HOMO POKÉMONS, Tirso Priscilo Vallecillos

0


TIRSO PRISCILO VALLECILLOSHomo Pokémons. Alientos, malalientos y otras exhalaciones, Trea, Gijón, 2017, páginas.
**********
Nadie vende media naranja.
***
En cuestión de amor me conformo con bajar mis expectativas 
hasta la cintura.
***
Esa gente que cuando habla corrige en rojo.
***
Polvo somos y en polvo nos convertiremos... Y si te quitas la ropa podemos ir practicando.
***
Lo que escribo cuando estamos a oscuras es aquello que más me gusta que leas.
***
Atraversar: pasar por la vida poéticamente.
***
Envoltura de educación religiosa: La marca «Judeo-cristiana» es la que triunfa en occidente.
***
Esencia de soledad: Algunas piezas humanas es lo único que se ponen para ir a la cama.
***
En estos tiempos no está de moda hablar de hipocresía.
***
Esa gente que insiste en que todo le salga redondo, incluso los cuadrados.

FRAGMENTOS DE UN MUNDO ACELERADO, José Óscar López

0


JOSÉ ÓSCAR LÓPEZ, Fragmentos de un mundo acelerado, Balduque, Cartagena, 2017, 212 páginas.
**********
AMBICIÓN
A Manuel Moyano

   —Todos nuestros esfuerzos son inútiles —dijo a su ayudante, y ambos dejaron de pedalear a lomos del nuevo ingenio que habían terminado de construir esa misma tarde; efectivamente, el Sol y la Tierra continuaban su marcha sin apartarse un ápice de sus senderos prefijados: el astro se escabullía bajo una de las lindes del planeta, y él y su ayudante contemplaron impotentes cómo retornaban alrededor de ellos las sombras.

CUENTOS AMABLES, NOBLES Y MEMORABLES, Julio Ardiles Gray

0


JULIO ARDILES GRAY, Cuentos amables, nobles y memorables, Ediciones del Cardón, San Miguel de Tucumán, 1964, 108 páginas.

**********
LA ESCOPETA

   Avanzó entre los naranjos. El sol caía con tanta fuerza que le obligaba a entrecerrar los ojos. La paloma saltó entonces de una rama a otra, y a otra, y se perdió por entre el follaje bien alto. Con la escopeta levantada, Matías se acercó hasta el tronco del árbol. Pero por más que examinó hoja por hoja, no pudo dar con la paloma. Extrañado, se rascó la nuca.
   De pronto, sobre su cabeza sintió un ruido. Volvió a fijarse. Arrebujado entre unas ramas, había un pájaro. No era su paloma; era un pájaro de un color entre azulado y ceniciento. Con cuidado, Matías apoyó el arma en el hombro y levantó el gatillo.
   “Ya que no es la paloma -se dijo- no me voy a volver a la casa con las manos vacías”.
   Pero en ese instante, el pájaro saltó a una horqueta, sacudió las alas e hinchando la gola se puso a cantar.
   Matías, que ya había llegado al primer descanso, abandonó el gatillo y escuchó.
   “Qué extraño -se dijo-. Jamás he escuchado cantar a un pájaro como este”.
   El trino, en el redondel de la siesta, subía como un árbol dorado y rumoroso. A Matías le pareció que más que el canto del pájaro, lo que se desgranaba eran las escamas amodorradas de la siesta misma. Y le comenzó a entrar un sopor dulce, unas ganas de abandonarse a los recuerdos de los tiempos felices y de no hacer nada más que escuchar el canto del pájaro que seguía subiendo, esta vez como un perfume agridulce y verde.
   Para escuchar mejor, dejó caer la escopeta a un lado y arrastrando los pies se acercó al árbol para apoyarse en el tronco. El pájaro había desaparecido, pero su canto continuaba en el aire. Y no pudo sustraerse a la tentación de mirar al cielo y levantó los ojos. Allá arriba, entre unas nubes ociosas que desflecaban gigantescas flores de cardo, dos grandes pájaros negros volaban en lánguidos círculos inmensos. Matías, entonces, no supo distinguir si la dulzura que sentía venía del canto de aquel pájaro o de las nubes que se desvanecían como borrachas a lo lejos.
   El canto, entonces, se acabó de improviso. Los pájaros y las nubes desaparecieron y él volvió en sí.
   “Me estoy volviendo muy abriboca” -se dijo mientras sacudía la cabeza.
   Buscó la escopeta pero no la encontró donde creía haberla dejado. Caminó más allá, volvió más acá, pero el arma había desaparecido.
   -¡Esto me pasa por tonto! -gritó en voz alta.
   Y todo lo que hizo después fue en vano. Al cabo de una hora, ya cansado, se dijo:
   “Me iré a la casa a buscar a mi muchacho. Entre los dos la vamos a encontrar más ligero. No puedo perder así un arma tan hermosa”.
   Y se lanzó cortando el campo hasta alcanzar el callejón.
   Al entrar al pueblo fue cuando comenzó a sentir algo raro. Estaba como desorientado: echaba de menos algunos edificios y otros le parecía que nunca en su vida los había visto. A medida que avanzaba, la sensación iba en aumento. Y al llegar a su casa, el miedo le sopló en la cara un presentimiento vago, pero terrible.
   Penetró en el zaguán. En el patio, cuatro chicos jugaban y cantaban. Al verlo se desbandaron gritando:
   -¡El Viejo…! ¡El Viejo…!
   Una mujer salió de una habitación sacudiéndose las hilachas de la falda. Matías balbuceó con un hilo de voz:
   -¿Quién es usted…? Yo busco a Leandro…
   La mujer lo miró largamente y frunció el entrecejo.
   -¿Qué dice, buen hombre? -dijo.
   -Busco a Leandro -tartamudeó Matías-. A mi hijo Leandro… Esta es mi casa.
   -¿Su casa? -dijo la mujer.
   -¡Sí. Mi casa! -gritó Matías-. La casa de Matías Fernández.
   La mujer hizo un gesto de extrañeza.
   -Era…-dijo sonriendo con tristeza-. Nosotros la compramos hace veinte años cuando desapareció don Matías y todos sus hijos se fueron de este pueblo.
   -¡Qué! -gritó Matías, levantando las manos como para defenderse.
   -Sí… -asintió la mujer temerosa.
   Entonces, Matías se fijó en sus manos y se dio cuenta que estaban arrugadas, muy arrugadas y trémulas como las de un hombre muy viejo. Y huyó despavorido dando un grito.

ISLA SOMBRERO, Juan Carlos de Sancho

0


JUAN CARLOS DE SANCHO, Isla sombrero. Cuentos y descuentos, Mercurio, Las Palmas de Gran Canaria, 2016, 146 páginas.
**********
TOMOKO

   Tomoko es una niña japonesa de Kioto que solo come rollitos de primavera. Disfruta tanto con sus rollitos que no necesita otro alimento.
   Aunque es japonesa le encanta la comida china. En primavera le brotan flores de cerezo por las orejas y la nariz. Entonces Tomoko se va al jardín de la casa, cava un agujero en la tierra y se transforma en una planta. Durante ese tiempo apenas come nada y deja que crezcan los cerezos.

LAS CONSECUENCIAS DE NO TENER NADA MEJOR PARA PERDER EL TIEMPO, Carlos Marzal

0


CARLOS MARZAL, Las consecuencias de no tener nada mejor para perder el tiempo, Frida, Madrid, 2017, 52 páginas.
**********
Cuando se viaja, las ideas sobre el viaje pesan más que la maleta.
***
Siempre acaba por llegar un cursi y ponerle un lazo rojo a la carne desnuda.
***
La erudición también es una ignorancia parcial, pero con conocimiento de causa.
***
Entre las ventajas de la edad se cuenta esta: hacernos creer que nuestras resignaciones son una conquista de la sabiduría.
***
Hay pocos placeres comparables al de creerse que los demás envejecen peor.
***
La esperanza es la mitad de la aspirina.
***
El deseo también incluye una cartografía: nos inclina a ciertos barrios, a ciertas calles, a ciertas casas.
***
Hay amores de paso que constituyen un hogar mientras vamos de paso hacia el amor.
***
Se nos pasa el arroz incluso para las perversiones propias.

