EL LIBRO DE LOS GIGANTES, FANTASMAS Y DUENDES, John Mattews

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JOHN MATTHEWS, El libro de los gigantes, fantasmas y duendes, Brosquil, Valencia, 2003, 80 páginas.
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Subtitulado Relatos tradicionales de todo el mundo, está profusamente ilustrado por Giovanni Manna.
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EL DUENDE, EL TENDERO Y EL ESTUDIANTE

[Un Relato Danés]

   Había una vez un tendero que tenía un duende viviendo en su sótano. Este duende permanecía allí porque cada Navidad el tendero le dejaba un platito con galletas y mermelada, que eran los dulces favoritos del duendecillo. Todo el mundo sabe que si le das a un duende aquello que le gusta, será amigo tuyo para siempre.
   En el ático de la casa del tendero vivía un pobre estudiante, tan pobre que no tenía nada en el mundo. Un día el chico bajó a comprar un poco de pan y queso al tendero. Al salir de la tienda se dio cuenta de que el queso estaba envuelto en una página arrancada de un viejo libro.
   —¡Es la poesía más hermosa que he leído! —exclamó—. ¿Cómo podéis usarla para envolver el queso?
   —Ah, el libro, está ahí. Me lo dio una anciana a cambio de un poco de café. Si te interesa, te lo vendo por dos peniques.
   El estudiante dudó un momento, pero pensó...
   —Sería una pena estropear así el libro, además puedo comerme el pan sin queso —y añadió dirigiéndose al tendero—. Puede que seáis un buen comerciante, pero sabéis tan poco de poesía como ese barril lleno de galletas.
   Resulta que el duende se encontraba escuchando por allí cerca, y se enfadó con el estudiante por haber dicho que el tendero, que le regalaba dulces, no sabía nada de poesía.
   Así que aquella noche, cuando el tendero cerró la tienda, el duende subió del sótano y le preguntó al barril de galletas:
   —¿Es verdad que no sabes nada de poesía?
   —Eso no es cierto —replicó el barril—. El tendero a menudo guarda en mi interior viejos periódicos que yo voy ojeando. De ahí que he leído bastante poesía.
   El duendecillo siguió preguntando a más objetos de la tienda si sabían algo de poesía. Preguntó a la balanza, a la picadora de carne e incluso al molinillo de café, y casi todos ellos habían leído mucha poesía.
   —¿Ah sí? ¡Pues pienso decirle al estudiante que el tendero sí entiende de poesía!
   Y se dirigió de puntillas al ático. Pero por debajo de la puerta del estudiante se escapaba una luz brillante. El duende ojeó a través de la cerradura y en el interior vio al chico con el viejo libro del tendero.
   ¡Pero estaba ocurriendo algo extraordinario! Del interior del libro escapaba una luz que daba forma a un enorme árbol, un árbol en flor, y cada flor tenía la carita de una niña.Y también tenía frutos, ¡y los frutos brillaban como estrellas! La más hermosa música jamás escuchada envolvía suavemente la habitación, procedente también del árbol.
   El duende nunca había visto nada tan maravilloso, y tan emocionado se sentía que terminó llorando en la puerta hasta que la luz se apagó y el estudiante se fue a dormir. Incluso entonces se escuchaba una nana de fondo.
   —Increíble. Creo que me vendré a vivir con el estudiante.
   Pero luego pensó un poco y consideró que el estudiante no podía darle galletas y mermelada en Navidad, así que deslizó de nuevo hasta el sótano. Pero noche tras noche subía al ático a escuchar aquella música y a atisbar por el hueco de la cerradura el hermoso árbol de luz.
   Una noche se oyó un fuerte golpe en la puerta de la tienda y alguien gritó “¡Fuego, fuego!” Todo el mundo se despertó sobresaltado y corrió a salvar sus objetos más preciados. El tendero se dirigió hacia el dinero, su esposa hacia las joyas, pero el duende subió veloz hacia el ático. El estudiante estaba asomado a la ventana, pasmado ante las casas que ardían al otro lado. El duende no tenía ninguna duda sobre lo que debía salvar: el libro.
   Estaba allí, sobre la mesa. El duende lo cogió y lo escondió bajo su gorro rojo. Después saltó por la chimenea y se sentó en el tejado mientras veía arder las casas del otro lado.
   Pronto llegaron los bomberos y en breve extinguieron el incendio. La casa del tendero estaba intacta. En silencio volvió a bajar hasta la habitación del estudiante y dejó de nuevo el libro sobre la mesa. Cuando regresó al sótano meditó sobre lo ocurrido y tomó una decisión.
   —Pasaré la mitad del año con el estudiante y la otra mitad con el tendero, porque a pesar de lo mucho que me fascina el árbol mágico, y a pesar de la música tan deliciosa que se escucha, la pura realidad es que soy incapaz de renunciar a las galletas y la mermelada.

EL CIELO EN RUINAS, Ángel Fabregat Morera

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ÁNGEL FABREGAT MORERA, El cielo en ruinas, Me gusta escribir, Pallejà, 2015, 100 páginas.

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EMOTIVA DESPEDIDA

   Era de los pocos analfabetos que debían quedar en España. Firmaba con su dedo índice porque de niño no pudo ir a la escuela, no obstante, como era muy avispado, aprendió a silbar como un jilguero. El día que lo enterraron, en mitad de la ceremonia, se oyó un gorjeo maravilloso con quiebros imposibles y florituras. El párroco detuvo la ceremonia y preguntó al único monaguillo que tenía:
   —¿Por dónde ha entrado el pájaro?
   El chaval respondió:
   —Creo que ha venido con la comitiva fúnebre.
   Sin más, recibió una discreta colleja.

FRASES INGENIOSAS, Carlos León Maroto

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CARLOS LEÓN MAROTO, Frases ingeniosas, Edelvives, Zaragoza, 2002, 122 páginas.

