojalá los que me toman por granito me tratasen de vez en cuando como al barro.
   El barro es realmente muy distinto del granito, y debería tratarse de otro modo. El barro se queda en su sitio, húmedo y denso y pringoso y productivo. El barro está bajo los pies. La gente deja huellas en el barro. Como barro acepto los pies. Acepto el peso. Trato de dar apoyo, me gusta ser acomodaticia. Los que me toman por granito dicen que no es así, pero no han prestado atención a dónde ponían los pies. Por eso la casa está toda sucia y llena de pisadas.
   El granito no acepta las huellas. Las rechaza. El granito crea pináculos, y luego la gente se ata con cuerdas y pone clavos en sus zapatos y escala los pináculos con mucho esfuerzo, costes y riesgos, y quizá sienten una gran emoción, pero el granito no. No se produce nada en absoluto, y nada en absoluto cambia.
   Cosas enormes y pesadas vienen y se instalan sobre el granito y el granito simplemente se queda en su sitio sin reaccionar ni ceder ni adaptarse ni ser complaciente, y cuando las cosas enormes y pesadas se mandan mudar el granito sigue en su sitio igual que antes, exactamente igual, admirablemente. Para alterar el granito hay que hacerlo estallar.
   Pero cuando la gente camina por encima de mí se ve exactamente dónde han puesto los pies, y cuando vienen y se instalan encima de mí cedo y reacciono y respondo y dejo pasar y me adapto y acepto. No se precisan explosivos. Tengo mi propia naturaleza y le soy fiel tanto como el granito o incluso el diamante lo son a la suya, pero la mía no es dura, ni recta, ni parecida a una gema. No se fragmenta. Es muy impresionable. Es blandengue.
   Tal vez la gente que se ata con cuerdas y las cosas enormes y pesadas no se llevan bien con un suelo tan adapta-ble e incierto porque las hace sentirse inseguras. Tal vez tienen miedo de ser chupadas y tragadas. Pero a mí no me interesa chupar, y no tengo hambre. Solo soy barro. Cedo. Trato de acomodarme. Y así, cuando la gente y las cosas enormes y pesadas se marchan, no han cambiado, salvo porque tienen barro en los pies, pero yo sí he cambiado. Sigo aquí y sigo siendo barro, pero estoy llena de pisadas y huecos hondos y huellas y alteraciones. Me han cambiado. Tú me cambias. No me tomes por granito.

NI UN DÍA SIN UNA LÍNEA, Guillermo Rubio Martín

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GUILLERMO RUBIO MARTÍN, Ni un día sin una líneaNazarí, Granada, 2018, 168 páginas.

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DE GUERRA

   Sin más palabras que el por favor y las gracias (educación nunca le faltó), apretó el gatillo que, oh, desgracia, estaba conectado por una suerte de ingenio mecánico al cañón que se aposentaba contra mi sien. He de reconocer que no fue la peor de las muertes y de hecho la pondría bastante arriba en el ranking. Solo un ¡chas! y la oscuridad. Hay sicarios mucho peores, de verdad. Este hombre no se merecía ni la cara que puso cuando me levanté de nuevo y me saqué la bala como el que se saca agua de un oído. Son truquillos que se aprenden cuando te disparan tantas veces y tan seguido. Cosas de ser la Guerra.

ME DESPIDEN MIS OJOS, Pedro Crespo Refoyo

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PEDRO CRESPO REFOYO, Me despiden mis ojos. Colección de 101 haikus, Azur, El Ejido, 2018, 130 páginas.

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Nieves lejanas,
sábana blanca y fría

que cubre el monte.

MICROCOLAPSOS, Cecilia Eudave

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CECILIA EUDAVE, Microcolapsos, Eolas, León, 2019, 76 páginas.

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IMÁGENES DE UTILERÍA

   Somos un colectivo y me pidieron que yo hablara por todos. Nada más para expresarnos, para hacerles conscientes de nuestra existencia y tenerlos al tanto de la situación. Cada vez que se miran a un espejo, el que sea y donde esté —como si fueran Adonis o Afroditas—, se crea un doble suyo: uno más que viene a engrosar las líneas nuestras, es decir, nos reproducimos hasta el infinito. No solamente duplicamos hasta el cansancio sus imágenes, también sus cosas; miles de objetos con pequeñas variaciones caen acá de este lado. Es una locura. Lo peor es que mientras ustedes llevan una vida cuando no se miran al espejo, a nosotros no nos queda otra que lidiar con los múltiples yos: siempre en continua discordia gritándonos, odiándonos, exigiendo espacio o presumiendo la fortuna de ser una copia bien vestida y no andrajosa, sana y no enfermiza, lozana y no envejecida. Por cierto, hay una facción de nosotros a la que no le gusta andar desnudos o copulando todo el tiempo, solemos ser muy crueles con ellos; como también lo somos con las parcialidades suyas/nuestras: ojos, manos, labios, uñas, muelas, espinillas, cejas, o partes muy íntimas, reflejadas en retrovisores o espejitos de bolsillo, no sabemos ya dónde ponerlas. Y no, no nos divierte hacer collages de ustedes en nosotros poniéndonos bocas en lugar de ojos o dientes sobre la nariz o los pies en vez de manos y así... En realidad, lo único que nos motiva soportar esta situación es esperar su pronta muerte. Quizá porque como universos paralelos tenemos la esperanza de extinguirnos con sus decesos y no quedar atrapados, por los siglos de los siglos, en un armario de imágenes de utilería que alguna vez sirvieron para el narcisismo de alguien. 

CHINAS EN LOS ZAPATOS, Alfonso Montoro

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ALFONSO MONTORO, Chinas en los zapatos, Editorial Nazarí, Granada, 2018, 166 páginas.

