EL AULLAR DE LAS HORMIGAS, Ítalo Morales

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ÍTALO MORALES, El aullar de las hormigas, Arteidea, Lima, 2003, 118 páginas.

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EL UNICORNIO

   El caballo, al mirarse al espejo, decidió averiguar en qué momento la yegua le fue (parcialmente) infiel.

TEMPUS FUGIT, Rubén Darío Otálvaro Sepúlveda

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RUBÉN DARÍO OTÁLVARO SEPÚLVEDA, Tempus fugit. Minificciones, Montería, Río Ediciones, 2010, 132 páginas.

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LECTOR

   No se haga, amigo lector, sé que es usted, no crea que va a engañarme con esa falsa máscara. No simule ser un desprevenido y desocupado lector. No voy a dejar que se salga con la suya. Tiene suerte de que el anterior lector se haya dormido; esta vez estoy seguro de que usted es el elegido, el esperado, el afortunado que encuentre la perdida página en la que se narra su muerte. 

CUENTOS MÍNIMOS, María José Barrios

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MARÍA JOSÉ BARRIOS, Cuentos mínimos, Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga, Málaga, 2009, 96 páginas.

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LA TRAMPA

   Es un libro de esos con figuritas que al abrirlo se levantan y se mueven. Dentro apareces tú regalando por fin un ramo de flores a la chica que tanto te gusta, grapando a la mesa la corbata a rayas que lleva puesta tu jefe, y preparando un cocktail en la terraza de alguna playa tropical. Es fácil, te susurra una misteriosa voz al oído. Basta con que empujes esas solapitas de aquí y de allí y todo esto se convertirá en realidad. Y tú te dejas llevar sin pensarlo dos veces, y cuando te cansas de ser feliz en ese mundo de cartón, cierras el libro, pero a tu alrededor todo ha cambiado, y sólo hay flores que suben y bajan, animales que asoman la cabeza desde detrás, y una fuente de la que sale un chorro de agua de papel que nunca, nunca, te quita la sed.

PEQUEÑOS INSOLENTES, Felipe Parejas

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FELIPE PAREJAS, Pequeños insolentes, La Hoguera, Santa Cruz de la Sierra, 2010, 126 páginas.

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LIBERTAD DE PRENSA

   Cuando recibió su memo, decidió que era el momento para poner en marcha el plan. Se encerró en su habitación y llamó a cuanto periodista, camarógrafo y reportero había conocido a lo largo de su trayectoria en el rubro. En menos de quince minutos, corresponsales de todos los canales locales luchaban por ingresar al lugar anunciado. Sólo a uno se le permitió el ingreso. Entonces, con una sonrisa en los labios y en vivo para todo el país, se cortó la yugular en exclusiva para las cámaras de la competencia.

EL MUNDO FELIZ DE LAS CIGARRAS CICLISTAS, Armando Rivera

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ARMANDO RIVERA, El mundo feliz de las cigarras ciclistas, Letra Negra, Guatemala, 2012, 138 páginas.

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LA ÚLTIMA PALABRA

   El sabio, desde una poltrona, pronunció la última palabra de la humanidad. Luego cerró el diccionario. Después el silencio fue denso. se durmió y soñó con ciudades en medio de precipicios, océanos al borde del infinito, desiertos llenos de elefantes y planetas deshabitados en la mesa de noche. Escuchó el destello de Hiroshima y a la masa de inconformes coreando la consigna por la causa. Oyó el llanto de un niño, el crujido de la cruz y los vidrios rotos del futuro. Soñó sonido, arrulló el silencio y en el duermevela comprendió cuál era la última palabra de la humanidad. 

SIGNOS BAJO LA PIEL, Pía Barros

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PÍA BARROS, Signos bajo la piel, Asterión, Santiago de Chile, 2009, 142 páginas.

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ESTADO DE PERVERSIÓN

   Tienen algo de perverso los walkman, puedes ir por la calle conociendo a Bach y sonreír; o puedes ir por la calle escuchando un instructivo para las bazookas domésticas y sonreír; o puedes ir por la calle escuchando un audio/porno y sonreír, en resumen, sonreír porque los otros no escuchan lo que tú oyes y eres poderoso y privado. Lo que no sabes es que ellos tienen uno más moderno que el tuyo y te sintonizan porque sonríes demasiado en una ciudad en la que no hay nada por qué sonreír.
   Por eso no entiendes cuando los dos hombres te toman por los brazos y te llevan al callejón y te disparan, no es que fuesen moralistas o no entendieran a Bach. No es por eso, precisamente, sino porque tienen algo de perverso los walkman. 