SEXOADICTAS O AMANTES, Paula Izquierdo

0


PAULA IZQUIERDO, Sexoadictas o amantes, Belacqua, Barcelona, 2007, 202 páginas.

**********
Catalina la Grande, George Sand, Sarah Bermhardt o Isadora Duncan «fueron tajantes en sus posturas y no se dejaron amilana, independientemente de las épocas y las costumbres al uso que les tocó vivir». Paula Izquierdo indaga en las distintas formas de procurar el placer y consolidar el yo.
**********


   Anaïs Nin nació en Neuilly, cerca de París, el 21 de febrero de 1903. Su padre era el famoso compositor y pianista cubano-español Joaquín Nin y su madre, Rosa Culmell, era hija de un diplomático danés establecido en La Habana. Cuando Anaïs contaba sólo once años, sufrió el mayor y más determinante desconsuelo que marcaría el resto de sus días: su padre se enamoró de una joven heredera y abandonó a su mujer y a los tres hijos habidos de ese matrimonio. Rosa Culmell decidió entonces poner mar de por medio, y embarcó junto con sus hijos rumbo a Nueva York. A partir de esa fisura sentimental, Anaïs comenzó a escribir, costumbre que no abandonaría jamás. Su objetivo, mientras navegaban por el Atlántico, consistió en escribir una carta a su padre dándole los más minuciosos detalles de su travesía. Corría el año 1914, Anaïs no volvió a encontrase con su progenitor hasta la primavera de 1933. La carta que comenzó entonces, es decir, la necesidad de expresarse por escrito, sería una forma de estar en el mundo. El resultado, además de una serie de novelas y relatos cortos, fue que Anaïs llegó a escribir un diario del que se conservaron quince mil páginas, repletas de erotismo y sinceridad, en el que describe sin ningún tipo de censura sus variadas y múltiples relaciones sexuales, sus sentimientos más íntimos en una búsqueda permanente de conocerse a sí misma a través de su voz interior; una vez más, una mujer retaba a su tiempo sobreviviendo a los prejuicios que imperaban en los primeros años del siglo pasado. 
   En Nueva York, después de estudiar hasta los dieciséis años, ya adolescente, se hizo bailarina de flamenco y modelo. En esa ciudad fue donde conoció al que sería su marido, Hugh Guiler, un banquero norteamericano con el que se casó con sólo veinte años. Parece ser que el matrimonio no se consumó hasta dos años después, ya que Anaïs sentía verdadero temor ante la posibilidad de mantener relaciones sexuales. Ella se había casado sin estar enamorada y él esperó pacientemente a que la joven madurara y pudiera dar rienda suelta a sus sentimientos.
   En 1931, el matrimonio se instaló en Francia, en un pueblecito llamado Louveciennes, cerca de París. Es entonces cuando escribe: «La vida ordinaria no me interesa. Sólo busco momentos altos. Estoy de acuerdo con los surrealistas, en la búsqueda de lo maravilloso». Un año más tarde, conoció al escritor Henry Miller y a su mujer June. Entre los tres se creó una relación apasionada y absolutamente insólita. Se querían los tres, se tenían celos y admiración, a veces se odiaban pero la mayor parte del tiempo fue una relación fructífera y productiva. Este triángulo amoroso se mantuvo durante un año; aunque Anaïs intentaba engañar a su marido, él constituía en cierta medida la cuarta pata de la mesa. Hugh sabía que la única forma de retener a Anaïs para que permaneciera a su lado era dándole la libertad que necesitaba y no preguntar, sólo amarla.
   En 1932, Anaïs conoció al psicoanalista francés Allendy, quien fue el cofundador, junto con Sigmund Freud, de la Sociedad Psicoanalítica de París. Pronto se estableció una relación íntima entre ambos. Ella buscaba conciliar con el psicoanálisis los diferentes matices de su personalidad: lo real y lo simbólico, la pasión y la razón, los acontecimientos y los deseos. Sin embargo, René Allendy, en su intento de curarla, trató de castrar su personalidad, su desenfreno, intentando eliminar todo aquello que definía su ser, por lo que Anaïs después de un periodo de tratamiento y sexo, terminó por evitar a aquel hombre que pretendía que ella fuera una mujer «normal».
   En 1933 se convirtió en amante de su padre. Anaïs escribió en su diario, que tiempo después se publicaría bajo el título de Incesto: «5 de mayo de 1933: Por la noche soñé con que mi padre me acariciaba como un amante, y experimenté un placer inmenso». Tal como ella expresa en estas líneas, siente por sus deseos un gran horror y una gran atracción. Al principio de su relación incestuosa se impide a sí misma llegar al orgasmo. Esta forma de automutilación o de autocastigo la ayudaba a sobrellevar el gran deseo que sentía hacia su progenitor. Privándose del máximo placer cree no ser tan indeseable. Escribe en su diario: «El esperma es un veneno». Su padre le dijo que quería reemplazar a sus otros amantes, y que, en realidad, su único y verdadero rival era el diario que ella escribía de forma incansable.
   Seis meses más tarde de su primer encuentro, padre e hija vuelven a citarse en la casa de Anaïs, en Louveciennes, y de nuevo se acuestan. Poco después, conocerá al psicoanalista Otto Rank, un hombre del que se enamoró y que la ayudó a superar y desechar la relación incestuosa que mantenía con el padre.
   Si algo la obsesionó a lo largo de su existencia fue su sentimiento de desarraigo que, en gran medida, se convirtió en el motor de vivir la vida hasta sus últimas consecuencias. Era una mujer que necesitaba llevar hasta el límite cualquier relación que establecía. Así, a través de su médico y amante fue cómo se hizo una verdadera devota del psicoanálisis, llegando a ejercer como psicóloga durante un periodo breve de su existencia. Rank, al contrario que Allendy, no intentó cambiar su personalidad, sino que la ayudó a asumir sus sentimientos, entendió sus contradicciones y le hizo ver que éstas eran legítimas. Fue Rank quien le propuso que se desplazara a Nueva York para que ejerciera como ayudante. Poco después, Anaïs volvió a Francia, pero tanto la relación con Rank como el estudio y conocimiento del psicoanálisis fueron muy satisfactorios para ella; aprendió sobre todo a aceptarse a sí misma y a entender las fluctuaciones de su estado de ánimo.
   Meses después de regresar a París, en mayo de 1934, se quedó embarazada de Henry Miller (según sus cálculos). A pesar de la insistencia de su marido, Anaïs decide abortar. Este aborto supone un antes y un después en su vida, una forma de exorcizar todos sus fantasmas. Pierde a la niña, pero ella revive.
   Es cierto que Anaïs se convirtió en un icono de la autenticidad en una época saturada de hipocresía. Según Erica Jong, Anaïs es una representante de la libertad sexual y psicológica de la mujer y por eso sus diarios íntimos y sus relatos eróticos no dejaron a nadie indiferente; unos la odiaron y otros la llevaron al altar de la liberación sexual. También obtuvo, merecidamente, el título de mecenas de los artistas. Anaïs era capaz de reconocer el talento de todos aquellos que la rodeaban. De hecho, desde el principio de su relación con Miller hasta que éste despuntó como escritor, ayudó económicamente a su amante y colega. Durante los primeros años de relación llegaron a colaborar. Ambos se ayudaban, se apoyaban y se admiraban como escritores. Cuando económicamente vinieron mal dadas estuvieron dispuestos a escribir bajo pedido relatos eróticos o pornográficos para un coleccionista. Sin embargo, esta fuente de ingresos pronto llegó a su fin. Ninguno de los dos se sentía a gusto en ese papel de «fingidor» sexual. El sexo para ellos tenía un valor inmenso y prodigioso que, indefectiblemente, se desvirtuaba al escribir sobre él de una forma más o menos mecánica. Cuando decidieron poner fin al acuerdo, escribieron una carta al coleccionista: «(...) Le odiamos. La sexualidad pierde su fuerza cuando se hace explícita, automática, exagerada. Cuando se convierte en una obsesión mecánica, llega a ser aburrida. (...) No sabe usted lo que se pierde con su análisis microscópico de la actividad sexual y la exclusión de todo lo demás, sin el combustible que la enciende: lo intelectual, lo imaginativo, lo romántico, lo emotivo (...)».
   Esta carta, fechada en diciembre de 1941, puso punto final a la colaboración de Miller y Nin con su excéntrico lector.
  Hemos hablado de la fijación que Anaïs tenía hacia su padre, un don Juan quisquilloso y manipulador. Su otra obsesión fue la desatención que sufrió como escritora. Anaïs tuvo siempre la sensación de no ser apreciada como la escritora que era. En Norteamérica se la consideraba una extranjera y, cuando por fin se publicaron sus obras en Francia, aparecieron como «Romans américains». En Nueva York, ante la negativa de los editores, decidió publicar sus textos y los de sus amigos ella misma. Sin embargo, cuando en 1944 vio la luz su libro de relatos Bajo la campana de cristal, el crítico literario de mayor prestigio del momento hizo una reseña muy elogiosa, comparándola con Virginia Woolf. En aquella época escribió: «A mí me pueden encontrar en una fiesta y se me puede ver bailar y reír, pero lo que escribo es muy serio. Sólo cuando muera llegaré a ser visible, y entonces algún editor se interesará por mis libros y pujará por ellos. Pero durante mi vida no ha habido ningún escritor ni editor que diera un solo paso para prolongar mi obra». Estas notas son en alguna medida proféticas. Aunque antes de su muerte conoció el éxito, ya que en 1966 se publicó el primer volumen de sus diarios íntimos, no fue hasta después de su fallecimiento cuando la gente se pegaba por leer sus diarios y Anaïs se convirtió en una escritora de culto. Tampoco es del todo cierto que otros escritores no la reconocieran, el mismo Miller, ya en 1941, le escribió a propósito de los norteamericanos: «Serás aceptada bien, magníficamente, cuando aparezca tu obra maestra. Es decir, el diario. Tienes que creer en tu obra, en su valor conjunto. Quiero ayudarte. Creo que tu diario es más importante que toda mi obra completa».
  Anaïs hizo lo que ninguna mujer se había atrevido a hacer, y es escribir tal como ocurrían las cosas, tal como pensaba, sin saltarse un sentimiento, relatando la pasión y la mentira sin ningún pudor. De ella es la frase: «Soy quien soy». El sexo con hombres, con mujeres, con varios, en el mismo día, mintiendo a unos para ver a otros, la enloquecida vida de la sexualidad de esta mujer, todo ello se describe sin recato en sus diarios.
  Cuando se publicó el primer volumen de los siete famosos tomos, Shapiro escribió en la revista Book Week: «Desde hace una generación, en el mundo literario de ambos lados del Atlántico, ha habido rumores sobre un diario extraordinario, Durante mucho tiempo se ha esperado su publicación. Miss Nin vivió durante aquellos años que produjeron un gran espasmo de creación artística. En su cosmopolita vida conoció a escritores, pintores, músicos, bailarines y actores. Ella misma era uno de los talentos centrales de esa época. Los primeros lectores del manuscrito hablaban de él en términos hiperbólicos, como obra que iba a ocupar un lugar entre las grandes revelaciones literarias. Por fin aparece un fragmento importante de este diario y parece que las esperanzas estaban fundadas».
  A partir de este momento, como se dice más arriba, Anaïs se convierte en el centro de atención de la vida cultural, y sus admiradores se multiplican. En 1973 recibió el doctorado Honoris Causa del Philadelphia College of Art y fue elegida para el Instituto Nacional de las Artes y las Letras un año más tarde. Los últimos años de su existencia los dedicó a dar conferencias, a asistir a cenas y a dejarse querer por sus lectores, Murió en Los Ángeles el 21 de febrero de 1977. Su cuerpo fue incinerado y las cenizas esparcidas en la bahía de Santa Mónica. Su lema sigue vibrando en los tímpanos de muchas mujeres: «Cualquier forma de amor que encuentres, vívela».