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Carlos León reescribe estas anécdotas que gravitan alrededor de una frase ingeniosa. Las ilustraciones son de Irene Fra.
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EL CHOCOLATE DEL LORO

   En el siglo XVI, en Francia, vivía una familia noble, aunque con poco dinero. Cierto día, el padre hizo cuentas y vio que la familia gastaba más de lo necesario; sobre todo, comprendió que, de seguir así las cosas, se arruinarían. Decidió, por tanto, reunir a todos los miembros de la familia y exigirles que hicieran menos gasto. Pero la señora dijo que ella no podía prescindir de sus vestidos, de sus joyas, de la peluquería, de sus potingues... La hija afirmó otro tanto, y añadió que necesitaba ir a las fiestas. El hijo aseguraba que precisaba dinero para sus diversiones y viajes. En fin, hubo grandes voces y gritos y, al final, nadie quiso reducir gastos.
   De pronto, todos se fijaron en el loro, que estaba tranquilamente en su jaula. Y manifestaron:
   —La culpa de todo la tiene el loro. De ahora en adelante no le compraremos chocolate y así se arreglará nuestra economía.
   Por esta razón, cuando se pretende solucionar un problema económico eliminando gastos pequeños y que no resuelven la situación, se habla del chocolate del loro.



DURACIÓN Y RELÁMPAGO, Masaoka Shiki

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MASAOKA SHIKI, Duración y relámpago. Haikús de Shiki, Verdehalago, México D.F., 2014, 100 páginas.
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Perales en flor
casas en ruinas
saldo de la batalla

CARTAS DE TODOS PARA TODOS, Toon Tellegen

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TOON TELLEGEN, Cartas de todos para todos, Noguer, Barcelona, 2013, 148 páginas.

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 Heilette van Ree ilustra esta colección de relatos del reconocido autor holandés.
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LAS CARTAS DEL TOPO

   «¡Cartas! ¡Yo! ¡Yo nunca recibo cartas! —pensó el topo—. Nunca.»
   Invadido por un sentimiento de injusticia, se puso a abrir una galería subterránea en la tierra oscura.
   «Ni un triste saludo —pensó—. Ni una invitación a excavar bajo el desierto. O bajo el hielo. Nada.»
   Golpeó la tierra de rabia.
   Pero no hubo respuesta.
   «Solo hay una persona que quiera escribirme —pensó— Y ese soy yo mismo.»
   Y así, en la oscuridad profunda de la tierra,se escribió a sí mismo una carta tras otra.
   Apreciado topo:
   Muchos abrazos.
   El topo

   O:
   Apreciado topo:
   Te echo de menos.
   El topo

   Cuando acababa de escribir cada carta, la escondía en el barro, se la encontraba mas tarde, como por casualidad, y la leía. A veces se le saltaban las lágrimas.
   «Muchas gracias, topo», pensaba entonces. O: «A ti también te echo de menos, topo». Y hasta: «Siempre serás bienvenido, topo. Siempre siempre».
   A veces daba fiestas para los remitentes de todas las cartas. Entonces corría de un lado a otro por sus galerías y madrigueras más oscuras.
   Y también bailaba.
   «Pero feliz, lo que se dice feliz —pensaba mientras bailaba consigo mismo—, no sé si lo soy.»
   Al final de una de esas fiestas se sentó en un rincón, y se escribió una carta a sí mismo que decía:
   Tienes que irte de viaje, topo.
   Asintió con la cabeza y se fue de viaje. Hacia arriba: en dirección al aire misterioso. Contuvo la respiración al ver los primeros rayos de luz que traspasaban la tierra y prosiguió la lenta ascensión.
   Aquella noche hizo una visita inesperada a la ardilla. Tomaron un te negro y el topo le habló de sus fiestas en la profundidad de la tierra. Grandes, oscuras fiestas, sin un rayito de luz. La ardilla meneaba la cabeza asombrada. El topo removía el té en la taza y rogaba por que el tiempo se detuviera de una vez para siempre.


¡BASTA YA!, Yanneth Peña, Nathalie Pabón Ayala y otros

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YANNETH PEÑA, NATHALIE PABÓN AYALA & OTROS, ¡Basta! Mujeres colombianas contra la violencia de género, Debate Escrito, Bogotá, 2015, 94 páginas.

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En el Prólogo (pp. 15-17) se explica el sentido del proyecto: además de reconocer "la deuda histórica que se tiene con nuestras mujeres", proclamar "un acto de justicia que hace eco a su voz empoderada reclamando sus derechos."
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COLLARES

   Esa tarde, al frente del espejo, se probaba el collar de abalorios que le había regalado su hijo para las bodas de oro. Pocos días después los delincuentes atacaron su casa de campo, le ataron un collar de explosivos alrededor del cuello. Horas de angustia a campo abierto; expertos intentaron desactivar la bomba. A las cuatro de la tarde, a una distancia prudente, su familia vio la explosión, el cuerpo destrozado de la madre, los gritos, las lágrimas; imagen aterradora en un país acostumbrado al carnaval de la muerte inverosímil.

Nana Rodríguez Romero

POR EL ENVÉS DEL TIEMPO, Raquel Vázquez

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RAQUEL VÁZQUEZ, Por el envés del tiempo, Cardeñoso, Vigo, 2011, 64 páginas.

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Blas Muñoz Pizarro en el Prólogo (pp. 9-14) destaca la dicción de una autora que parece no entregar a los lectores su primer poemario. Entre los veintiocho poemas, sobresalen algunas formas breves.
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ETERNO RETORNO

Pasan los años
y persiste en su empeño
la golondrina.

FABULEARIO, Edward Lear

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EDWARD LEAR, Fabuleario, Anaya, Madrid, 1993, 272 páginas.

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Santiago R. Santerbás, editor y traductor, acompaña de un gran aparato crítico esta volumen en el que se recogen los Limericks y el Fabulario en prosa, además de un Espistolario y otros textos bajo la etiqueta de Miscelearánea.  
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A una dama el sombrero mancillaban
los pájaros que encima se posaban;
y decía: «¡Da igual!
Siempre fui muy cordial
con las aves que el gorro me pringaban!


(There was a Young Lady whose bonnet
Came untied when the birds sat upon it;
But she said, "I don‘t care!
All the birds in the air
Are welcome to sit on my bonnet!")