CÍRCULO VICIOSO PARA PRINCIPIANTES, Miguel Antonio Chávez

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MIGUEL ANTONIO CHÁVEZ, Círculo vicioso para principiantes, La (H)onda de David, Cuenca, 2005, 84 páginas.

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EL MONSTRUO DEL LAGO

   Popococha amaneció devastada por la muerte del milenario monstruo del lago, único espécimen en el mundo —gracias al cual el pueblo le debe su lugar en los mapas— y que, según la leyenda, se alimentaba de chicas vírgenes. Para sorpresa de todos, que esperaban una homilía emotiva sobre la criatura, el padre Mora salió con una dura crítica a las mujeres y a la falta de valores. El monstruo había muerto de hambre.

FRAGMENTOS DE ESPEJOS, Gabriela Aguilera

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GABRIELA AGUILERA, Fragmentos de espejos, Asterión, Santiago de Chile, 2011, 86 páginas.

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OPCIONES

   Se dijo que tal vez hubiese sido mejor el divorcio.
   Pensó en eso un minuto nada más, porque tenía poco tiempo para deshacerse del cuerpo.

CUENTOS BREVES, Abelardo Hernández Millán

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ABELARDO HERNÁNDEZ MILLÁN, Cuentos breves, SEP, México D.F., 2007, 78 páginas.

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PRECAVIDO

   Luego que vio a su hermanito ya muerto y metido en el ataúd, se apresuró a matar al perro de la casa porque, si no, quién iba a jugar en el cielo con el angelito.

AGUA QUIETA, Cristina Grande

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CRISTINA GRANDE, Agua quieta, Traspiés, Granada, 2010, 64 páginas.

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Las ilustraciones de Esperanza Campos acompañan a esta treintena de textos previamente publicados en El Heraldo de Aragón en los que la autora tiende con acierto sucesivos puentes entre el presente y el pasado.

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   Mi hermana había empeorado y tuve que viajar a Valencia antes de lo previsto. A mi lado un hombre de cierta edad dormía desde el primer minuto. Me dio mucha envidia la facilidad con que algunas personas, como Rip Van Winkle, son capaces de desconectar de sus quebraderos de cabeza y al despertar encontrar los problemas resueltos.
   La luz del amanecer y la falta de sueño aumentaban mi melancolía. Al pasar por Burbáguena estiré el cuello para ver el viejo molino que perteneció a los abuelos de mi amiga Ana. Todo seguía en orden. Ese paisaje, a la derecha de la carretera, entre Báguena y Luco de Jiloca, es uno de los más hermosos del planeta Tierra. No es la vegetación, compuesta de aliagas, frutales, grupitos de lirios azulones, malvas, amapolas, choperas de un verde muy tierno, humildes rabanizas blancas que rellenan los huecos como en un dibujo infantil, ni el agua del río, ni los puentes, lo que hace tan especial ese paraje, sino una evidente armonía que logra emocionarme siempre que paso por ahí, sea cual sea la época del año.
   Le envié un sms a mi amiga Ana. El zumbido de su respuesta hizo que Rip Van Winkle se removiera un poco en su asiento. Estuvimos más de media hora parados en Teruel, como si el tiempo que se gana en los nuevos tramos de autovía tuviera que perderse luego para no tener que imprimir nuevos horarios. El conductor nos había obligado a bajar del autobús. Mi compañero de viaje me dio un poco de pena, sin motivo porque volvió a dormirse al iniciar la marcha. Cerré los ojos yo también.
   La belleza del Jiloca seguía impresa en mi retina. Tanta belleza tenía que significar algo.

AUTORRETRATO CON RADIADOR, Christian Bobin

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CHRISTIAN BOBIN, Autorretrato con radiador, Árdora, Madrid, 2006, 144 páginas.

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Autorretrato con radiador no es un libro de aforismos, sino un relato sobre el duelo en el que el narrador nos obsequia con agudas y brillantes reflexiones que estallan, fulgurantemente, en la mente del lector.
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La infancia es larga, larga, larga. Más tarde viene la edad adulta que dura un segundo y al siguiente segun­do la muerte resplandece, brilla.