LA VIDA TE CAMBIA LOS PLANES, Orlando van Bredam

0


ORLANDO VAN BREDAM, La vida te cambia los planes, APEF, Formosa, 1994, 68 páginas.
**********
BAILE

   El odio, a diferencia del amor, siempre es recíproco. El bailarín de tango y la bailarina se despreciaban con la misma tenacidad con que alguna vez se quisieron. Sólo los unía la fama y contratos envidiables. Cada baile era un desafío a los mecanismos más profundos del rencor. Se deleitaban en esa humillación mutua más cercana a la perversidad que al oficio. Cuanto más se odiaban, más los aplaudían. Ella incorporó al vestuario inconsulto, dos largas trenzas criollas, vivaces y relampagueantes bajo la luz de los reflectores. Las agitaba como cadenas, como látigos, como sables. Él soñaba con quebrarla sobre sus rodillas como una caña hueca. Se miraban siempre a los ojos, no dejaban de mirarse nunca en esa guerra bailada, en ese combate florido. La noche que más los aplaudieron fue la última, cuando ella, después de tantos ensayos, logró enredar sus trenzas en el cuello del bailarín y siguió girando y girando hasta el último compás. 

ÉRASE UNA VEZ UN ALFABETO, Olivers Jeffers

0



OLIVER JEFFERS, Érase una vez una alfabeto, Andana,Valencia, 2015, 110 páginas.

**********
Jeffers ilustra con fino humor los microrrelatos que organiza alfabéticamente.
**********

JUEGOS CON GELATINA

   A Jimena le gustaba jugar con gelatina. De vez en cuando preparaba jugosos manjares. A veces creaba cosas ingeniosas como un jarrón irrompible. Un día se hizo la puerta de casa con gelatina. Así, si se dejaba las llaves, sólo tenía que estirar el brazo y cogerlas. Pero, claro, cualquiera podía hacer lo mismo. Por eso este tipo de puerta jamás se puso de moda. Además, ¿quién puede ser tan despistado como para olvidarse de las llaves? 


LOS ESPEJOS ASESINOS Y OTRAS MINIFICCIONES, Fari Rosario

0


FARI ROSARIO, Los espejos asesinos y otras minificciones, Banco Central de la República Dominicana, Santo Domingo, 2017, 164 páginas.

**********
TARZÁN Y SU MONA

   Regresaron a la jungla y creo que, a juzgar por los aullidos, fueron felices.

BESTIARIO DE AMOR, Richard de Fournival

0



RICHARD DE FOURNIVAL, Bestiario de amor, Miraguano, Madrid, 1990, 112 páginas.

**********
Traducido por Ramón Alba, toma como referencia la edición de 1860 de C. Hippeau. Los dibujos de José Luis Fernández Rodríguez reproducen los del manuscrito conservado en la Biblioteca Imperial.
 **********

EL GALLO

   Porque cuanto más cerca de la mañana más a menudo canta; y cuando lo hace a medianoche más fuerza da a su grito y mayor potencia a su voz.
    El crepúsculo y el alba, que participan a la vez de la naturaleza del día y de la noche, significan un amor que no está del todo desesperado, pero no guarda intacta su esperanza. La medianoche simboliza el amor desesperado.
    Y ahora, que ya no tengo la menor esperanza de alcanzar vuestra gracia, es medianoche. Cuando tenía alguna esperanza me encontraba en el anochecer. Entonces cantaba más menudo, ahora es preciso que cante con más fuerza.
    Que los desesperados tengan una voz más fuerte, se justifica en la naturaleza del animal que más se esfuerza al rebuznar y tiene la voz más fea y pavorosa del mundo, el Asno Salvaje.

LIBRO DE HUELLAS, Ángel Guinda

0


ÁNGEL GUINDA, Libro de huellas, Tigres de Papel, Madrid, 2014, 90 páginas.
**********
No me preocupa demasiado no saber cuánto durará nuestro amor. Tampoco sé cuánto durará mi vida, y sin embargo vivo.
***
Cada día nos deja algo, aunque sólo sea su noche.
***
Uno se mata de querer vivir, de neutralizar todo lo que le va muriendo contra su deseo.
***
Mi corazón es ya una taberna cerrada.
***
No mires lo que ves sino lo que te ciega.
***
Ser ángel para un vuelo subterráneo.
***
No hay tantos poetas en el mundo, pero cuántos mundos hay en un poeta.
***
Quien no persigue alguna quimera no alcanza ninguna realidad.
***
Inventamos el amor para inventarnos.