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UNA CARTA

   Ha pasado un tiempo desde que decidí esconderla, desde lo del suicidio de papá. No tuve entonces el valor para abrirla, justo del que me armé hoy para poder hacerlo. Aún sigo estupefacta. Mamá no tardará mucho en regresar. He de salir tan pronto como pueda de esta casa.

101 CANCIONES PARA CORTARSE LAS VENAS, Manu Berástegui

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MANU BERÁSTEGUI, 101canciones para cortarse las venas, T&B, Madrid, 2012, 236 páginas.


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«Las canciones de desamor funcionan para el oyente entregado como un doble al que traspasamos el dolor de forma vicaria, como un paliativo del dolor por trasferencia» escribe Berástegui en este libro en el que se suceden coplas, boleros, corridos y rancheras, tangos, baladas italianas, chansons francesas, blues y torch songs y temas de pop y rock, analizadas desde la lupa de la ironía y el sarcasmo más divertido.
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UN MUNDO RARO [José Alfredo Jiménez]

Cuando te hablen de amor y de ilusiones
y te ofrezcan un sol y un cielo entero,
si te acuerdas de mí, no me menciones
porque vas a sentir amor del bueno

Y si quieren saber de tu pasado
es preciso decir una mentira
di que vienes de allá de un mundo raro
que no sabes llorar,
que no entiendes de amor
y que nunca has amado

Porque yo a donde voy
hablaré de tu amor
como un sueño dorado,
y olvidando el rencor
no diré que tu adiós
me volvió desgraciado

Y si quieren saber de mi pasado
es preciso decir otra mentira
Les diré que llegue de un mundo raro
que no sé del dolor
que triunfe en el amor
y que nunca he llorado.


PRINCIPIOS ACTIVOS

   Rencor a la chita callando. Para desearle tanto bien, hay que ver cómo le recuerda lo bien que le iba con él y la putada que le hizo dejándole. Se ve que el chico está revenía. Aun así, le jura y perjura que va a hablar bien de ella. Pero, como todos los rechazados, le asegura que es mejor que le olvide porque nunca va a encontrar otro amor como el suyo. Eso se llama soberbia.
   La creación de un mundo irreal garantiza una protección artificial contra el dolor de corazón. Como un posoperatorio entre algodones. Al contrario que en la copla, un género de cotillas irredentos con planteamiento, nudo y desenlace, en esta canción nos quedamos con las gañas de saber que les ha pasado. ¿Infidelidad? ¿Amor imposible? ¿Alcoholismo? ¿Impotencia? 

INDICACIONES

   Aficionados a los mundos virtuales. Mitómanos, mentirosos patológicos y fabuladores que disfrutan creando un mundo de fantasía e ilusión. Amantes intangibles.

CONTRAINDICACIONES

   Amantes sólidos con los pies en la Tierra.

CORRECTA ADMINISTRACIÓN 

   Una rica ensalada aliñada con éter al estilo de las que hizo populares La Bella Otero en el París de la Belle Epoque potencia los efectos para entrar en un estado de olvido catatónico de la realidad. Lo que ayuda mucho a crear tus mundos propios, sean raros o no.

INFORMACIÓN ADICIONAL

   José Alfredo Jiméne la compuso y la cantó con mariachi de lujo, trompetas con sordina, coros masculinos y pausas dramáticas. Muy genuina.
   Después la han cantado prácticamente todos los cantantes mexicanos y muchos cantantes españoles de varias generaciones, hasta nuestros días. Desde los más clásicos y los más modernos. Cómo no hacer un apartado especial para la versión de Chávela Vargas, que sus fans cargaron de mensajes subliminales e intenciones ocultas. En cualquier caso, todas sus interpretaciones son maravillosas, desde las más ligeras de sus primeros años hasta las más reposadas y ásperas de sus años de madurez. Probablemente mejores éstas últimas para los amantes de las canciones que contagian sentimientos. 
   Bellísima la de Joan Manuel Serrat en el disco Cansiones.
   Pasión Vega la adorna con florituras flamencoides. Concha Buika la grabó en compañía de Chucho Valdés. Cada una tiene su atractivo.

PÁGINAS INMORTALES, Michel de Montaigne

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MICHEL DE MONTAIGNE, Páginas escogidas, Tusquets, Barcelona, 1992, 184 páginas.

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En Montaigne (pp. 11-35), el prólogo a estas antología, escribe André Gide : «En cada época de la historia hay una imagen convencional de la humanidad que intenta ocultar ese ser real. Montaigne apartará la máscara para alcanzar lo esencial; si lo logra es mediante el esfuerzo continuado de una singular perspicacia; oponiendo a la convención, a las creencias establecidas, a los conformismos, un espíritu crítico siempre despierto, a la vez muy ágil y tenso, juguetón, divertido con todo, sonriente, indulgente, pero sin complacencia, puesto que lo que él pretende es conocer, en absoluto moralizar».
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DE LA POESÍA

   ¡Oh! maravilla: tenemos muchos más poetas que jueces y críticos de poesía. Es más fácil hacerla que conocerla. En un nivel bajo, puede juzgársela a partir de los preceptos y la habilidad. Pero la buena, la suprema, la divina, está por encima de las reglas y la razón. Quien contemple su belleza con mirada firme y serena no la ve, como no se ve el resplandor de un rayo. No intenta seducir nuestro juicio; lo rapta y destroza. La pasión que aguijonea a quien sabe penetrarla hiere incluso a un tercero al oírsela evocar o recitar; como el imán atrae no sólo una aguja, sino que infunde también en ella la facultad de atraer a las otras. Y se ve más claramente en los teatros, que la inspiración sagrada de las Musas, habiendo excitado primero al poeta hasta la cólera, el dolor, el odio, habiéndole llevado fuera de sí hasta donde ellas han querido, golpea aun a través del poeta y el actor consecutivamente a todo un pueblo. Es el ensartar de nuestras agujas, suspendidas una de otra. Desde mi primera infancia, la poesía ha actuado así, traspasándome y transportándome. 