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Mi vida es mucho más hermosa cuando yo no estoy en ella.
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La verdadera belleza tiene siempre algo de descuidado, de abandono —de regalado.
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Alejarme lo suficiente de mí para que me pase algo de una vez.
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La humildad, es la llave de oro. En el momento en que pretendemos asirla con la mano, se desvanece.
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Los muertos son niños que recibieron, en una noche de tormenta, el don de una vida sin tutela.
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Lo que conozco, no lo escribo. Lo que no conozco, lo escribo.
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Lo que encuentro es mil veces más bello que lo que busco.
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Todas las vidas me parecen más reales que la mía.
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Un libro, un verdadero libro, no es alguien que nos hable, es alguien que nos oye, que sabe oírnos.
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Lo que está más allá de esta vida está más allá del lenguaje y por lo tanto más allá del pensamiento.
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La belleza es una forma de hacerle frente al mundo, de mantenerse ante él y de oponer a su furor una paciencia activa.
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A veces tengo ganas de morirme como el niño tiene ganas de abrir su regalo antes de tiempo.

EL COMBATE, Harold Kremer

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HAROLD KREMER, El combate, Deriva, Bogotá, 2014 (2004), 106 páginas.

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EL DRAGÓN

   Cuando el mundo cono­cido sólo era China, el dragón Han se apareció en sueños al rey Tong y le dijo:
   —Al despertar sólo tendrás un día más de vida, pero podrás evitar tu muerte si construyes para mí un castillo que dure mil años.
   Cuando despertó, el rey olvidó el sueño. Al anochecer, cuando faltaban apenas seis horas para la sentencia, lo recordó y llamó de prisa a sus ministros, consejeros y magos.
   —Pronto moriré —concluyó después de contar su sueño—. Si alguno de ustedes tiene una solución quiero oírla.
   Divagaron durante horas hasta que uno de los consejeros trajo unas copas de licor. En la del rey echó un fuerte somnífero que lo hizo dormir al instante.
   —Pero… ¿qué hiciste, siniestro consejero? —clamaron en coro los hombres.
   —Salvarlo —respondió—. Sólo en sueños podrá construir ese castillo.

¿HABLAS CONMIGO?, Jordi Vicente & Carlos Cubeiro

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JORDI VICENTE & CARLOS CUBEIRO, ¿Hablas conmigo? , Comanegra, Barcelona, 2014, 108 páginas.

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De nuevo el subtítulo se convierte en una guía del proyecto: 50 grandes frases de películas míticas ilustradas y comentadas. Jordi Vicente, escribe; Carlos Cubeiro, ilustra.
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Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.


Blade Runner - Ridley Scott


Blade Runner (1982) es una película dirigida por Ridley Scott con un guion de Hampton Fancher y David Webb Peoples basado en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968). La frase «Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir»(«All those moments will be lost in the time like tears in rain. Time to die») pertenece a la última parte del monólogo que el replicante Roy Batty —papel encarnado por Rutger Hauer— pronuncia ante su inminente muerte, El actor es el responsable de la forma final del texto, elimina algunas partes e incorpora expresiones de cosecha propia como «Todos esos momentos» porque cree que se adaptan mejor al sentido último de la película. El título provisional es Dangerous Days; el que finalmente se utiliza proviene de la novela The Bladerunner de Alan E. Nourse y un guion cinematográfico titulado Bladerunner: A Movie de William  S. Burroughs. El director no puede comprar los derechos de la novela de Nourse y tiene que pagar cinco mil dolares para poder utilizar el nombre de «Bladerunner». Otro de los cambios que se realizan respecto al original de Dick es el de la palabra «androide» por «replicante», termino que también aparece en la novela de Nourse.

COSAS RARAS QUE SE OYEN EN LAS LIBRERÍAS, Jen Campbell

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JEN CAMPBELL, Cosas raras que se oyen en las librerías, Malpaso, Barcelona, 2015, 154 páginas.

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The Brothers McLeod ilustran esta colección hilarante de anécdotas que revelan la paciencia con la que los libreros encajan la estulticia del comprador pedante.
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CLIENTE: ¿Tenéis alguna novela negra que trate sobre las multas por exceso de velocidad.
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CLIENTE: ¿Tenéis Muérete en el hilo de Agatha Christie?
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HOMBRE: ¿Me podría recomendar algún libro?
LIBRERO: Por supuesto. ¿Qué tipo de libros le gustan?
HOMBRE: Bueno, he salido de la cárcel esta mañana. Algo que no sea muy denso me vendría bien.