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FÁBULA MORAL DE LOS TRES PARES DE GAFAS

   Éranse una vez tres pobres estudiantes, muy cortos de vista, cada uno de los cuales poseía un solo par de gafas con montura de concha; y los tres se habían puesto en camino hacia una lejana Universidad con el propósito de competir por una cátedra.
   En el camino, mientras dormían al borde de la cuneta, un ladrón les robó sus tres pares de gafas con montura de concha. Al despertar, su confusión fue enorme. Dieron tras­piés, se cayeron, se extraviaron y, poco antes de anoche­cer, se encontraron con un buhonero.
   —¿Tiene usted gafas? —le preguntaron los tres desdicha­dos estudiantes.
   —Sí —respondió el buhonero—, precisamente tres pares; pero tienen monturas de oro primorosamente trabajadas. En realidad fueron hechas para el rey, y cuestan tanto y tanto.
   —Semejante suma —dijeron los estudiantes— es dispa­ratada. Es casi todo lo que tenemos.
   —No puedo cobrar menos —dijo el buhonero—. Pero aquí tengo una sartén de marfil hecha a mano que les puedo ofrecer por una suma insignificante; y les recomiendo viva­mente que la compren, porque es una ganga asombrosa, y es muy posible que no vuelvan a tener jamás ocasión de encontrar una oportunidad parecida.
   El mayor de los tres estudiantes dijo:
   —Seguiré mi camino a tientas si es preciso. Es ridículo comprar a tal precio uno de esos pares de gafas.
   —Pues yo —dijo el segundo— estoy decidido a adqui­rir la sartén de marfil hecha a mano. Cuesta poco y puede ser útil, y es probable que no vuelva a encontrar jamás una ganga tan extraordinaria.
   Sin embargo, el más joven de los tres, haciendo caso omiso de las risas de sus compañeros, compró las lujosas gafas con montura de oro, y en el acto dejó de ser corto de vista.
   ¿Qué sucedió después?
   El primer estudiante echó a andar, muy despacio, pero, a causa de su extrema cortedad de vista, cayó en una zanja y se rompió la pierna, y un hombre caritativo que por allí pa­saba lo llevó en un carro a su ciudad natal.
   El segundo estudiante prosiguió su camino, pero se ex­travió por completo y, después de muchas contrarieda­des, se vio forzado a vender la sartén de marfil hecha a mano por un precio muy inferior al que había pagado, lo que le permitió regresar a su hogar.
   El tercer estudiante llegó a la Universidad, aprobó la oposición y fue nombrado Profesor de Gruñología, con casa propia y salario fijo, y vivió feliz muchos años.

Moraleja: Pagar mucho por lo que es muy útil es más sensato que pagar poco por lo que no es útil.

GOLPES DE CALOR, José Gimbel

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JOSÉ GIMBEL, Golpes de calor, Libros al Albur, Sevilla, 2015,124 páginas.

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BASILEA

   Una inmensa fortuna familiar le había permitido crecer sin más amargura que la que cabe en un par de gin-tonics. De vicios ignotos y en constante coqueteo con la desidia, solía almorzar solo en el comedor de aquel palacete a orillas de un conocido lago de Basilea, mientras era observado por un Picasso de la época azul que no daba crédito al suplicio que, a modo de soberano aburrimiento, le había tocado padecer.

50 COSAS QUE HAY QUE SABER SOBRE LA HISTORIA DEL MUNDO, Ian Crofton

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IAN CROFTON, 50 cosas que hay que saber sobre la historia del mundo, Ariel, Barcelona, 2011, 226 páginas.

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En la Introducción (p. 7) Crofton subraya una obviedad necesaria: conocer el pasado es imprescindible para aproximarnos a entender "la forma en que vivimos en la actualidad". Éste es su paseo desde Los inicios de la agricultura a El 11 de septiembre y sus consecuencias
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EL CONFLICTO ÁRABE-ISRAELÍ