Libro I, XXXVII: «Del joven Catón».

VERBA VOLANT, Varios Autores

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VVAA, Verba volant. Taller de aforismos del IES Ponce de León, Utrera (Sevilla), Alfar, Sevilla, 2019, 50 páginas.
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En este volumen se recogen los mejores aforismos realizados por los alumnos de 1º de Bachillerato del IES Ponce de León de Utrera, bajo la supervisión de los profesores Javier Vidal Vega, Paula Domínguez y Nuria Manzanares.
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El corazón nunca olvida dónde dejó sus mejores latidos.
Andrea Cañada Yerpes
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Grita para que todos vean lo que llevas dentro, no dejes que te corten la inspiración.
Alejandro Salas Quesada
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El tiempo perdido en tu enemigo inviértelo en tus amigos.
Francisco Javier Mendoza Garrido
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El mundo no para, eres tú el que no sigue.
Paula Moreno Álvarez
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Echar de menos es la energía para encontrar mucho más.
Lozano Zamudio
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Se quejan de la sociedad cuando son ellos quienes la construyen.
Jaramillo Rodríguez
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Con una frase se hiere y hasta se mata.
Antonio Nicolás Cantón Olivares
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No reconocer tu hogar no es cuestión de memoria, es cuestión de vacío.
Alicia de la Rosa Cordero

ENTRE LÍNEAS: EL CUENTO O LA VIDA, Luis Landero

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LUIS LANDERO, Entre líneas: el cuento o la vida, Tusquets, Barcelona, 2001, 168 páginas.

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Las secuencias pares de esta narración admiten ser leídas como relatos independientes.
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SOBRE LA BREVEDAD

   Pero tampoco hay que fiarse mucho de la brevedad. Contra la brevedad convendría recordar que, en una guerra, un soldado encontró en la mochila de un cadáver dos libros, a saber: El viaje al centro de la fábula, de Augusto Monterroso, y El conde de Montecristo. Como llevarse los dos le pareció ya rapiña, y por no agravar la soledad del muerto, decidió apoderarse sólo de uno. Tras muchas dudas, y por ir más ligero de equipaje, eligió el de Monterroso. Lo acomodó bajo la guerrera y, andando que te andarás, continuó su camino. Y he aquí que, más allá, siente un golpe en el pecho. Da un traspiés, suspira, se desploma: una bala perdida lo ha acertado de lleno. En el último instante saca el libro y observa que la bala lo ha atravesado limpiamente desde el copyright hasta el código de barras, y que además le ha llegado hasta el centro mismo del corazón. Viaje al centro del corazón, es el sarcasmo que se le ocurre antes de morir, y aún alcanza a pensar que si hubiese elegido el de de Dumas a estas horas estaría vivo, y que su mala suerte se debe exclusivamente a la excesiva concisión del autor.
   He aquí uno de los peligros de la brevedad.
   Claro que, de haber tenido tiempo para más sarcasmos, también la víctima podría haber pensado que quizá casi todas las novelas extensas son en el fondo breves, e incluso brevísimas, por la sencilla razón de que casi nadie las lee. Allí donde las balas se equivocan, la sociología no yerra: si uno compra una novela de quinientas páginas y lee sólo treinta, para ese lector la novela constará exactamente de treinta páginas. Lo que ocurre es que, para muchos, los libros voluminosos ofrecen al menos dos ventajas: una, que al ser caros, el prestigio y el placer del consumo son también mayores; y otra, que al ser muy extensos, el comprador compra de paso una coartada para no leerlos. Pero con los libros breves no hay escapatoria. Quien adquiere un libro breve contrae de rebote el engorro de tener que leerlo.
   A mí, particularmente, hay muchos libros breves que me han engañado muchas veces, y así, por ejemplo, hubo un tiempo en que lograron convencerme de que tenían sólo por ejemplo cien páginas. A la cuarta vez que los leí, me di cuenta, sin embargo, de que encubrían cuatrocientas, y como todavía no he acabado releerlos, resulta que el autor me ha vendido como prosa breve lo que en realidad es un libro poco menos que interminable. Pero la verdadera brevedad es saber callar cuando no hay nada que decir. Esto es muy difícil ¡Con qué coraje escribía Kafka en sus Diarios el día 22 de septiembre de 1917: «Nada»! Y, sin embargo, Kafka, y en definitiva cualquiera, podía haber llenado una hoja de ocurrencias pasajeras. No es difícil escribir algo cuando se tiene oficio y un poquito de orgullo. Ese «nada» de Kafka, ¡qué extraña flor resulta!, ¡cuántas lluvias y soles habrá necesitado para florecer en el baldío! ¡Qué lección literaria! Porque detrás de «nada» esta la convicción de que no se puede decir cualquier cosa sino algo que se desea con una intensidad excluyente: algo esencial, y que no admite sucedáneos. Algo muy concreto y muy perseguido y anhelado, y por eso es tan difícil atreverse a esa última resignación de decir «nada».

JARDINERÍA DE INTERIOR, Paz Monserrat Revillo

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PAZ MONSERRAT REVILLO, Jardinería de interior, Enkuadres, Valencia, 2019.