MÁXIMAS Y ANÉCDOTAS, Giacomo Casanova

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GIACOMO CASANOVA, Máximas y anécdotas, Comanegra, Barcelona, 2010, 224 páginas.

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Jaime Rosal declara en la Presentación (pp. 11-20) haber recogido de Histoire de ma vie (1825) unas cuantas máximas y anécdotas. La valía del texto ya la había calibrado el príncipe de Ligne: "un tercio de vuestro encantador segundo tomo, mi caro amigo, me ha hecho reír, un tercio me ha hecho que me empalmase y un tercio me ha hecho pensar en Montaigne".
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La muerte es un monstruo que expulsa del teatro a un espectador atento antes de que haya acabado una obra que le interesa infinitamente.
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El amor no es más que una curiosidad más o menos viva junto con la inclinación que la Naturaleza ha puesto en nosotros para cuidar de la conservación de la especie.
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El primer efecto de la cólera es privar al hombre de su facultad de juzgar.
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Tened principios siempre que sean producto de un razonamiento verdadero, sin dejar de poner la vista en la felicidad.
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Cuando podemos compadecer a quienes nos injuriaron es que ya no les odiamos.
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En la vida no existe más realidad que el presente.
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El hombre que se sabe amado da más importancia al placer que procura que al que recibe.
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La felicidad nunca es completa si sólo se saborea en solitario.
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El hombre verdaderamente feliz es aquel que no sabe odiar.

RESTOS MORTALES, Juan Mihovilovich

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JUAN MIHOVILOVICH, Restos mortales, LOM, Santiago de Chile, 2004, 114 páginas.

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VISITANTE

   Lo angustia un temor envolvente al quedar solo en el cuarto. Se engaña inútilmente buscando en las repisas un libro para distraerse. Sabe que será inevitable apagar la luz cuando el sueño lo venza. Se despereza con gesto teatral y excusa su falta de cansancio en el espejo. Da unas vueltas pausadas, de fingidas apariencias, alrededor de la pieza. Al fin, se recuesta y presiona el interruptor. Queda de cara a las sombras sintiendo esa presencia invisible flotando en la oscuridad. -Es absurdo- piensa. -En esta habitación no hay nadie.- Y se cubre la cara con las sábanas. Pero una especie de jadeo cansado orillando la cama y un rumor sosegado en las paredes, lo aterra. Se incorpora sonriendo como si su temor fuera ridículo. Pretextando una lectura presiona de nuevo el interruptor. La luz abarca de golpe la habitación. Piensa que ese acecho endemoniado ha huido para siempre y procura dormir rodeado de esa claridad artificial.
   Afuera el perro aulló toda la noche como si algo extraño le impidiera dormir en paz. 

BONSÁIS, Marcelo Báez Meza

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MARCELO BÁEZ MEZA, Bonsáis, Pilpinta, Lima, 2010.

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Este conjunto de microficciones resultó merecedor del "I Concurso de Cuento Breve Jorge Salazar", convocado en 2010 por la propia editorial peruana.

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LA DOLCE VITA

    Anita Ekberg no escuchó el «corten». Y si lo escuchó hizo caso omiso de él. Era su última escena. La actriz se negaba a abandonar el carro donde le había tocado su escena ulterior. Mientras más le insistían que salga, su desconsuelo por dejar el set iba en aumento. Federico Fellini, el director del filme, tuvo que sacarla con una tierna violencia.
    De ser por Anita que sigan filmando, que reescriban el filme para que ella aparezca más veces, que nunca tenga que salir del carro, que el goce del cine sea eterno, que a nadie se le ocurra ni por un momento que la filmación se va a terminar. 

DESAPRENDIZAJES, José Manuel Caballero Bonald

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JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD, Desaprendizajes, Seix Barral, Barcelona, 2015, 128 páginas.