   La disputa entre el estado judío de Israel, los palestinos y otros pueblos árabes ha resultado ser uno de los conflictos más largos e intratables de la historia moderna. También es un conflicto que ha demostrado tener un impacto poderoso más allá de Oriente Medio, ya sea en el precio del petróleo o en el crecimiento del terrorismo global.
   Los asentamientos judíos en Palestina —por entonces parte del imperio turco otomano— se iniciaron a principios del siglo XX. Los colonos estaban inspirados por los ideales del sionismo, un movimiento fundado a finales del siglo XIX por Theodor Herzi, que sostenía que el pueblo judío —repartido por todo el mundo durante un milenio— debía crear un estado judío en su patria bíblica.
   La creación de Israel La causa sionista  recibió un gran impulso en 1917, cuando el secretario de Exteriores británico, A.J. Balfour, declaró que su gobierno «vería favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío». El objetivo de Balfour era conseguir el apoyo de la población judía en Gran Bretaña para la causa británica en la primera guerra mundial, que estaba entonces en marcha. Tras la derrota de Turquía en 1918, el viejo imperio otomano se rompió en pedazos, y Palestina se convirtió en un mandato de la Liga de las Naciones, administrado por Gran Bretaña.
   Los asentamientos judíos en Palestina aumentaron durante la década de 1920, provocando enfrentamientos violentos con la población árabe que ya vivía allí. Estos últimos no sólo estaban preocupados por la pérdida de sus tierras, sino que también estaban influidos por el nuevo espíritu del nacionalismo árabe. En la primera guerra mundial, los árabes habían ayudado a los Aliados al organizar revueltas contra los turcos y, en recompensa, esperaban conseguir la independencia. En su lugar, la mayor parte del antiguo imperio otomano se dividió entre británicos y franceses.
   La violencia continuó en la década de 1930, y los planes para dividir Palestina entre judíos y árabes se archivaron con el estallido de la segunda guerra mundial. La experiencia del Holocausto impulsó a muchos judíos europeos supervivientes a buscar refugio en Palestina, pero los británicos mantuviera su política de antes de la guerra de restringir la inmigración. En Palestina, los grupos guerrilleros sionistas como Irgun y el Stern Gang desarrollaron una campaña de violencia contra las fuerzas británicas, de manera que Gran Bretaña anunció en 1947 que entregaría su mandato a las Naciones Unidas, sucesora de la Liga de las Naciones. Las NU votaron por la partición de Palestina entre judíos y árabes, pero esto sólo sirvió para intensificar la lucha entre ambas partes. El 14 de mayo de 1948, un día antes de finalizar el mandato británico, los judíos en Palestina proclamaron el estado de Israel.
   Las guerras árabe-israelíes Los vecinos árabes de Israel —Egipto, Jordania, Siria y Líbano— atacaron inmediatamente al nuevo estado. La lucha fue feroz, pero tras el acuerdo de un cese el fuego en 1949, Israel se encontró en posesión de más territorios de los que le habían concedido las NU: alrededor del 80 por ciento de la tierra de Palestina. La creación de Israel tuvo un coste humano terrible: la violencia de los extremistas judíos contra los civiles árabes obligó a 500.000 árabes palestino a huir del país en lo que se conoce como la nakba (la palabra árabe para «catástrofe»), quedando sólo 200.000 en el país. Estos refugiados fueron alojados en campos en Gaza y Cisjordania, con la esperanza de que podrían regresar pronto. Su causa se convirtió en la causa del nacionalismo panárabe, un movimiento que se fue fortaleciendo por toda la región, en especial después de la segunda guerra árabe-israelí: la crisis de Suez de 1956.
   La tercera guerra árabe-israelí tuvo lugar en junio de 1967. Alarmado por los movimientos de tropas egipcias en el Sinaí, y por sus demandas de una retirada de las fuerzas de las NU desplegadas durante la crisis de Suez, Israel organizó un ataque preventivo contra sus vecinos. En seis días, las fuerzas israelíes arrebataron el Sinaí a Egipto, los Altos del Golán a Siria y Cisjordania a Jordania. Israel decidió conservar estos territorios capturados, porque así tenía unas fronteras más defendibles, pero esto sólo sirvió para generar más refugiados árabes y más rencor.
   La cuarta guerra árabe-israelí se produjo en 1973, durante la fiesta judía del Yom Kippur, cuando Egipto y Siria lanzaron un ataque contra Israel en los dos frentes. Le siguieron combates feroces y EE.UU. aumentó su alerta nuclear cuando creyó que la URSS estaba a punto de enviar fuerzas en apoyo de Egipto y Siria. Sin embargo, se acordó un alto el fuego, dejando a Israel en posesión de los «Territorios Ocupados». Para castigar el apoyo de Occidente a Israel, las naciones árabes productoras de petróleo impusieron un gran aumento de los precios del crudo, que provocó una grave recesión económica mundial. EE.UU., al darse cuenta de lo cerca del desastre que había estado el mundo, presionó a Israel y a Egipto para que firmasen la paz, dando como resultado el acuerdo de Camp David en 1978, por el cual Israel devolvía el Sinaí y Egipto reconocía el derecho a existir de Israel.
   Esto no significó el fin del conflicto. En 1982 Israel invadió el Líbano con el objetivo de aplastar a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que seguía organizando ataques contra Israel. La complicidad israelí en la masacre de civiles palestinos en el Líbano no hizo más que reforzar la hostilidad árabe, al igual que su política de construir asentamientos judíos en los Territorios Ocupados, desafiando a las NU. Mientras los palestinos se levantaron en una intifada (revuelta) en los Territorios Ocupados, el líder de la OLP Yasser Arafat empezó a buscar una solución diplomática, aunque se le oponían grupos palestinos islamistas radicales como Hamas y Hezbollah, apoyados por Siria e Irán. Una opinión política más moderada en Israel también favoreció la negociación, y en 1993 el primer ministro israelí, Yitzhak Rabin, llegó a un acuerdo con Arafat para establecer un autogobierno palestino en los Territorios Ocupados, y para una retirada gradual de Israel. Elementos en Israel se opusieron radicalmente y Rabin fue asesinado por un extremista judío.
   Desde entonces, el progreso hacia una paz duradera en la región se ha visto dificultado por una serie de factores. Israel no se ha retirado de Cisjordania y sigue construyendo asentamientos, mientras que Harnas y Hezbollah siguen atacando a civiles en Israel, lo que provoca con frecuencia una feroz respuesta militar israelí. Todo esto sirve para aumentar el odio a Israel —y a EE.UU., que se ve como el principal apoyo de Israel— por todo el Oriente Medio, alimentando las ambiciones asesinas de grupos como al-Qaeda.

COMPAÑERO DEL VIENTO, Abbas Kiorastami

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ABBAS KIORASTAMI, Compañero del viento, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Guadarrama, 2006, 242 páginas.


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Escribe En una gota de silencio (pp. 9-10) Clara Janés, responsable también de la traducción junto a Ahmad Taherí: Kiorastami capta la poesía en "el interior de su gota de silencio, cruza su envoltura, como si el silencio fuera un aura de transparente vaho, provocando el fenómeno de la irisación".
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Durante la noche de tormenta
se enciende la lámpara
La insistencia del amante
no llega a nada

365 GESTOS PARA SALVAL AL PLANETA, Phillppe Boursellier

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PHILLIPPE BOURSEILLER, 365 gestos para salvar el planeta, Lunwerg, Barcelona, 2005, 752 páginas.

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En el Prólogo Joaquín Araújo señala la condición de salvavidas de este libro, "un manual para recuperar la flotabilidad de la humanidad". Las lúcidas admoniciones de los textos de Anne Jankéliowitch ilustran las fotografías de Bourseiller.
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19 DE NOVIEMBRE

EL PRECIO DE LA CALIDAD

   Los efectos conjugados de la globalización y la sociedad de consumo nos conducen a menudo a comprar de manera irresponsable. Tenemos la tentación de adquirir saldos, a menudo fabricados al menor coste en el otro extremo del mundo, en países donde las legislaciones sobre el medio ambiente son inexistentes (y en muchas ocasiones también sobre los derechos humanos), y transportados quemando carburantes contaminantes. Estos productos de mala calidad se romperán, se estropearán o se desgarrarán rápidamente y se tirarán.
   Cuando exista una alternativa más cara pero de mejor calidad, que favorezca a una mano de obra y una fabricación locales, déle la preferencia. Gracias a su mayor duración, su compra será más ecológica, ¡y tal vez más económica! Por otra parte, de este modo actuará en beneficio de un desarrollo sostenible en el planeta.