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DESEOS
A David González

   Él nunca quiso ser tenista, pero cómo contrariar los más hondos deseos de su papá hablándole de escalas y arpegios.
   Es por eso que siempre se demora en el vestuario escuchando la melodía que el aire del ventilador interpreta al atravesar la red de su raqueta, mientras el grifo gotea melancólico un adagio.

RESONANCIAS, Varias Autoras

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GLORIA RAMÍREZ & FERNANDO SÁNCHEZ CLELO (antólogos), Resonancias, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, 2018, 70 páginas.

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FLOTANDO EN LA PALMA DE LA MANO DE MI MADRE

   Mi madre se baña desnuda en la acequia. Espanta pájaros y come ciruelas rojas. Me avergüenzo de su desnudez. No puedo, sin embargo, dejar de mirar sus pechos y sus formas distorsionadas bajo el agua. Parece no verme y chapotea feliz. En el reflejo, aparece una niña flotando en la palma de su mano.

Ildiko Nassr


PENSADORES DE ORIENTE, Idries Shah

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IDRIES SHAH, Pensadores de Oriente, ISF Publishing, Londres, 2018, 226 páginas.
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En el Prefacio, Shah explica que este libro "contiene, dispuesto de una forma impuesta por la tradición y no por la obsesiva ordenación superficial, los materiales pertenecientes a la enseñanza Sufi, seleccionados según las necesidades de la época".
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RAHIMI

   El erudito Salih Awami le dijo al Sufi Rahimi en un debate privado: 
   «Lo que acabas de decir carece de referencias y pruebas mediante citas de autoridades antiguas.» 
   «En absoluto», dijo Rahimi, «pues aquí las tengo todas, capítulo y verso.» 
   El erudito se fue, diciendo: 
   «Eso era lo que quería saber.» 
   Al día siguiente dio su famoso discurso sobre Rahimi, que comenzaba así:
   «La conferencia del Sheikh Rahimi que están a punto de escuchar carece de convicción. De hecho, está tan inseguro de sí mismo que ha aducido pruebas escritas y autoridades para lo que dice.» 

POEMAS AMOROSOS DEL MANYOOSHUU, Varios Autores

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Poemas amorosos del Manyooshuu, Hiperión, Madrid, 2016, 136 páginas. Selección, traducción, introducción y notas de Teresa Herrero y Jesús Munárriz.

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皆人を
寝よとの鐘は
打つなれど
君をし思えば
寐寝かてぬかも

Mina hito wo
Neyo to no kane wa
Utsunaredo
Kimi wo shi omoeba
Ine katenu kamo








Nos manda a todos 
el toque de campana
ir a acostarnos,
pero pensando en ti
¿cómo voy a dormir?
La dama Kasa

SOPA DE KAFKA, Mark Crick

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MARK CRICK, Sopa de Kafka, Edaf, Madrid, 2006, 98 páginas.

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Mark Crick escribe e ilustra Un recorrido por la literatura universal en 14 recetas.
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ESTOFADO DE CORDERO CON SALSA DE ENELDO
[a tenor de las averiguaciones de Raymond Chandler]

1 pierna de cordero limpia, de 1 kilo, cortada en trozos grandes
1 cebolla en rodajas 
1 zanahoria, cortada en juliana
1 cucharada sopera de semillas de eneldo machacadas, o tres o cuatro ramitas de eneldo fresco 
1 hoja de laurel
12 granos de pimienta 
½ cucharadita de sal 
850 ml de caldo de ave 
50 g de mantequilla 
1 cucharada sopera de harina 
La yema de un huevo
3 cucharadas soperas de nata lícfuida 
2 cucharadas de zumo de limón 
Pimienta negra recién molida.

   Eché un trago de whishy, sin pensarlo, apagué el cigarrillo en la tabla de cortar, mientras no le quitaba el ojo de encima a un insecto que se arrastraba por el fregadero. Lo que me vendría al pelo sería disponer de una mesa resecada en Maxim's, cien pavos y la compañía de una rubia despampanante, en cambio, solo tenía a mano una pierna de cordero y ni una sola pista. La agarré por el tendón, que estaba frió y húmedo como la mano de un coronel. Saqué un cuchillo y descuarticé la carne de cordero. Como ya tenía aquel instrumento cortante en las manos, partí una cebolla en como ya tenía rodajas y, sin pensármelo dos veces, hice lo propio con una zanahoria. Ninguno rechistó. Puse todo en una cacerola con un ramillete de eneldo, una hoja de laurel, unos cuantos granos de pimienta y una pizca de sal. Cuando me pareció que estaba a punto de caramelo, lo cubrí con caldo de ave y subí el fuego. Quería que se hiciese lentamente, lo suficiente como para que entrase en ebullición. Una hora y media después, y con media pinta más de bourbon en el cuerpo, los ingredientes ya no parecían estar tan duros, lo mismo que yo. Separé la carne de las verduras y la rocié con un poco de caldo para mantenerla jugosa. A pesar de que todavía llevaba el cuchillo en la mano, no se oía ninguna sirena.
   En esta ciudad la escoria siempre acaba por salir a flote. De modo que pasé el caldo por un colador y retiré la grasa. Eché un poco más de agua y dejé que la cosa se calentase de nuevo. Ahora tenía que vérmelas con la mantequilla y la harina; las mezclé hasta hacer una pasta que añadí al caldo. Como no encontré unas varillas, eché mano de la porra y acabé a golpes con los grumos hasta conseguir una salsa tersa. Comenzó a hervir de nuevo a fuego lento, y así la dejé durante un par de minutos.
   Le arreé a la yema de huevo y la mezclé con la nata y un poco de aquella salsa caliente, antes de volver a echarlo todo a la cacerola. Exprimí un limón hasta que le saqué todo el jugo. No me costó demasiado. Pero no podía pasar por alto que, si la salsa hervía, la yema se cuajaba. Cuando estaba a punto de rociar la carne con aquella salsa para llevarla a la mesa, caí en la cuenta de que se me había pasado el hambre. Ni rastro de la rubia. Así que me fui a dar una vuelta para seguir envenenándome a fuerza de cigarrillos y whisky.