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TODAS LAS BELLEZAS

   Labra la luz sus orlas en el reverso germinal del aire. No existe una armonía capaz de suplantar esa armo­nía. Hacia adentro está el mundo, hacia fuera ¿qué queda?, un pobre cerco terroso alrededor de una lu­minaria estética universal. Todo lo sensitivo se suma y yuxtapone en los espacios primordiales del placer. Ver las aguas, oírlas, tocar las poéticas caligrafías pa­latinas, gustar de los alcázares que en la secreta pe­numbra comparecen, oler la prodigiosa nutrición de las incandescencias florales. El reino vegetal se asocia al mineral para contribuir ya juntos a las barakas su­cesivas. La arquitectura es el jardín; el patio, el paisa­je; el columnario, la floresta; la fuente, el concertado esplendor. De ese modo el poder del estuco se incor­pora al poder soberano de lo pétreo, entrelazando para siempre sus hermosísimos emblemas iluminan­tes. Y con esa presunción llegas al recinto sacral, te integras en lo absoluto, asumes lo plenario, compu­tas las distancias que separan tu vida de la vida. Los ríos del paraíso pavimentan el derredor de esos pala­cios. Todas las bellezas posibles están implícitas en la suya.

PEQUEÑAS CRIATURAS, Rubem Fonseca

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RUBEM FONSECA, Pequeñas criaturas, Norma, Bogotá, 2007, 346 páginas.

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PAZ

   El nombre era Lutetia, pero la gente escribía Lutecia, hasta el tipo del registro civil lo había hecho. Pero antes de que grabaran el nombre sobre el mármol bruñido, ella revisaría todas las letras de metal, una por una para que no hubiera error. Hay cosas que debes hacer por ti mismo, para evitar equivocaciones. Por eso, ella había tenido el cuidado de tomar todas las medidas necesarias.
   Era un buen lugar para pasear, lleno de alamedas arborizadas, vacías y calladas. Aquel día, en una de ellas, surgió un cortejo de personas que marchaban en silencio. Lutetia se alejó, no quería asistir a la inminente ceremonia. Las pompas que rodeaban aquella solemnidad, por más modestas y discretas que fueran, no le interesaban. Prefería contemplar las esculturas, dos ángeles, uno contrito, otro de alas abiertas como si se dispusiera a alzar vuelo, el busto de un hombre encorbatado, un avión, de aquellos antiguos con hélices, una lira, una partitura con notas musicales.
   De regreso a casa, Lutetia tuvo de nuevo la sensación de que aquel ya no era su lugar. Como si estuviera en un cuarto de hotel, un espacio ocupado temporalmente, que no era suyo. Las cortinas, los muebles, los cuadros, los objetos, la cama con la colcha, el armario de ropas, eran cosas extrañas, desconocidas, que acuciaban su deseo de partir. Pero pensó en la balletista de bronce, danzando con los brazos abiertos, que había mandado a esculpir para soldar sobre la bruñidez del mármol, y esto le dio paciencia y ánimo para esperar lo que iba a suceder.
   Un jueves, ya todo dispuesto, volvió al cementerio. Ya la bailarina estaba puesta sobre la lápida. Y también las letras de su nombre, Lutetia, apenas el nombre, no quería ninguna fecha.
   Miró a su alrededor. Las sepulturas, todas del mismo tamaño, diferenciadas sólo por el color del mármol, estaban dispuestas en bella simetría a lo largo de la alameda. Cerca había un árbol que proyectaba una sombra, y bajo ella Lutetia se abrigó.

LAS MALAS JUNTAS, José Leandro Urbina

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JOSÉ LEANDRO URBINA, Las malas juntas, Akal, Madrid, 2000, 94 páginas.

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PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO

   Mientras el sargento interrogaba a su madre y su hermana, el capitán se llevó al niño, de una mano, a la otra pieza...
—¿Dónde está tu padre? —preguntó
—Está en el cielo —susurró él.
—¿Cómo? ¿Ha muerto? —preguntó asombrado el capitán.
—No —dijo el niño—. Todas las noches baja del cielo a comer con nosotros. El capitán alzó la vista y descubrió la puertecilla que daba al entretecho.

OBITUARIO, Andrés Gallardo

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ANDRÉS GALLARDO, Obituario, Fondo de Cultura Económica, Santiago de Chile, 1989, 128 páginas.

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EL PRONÓSTICO

   En el funeral mismo de don Sergio, la compungida señora María Cecilia se dedicó, entre otras cosas, a recordar algunas de las escenas más notables en el discreto pasado del occiso. Uno de los sucesos que más conmovió el corazón de los oyentes fue la misteriosa anécdota de la  gitana de Cartagena. La gitana le había dicho a don Sergio “aquí veo dos muertes, usted se va a morir dos veces; no lo entiendo”. La compungida viuda acotaba “miren que morirse dos veces para destrozarme dos veces el corazón; no lo entiendo”. Don Sergio, unos metros más abajo, entendía.