Elefantes [Kenia]

UN SIMPLE VESTIDO DE FIESTA, Christian Bobin

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CHRISTIAN BOBIN, Un simple vestido de fiestaÁrdora, Madrid, 2011, 128 páginas.

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Si Autorretrato con radiador centraba sus brillantes reflexiones en el proceso de duelo, en esta ocasión Christian Bobin traslada su pensamiento, igual de lúcido, tejido con sencillez exacta, a la proximidad entre los actos de lectura y escritura, y el modo en que las personas se definen en relación con el otro, con su mirada del mundo y la forma de pronunciarlo; en definitiva, una prosa transparente alrededor de los distintos vínculos con la palabra.

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Con el final del amor, aparecen los reyes magos: la melancolía, el silencio y la dicha. Avanzan lentamente en el aire azul. Traen con ellos una corona de sombra, una lágrima de oro. Vienen desde la infancia. Penetran en el alma. Lentamente. Día tras día. La melancolía, el silencio y la dicha. Siempre •en ese orden: el silencio en el medio, en el centro.

El simple vestido claro del silencio.

600 HAIKUS, Carlos López Moctezuma

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CARLOS LÓPEZ MOCTEZUMA, 600 haikus. Agudezas en verso, Otras Inquisiciones, México D.F., 2011, 192 páginas.

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En el desierto
las horas vacías siembran
radiantes quimeras.

REGÁLAME UN BESO, Roger Olmos & David Aceituno

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ROGER OLMOS & DAVID ACEITUNO, Regálame un beso, Lumen, Barcelona, 2014, 32 páginas.

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Olmos y Aceituno vuelven a sorprender con otro magnífico álbum ilustrado alrededor del beso.
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EL BESO SOÑADO DE LA BELLA DURMIENTE

   Se queda dormida en cualquier parte.
   Pasa de la A la ZZZZZZZ en un abrir y cerrar de OJOS.
   Nada tiene que ver con el aburrimiento o el insomnio; ni si es de día o es noche cerrada.
   Simplemente ocurre: sus párpados son, dos telones de terciopelo al final de una obra.
   En clase, en el cine con sus amigas, mientras le empastan una muela, en el parque de atracciones, y más arriba, en las copas celestiales de las secuoyas, sin previo aviso ni bostezo: ZZZZZZZ.
   Lo más extraño del asunto es que siempre sueña lo mismo: está en un lugar precioso con el chico que le gusta. Y de la misma manera que cuando pierdes el equilibrio en un sueño es la caída lo que te despierta, ocurre que el profesor sigue hablando, que la película termina, que la cara del dentista se convierte en un poema, que la noria se detiene, y que allí en lo alto un pájaro la mira con sorpresa.
   No hace mucho el chico de sus sueños la invitó al cine, y cuando iba a besarla, ella de pronto: ZZZZZZZ.
   Soñó entonces con la película.
   Y terminaba bien.



101 HAIKUS, Fita Mandado

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FITA MANDADO, 101 haikus, Meubook, Santiago de Compostela, 2013, 114 páginas.

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Thais Rudiño Maneiro se encarga de volcar al dibujo el contenido de cada uno de estos haiku.

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Duerme inquieto
vigilando la muerte,
ella descansa.


COSAS DE NIÑOS, David Wagner

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DAVID WAGNER, Cosas de niños, Errata Naturae, Madrid, 2015, 160 páginas.

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Dispuestas como cuentas de un ábaco pulido con sutileza y exquisita sensibilidad, las narraciones que conforman Cosas de niños permiten ser leídas como microrrelatos o historias encontradas.
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LAS PERCHAS

   Se le fue la mano, dice una conocida, en sentido real, no figurado, cuando me sorprendo al verle la gran mancha morada, un hematoma, en la muñeca. Se le fue la mano, dice, cuando intentaba pegarle a su niño. Por desgracia, o por suerte quizá, sólo le dio a la grifería de la bañera y en el primer momento pensó que se había roto la mano. El niño se rió, pero entonces se dio cuenta del daño que se había hecho su madre y de que aquello no debía de ser ningún juego, y se puso a berrear espantosamente, como si hubiese sentido el golpe pese a todo, incluso aunque no lo hubiera recibido.
   Fue tan sólo un comentario que mi madre dejó caer de pasada, pero a mí se me ha quedado grabado y, a menudo, cuando chocan las perchas vacías que cuelgan en la barra de un armario y se oye el ruido, primero un repiqueteo, luego un canturreo y una vibración final, vuelvo a recordar lo que dijo, que la señora Falkenham zurraba a sus hijos con perchas; cosa que ya entonces, supongo, me pareció imposible, espantoso, increíble de hecho. Y es que no podía ser, pensaba yo, y en mi imaginación oía una percha de madera romperse en pedazos. Desde entonces, miraba con miedo las perchas que había en mi armario, las miraba como los instrumentos que no simplemente se me habían presentado una vez y luego habían quedado de nuevo arrumbados, sino que ahora sabía qué otro uso tenían, me saludaban todas las mañanas, cuando descolgaba un jersey, un pantalón limpio o una camiseta de la barra. Estaban ahí colgadas, totalmente relajadas, sosteniendo los pantalones y las camisas, hacían su ruido de movimiento hada delante y hacia atrás sobre la barra y fingían no saber nada de su otro empleo.

LA PARADOJA DE LOS DIOSES, Román Guadarrama

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ROMÁN GUADARRAMA, La paradoja de los dioses, Román Guadarrama, Universidad Autónoma de Coahuila, Coahuila, 2011, 80 páginas.

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INCITATUS

   El caballo de Calígula se puso de mal humor cuando le fueron a decir que había sido nombrado cónsul por el emperador: sabía que la política era trabajo para mulas.

CUENTOS PARA LA ESCUELA, Gianni Rodari

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GIANNI RODARI, Cuentos para la escuela, Planeta, Barcelona, 2013, 68 páginas.