JAIKU COMPOSTELANO, Joy Landeira

0


JOY LANDEIRA, Jaiku compostelano, Follas Novas, Santiago de Compostela, 2012, 134 páginas.

**********
Joy Landeira, profesora de la University of Nothern Colorado, no sólo firma los poemas de este volumen sino también un estudio introductorio alrededor de la forma del haiku y su difusión y consolidación en el ámbito hispánico. Las ilustraciones son obra de Gloria Lorenzo.

**********
tocar el santo
reluciente de oro
la frialdad quema

VOCES DE MADRUGADA, Jone Miren Asteinza

3


JONE MIREN ASTEINZA, Voces de madrugada, Nazarí, Granada, 2016, 154 páginas.

**********
LA BÚSQUEDA

   Todo era mentira. Cruzó el mar a nado. Sin embargo, cuando llegó a su destino el infinito había desaparecido. Furioso, hizo el camino de vuelta y al llegar a la orilla una ola borró sus huellas.

AFORISMOS, Manuel Arce

0


MANUEL ARCE, Aforismos, Carena, Barcelona, 2012, 90 páginas.
**********
En la vida se puede triunfar sin talento. En el arte, no.
***
¡Cuidado!: Todo éxito rebosa siempre de vacíos alarmantes.
***
La adición a escribir no la mata ni el mayor fracaso literario.
***
Lo malo del futuro es que ya nunca será lo que fue.
***
El pensamiento jamás es un fortuito hallazgo de la palabra.
***
Los políticos han hablado. Ya solo queda saber qué piensan.
***
Uno se hace mayor cuando se ha vivido lo necesario.
***
Mucho me temo que solo la eternidad tiene futuro.
***
No dejes para mañana la felicidad que hoy mereces.
***
El tiempo no se inmuta, aunque sepa que lo estás matando.

LA RUTA NATURAL, Ernesto Hernández Busto

0


ERNESTO HERNÁNDEZ BUSTO, La ruta natural, Vaso Roto, Madrid, 2015, 180 páginas.

**********
En la nota previa (p. 11), escribe Ernesto Hernández Busto: «Como un palíndromo: no tiene partes, léase como se lea, siempre dice lo mismo. Así circula la energía que pide la escritura.» En este volumen no sólo repara el autor en los orígenes de la escritura fragmentaria, sino también postula su práctica como restitución: la escritura como apología del kintsugi.
**********

   Cuando tiene que definir la tarea del traductor, Walter Benjamin recurre a la antigua metáfora de la vasija rota, cuyos fragmentos, para volver a juntarse, han de encajar a la perfección, aunque no sean idénticos entre ellos. «Así también es preferible que la traducción, en vez de identificarse con el sentido del original, reconstituya hasta en los menores detalles el pensamiento de aquel en su propio idioma, para que ambos, del mismo modo que los trozos de la vasija, puedan reconocerse como fragmentos de un lenguaje superior». El significado de una traducción, parece decirnos, no tiene que ser idéntico al original; es cierto efecto de totalidad (fragmentada) lo que debe buscarse. 
   En ese ensayo comentadísimo, interpretado, malinterpretado, sobreinterpretado, sigue brillando esa «metáfora de la metáfora»; toda traducción es, por supuesto, ruptura y fragmento, pero también el arte de componer los fragmentos, de reunificarlos. Para algunos intérpretes, Benjamín enfatiza el fragmento, la diferencia que no puede ser subsumida en una nueva totalidad. Para otros, se trata de una nueva armonía, de una reconstitución que apunta a la idea de un Lenguaje universal. Pero más que regreso a esa Lengua pre-existente, lo que hace el traductor es reinventar siempre una lengua: propone un nuevo hallazgo, no un regreso a la utopía. De nuevo: en el kintsugi, arte japonés de la cerámica rota y enmendada, podría estar la manera de trascender esta dialéctica. Porque ahí siempre están presente las dos condiciones. La taza reconstruida según esta técnica es la memoria simultánea de ambos estadios: fragmento, vasija. Y de la misma manera que los Victorianos procuraban una restauración perfecta en la que desaparecieran las fisuras, y los modernists aseguraban que «el fragmentó es bello», la tercera vía del kintsukuroi encuentra la belleza absoluta en el «poner-juntos-los-fragmentos».

MONTUNO, Hernán Vargascarreño

0


HERNÁN VARGASCARREÑO, Montuno, Ediciones Exilio, Bogotá, 2016, 74 páginas.

**********
HOMBRES DE SOMBRA

   Es la hora en que por estos montes de dios van sus hombres de sombra vadeando al oscuro a iniciar su jornada. En los abajos de nadie a la luz se la traga el cañón rocoso esculpido por la quebrada silenciosa, esa que causa tanto temor. 
   Siempre sombras para estas montañas. Su única luz, la sonrisa de las muchachas mientras ordeñan las vacas o despulpan el café. El niño que las observa para aprender esos oficios, hace tiempo también es sombra.

EL TIEMPO TODO LOCURA, Rafael Gonzalo Verdugo

0


RAFAEL GONZALO VERDUGOEl tiempo todo locura, Gonzaver, Madrid, 2007, 128 páginas.
***********
En las dictaduras lo que funciona es la censura; en las democracias resulta mucho más efectiva la manipulación.
***
Sólo la tradición española del humor negro explica la existencia de un Ministerio de Fomento.
***
No se puede vivir sin amor, sólo se puede sobrevivir.
***
Si el talento pudiera enseñarse no lo sería.
***
El sentimiento une, la razón separa.
***
Me gustaría morir creyendo que quizá la muerte no es un precio tan alto a cambio de la felicidad de haber vivido.
***
El subjetivismo nos permite comprobar que la verdad de cada uno es la mentira de todos.
***
Alguien que sólo sirva para una cosa, probablemente tampoco sirva para eso.

AFORISMOS Y CHARLAS DE CAFÉ, Santiago Ramón y Cajal

0


SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL, Aforismos y Charlas de café, Renacimiento, Sevilla, 2016, 176 páginas.
**********
Manuel Neila, responsable de esta edición, afirma en las páginas preliminares: "Con su inclusión en la colección «A la mínima», pretendemos acercar los aforismos de Ramón y Cajal, precisos, diáfanos y conmovedores, al lector contemporáneo, y hacer patente la vigencia literaria del autor, como uno de los principales aforistas españoles del siglo pasado."
**********
Apártate progresivamente -sin rupturas violentas- del amigo para quien representas un medio en vez de ser un fin.
***
Nos quejamos de los amigos, porque exigimos de ellos más de lo que pueden dar.
***
¿Analizas el amor? Luego ya no lo sientes. Como el anatómico, los grandes definidores de esta pasión sólo disecan cadáveres.
***
Loor a los nuestros que, como el admirable Sócrates, han hecho de su muerte la más elocuente lección.
***
Al modo de las cordilleras, que en días grises parecen más alejadas que en días claros, ciertos talentos se envuelven en nubes para semejar profundos.
***
Propio de los grandes genios, como de los habitantes de los abismos del mar, es marchar iluminados con su propia luz.
***
La verdad es un ácido corrosivo que salpica casi siempre al que lo maneja.
***
Todo retrato es una confidencia íntima; nos cuenta, no lo que es el retratado, sino lo que desea ser.
***
Preferible será siempre ser personal en las ideas a serlo exclusivamente en el estilo. Porque las ideas quedan y el estilo envejece. Como la moda.