OBRA POÉTICA COMPLETA, Samuel Beckett

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SAMUEL BECKETT, Obra poética completa, Hiperión, Madrid, 2000, 388 páginas.

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Incluidas en esta esmerada edición trilingüe (con traducción de Jenaro Talens), las Letanías ("Mirlitonnades", 1976-1978) conforman una colección de poemas mínimos en los que la palabra, más que por lo que comunica, destaca como el trazo que guía cada una de las piezas por sucesivos cauces de silencio.

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locos que decíais
nunca más
deprisa
repetidlo

ASTILLAS DE HUESO, Gabriela Aguilera

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GABRIELA AGUILERA, Astillas de hueso, Sherezade, Santiago de Chile, 2013, 104 páginas.

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LA NECESIDAD DE LAS RESPUESTAS
 Al Capitán Pedro Fernández Dittus

   Era el día 2 de julio, pleno invierno en Santiago. La mañana de barricadas se convirtió en llamas con olor a bencina. La piel se chamuscó y los gritos se hicieron silencio, acallados por las frazadas.
La pregunta es si aquel que dio la orden, ése que encendió el fósforo y miró el espectáculo, sintió el arañazo del miedo o la angustia mientras olía la carne asada. La pregunta es si aquel hombre puede vivir sin recordar. La pregunta es si el asesino sueña que las víctimas lo tocan con sus brazos de fuego, si la garra de la bestia lo alcanza, al fin. 

LOS GRANDES PLACERES, Giuseppe Scaraffia

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GIUSEPPE SCARAFFIA, Los grandes placeres, Periférica, Cáceres, 2015, 248 páginas.

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INDULGENCIA

   Dos veces y media. Así resumía Vita Sackville-West su penoso adulterio con Virginia Woolf. La escrito­ra, después de haberla encontrado en un principio «recargada, bigotuda, variopinta como un papaga­yo», había terminado cediendo al cortejo de Vita. «El hecho de que esté enamorada de mí me divierte y me halaga.» Los maridos de ambas asistieron imper­turbables al desganado idilio y a su progresiva trans­formación en amistad.
   Baudelaire se dejaba engañar magnánimamente por su compañera, con tal de que lo hiciese cobrando. En el fondo, la justificaba, seguía siendo una expros­tituta, pero explotaba cuando lo hacía con una perso­na detestable, como su peluquero. Albert Camus, por el contrario, no soportaba que su mujer se entregase a su médico a cambio de droga.
   Pero existen cónyuges incluso más indulgentes. «Si has sido traicionado, no es la traición lo que im­porta, sino el perdón que nace en tu alma», afirmaba apacible Maurice Maeterlinck, habituado a las incon­tinencias bisexuales de su consorte. La mujer de Na­bokov sostenía que lo toleraba todo estoicamente, pero a veces arrollaba al escritor montándole unas escenas memorables. Para luego negarlo todo.
   Algunos adquieren con la edad una cierta tole­rancia. Alexandre Dumas, después de haber sorpren­dido a su mujer con su mejor amigo, se había queda­do consternado por la sordidez del espectáculo: ella gorda, con el maquillaje ajado, y él delgado y enve­jecido. En lugar de matarlos, como se temían, los ha­bía metido en la cama y para consolarse se había su­mido en la redacción de un capítulo de El conde de Montecristo. Inútil decir que los adúlteros no consi­guieron pegar ojo, aterrorizados por el gigantesco novelista que escribía a pocos metros de ellos.
   Pero el verdadero drama de la traición consiste en el hecho de que, si no se quiere ser descubierto, hay que renunciar a la vanidosa satisfacción de alar­dear de la propia conquista. Se pierde así al menos la mitad del placer. Por otro lado, también Jean-Paul Sartre, teórico de la pareja abierta junto a Simone de Beauvoir, admitía que a menudo mentir es la mejor solución.
   Elsa Triolet se veía obligada a tolerar las inconti­nencias homosexuales de Louis Aragon, con tal de no comprometer la imagen de pareja ejemplar del glorioso Partido Comunista Francés. Pero el don más bello es el de no ver. Muchos años después de la es­candalosa muerte del presidente francés Félix Faure entre los brazos de la amante, la viuda continuaba diciendo entre lágrimas: «¡Yo que he tenido un ma­rido tan guapo y tan fiel!».