GATA NEGRA, Juan Naranjo García

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JUAN NARANJO GARCÍA, Gata negra, Talentura, Madrid, 2019, 88 páginas.

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Los 59 microrrelatos de Gata negra se presentan bien acompañados por el Microprólogo de Rosa Alonso y un epílogo, firmado por Manu Espada, en el que se destaca que "Juan Naranjo llega hasta nosotros como un autor que nos ofrece un punto de vista felino mirando al lector a los ojos, después de llegar hasta él sorteando obstáculos". 

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DEPARTAMENTO DE INFORMÁTICA

   Llamo a la puerta. Nadie responde pero aun así giro el picaporte. La iluminación es muy tenue, apenas entra luz salvo por dos ventanucos al fondo. Hay varias mesas y junto a cada ordenador uno de aquellos especímenes. Todos están pálidos e inmóviles. Les sonrío y les doy conversación, como hacía mi madre con las plantas de casa, pero aquí ninguno reacciona ante los estímulos. Comienzan a mecerse suavemente mientras paseo frente a ellos, gesticulo y cambio la entonación de mis palabras. Pero sigue sin haber respuesta. Apesadumbrado, me doy por vencido y salgo en busca de un remedio alternativo: una regadera y fertilizante. Al cerrar, puedo oír cómo vuelve a repiquetear en el ambiente el sonido de los teclados.

HERIDO LEVE, Eloy Tizón

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ELOY TIZÓN, Herido leve, Páginas de Espuma, Madrid, 2019, 662 páginas

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En el Prefacio (pp. 15-22) a este volumen que recopila Treinta años de memoria lectora, Tizón escribe: «Siempre he amado la literatura. Dejar constancia de este amor me parece un empeño hermoso y noble».
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LA SEDUCCIÓN DEL INSTANTE 

   De entre los escritores en español actuales, no conozco ningún ejemplo de versatilidad comparable con la de Andrés Neuman. Todavía joven, recién estrenado en la cuarentena, el autor hispanoargentino ya ha sido capaz de levantar un universo sólido y memorable, donde ha demostrado que sabe moverse con idéntico talento en registros tan diversos como el de lo ultrabreve (microcuento, aforismos), el cuento (El que espera, El último minuto, Alumbramiento, Hacerse el muerto), la poesía (Década, Poesía 1997-2007), la novela, tanto de dimensión media (Bariloche, Una vez Argentina, Hablar solos) como de largo aliento (El viajero del siglo), e incluso nos ha regalado dos artefactos tan inclasificables como la perfecta antiguía de Cómo viajar sin ver y el antidiccionario de Barbarismos.
   Lo que en otro autor con menos brillo podría haber significado arbitrariedad o dispersión, Andrés Neuman ha conseguido unificarlo bajo una voluntad de estilo implacable En sus páginas, en cualquiera de ellas derrocha olfato artístlco, sabiduría técnica, pasión, musicalidad, ingenio, amor genuino por la belleza, sentido del humor, movilidad sentimental, pulsión ética, guiños metaliterarios, entre otras cualidades, lo que, unido a su avidez por la pulcritud verbal y el detalle preciso, da como resultado un archipiélago literario exuberante y gozoso, al alcance de muy pocos.
   Fractura es una novela que se lee en un estado de disfrute continuo. Creo que es un libro que sorprenderá (para bien) a los incondicionales de Neuman. Consigue algo dificilísimo: seguir siendo él mismo, sin repetirse. La novela es de una ambición global que apabulla. Transcurre en varios países y en varias idiomas, en diferentes épocas, con cambios de voces en forma de cuatro monólogos femeninos distintos y un narrador omnisciente cuya identidad tal vez se oculte detrás de uno de los propios personajes de la novela, no diremos de cuál, para preservar el misterio.
   Es imposible dar cuenta, en el espacio de un breve comentario, de toda la complejidad estructural, moral, geopolítica y metafórica planteada por Fractura. Su riqueza humana es tanta, que casi desborda al lector. Digamos que la novela recorre diversos tramos de la biografía del japonés Yoshie Watanabe, coleccionista de banjos, muy amado por mujeres, cuya vida está enmarcada por dos sucesos trágicos: de niño, la explosión de la bomba atómica en Nagasaki (9 de agosto de 1945); en su vejez, la fuga radioactiva del reactor nuclear de Fukushima (11 de marzo de 2011).
   Se requiere mucho valor para abrir un libro con un seísmo en el metro de Tokio, que provocó un posterior tsunami y la catástrofe nuclear. Y no menos valor para volver a narrar, y que suene fresco, la mañana invidente en que un avión estadounidense cegó el cielo de Japón con sus bombas, según la experiencia de un niño nipón. A priori es un reto imposible, embargo Neuman se enfrenta a ello y lo consuma sin efectismos, de manera sobria, con una fe en la literatura y en la capacidad catártica de la palabra para restañar lo invisible que asombra y conmueve.
   Por momentos cercano y por momentos ausente, tan tibio como comprometido, se diría que Watanabe es un donjuán involuntario, casi a regañadientes, que ha sustituido la épica cinegética del mito egoísta por una sensualidad tranquila en la que tienen cabida y espacio la mirada del otro, la piel del otro y su tacto.
   Aquí hay algo hermoso: cuatro mujeres muy distintas, en cuatro ciudades alejadas unas de otras —la francesa Violet en París; la periodista Lorrie en Nueva York; la traductora argentina Mariela en Buenos Aires y la fisioterapeuta Carmen en Madrid—, leen en la intimidad a Yoshie, mientras nosotros las leemos a ellas. Cuatro idiomas, cuatro puntos de vista, cuatro inteligencias y cuatro cuerpos. La novela entera se erige como un juego de espejos y de miradas.
   En esto me recuerda a la ambición global de Guillermo Arriaga cuando escribió el guión de Babel. Ese tipo de locura caníbal. Y también me recuerda, un poco, a la manera de componer las novelas despiezadas de Milán Kundera: hay una metáfora central (el peso y la ligereza, por ejemplo), alrededor de la cual orbitan historias más o menos independientes, pero que se mantienen engarzadas por la fuerza centrípeta de la metáfora central, presente siempre. Y también es kunderiana la relación entre nuestras vidas cotidianas y el zarandeo feroz de la historia. Cómo los sucesos políticos modelan nuestra biografía y en buena medida la determinan.
   En el caso de Fractura, es la energía atómica, desde Hiroshima y Nagasaki hasta Fukushima. Que yo sepa, es la primera vez que la narrativa en nuestro idioma se ocupa con semejante rigor de la energía atómica. Ni siquiera los denominados narradores sociales han mostrado interés por este problema, pese a su capacidad para aniquilamos a todos en cualquier momento. Ese fuego de los dioses es acuciante. Detrás de Fractura se adivina, y las entrevistas con Andrés Neuman así lo confirman, un trabajo de documentación exhaustivo. Siete anos de escritura. Incontables versiones. Muchas frases subrayadas. Una de mis favoritas: «El miedo es una especie de amor torcido».
   Apelando a la técnica oriental del kintsugi, consistente en integrar (en lugar de disimular) las grietas y desperfectos de un objeto como parte de la biografía de ese mismo objeto, asoma el tema de fondo de Fractura, que es, si no me equivoco, la manera en que se rompen las cosas y la manera en que se recomponen.
   El resultado es una novela total, de espíritu globalizador, poderosa, que sin embargo no pesa en los hombros. Posee esa leggerezza preconizada por Italo Calvino en sus lecciones de Harvard. Creo, de hecho, que Calvino podría sentirse satisfecho de Fractura. Pese a su fondo traumático, abunda en ella el sentido del humor. Frases y situaciones graciosas. Finura de observación y delicados matices. Me he reído y me he emocionado. «La tarde parece serena, pero el tiempo está en guardia»: así arranca esta novela. Sereno y en guardia a la vez, Andrés Neuman tiene motivos para sentirse orgulloso de su creación. Fractura quedará como un libro mayor en la bibliografía de Neuman (en la que no hay libros menores) y como un título insoslayable en la literatura reciente en español. Por su importancia, hay que leer Fractura. Una novela colosal. Una novela vibrante. Una novela atómica.