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Destiado también a un público infantil, cuenta con ilustraciones de Giulia Orecchia.
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EL ZORRO FOTOGRAFO

   Un buen día, un zorro descubrió que su verdadera vocación era ser fotógrafo ambulante. ¿Vosotros os habríais dejado fotografiar por ese astuto animal? Yo, sinceramente, no. Y ahora os explicaré por qué.
   Pues bien, con su cámara nueva, un trípode y una bonita colección de fotos que demostraba lo habilidoso que era, el zorro se colocó junto a un gran gallinero. Las gallinas, tras la malla metálica, se sabían a salvo y por eso se acercaron. 
   —¡Observad qué fotos artísticas tan bonitas! —les dijo el zorro—. Ésta se la saqué al gallo Colaverde, cuando quiso hacerse un retrato para mandárselo a su novia. 
   —¡Oh, preciosa! —exclamaron admiradas las gallinas. 
   —Y ésta se la tomé a una familia de conejos. Querían una aureola sobre la cabeza, porque se trataba de una familia muy religiosa: yo los complací. Con mi cámara puedo fotografiar todo lo que se ve, ¡y también lo que no se ve!
   Entonces, una pareja de gallinas jóvenes y vanidosas decidieron hacerse también una foto. 
   —Pero queremos salir con una cola de plumas...
   —Claro, claro. Es gratis... Yo soy un artista, un altruista, no un comerciante.
   Las gallinas, dominadas por la emoción, salieron del gallinero regocijándose y posaron para él. El zorro fingió mirar a través de la cámara: escondió la cabeza bajo la tela negra, ajustó el trípode, enfocó el objetivo.
   —Más cerca, por favor, y  sonreíd. Mirad hacia aquel árbol a la derecha. ¿Listas? No os mováis, ¿eh?
   Y cuando estuvieron lo bastante cerca y tan quietas que parecían de piedra, se les abalanzó de un brinco y se las comió de un solo bocado. ¡Pobrecitas! Ojalá se hubieran conformado con un dibujo chapucero, aunque fuera a carboncillo...

EL CANTO DEL BAMBÚ, María Teresa Murube

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MARÍA TERESA MURUBE, El canto del bambú, La hoja del monte, Valdemorillo, 2015, 130 páginas.

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En la Introducción a este libro subtitulado 101 haikus Carlos García Fajarlo elogia a la autora por aunar "la observación, la sabiduría natural y la creatividad". Las ilustraciones interiores y la de la cubierta son obra de Eriko Murata.
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Árbol tras lluvia
en punta de las hojas
cuelga un brillante

LA BREVEDAD CONSTANTE, Josué Barrera

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JOSUÉ BARRERA, La brevedad constante, Universidad Autónoma de Coahuila, Coahuila, 2011, 132 páginas.

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PIEZA

   Encontrar una pieza de rompecabezas mientras caminas por la calle es señal de que las cosas no están bien. Se piensa entonces que hay un mundo incompleto que se ha detenido por fallas mecánicas o que hay una persona que ha perdido una parte de sí.

EQUIPAJE DE MANO, Santiago Gil

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SANTIAGO GIL, Equipaje de mano, Anroart, Las Palmas de Gran Canaria, 2006, 126 páginas.

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No vale irse de casa cuando ya esté en ruinas. Lo heroico es partir a la busca cuando se puede perder todo en el intento. 
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Uno nunca deja de estar presente en aquellos lugares en los que fue realmente feliz. 
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Son las tristezas del alma las que oscurecen la tarde. Las nubes siempre terminan pasando. 
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Morir es desaparecer para siempre o aparecer en cualquier otra parte sin la conciencia de haber desaparecido. 
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Ya el calamar se defendía con la tinta mucho tiempo antes que nosotros. 

LAS PALABRAS DEL REGRESO, María Zambrano

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MARÍA ZAMBRANO, Las palabras del regreso, Amarú, Salamanca, 1995, 240 páginas.

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EL CORAZÓN DE LA VIDA

   El corazón de la vida, la palabra acuñada de siglos sin perder ni en un átomo su vitalidad, se puede interpretar y, sobre todo, de maneras diversas. Esta diversidad de maneras no le quita, no le mella siquiera su universal y hondo contenido. En el mío, sobresale el recordar como la expresión misma de la vida, humana sin duda, en su máxima expresión, mas no en la única. Recuerda todo lo que tiene vida, animal, vegetal, estelar, y aun la llamada materia ha de tener su recordar específico. ¿Por qué ciertas piedras, que de monumental nada tienen, nos atraen? Me respondo. Porque, en cierta forma, esas piedras están vivas. Recuerda todo lo que un día ha vivido, aunque sea un solo instante. Aun sin forma, recordar es el corazón de lo viviente e incluso de lo vivo. Y así actúa como un imán que atrae inconscientemente a todo lo recién nacido y, ¿por qué no?, a lo que todavía no ha nacido y que nacerá algún día en virtud del recuerdo que ahora, en su pre-vida, está atesorando. De ahí el temblor que acomete repentinamente y sin razón a ciertos seres, porque sienten que están engendrados por un recuerdo que puede ser mínimo. y el temor también que acomete al mismo ser humano porque sabe que está engendrando el recuerdo de lo que va a hacer, que si nada se pierde, que si el Universo mismo no se modifica es por el recuerdo que se sobrepone al vacío, al no-ser, colaborando con el ansia de vida que todo lo existente, bueno o malo, bello o detestable, tiene, hasta ser poseído en algunos casos por él, el recuerdo.

LA FIESTA DE LAS PALABRAS, Salvador Robles

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SALVADOR ROBLES, La fiesta de las palabras, Atticus, Valladolid, 2014, 288 páginas.