VERDAD Y MEDIA. ANTOLOGÍA DE AFORISMOS ESPAÑOLES DEL SIGLO XXI (2001-2016)

0


LEÓN MOLINA (selección), Verdad y media. Antología de aforismos españoles del siglo XXI (2001-2016), La Isla de Siltolá, Sevilla, 2017, 440 páginas.
**********
Más de 2500 aforismos publicados en España desde 2001: la selección que León Molina ha realizado para una antología que aspira a presentar "una aventura literaria del pensamiento propuesta por un amplio grupo de aforistas de este comienzo del siglo XXI". Tras 25 bloques de 101 aforismos que entremezclan autores y cronologías, el volumen incluye otro sector mucho más breve pero que, sin duda, resulta igualmente valioso: una amplia bibliografía que ayudará a saciar la curiosidad y el interés aforísticos del ya complacido lector.
**********
Solo vale la pena aquello que nos amenaza un poco.
Sergio García Clemente
***
Acariciar purifica las manos.
Ramón Eder
***
La mayoría de las veces nadie oye cuando has dicho que te rindes.
Victoria León
***
¡Afortunado aquel que puede llamar maestro a alguien!
Elías Moro
***
La extraña metamorfosis que convierte el camino de cabras de la escritura en una autopista para  la lectura.
Jordi Doce
***
Todo el mundo cae. Sólo en algunos permanece la altura.
Erika Martínez
***
Ya no tengo fuerzas ni para darles vueltas a mis problemas, pero da igual; siguen girando solos.
Roger Wolfe
***
El barco de la vida no se hunde. Solo se van muriendo los marineros.
Emilio López Medina
***
El hombre es siempre un fruto tardío.
Gemma Pellicer
***
El paseo amansa el paisaje.
José Ángel Cilleruelo

EL VALIENTE Y LA BELLA, Ana María Shua

0


ANA MARÍA SHUA, El valiente y la bella, Planeta, Buenos Aires, 2012, 152 páginas.
**********
SOBRE EL PRÍNCIPE FIRÚS Y LA PRINCESA DE BENGALA

   Este es un antiguo cuento persa, de la época en que volar sólo era posible por arte de magia. Y sin embargo, en el cuento aparece un caballo volador que no tiene nada de mágico, es una invención humana, un aparato comparable a un avión. Los viajeros, los mercaderes y los soldados, llevaban y traían cuentos por el mundo conocido. En todos los países de Europa, en la China, en la India, en Arabia se contaba de distintas maneras el cuento del caballo volador. En todas las versiones que yo leí, el caballo es de madera o de metal. La princesa es siempre bellísima y está encerrada. Su lujosa prisión suele ser un aposento que flota en aire por arte de magia y otras veces una torre muy alta o un palacio más lejano de lo que es posible imaginar. Un príncipe es el Héroe: monta en el caballo volador y se gana el amor de la princesa. En algunas versiones el caballo despliega sus alas. En otras, vuela llenando la tripa de aire. O como en este caso, simplemente vuela, sin que se explique cómo lo hace. Curiosamente, el inventor de semejante prodigio es un sabio feo, insignificante, en ocasiones malvado, que entregaría con gusto la facultad de inventar caballos voladores a cambio de ser hermoso y valiente, a cambio de ser el príncipe, a cambio de lograr el imposible amor de la princesa.
   Siempre pensé que eso mismo debía pasarle al autor del cuento.

FRAGMENTOS TIBIOS, Pablo Miravet

0


PABLO MIRAVET, Fragmentos tibios, La Bolsa de Pipas, Palma de Mallorca, 2002, 140 páginas.

**********
Incluso si no hacemos nada, debemos hacer las cosas con dignidad.
***
Quienes mandan son despreciables básicamente porque no se toman un instante para respirar, porque no descansan nunca.
***
Por una utopía de seres dubitativos. Por una revolución del quizás.
***
Imposible cuantificar la perversidad contenida en un murmullo de aprobación.
***
Es un alivio -o, por mejor decir, un consuelo- pensar que uno no conocerá jamás a cientos, a miles, a millones de personas.
***
¿Podríamos soportar ser aceptados en todas partes?
***
Uno, claro, escribe lo que ha leído, pero de otra manera.
***
Todos, aunque sólo haya sido un instante, nos hemos sentido coronados.
***
En cuanto se baja la guardia, el mundo parece menos malo.

AL PIE DE LA LETRA, Atilano Sevillano

0


ATILANO SEVILLANO, Al pie de la letra: microrrelatos de la A a la Z, Piediciones, Zamora, 2017, 152 páginas.

**********
PARTE MÉDICO

   La paciente presenta secuelas de haber sido atropellada por un unicornio. Tiene las pupilas dilatadas de color azul intenso y el corazón puro. Se aprecian claras señales de amor a la belleza y ganas de soñar.

BABEL DE UN HOMBRE Y OTROS RELATOS, Javier Montiel

0


JAVIER MONTIEL, Babel de un hombre y otros relatos, Maclein y Parker, Sevilla, 2017, 110 páginas.

**********
EL REPOSO DE LAS HOJAS

   Debemos ser al menos cien, quizás más. Esperamos para entrar en un sitio donde he escuchado que pasan buena música, donde conviven seres de todas las especies, de todas las edades. En la calle, junto a las paredes de las casas vecinas, todos juntos formamos una cadena humana ridícula, de eslabones desprendidos y brazos que elevan relojes o celulares y se dejan acompañar por gestos de hastío y comentarios de cómo administrar mejor estos establecimientos.
    Estamos todos muy pegados, tratando de ser solidarios con los que están más al fondo para que no deban doblar la esquina y puedan así perderse de ver el momento tan esperado en que aquellos dos rinocerontes de trajes hechos a medida –a medida de alguien más chico- abran por fin el cordón y podamos entrar.
   Los perros callejeros nos son completamente indiferentes. Cada tanto veo una hoja seca desprenderse de la rama de la que se sostenía tan precaria y austera. La veo navegar por el aire unos instantes hasta tocar por primera vez en toda su existencia, un piso que no es ni de tierra, ni con pastos que le acaricie al rozarlo, no es una superficie húmeda y serena que albergue insectos atraídos por ella. Lo que le espera es el frío negro del asfalto, la carcomida acera del desaliento, los ríos oscuros que rodean nuestras cajas. Y pienso: más le hubiese valido el suicidio que un desprendimiento natural, al menos esta mierda de perro sobre la que reposa ahora tendría más sentido.
   Me acerco al final de ese pensamiento -sintiendo con congoja que aquella hoja merecía ese minuto de silencio, ese pensar lacónico- cuando el tipo que tengo delante hace el amague de dar un paso hacia atrás, para evitar ser golpeado por una chica, y roza la punta de mi zapato que corro inmediatamente para que no lo pise y pueda perder el equilibrio. Sería lamentable que cayera sobre aquella hoja.
   Al mover mi pie, no pude evitar golpear la punta del pie de la chica que está detrás de mí. Pegó un gritito -exagerado si me preguntan- y movió también su extremidad. Golpeó sin querer el tobillo de una anciana que se encontraba agachada detrás de ella hurgando en una bolsa de supermercado, seguramente buscando un tentempié que engañara la madeja de entrañas que escondía bajo la piel de su barriga. Con el golpe se irguió de pronto, pegándole en el mentón al chico de detrás, que sintió inmediatamente como se aflojaba uno de sus incisivos inferiores. Quiso tomarlo antes de que se desprendiera y al levantar la mano, le enterró el codo en el ojo a una niña que acompañaba al borracho de su padre en la fila. El grito de la niña fue muy superior al de la chica que esta inmediatamente detrás de mí. Tal fue la agudeza e intensidad del aire pasando por su garganta que su padre fue arrancado del estado de letargo alcohólico en el que se encontraba, se dio media vuelta, y bajó de una piña a un muchacho todo vestido de negro, con el pelo llovido sobre los ojos y el celular en la mano. Con la vista clavada en la pantalla, no fue capaz de ver que aquel puño traía consigo toda la carga de una paternidad fracasada que intentaba redimirse en aquel heroico acto donde su niña fuese vengada. Sus pelos quedaron unos instantes apuntando hacia el mismo lado que el puño bañado en saliva. Cayó finalmente al piso y el celular voló hacia los pies de una señora ciega, que comenzó a zapatear, histérica, pensando que una rata quería subirse por la red de sus medias. El zapateo cesó cuando uno de los tacones quedó enganchado entre una baldosa floja y otra más tozuda, cayendo de lleno en un grupo de jóvenes asiáticas que tenía detrás y que como efecto dominó, acabó derribando la fila entera, incluso allá, dando vuelta la esquina y tres cuadras más allá.
   Los rinocerontes finalmente abrieron el cordón –y mientras lo hacían las mangas del traje llegaban a sus codos-. Conseguimos entrar cinco personas, pero una voz en off nos indicaba que el espectáculo se cancelaría por falta de concurrencia y que a ninguno de nosotros se nos devolvería el dinero. 