BAILEMOS PALABRAS, Varios Autores

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ALEJANDRO GARAIZAR (ed.), Bailemos palabras. 200 relatos de 50 palabras, Cincuentapalabras.com, 2018, 144 páginas.
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MENÚS A DOMICILIO

   Se ha puesto imposible salir del castillo con tanta videocámara urbana y patrulla cazavampiros. Menos mal que a veces, en noches de plenilunio, se acerca algún sicofonista de Cuarto Milenio y otras algún boy scout atrevido y despistado. Eso sí, cada domingo, una nueva pareja de adventistas del séptimo día.
Rafa Olivares

¿CANTAMOS O NO CANTAMOS?, Micaela Chirif & María José Ferrada

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Micaela Chirif y María José Ferrada (ed.), ¿Cantamos o no cantamos?, Hueders, Santiago de Chile, 2019, 44 páginas. Ilustraciones de Karina Letelier. 

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Después del baile
viento entre los pinos
charla de insectos.

                      Imaizumi Sogetsu


LA PRIMERA VEZ QUE VI UN FANTASMA, Solange Rodríguez Pappe

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SOLANGE RODRÍGUEZ PAPPE, La primera vez que vi un fantasma, Candaya, Barcelona, 2019, 144 páginas.

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CUENTO ANTES DE IR A LA CAMA

   –Ten cuidado, está cargada –dice él, mientras se seca el rostro, y la luz que baila en el espejo choca contra sus ojos. Logra ver en el vidrio turbio la silueta desnuda del adolescente que juega con el arma, venciendo la oscuridad en un eclipse furioso. 
   Concentrado en proyectar el brillo de la pistola contra el cristal, el chico pregunta: 
   –¿Me dijiste que es para tu esposa? 
   –Sí, pero voy a contratar a un profesional. 
   El pasatiempo del resplandor en el espejo empezó a molestarlo y cerró los ojos. Casi nunca recogía muchachos en la calle, pero esta vez... 
   –¿Por qué no me usas a mí? 
   –Interesante propuesta. Pero ¿quién sería tan ingenuo como para contratar a un niño?  
   Escuchó una risa. Levantó los párpados.
   La pistola siguió brillando mientras lo apuntaba. 
   –Tu esposa.

HAIKUS CARAQUEÑOS, Federico Pacanins

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FEDERICO PACANINS, Haikus caraqueños, Gisela Cappellin Ediciones, Caracas, 2019.

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Sueño despierto
Casa de techos rojos
Libre de rejas

CIEN RELATOS CUÁNTICOS DE LA LITERATURA CLÁSICA ESPAÑOLA, Juan Pedro Aparicio

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JUAN PEDRO APARICIO (antólogo), Cien relatos cuánticos de la literatura clásica española, Eolas, León, 2019, 256 páginas.