DICCIONARIO DE LITERATURA PARA ESNOBS Y (SOBRE TODO) PARA LOS QUE NO LO SON, Fabrice Gaignault

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FABRICE GAIGNAULT, Diccionario de literatura para esnobs y (sobre todo) para los que no lo son, Impedimenta, Madrid, 2011, 242 páginas. 

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En el Prefacio (pp. 21-25) que sirve de acceso a este Glosario esencial de lo más puntero en literatura, Gaignault recuerda oportunamente a Olivier de Magny, para quien, "el esnobismo consiste en un conjunto de prejuicios que un grupo de personas convierte en estrategia para que el resto de los humanos se sienta, eternamente y en todo, carente de elegancia". Son tres los únicos escritores en español que cuentan con entrada en esta divertido y provocador ejercicio de erudición: Max Aub, Nicolás Gómez Dávila y José Carlos Llop. El escritor mallorquín dispone, en Un prólogo casi esnob (pp. VII-XIII), de la oportunidad de acercar al lector a la figura de Fabrice Gaignault y expresar su perplejidad por pertenecer a esta selecta nómina. Ilustra Sara Morante. 
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AUB, MAX.

Eterno fugitivo, nacido en 1903 en París de pa­dre alemán y madre parisina de origen judío alemán, muerto en 1972. La familia se vio obligada a cambiar Francia por España a principios de la Primera Guerra Mundial, al ser el padre considerado traidor por no haber renunciado a su nacionalidad. En 1922, Max Aub escribe su primera obra tea­tral, Narciso, y frecuenta los cafés literarios españoles. Allí se reúne con Buñuel, Dalí, Miró o Picasso, y se hace con una sólida cultura artística. En 1936-1937, es agregado cultural de a embajada española en París, y, como tal, participa en la or­ganización de la Exposición Universal, para la cual encarga a Picasso el Guernica. Su encuentro con Malraux, que será un fiel amigo, lo lleva a colaborar en Sierra de Teruel, la única película del escritor salida de la novela La esperanza. Miem­bro del PSOE y de la Alianza de Escritores Antifascistas para la defensa de la cultura, Max Aub tiene que volver a aban­donar su país tras la victoria franquista. De regreso en París, lo envían al campo de concentración del Vernet, antes de ser transferido a Argelia. Gracias a las in­tervenciones conjuntas del cónsul de México y del jefe de la policía gaullista, Max Aub con­sigue exiliarse en México. Vuelve a Francia en 1958, pero se siente rechazado en un país que se empeña en negarle la nacionalidad, solo obtenida por mediación de su amigo André Malraux, por entonces ministro de Asuntos Culturales. Este mi­lagroso superviviente del horror nazi será por siempre el autor de una joya de culto, Crímenes ejemplares. Este libro, publica­do en 1957 en México, viene a ser un catálogo de ochenta y siete crímenes cometidos por irritación, impaciencia, caridad o principios, jamás por un motivo crucial sino en situaciones grotescas, entre las cuales retenemos esta al azar: «Mató a su hermanita la noche de Reyes para que todos los juguetes fuesen para ella», y esta: «La hendí de abajo a arriba, como si fuese una res, porque miraba indiferente al techo mientras hacía el amor».


A HORCAJADAS, Pía Barros

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PÍA BARROS, A horcajadas, Ebooks Patagonia, Santiago de Chile, 2011, 52 páginas.

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TRECE

   Me encantas, bruja, en tu vuelo nocturno. Así le dijo, lo que siempre había querido escuchar. Pero siguió de largo. Era el día de los malos augurios.

44 MUNDOS A DESHORAS. ANTOLOGÍA: RELATOS, ILUSTRACIONES Y POEMAS

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Varios autores, 44 mundos a deshoras. Antología: relatos, ilustraciones y poemas, Adeshoras, Madrid, 2013, 206 páginas.

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"A deshoras" es la expresión clave que, con indudable puntualidad, se engarza en los cuentos, microcuentos, poemas e ilustraciones de los cuarenta y cuatro artistas colaboradores de esta antología.