EL ARTE DE EMOCIONARTE, Cristina Núñez Pereira & Rafael R. Valcárcel

0


CRISTINA NÚÑEZ PEREIRA & RAFAEL R. VALCÁRCEL, El arte de emocionarte, Nube de tinta, Barcelona, 2016, 144 páginas.

**********
Ilustrado por Luciano Lozano y Albert Arrayás, este libro de Cristina Núñez Pedreira y Rafael R. Valcárcel subtitulado Explora tus emociones acerca a un público mediante aforismos, sopas de letras, anécdotas y recomendaciones cinematográficas, el estudio de las emociones desde la A de aburrimiento, amor o asco, a la V de vergüenza.
**********


Las palabras simpatía y EMPATÍA son sospechosamente parecidas. Pero no conviene confundirlas. La primera designa una inclinación afectuosa hacia alguien, y suele ser recíproca. Alguien nos resulta simpático quizá porque sentimos lo mismo ante los mismos estímulos (compartimos gustos o inquietudes, puede que miedos...). La segunda señala la capacidad de identificarnos con la otra persona e intuir lo que siente, aunque nosotros en esa misma situación reaccionemos de manera distinta. Así, probablemente a un piloto de aeronaves le resultarán simpáticos otros pilotos o paracaidistas. Pero será la empatía la que lo conecte con alguien que tiene miedo a volar.


Cambio de agonías como de vestidos.
No le pregunto al herido cómo se siente,
me convierto en el herido.
Sus llagas se hacen lívidas en mi carne,
mientras lo observo, apoyado en mi bastón.

WALT WHITMAN, Canto a mí mismo


VIVIR TAMBIÉN EN LA FICCIÓN

Al leer un cuento o una novela o al ver una película o una obra de teatro, ocurre un fenómeno mágico:
dejamos de existir. Sí; olvidamos nuestra identidad para vestirnos con los ropajes de la historia. Es decir, nos fundimos con lo que sucede en la ficción, experimentamos (sin darnos ya cuenta de si estamos tumbados o sentados, cómodos o incómodos) el denso abanico de emociones que se plasma en ella. La «vivimos». Es una suerte de empatía que nos permite conocer otras vidas y explorar sentimientos que, quizá, no forman parte de nuestro catálogo emocional cotidiano.



HISTORIAS INSPIRADORAS



En la película ¿Dónde está la casa de mi amigo? (Abbas Kiarostami, 1987), Ahmed, movido por la empatía, hace un gran recorrido para devolverle a su amigo Mohamed un cuaderno de ejercicios.


LA ESCRITORA Y EL ENTERRADOR Y OTROS RELATOS, Jone Miren Asteinza

2


JONE MIREN ASTEINZA, La escritora y el enterrador y otros relatos, Bubok, 2012, 92 páginas.
**********
LA ESCRITORA Y EL ENTERRADOR


   Era una mujer callada, de aspecto más bien triste. Casi nunca sonreía, no tenía amigas ni nadie con quien compartir sus sueños; sus alegrías habitando en el fondo de un pozo sin fondo, sus letras sobre el papel y solo durante el día. Escribía y escribía sin parar, casi sin levantar la cabeza del pliego de papel. De vez en cuando miraba sus manos y la escritura cesaba, y con aspecto resignado, cerraba los ojos y vagaba por esos mundos que solo existían en su imaginación, mundos perdidos repletos de letras gritando por salir a la luz, una duda en el aire buscando solución cada día, planes a dejando paso al plan b respectivo. Sueños y anhelos que se negaban a morir, ideas que golpeaban sin piedad para no caer en el olvido, palabras buscando un verbo, adjetivos buscando sujetos, angustias luchando por ganar terreno, ilusiones perdidas buscando una escribiente que les permitiera volver a vivir, volver a existir, volver a vibrar y volver a sentir. Casi a medianoche, el enterrador abre la puerta y entra en su casa. Ha sido un día agotador pero como todas las noches, va directamente al escritorio de su mujer, allí están los pliegos de papel repletos de letras, letras que han nacido del silencio, letras que no verán la luz, letras que mañana volverán a ser escritas tal vez con tinta roja o tal vez con tinta azul. Mira los pliegos con ternura, acaricia lo escrito con emoción, llora y se quita de un manotazo las lágrimas derramadas, abre el armario de la entrada, saca su pala y va al jardín, allí, como todas las noches, no sólo entierra sus letras, también entierra las emociones, las ilusiones, los sueños y el porvenir. Su mujer observa desde la ventana del dormitorio. Su rostro no está triste, ahora sonríe con dulzura, ahora comprende, ahora ve la luz, ahora sabe que mañana tiene que seguir escribiendo, tiene que seguir viviendo con sus letras el día a día, letras que de noche su marido entierra. 

CICATRICES, Esther Seligson

0


ESTHER SELIGSON, Cicatrices, Páramo Ediciones, México D.F., 2009.

**********
Tiempos de incertidumbre y destrucción: pan nuestro de cada día por el que no es preciso rezar.
Tampoco por las cicatrices que omitimos maquillar.
***
El amor no tiene sexo, no tiene edad, no tiene hora.
El amor no existe. Sin embargo, el Amor estaña todas las cicatrices.
***
No espero el apoyo de un báculo dorado; mucho menos una primavera eterna.
***
Soy irreverente, más por candor que por mala leche, pues cuando me da por la mala leche me vuelvo implacable iconoclasta.
***
El melancólico repasa sus cicatrices como el piadoso las cuentas de su rosario.
***
Tendemos a concluir demasiado naturalmente que la cicatriz es el resultado de una herida, que ésta ha de resolverse en aquella y sanseacabó.
Y no hay razón objetiva para que suceda de otra manera.
Para la memoria, sin embargo, la cicatriz es apenas la herida de la herida herida, una eterna fisura de la realidad absoluta de cada quien…
***
En relación a los afectos en general, y al amor en particular, aún albergo una duda: ¿por qué si soy un ser de absolutos siempre termino por aceptar migajas?
***
El suicida nos confronta con lo irreversible. La muerte, con lo irremediable. En el primer caso se puede argumentar y jugar con las "otras" posibilidades. En el segundo, no hay ajedrez que valga.

EL USO DE LAS RUINAS. RETRATOS OBSIODIONALES, Jean-Yves Jouannais

0


JEAN-YVES JOUANNAIS, El uso de las ruinas. Retratos obsidionales, Acantilado, Barcelona, 2017, 144 páginas.
**********
En Donde se comienza, naturalmente, por saber más acerca del verdadero autor de esta obra... (pp. 9-15) Jouannais recuerda: «Sitiar es obsesionar. Obsidere ha producido estos dos verbos, los cuales describen la misma acción. Ser, en tanto que individuo, el objeto de una obsesión es estar sitiado igual que una ciudad puede estar sometida a un cerco. Los artistas no tienen ideas, es más bien una obsesión lo que los posee». En Donde se termina, tal vez un poco tarde, por comprender de forma más precisa lo que quiere decir «obsidional» (pp. 133-136) Vila-Matas se sirve de la historia del USS New York, el navío construido a partir de los escombros de las Torres Gemelas, para recordarnos que ningún principio escapa a la «fiebre obsidional». 
**********