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Esta antología recoge, sobrepasando la cantidad que el título indica, alrededor de ciento veinte microrrelatos, extraídos de textos de mayor longitud, que, desde Pedro Alfonso hasta Max Aub, constituyen una muestra sugerente y representativa de la literatura clásica española.
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LA ROSA Y LAS ESPINAS
Disciplina Clericalis 

   Un árabe que hacía versos, graciosos y con ingenio, pero de origen plebeyo, presentó sus versos a un rey y este, al observar su talento, le acogió dignamente. Por ello le envidiaban otros poetas, heridos en su orgullo por la generosidad del rey, y presentándose a este le dijeron: «Señor rey nuestro, ¿por qué concedes tantos honores a este individuo nacido de tan bajo linaje?». El rey les contestó: «A quien pensasteis vituperar más lo estáis elogiando». Y el poeta, víctima de la envidia de los cortesanos, añadió: «No se reprocha a la rosa que haya nacido entre espinas». El rey le honró con las mayores mercedes y le despidió. 

Pedro Alfonso

UN BUEN PUÑADO DE IDEAS, G. K. Chesterton

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G. K. CHESTERTON, Un buen puñado de ideas, Renacimiento, Sevilla, 2018, 480 páginas. Edición de Enrique García-Máiquez y Luis Daniel González.
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La única herejía realmente imperdonable es la ortodoxia.
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Es a menudo un error estratégico silenciar a un hombre, porque deja al mundo bajo la impresión de que tiene algo que decir.
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Hay dos clases de gente: la que acepta dogmas y lo sabe, y la que acepta dogmas y no lo sabe.
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Es una debilidad subrayar aquello que ya es suficientemente fuerte si se sugiere
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La vida está llena de significado. Existe la presión silenciosa de un segundo sentido en las cosas; y hay una especie de halo alrededor de cada objeto, ya sea de terror o de ternura.
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Las palabras largas son para las teorías y las cortas para las cosas y los hechos.
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Es siempre la persona prosaica la que exige temas poéticos.
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A universo regalado no le mires el diente.
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Hay una importante diferencia entre no entender una cosa y malentenderla.
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A veces llamamos progreso a lo que no es ni siquiera moda, sino fatiga.

PORQUE SOY HUMANO, Héctor Puertas Castro

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HÉCTOR PUERTAS CASTRO, Porque soy humano (aforismos y fragmentos), Cuadernos del Laberinto, Madrid, 2019, 96 páginas.
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La primavera, la juventud y los sábados, tres antesalas temporales que acaban echándose de menos muchas veces durante el transcurso de aquello a lo que preceden.
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Cada vez abundan más los necios bien formados, van creciendo en proporción directa a la disminución de lúcidos hechos a sí mismos. Mientras tanto, en el corral adoran a los mojones al confundirlos con efigies.
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No hay nada que degenere más el arte que los plazos de entrega. Una obra atemporal restringida por un mecanismo que de puro arbitrario se cree necesario.
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Cuánto mejor nos habría ido si de verdad el hombre siempre hubiese sido un lobo para el hombre; pero un lobo de verdad, no su imagen folklórica para asustar niños.
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La belleza salvará al mundo, pero para ello debemos dedicarnos a salvar la belleza (Dedicado a Dostoievski).
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Sólo pueden encargarse de la seguridad de una comunidad aquellos que temen profundamente la censura de los demás miembros.
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Cuando un pueblo ha estado sistemáticamente por encima de sus gobernantes tiene la obligación moral de autogobernarse. ¿Suena peligroso? Lo contario lo es abiertamente.
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Un error muy doloroso que cometen algunos oprimidos es creer que la liberación consiste en conseguir mimetizarse con el opresor.
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En los motivos que te pueden llevar a mentir está la medida del valor que le das a la sinceridad. Hay veces en las que ser absolutamente sincero no consiste en decir una verdad superficial, porque puede ser que ahogues una verdad más profunda.

EL ABC DE BYOBU, Ida Vitale

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IDA VITALE, El abc de Byobu, Estuario Editoria, Montevideo, 2018, 84 páginas.

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LA ANGUSTIA

   La angustia de Byobu amanece pugnaz. Liquida, extravasada, ocupa todos sus alrededores. A momentos sólida, seca, invade como arena los huecos que lo rodean. Crece dentro de sí, líquida o seca. Es natural, pues, que la respiración se le entrecorte, como si un mal hereditario estuviese a punto de desencadenarse.
   Sale a caminar para dejar aquel peso atrás, en poder del viento, cubierto y confundido con una sombra. Supone un ser vacío que camina por una ciudad vacía bajo un cielo vacío. Lo envuelve un concluyente silencio vacío. Quizás alguien piense que el silencio lo está siempre. Ése no ha escuchado la maravillosa plenitud de los silencios generosos. La opresión se expresa de tanto en tanto en fórmulas terribles que no logra reemplazar ni anular. Suponiendo que palabras ajenas e inesperadas podrían dominarla, camina hacia la Biblioteca pública, en busca de las que encierran los libros. Lo acoge la inquietud del mundo: cada libro encierra una forma distinta de desazón, de malestar, de enfermedad o de duelo que pregunta: ¿no es peor mi caso? Cada uno —alma en lucha por salvarse, rehén al que rescata, provisoria, la mano que lo elige— llama con deliciosos recursos tentadores y distintos. Y Byobu cede, entra rara vez en dicha ajena, al cabo se descubre liberado de su propia asfixia, menos grave que alguna que ha entrevisto. No ha sido una operación mágica: ha aprendido a minimizarse.