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Las ilustraciones de Elena González (ELNO) son bien recibidas en la fiesta de este conjunto de microrrelatos.
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EL VUELO DE ADRIÁN

   —¿De qué trata la lección, Adrián? —preguntó por sorpresa la joven maestra al alumno más soñador del curso.
   Adrián, abismado en sus pensamientos, no pareció darse por aludido.
   —¡Adrián!
   El muchacho aterrizó en el aquí y ahora entre las risas ahogadas de sus condiscípulos.
   —Dígame, señorita Marta.
   —Te preguntaba por el tema que estamos desarrollando en la clase de hoy.
   —Sé que ha empezado usted a hablar de las abejas y la fotosíntesis. Eso es todo. Lo siento, señorita Marta, pero me he distraído con las extrañas palabras que han resonado en mi cabeza.
   —¿Por qué extrañas?
   —No sé de dónde han surgido; trataba de atender lo que usted decía, cuando, de repente, mi cabeza se ha llenado de palabras.
   —¿Qué tipo de palabras?
   —Palabras de colores y algodón.
   —¿Algodón?
   —Sí, el de las nubes.
   —¿Te importa repetirlas?
   —No sé si seré capaz de recordarlas todas.
   —Inténtalo. Incorpórate para que te escuchemos mejor.
   Adrián se levantó, carraspeó para aclararse la garganta y…
   —Las abejas volaban demasiado alto para alcanzarlas de un salto. Así que el estudiante desplegó las alas de su imaginación y voló junto a ellas, por encima de las nubes.
   —¿Eso es todo?
   —Sí, señorita. Luego me he limitado a mover las alas y volar.
   —Por encima de las nubes.
   —Un poquito por encima, las rozaba con los pies.
   —Por eso sabías que eran de algodón.
   —Sí, y me hacían cosquillas.
   —Muy bien —la maestra dio una palmada para atraer la atención de toda la clase—. Faltan cinco minutos para la hora del recreo. Hasta entonces, volemos todos con Adrián.
   En los siguientes minutos, el aula se pobló de sonoras carcajadas. Las cosquillas que hacían las nubes de algodón eran irresistibles.

EL FRISO DE LA VIDA, Edvard Munch

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EDVARD MUNCH, El friso de la vida, Nórdica, Madrid, 2015, 192 páginas.

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"Los textos son elaboraciones literarias de motivos, experiencias, recuerdos e ideas —igual que su arte— y es obvio que la temática no procede exclusivamente de la esfera privada de su vida, sino también de la esfera cultural de la que formaba parte." Hilde Bøe, director del Munchmuseet y autor del prólogo, subraya la íntima relación que existe en la expresión por escrito del artista noruego y su legado pictórico. Este volumen constituye una magnífica selección de textos breves (poemas, notas, relatos, aforismos...) que demuestran la sensibilidad extrema de Edvard Munch y su mirada única del mundo, conocidas ya a través de sus lienzos, pero que todavía se vuelven más explícitas, más brillantes si cabe, al mostrarse vertidas también en forma de palabra.

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De mi cuerpo putrefacto
surgirán las flores —
y yo estaré en ellas —
La eternidad.

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LOS TRES TROLLS

El burgués rico — Compraré
su deuda y subastaré su casa
El director de periódico rico —
Le pondré verde en un diario
La niña rica — Sobornaré 
a sus amigos

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Nos despertaron en medio de la noche —
Lo entendimos de inmediato
Nos vestimos con el sueño en los ojos

La muerte en la habitación de la enferma, 1893

EL HOMBRE ROTO, Ana María Intili

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ANA MARÍA INTILI, El hombre roto, Edita El gato descalzo, Lima, 2012.

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Esta colección de microrrelatos se presenta salpicada por las ilustraciones a color de Carlos Atoche.

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LOVE STORY

   Romeo y Julieta declararon a la prensa que habían decidido separarse. No tenía sentido desobedecer a sus padres. Lo que ni Romeo sospecha es que Julieta aceptó la propuesta de matrimonio de Shakespeare.

NOSOTROS SOMOS ETERNOS, Patricia Nasello

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PATRICIA NASELLO, Nosotros somos eternos, Libros al Albur, Sevilla, 2015, 88 páginas.

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Bajo el título de Nosotros somos eternos se asoma una colección de microficciones no pensada para las treguas: entre la cotidianidad de lo fantástico al modo de Cortázar y una opresión melancólica que recuerda a Onetti —incluido el recurrente aroma a salitre—, la intensidad de estas 71 piezas sitúa su ancla en el aliento del lector: tal vez una de las formas más sensatas de eternidad a las que puede aspirar la literatura.

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LAS MUEVE EL VIENTO

   A mí y a mamá nos anda siguiendo una casa grande y vieja. Probamos a correr, a escondernos, pero no hay caso, sigue atrás. Para colmo, terminamos perdiéndonos. Yo creo que la casa también está perdida, así que eso no me preocupa, pero mamá se da vuelta, la señala con un dedo que le tiembla y abre mucho los ojos. “Castillo embrujado” dice, me lo dice en secreto, pero después grita: “Andate, no te conozco”, y los gritos son para la casa. A lo mejor sí la conoce, sólo que se olvidó.
   Me da lástima verla así a mamá. Tanta lástima que dejo que me apriete la cabeza contra ella y eso que no me gusta porque sin querer me tira los pelos que están metidos adentro de la trenza y la cara se me pega a su pollera de puntitos que raspan y casi ni puedo respirar.
   Las paredes de la casa seguro que raspan.
   Pienso que nos quiere decir algo, pero no sabe cómo tratar con la gente o no puede, porque por el lado de afuera está rota, llena de agujeros que no llevan a ninguna parte, si llevaran se vería lo de adentro, y no se ve. Pero aunque no se vea, yo sé que ese adentro existe. Sé que tiene muchos muebles de madera oscura adornada con dibujos, esos muebles altos y finos que mamá llama bargueños, y escritorios y roperos tan pesados que yo no podría moverlos. Tiene escaleras blancas escondidas detrás de unas telarañas tan viejas como la casa (las arañas se fueron hace mucho). Y debajo de los muebles y de las escaleras, tiene un montón de cosas moviéndose. “Explicame otra vez qué impulsa a las cosas”, pide mamá. “Las mueve el viento que entra por los fragmentos de puerta y de ventana y de techo que no están”, le contesto, pero es mentira y a mí me parece que mamá se ha dado cuenta, por eso pregunta a cada rato. Las cosas se mueven porque les gusta chocarse, terminar hechas pedazos. Lo roto quiere seguir rompiéndose.
   Ahora me doy cuenta, la casa nos eligió para que la ayudemos a morir.
   Que se la arregle como pueda, yo tengo que descubrir el camino que perdimos. Y tengo que cuidar a mamá. La llevo de la mano y siempre estoy mirando por dónde camina. Tengo terror de que tropiece y se lastime.