BERNARDO BELLOTTO

   El pintor Bernardo Belotto regresa a Dresde en 1762. Ese regreso es de una gran tristeza. Bellotto está arruinado; la ciudad también. Se asemejan. Se asemejaban ya, en la opulencia y en la prosperidad, cuando se instaló allí por primera vez con su familia quince años antes. Estaba entonces en el apogeo de su gloria cuando Federico Augusto II de Sajonia le había llamado como pintor de cámara. Durante sus diez años de estancia pintó catorce Vistas de Dresde. Retratos de una ciudad llena de un frenesí que parecía que no se acabaría nunca, recorrida por coches de alquiler, enamorada de sí misma, capaz de coquetería hasta en lo grandioso. A su regreso la encuentra ultrajada, aún ennegrecida por los incendios. Los edificios que pintara están hundidos. La tierra estaba abrasada tan por completo, en todos los sentidos, que no quedaba allí una piedra sobre otra. La guerra de los Siete Años había precipitado a Sajonia en un calvario de calamidades. Vuelve a encontrar la iglesia gótica de Santa Cruz en la plaza del Mercado Nuevo. Reventada por los bombardeos prusianos, abierta a todos los vientos, no es más que un hacinamiento desagradable. La pinta. El cuadro se llama Ruinas de la Krezkirche de Dresde.
   En 1767, Estanislao Augusto Poniatowski le llama a Varsovia. Ejecuta su serie de las Veinticuatro vistas de la ciudad. Las vistas de Varsovia están hoy en día, en su mayoría, reagrupadas en el castillo real de la ciudad. Debido a su precisión, las telas de Bernardo Bellotto servirán de modelo para la reconstrucción de los edificios de Varsovia destruidos durante la Segunda Guerra Mundial, Constituirán una de las fuentes principales para el nuevo trazado arquitectónico y de ornamentación urbana de la vieja Varsovia. Lo real será copiado de nuevo de acuerdo con una obra de arte, reconstituido según la mirada de un artista que vivió dos siglos antes. Es lo que la Historia tendrá a bien retener de Bellotto, memoriógrafo de una ciudad destinada a desaparecer, cuyas telas serán como los planos de su resurrección. Que las pinturas de Bellotto hayan podido servir para reconstruir una ciudad borrada del mapa por la guerra casa perfectamente con lo que eran las concepciones estéticas de un tal artista. Bellotto aprende y practica su arte en Venecia a mediados del siglo XVIII, en una época en que se desarrolla allí la escuela vedutista. La veduta italiana quiere mantener la promesa, inherente a su etimología, de ofrecer un retrato de las ciudades tal como ellas se presentan, en el respeto puntilloso de los menores matices, en la expresión irreprochable de sus detalles. Eso es lo que se retendrá, porque la idea que nos hacemos de la veduta no se acerca nunca a la hipótesis de lo imaginario. Bernardo Bellotto no soñó jamás, y si lo hizo, no lo proyectó nunca en su pintura. Sin embargo, en Italia, en vida de este pintor, se desarrollaban variantes del género llamado veduta. Giovanni Pannini, por ejemplo, que fue el primer vedutista en interesarse por la pintura de las ruinas, vio cómo su gusto le llevó hacia unas escenas totalmente imaginarias. Estas representaciones no tardaron en responder al nombre de vedute ideate. Piranesi fue el más importante grabador de este tipo de visiones. Entonces resultaban posibles retratos de ciudades inverosímiles sin dejar por ello de ser realistas. Vistas del espíritu confundidas con planos de urbanismo, sueños trasplantados a la piedra de las capitales.
   Se ha querido recordar a Bellotto como un pintor escrupuloso, cuya manera realista permitió recuperar los muros de Varsovia, reproducir el trazado de los barrios humillados y hacer de ellos un retrato idéntico a su recuerdo. Pero existe una hipótesis más incómoda: Bellotto habría sido un artista mediúmnico, un pintor de vedute ideate que habría tenido una visión de la ciudad de Dresde tal como aparecería de nuevo, dos siglos más tarde, en la mañana del 15 de febrero de 1945. Los Aliados, que habían buscado todas las fuentes de información posibles sobre los centros urbanos que deseaban bombardear, consultando todo tipo de archivas, solicitando todos los testimonios posibles, ¿no habrían consultado los panoramas de Bernardo Bellotto para saber más sobre lo que deseaban hacer en Dresde? Si se pudo «recopiar» Varsovia a partir de lo que había pintado Bernardo Bellotto de ella, los Aliados también pudieron inspirarse en el cuadro que representa las Ruinas de la Kreuzkirche de Dresde para transformar la ciudad tal como ellos deseaban verla.

NOTAS SOBRE LA LITERATURA Y EL SONIDO DE LAS COSAS, Marcelo Cohen

0


MARCELO COHEN, Notas sobre literatura y el sonido de las cosas, Malpaso, Barcelona, 2017, 330 páginas.

**********

Jorge Carrión en Puente aéreo: Buenos Aires-Barcelona (pp. 5-9) dice: «El fraseo de Cohen, su música, va del aforismo y la frase feliz a la subordinación del pensamiento que aduce razones y las detalla; de la cita pertinente a la afirmación a la afirmación paradójica». El libro se divide en tres bloques, uno de ellos Miniaturas que ensayan y crónicas en miniatura (pp. 205-218).
**********


PRIMITIVOS DEL FUTURO



   No sé si puede demostrase que que antes se leía más que ahora. Lo que sugiere mi experiencia y la de algunos viejos sabios es que los grupos sociales llamados ilustrados dedican cada vez menos tiempo a leer: profesionales diversos, estudiantes secundarios y universitarios y, notoriamente, artistas e intelectuales. El cambio de paradigma cultural es más agudo de lo que aceptamos sospechar. Pero ¿vale la pena volver a internarse en los motivos de la deserción? El abandono de los libros es un síntoma doloroso o alarmante solo para quienes creen que los libros importan. Por mi parte, creo que una buena novela, un verso «que conmueve como la proximidad del mar», importan tanto como, por ejemplo, la amistad. Los chicos pensarán que estamos en un mundo despiadado y fascinante, donde mil imágenes nos acercan el infinito múltiple en un minuto. Puede ser; y tal vez sea obvio que los libros no han neutralizado la brutalidad del mundo. Pero es raro pensar en el futuro de los imaginólatras. No hay secuencia de David Lynch que pueda contar y pensar la perversión mejor que una novela de Sade; no hay documental que explique la mentira mejor que Confesiones del estafador Félix Krull. La mayoría de las imágenes que proliferan no ofrece síntesis, sino reducciones. El mundo de los que no leen será un mundo no de «incultos», sino de ingenuos. Y de nada vale el argumento de que la vida enseña más que los libros. La vida es algo que hoy casi no existe fuera de la gran realidad virtual que suplanta a la realidad verdadera. En la acabada ficción de lo audiovisual no hay acumulación de experiencia ni cambio que no sea tecnológico: solo hay repetición, como entre los llamados pueblos primitivos. El mayor inconveniente, para estos incautos del futuro, no va a ser que los poderosos puedan engañarlos; porque, o los engañarán tanto como siempre, o el cine de denuncia les dará lecciones de historia. Lo grave va a ser que tomen las palabras ajenas y las propias al pie de la letra; que crean que e] lenguaje los representa; que desconozcan la inadecuación entre palabra y sentimiento, el poder del malentendido; que actúen como si los humanos nos comprendiéramos bien. Cuestiones como el doble o triple filo de las palabras, como la infinita necesidad de explicaciones que requieren ciertas frases, solo las ventila la literatura, Al revés que el «ignorante» de otros tiempos, el primitivo tecnológico está al tanto de montones de cosas; pero como no lee, cree que el lenguaje, como las imágenes, explica fehacientemente; y esta ingenuidad terminará por anularlo, si antes no lo vuelve peligroso.

ARTISTAS SIN OBRA. «I WOULD PREFER NOT TO», Jean-Yves Jounnais

1


JEAN-YVES JOUANNAIS, Artistas sin obra. «I would prefer not to», Acantilado, Barcelona, 2014, 160 páginas.