DE CAMINO A OKU Y OTROS DIARIOS DE VIAJE, Matsúo Basho

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MATSÚO BASHO, De camino a Oku y otros diarios de viaje, Olañeta, Palma de Mallorca, 2014, 160 páginas.


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Escribe Jesús Aguado en el Prólogo (pp. 9-22): Bashó caminó y caminó trenzando, con el hilo refinadísimamente basto de sus palabras, con sus sandalias de paja, con la rama en la que se apoyaba y con el amplio sombrero cónico de tiras de cedro, todos productos manuales que intentaba fabricarse él mismo, los retales de una Palabra desperdigada y casi olvidada por el mundo.
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DÍA 23

Un palmoteo. 
La luna de verano. 
Responde el alba. 

En estos brotes 
de bambú, dibujada
toda mi infancia. 

Lenta cebada 
que enrojece y madura. 
La alondra canta.

Página en blanco, 
cucurras gritadoras: 
¡quiero dormir!

Asunto: la Casa de los Caquis Caídos, por Bonchô:

Campo de alubias, 
almacén de la leña: 
santos lugares. 

Cuando empieza a caer la noche Kyorai llega procedente de Kyoto. Una carta de Shobo de Zeze. Y otra de Shohaku de Otsu. Bonchô llega. El abad del templo Honpuku de Katada aparece de improviso y se queda a pasar la noche. Más tarde Bonchô regresa a Kyoto.

MICROSEXO, Ana Grandal

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ANA GRANDAL, Microsexo, Amargord, Madrid, 2019, 96 páginas.

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FLUIDOS

   Es su aniversario y, como cada año, reservan la suite Noche de bodas en el gran hotel. Se hacen llevar a la habitación una cena ligera, acompañada de una botella de cava; mientras, se llena la espaciosa bañera con forma de corazón, el sugestivo reclamo para los tortolitos que van a ocupar la pieza. Se sumergen en el agua jabonosa, dejando que la espuma acaricie levemente su piel. El líquido, caldeado a la temperatura adecuada, les arropa con una tibieza que va despertando sus sentidos, que poco a poco se inflaman y llevan sus jugos internos al punto de ebullición, una caldera hirviente entre las piernas. Se tocan, se abrazan y él la penetra allí mismo, mecidos por las aguas ardientes y humeantes, las únicas que pueden ya encenderlos.

PARAGUAS DE COLORES PARA DÍAS GRISES, Sara Nieto

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SARA NIETO, Paraguas de colores para días grisesSar Alejandría Ediciones, Castelló de la Plana, 2018, 256 páginas.
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EL PARAGUAS

   De lo poco que me dejaste rescaté este paraguas. Bajo él me cobijo del sol radiante de tu recuerdo pero me mojo cuando llueven lágrimas.

LA MEMORIA DONDE ARDÍA, Socorro Venegas

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SOCORRO VENEGAS, La memoria donde ardía, Páginas de Espuma, Madrid, 2019, 112 páginas.

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EL FUEGO DE LA SALVACIÓN

   De niño me quedaba siempre a las orillas del misterio, en un rincón de la acera. Los que pasaban por ahí me daban dinero, cuando lo que yo quería en realidad era entrar. Las puertas de la cantina, alas destructoras, apenas me permitían atisbar, adivinar en la medusa del humo y la música los secretos más preciosos. Sólo miraba los pies que iban y venían, los zapatos de mujer con tacones raspados. El olor de la cantina: el humo del cigarro, el oxígeno viciado del alcohol, y aunque a veces sentía náuseas podía más mi curiosidad; de qué se reían, qué apostaban, por qué a veces lloraban ésos que al entrar parecían dioses y cuando salían estaban solos y perdidos. Y aquel letrero: Se prohíbe la entrada a niños, animales y uniformados. Otros letreros también incluían a las mujeres. A veces mi madre iba a buscarme, recorría cada cantina de Leandro Valle, bajaba por Matamoros hasta llegar a Galeana. Cada vez que se asomaba para tantear si me había colado, tenía que soportar rechiflas y majaderías, hasta que al fin me encontraba sentado afuera de alguna, distraído con mi trompo de colores. Me llevaba de las orejas a la casa y allá seguían los regaños, a veces un cinturonazo. 
   No comprendía por qué me gustaban las cantinas. Nadie te da esos malos ejemplos, decía. Era verdad. Solo me había aficionado a los teporochos mugrosos que entraban y salían, a los señores gordos que jugaban dominó con sus amigos, a las meseras que entraban rápido y con la cabeza gacha. Una vez un señor se bajó de un carrazo, se estuvo frente a la puerta de la cantina acariciándola con las puntas de los dedos, sin atreverse a dar un paso. Se volvió a mirarme, tenía los ojos muy abiertos. No puedo, me dijo a modo de disculpa. No sé cómo, pero comprendí que sufría, así que me levanté, empujé las puertas por él y las sostuve para darle paso. Sonrió aliviado. Me dio las gracias y entró. 
   Una tarde sacaron a un muchacho a que vomitara y me ensució los zapatos. Mamá me vio llegar a la casa. Dejó a un lado la tina de ropa ajena que lavaba, me quitó los zapatos, los limpió con mucho cuidado e hizo que volviera a ponérmelos. Estaba callada, pero yo sentí que en ella se encimaban muchas palabras. Me agarró de la mano para llevarme a la calle, casi a rastras. Llegamos a la cantina, la más fea, la más sucia, la más pobre. Precisamente aquella que prohibía la entrada a niños, mujeres y perros. Mi madre, que cargaba un cansancio muy viejo, irguió los hombros. Por primera vez me pareció hermosa, incomparable. Me guiñó un ojo y empujó la puerta, tranquila, nada de prisas. Me hizo entrar a mí primero. En la barra pidió dos cervezas.