SOY UN EFECTO, Analía Fernández Fuks

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ANALÍA FERNÁNDEZ FUKS, Soy un efecto, Nulú Bonsai, Buenos Aires, 2011, 66 páginas.

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   Le dije que era cuestión de densidad poblacional. Dos no entran en un mismo fracaso. Así que se levantó, fue hasta la puerta, salió y la cerró. Entonces fue mi turno de llorar.

RAZONES PARA IR A ARKANSAS, Elena Sanjuanbenito

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ELENA SANJUANBENITO, Razones para ir a Arkansas, ESjB, Granada, 2014, 60 páginas.

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Puede el lector jugar a cerrar los ojos y advertirá ya que Razones para ir a Arkansas es un libro distinto: las dimensiones, el gramaje del papel, la calidad de los materiales... En su interior le esperan los relatos sinuosos de Elena Sanjuanbenito y las subyugantes ilustraciones de PerroRaro.
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MIS AMNESIAS

   A veces olvido cosas, casi siempre, en realidad. Mi psiquiatra dice que es una forma de protegerme, se supone que si olvido las llaves del coche en la oficina y los informes de la oficina en el coche, me protejo de algo. No sé, me protegeré de un contrato fijo. Va a ser eso. O de los atascos, o de arruinarme llenando el deposito.
   Un día olvidé que vivía en Madrid. Fue un buen día, lo recuerdo. Vagué por las calles con ojos de turista, hice montones de fotos con mi cámara de usar y tirar y mandé una postal al trabajo, una de la Puerta de Alcalá.
   Comí un bocadillo de calamares y vermú. Madrid me pareció una ciudad bonita y no terminé de entender por que se empeñaban en reformar casi cada calle, en levantar puentes y socavar túneles y zanjas por todas partes. Recuerdo que me fui pronto al hotel y que el camión de la basura me ayudó a conciliar el sueño. Soñé que me volvía madrileña y tocaba el claxon sin parar.
   Dice mi psiquiatra que nunca ha visto un caso como el mío, que le interesa enormemente entender como funciona mi mente y cuál es la razón de que me proteja de un modo tan continuo. Yo, que no sé que contestar, me quedo callada y le miro con mucha atención para ver si así recuerdo como dijo que se llamaba.


POLVO ERES, Nieves Concostrina

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NIEVES CONCOSTRINA, Polvo eres, La Esfera de los Libros, Madrid, 2008, 396 páginas.

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En Aquellos polvos trajeron estos lodos (pp. 15-17) ya el humor atraviesa el relato con el que la autora explicita el germen de este libro: una colaboración radiofónica que pretendía demostrar que "la muerte (de otros) puede llegar a ser tan interesante, extravagante o divertida como la propia". 
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EL CRÁNEO SUBASTADO DE RENÉ DESCARTES
(1596-1650).

   «Cogito, ergo sum», se decía René Descartes, cuando en una de ésas se murió. Dejó de pensar y, por tanto, de existir. Lo que aún no ha quedado firmemente confirmado es si se murió o si lo suicidaron. El pensador y filósofo francés falleció en Suecia, oficialmente, de una pulmonía, pero oficiosamente se sospecha que sus pulmones estaban relativamente sanos cuando murió. Descartes dictó cuatro reglas para la investigación científica, y la primera de ellas era no dar por cierto lo que no resulte evidente. Morir entre vómitos, náuseas y retortijones es evidencia —si no clara, al menos sospechosa— de que no murió de pulmonía. El asunto huele a arsénico. Resfriado o envenenado, ya da igual, porque aquí lo que cuenta es que murió y que fue a dar con sus huesos en el cementerio Fredrikskyrkan, en Estocolmo, en febrero de 1650.
   Tuvieron que pasar dieciséis años para que Francia reclamara los restos de su preclaro súbdito. Se le exhumó, se le colocó delicadamente en un ataúd de cobre y allá que se lo llevaron, a la iglesia parisina de Sainte-Geneviève-du-Mont. Como dejar a los muertos quietos no es costumbre muy extendida entre los humanos, durante la Revolución Francesa René Descartes fue de nuevo exhumado y trasladado al Panteón de Hombres Ilustres. Sin embargo, tampoco aquí dejaron tranquilo al filósofo, y volvieron a exhumarlo en 1819 para trasladarlo a la abadía de Saint-Germain-des-Prés, también en París. Y ya vamos por su cuarto entierro. En esta ocasión se decidió hacer un reconocimiento de restos, pero cuando abrieron el féretro para comprobar si Descartes mantenía una postura digna pese al ajetreo, se descubrió que el receptáculo de donde surgió tan vasto conocimiento, el cráneo, no estaba. Cierto es que Descartes proclamó que mente y cuerpo eran dos entidades separadas, pero nadie habría imaginado entonces que lo dijera en un sentido tan literal. Nada podían hacer entonces, salvo lamentarse de que el padre de la filosofía moderna hubiera perdido la cabeza. El misterio vino a solucionarse años después: en Suecia, sobre una mesa de subastas, se puso a la venta un cráneo con la inscripción «Cráneo de Descartes, tomado en cuidadosa posesión por Israel Hanstrom en el año 1666, en ocasión del transporte del cuerpo a Francia, y desde entonces oculto en Suecia». Nadie ha entendido aún hoy por qué demonios el tal Israel Hanstrom tuvo que separarle la cabeza al indefenso Descartes.
   El cráneo fue devuelto a Francia, al parecer al naturalista Georges Cuvier —un estupendo paleontólogo, pero de sospechosa catadura moral desde que le dio por ir disecando especímenes humanos—, y está custodiado desde entonces en el Museo del Hombre de París. Lejos, lamentablemente, del resto del esqueleto. A René Descartes, sin embargo, le falta algo más: el dedo índice de la mano derecha. Cuando fue exhumado de su primera tumba sueca, el embajador de Francia, un tipo apellidado Chanut, se quedó con ese despojo alegando que quería poseer el dedo que había escrito las palabras «Cogito, ergo sum». Le habría estado bien empleado al diplomático que Descartes fuera zurdo y que el dedo que se quedó fuera el que el pensador se metía en la nariz mientras escribía el Discurso del método.