**********
Relata Enrique Vila-Matas en Doble Shandy (pp. 9-20) el impacto que le produjo la lectura en una noche de 1998 de Artistes sans oeuvres. «I would prefer not to». Este libro le devolvió «los deseos de explorar el misterioso asunto de los escritores que se retiran de la escritura», por lo tanto fue no sólo el estímulo para proseguir Bartleby y compañía y el comienzo de una fértil conversación con Jouannais.
**********
FÉLIX FÉNÉON, ESCRITOR POSTUMO 

   Invisible fue también la obra de Félix Fénéon (1861-1944) en vida. O al menos sólo la reivindicó discretamente. Escribió artículos, muchísimos, pero o no los firmaba o lo hacía sólo con sus iniciales. «Félix Fénéon se preocupaba más de ejercer su inteligencia mediante la escritura que de firmar lo que había escrito», escribe Georges Bernier.1 Su firma apareció en 1886, en la cubierta de un modesto librito de cuarenta y tres páginas titulado Les impressionistes, del que tan sólo se editaron doscientos veintisiete ejemplares. Y después nada más hasta 1944, la fecha de su muerte, a la edad de ochenta y dos años. Si bien no fue escritor en vida, Fénéon lo fue una vez muerto. Jean Paulhan publicó en 1948 las Œuvres2: aquella obra, que jamás se había publicado individualmente, se hizo plural. Después hubo que esperar hasta 1970 para que Joan Halperin reuniera lo que ella llamó las Œuvres plus que completes [Obras más que completas] en dos volúmenes3, el segundo de los cuales cuenta con un centenar de páginas de las «famosas» Nouvelles en tris lignes [Novelas en tres líneas] que escribió para Le Matin a partir de 1906. Éstas eran sucesos en tres líneas, como el haikú es un poema en tres versos, y se presentan como novelas elípticas, como vastas sagas depuradas, reducidas tan sólo a sus costuras, La comedia humana condensada en un punto de antimateria donde se precipitan sin esperanza de reflexión las substancias dramáticas del bovarismo, de lo burlesco de los tópicos, de lo sórdido de los actos irreversibles: «Abandonada por Delorce, Cécile Ward rechaza acogerlo de nuevo, salvo en matrimonio. El la apuñala, puesto que esta condición le había parecido escandalosa».4 
   Pascal Pia afirma que: «Lo que distingue a Fénéon es la diversidad de sus aptitudes y conocimientos, la constante pertinencia de sus palabras y, por último, su negligencia en el empleo de tantas capacidades. Cuántos autores que no tienen nada que decir producen cada año uno o varios libros nuevos. Fénéon, que hubiera podido tratar cualquier tema sin decir estupideces, no escribió casi nada que no fuera por obligación profesional o con el propósito de servir a personas que apreciaba»5. Y añade: «Convengámoslo: Fénéon, estilista incomparable, no era un hombre de letras. Casi me atrevería a decir que se empeñó en no llegar a ser un literato». Por este mismo retrato en negativo, imagen del amor a los condicionales, optará Florence Delay: «La verdadera bomba de Fénéon fue su silencio. En la encrucijada del siglo XIX con el XX, un perfecto escritor evitó escribir»6
   Y de hecho hubo otra bomba, no menos cierta que la evocada por Florence Delay, una máquina infernal que explotó el 4 de abril de 1894 en el restaurante Foyot, a dos pasos del Senado, y que, según la hipótesis de Joan Halperin, habría lanzado Fénéon. Era efectivamente anarquista, se lo consideró sospechoso y compareció en el Proceso de los Treinta. Jean Halperin, confrontando los testimonios, menciona una bomba escondida en una maceta de jacintos. En efecto, tal cosa hubiera armonizado con el irónico estilo que le hacía desear ver florecer las tumbas que se proponía excavar. No hubo muertos, tan sólo un herido: el escritor Laurent Tailhade, también anarquista y amigo muy querido de Fénéon. 
   Afirmar que Félix Fénéon no tuvo obra en vida significa que delante del escritor, del dandy, del crítico, se alzaba, como una pantalla, la figura enmascarada, oculta, del anarquista. La costumbre precavida de no firmar, de no darse a conocer, de prohibir cualquier publicidad de su nombre, se aplicaba a todos los aspectos de su vida. 
   Y por añadidura, la feliz carrera de Fénéon es en sí misma la refutación más eficaz a quienes proclaman que no firmar los libros es no creer en la literatura, a los irascibles que vociferan contra el nihilismo de hombres según ellos sin convicciones. Puesto que Félix Fénéon renunció pronto a una carrera personal para poner al servicio de los demás su inteligencia y su sensibilidad de hombre de gusto. Fénéon amó mucho más la literatura que muchos urdidores de páginas y demás perpetradores de novelas. A través de las revistas que animó o dirigió, La Libre Revue, La Revue indépendante. La Vogue, Les Entretiens politiques et littéraires y, más tarde, La Revue blanche, le debemos el descubrimiento de Dostoievski, Tolstói, Ibsen, Gorki y Strindberg. Asimismo, en 1923, fue él quien hizo publicar en Francia el Dedalus de James Joyce. Y a él se debe la publicación de algunos de los textos más célebres de Verlaine, Laforgue, Mallarmé, Gide, Jarry, Apollinaire, y sobre todo las Iluminaciones de Rimbaud7
   Producir, para Félix Fénéon, lejos de las connotaciones capitalistas y vanidosas, no se podía afrontar más que en su sentido etimológico estricto, el más generoso: “poner delante”. En este caso, poner una obra ante el público, compartir un impulso, un arrebato; el sacerdocio completamente alegre de un hombre que no estaba enamorado de su nombre8


1 En La Revue blanche, ses amis, ses artistes, Paris, Hazan, 1991. Thadée Natanson, en 1895, le propone el puesto de secretario de redacción de la revista. Trabajará en ella hasta 1903, y publicará numerosos textos, pero «no se decidió más que dos veces a dejar su nombre completo y en los dos casos fue como traductor».
2 Félix Fénéon, Œuvres, París, Gallimard, 1948. 

3 Félix Fénéon, Œuvres plus que complètes, Ginebra, Droz, 1970.  
4 Honore Balzac, La peal de chagrin [La piel de zapa]: «¿Donde encontraréis, en el océano de la literatura, un libro que sobresalga y que pueda competir en fuerza seminal con esta noticia breve de un periódico? “Ayer a las cuatro de la mañana, una joven se tiró al Sena desde lo alto del Pont-des-Arts”». 
5 Pascal Pia, en Discordante  n.º I, París, La Différence, 1978. 
6 Florence Delay, Petites formes en prose après Edison, París, Hachette, 1987. 
7 En este último caso, el manuscrito se lo habría dado Verlaine a Gustave Kahn para su publicación en La Vogue, creada en 1886. donde trabajaba entonces Fénéon. 
8 Como algunos escritores sin obra—que deben fascinar a los otros escritores, a los que escriben, firman y publican—, Félix Fénéon, igual que Jacques Rigau o Roberto Bazlen, integraron por otras vías la literatura que habían esquivado, al convertirse ellos mismos en personajes novelescos. Félix Fénéon fue el modelo explícito de algunos personajes, por ejemplo en Une passade de Pierre Veber y Willy, en Le roman d'un singe de Armand Charpentier, o en Les cœurs utiles: l'époque de Paul Adam.

RUBOR DE TINTA, María Belén Mateos Galán

0


MARÍA BELÉN MATEOS GALÁN, Rubor de tinta, Diversidad Literaria, 2016, 102 páginas.

**********
RECETA FAMILIAR

   Rebusqué los ingredientes para preparar una sencilla y suculenta sopa. Una cebolla, una pizca de sal y unos granitos de arroz para espesarla. Con las sustancias cociendo a fuego medio, fui aspirando su olor, dejándome empapar por sus pequeñas burbujas. Acerqué mis manos al suave calor de su vapor y traté de escuchar el borboteo que jugaba con el agua. Recé dos padrenuestros y cinco avemarías, como me había enseñado mi abuela, para saber el punto exacto de cocción.
   Serví este manjar en tres platos. Los niños me preguntaron si no tenía hambre, les contesté que ya había cenado.

IRRESPONSABLES, Leandro Hidalgo

0


LEANDRO HIDALGO, Irresponsables, Micrópolis, Lima, 2016.

**********
IRRESPONSABLES

   Somos irresponsables, culpables de lo que no está hecho, odiosos de la obligatoriedad del acto. No tomamos magnitud, ni percibimos ninguna deuda. La omisión y el desánimo no representan un castigo para nosotros. Dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy.
   Cada vez que no vibró, lo soltamos; si se quería ir, lo dejamos; si se quería quedar, lo quedamos. Asumimos las consecuencias y a veces no sabemos ni cuáles son. Somos niños que guerrean las batallas inútiles que nos inventamos librar. Somos un jardín de infantes en Alcatraz. No verificamos, no somos exactos, no lo entendemos, no disponemos de pruebas para nada de lo que decimos.
   Somos irresponsables, infractores de lo que no hemos escrito por nuestra cuenta, pero inocentes de lo que hacen los responsables en nuestro nombre.