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PEGAMENTO

Al salir de Madrid había llamado Juan. Después de cinco años. Sin mayores explicaciones, como siempre.
   —Estoy solo otra vez, quiero volver a verte.
   —Nosotros de camino a Larteme. Llueve. Ya hablaremos.
   En aquella época, cuando los niños eran pequeños, iban en septiembre a rescatar el último resplandor del verano.
   Todavía quedaban unos días de playa y Gerra estaba desierta. Pero el aire ya empezaba a enfriarse y al mediodía subían a la casa que entonces era nueva. Una casa de pueblo con balcón corrido y pequeñas ventanas que miraban a los Picos de Europa y adonde llegaban por la tarde los reflejos de los atardeceres de Oyambre.
   Después de comer era el momento de las grandes siestas, los libros caídos, las conversaciones en voz baja. Los niños jugaban tumbados, silenciosos, a media luz. Algunas tardes iban a coger moras. Cada uno llevaba una bolsa de plástico y después, en casa, hacían mermelada.
   Ahora era la abuela.
   Esa tarde buscó los botes de cristal en el fondo del armario. Solía dejarlos en remojo para quitarles las etiquetas con más facilidad. Pero aquel bote de melocotón en almíbar seguía teniendo un trozo de etiqueta. Lo metió en agua caliente, lo dejó un rato y volvió a rascarlo con el estropajo. No salía. Como esos recuerdos que se resisten a abandonarnos.
   Al día siguiente lo intentó de nuevo. Y el papel estaba tan pegado que decidió volver a guardar el bote para el año siguiente.

   Todavía podía servirle.

María Tena

LOS CÍRCULOS, Astrid Fugellie

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ASTRID FUGELLIE, Los círculos, La Trastienda, Santiago de Chile, 1988, 132 páginas.

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RAULINA YAGÁN YAGÁN

   Raulina Yagán Yagán, la última yámana de Tekenica y de Ukika, poblados de nutrias y sembraderos vecinos a la crueldad de las redes y el mar, murió un diez y siete de abril de mil novecientos ochenta y siete.
   Raulina Yagán Yagán no dejó más descendencia que algún tejido a telar, que la infeliz hubo de aprender para sobrevivir porque el mínimo empleo repelió su oficio de entrelazadora de canastos y canoas en miniatura.
   Y así, Raulina Yagán Yagán, la última yámana de Tekenica y de Ukika subió a los cielos donde Pedro, en nombre del Dios Padre Todo Poderoso la recibió:
   -¿Tu nombre?
   -Raulina Yagán Yagán, repuso la indígena con la cabeza gacha, y luego agregó, Annu lalayala...
   -¿Qué dices?, interrogó el Blanco Santo.
   -¡Los he dejado!, ¡Ya los he dejado!, ¿Dónde puedo encontrar a mi padre dios yámana?
   -¿Tu dios padre yámana?, ¿Te refieres al dios padre de los yaganes?, insistió algo desconcertado el bueno de Pedro.
   -¡Sí!, sí sí, se esperanzó Raulina Yagán Yagán.
   -Murió, Raulina, tu padre murió el diez y siete de abril de mil novecientos ochenta y siete, en la tarde. 

SIRENAS, TOPOS Y BUITRES, Franz Kafka

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FRANZ KAFKA, Sirenas, topos y buitres. Un bestiario, Planeta, Barcelona, 2004, 136 páginas.

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Selección de narraciones breves de Kafka filtrada por el tamiz del bestario: textos con protagonistas animales o deshumanizados que ayudan a dibujar una mirada al mundo desde el extrañamiento y la incomprensión.

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FABULILLA

   –¡Ay! –decía el ratón–. El mundo se vuelve cada vez más pequeño. Primero era tan ancho que yo tenía miedo, seguía adelante y me sentía feliz al ver en lejanía, a derecha e izquierda, algunos muros, pero esos largos muros se precipitan tan velozmente los unos contra los otros que ya estoy en el último cuarto, y allí, en el rincón, está la trampa hacia la cual voy.
   –Sólo tienes que cambiar la dirección de tu marcha –dijo el gato, y se lo comió.

ÁNGELES Y VERDUGOS, Diego Muñoz Valenzuela

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DIEGO MUÑOZ VALENZUELA, Ángeles y verdugos, Mosquito, Santiago de Chile, 2002, 64 páginas.

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EL VERDUGO

   El verdugo, ansioso, afila su hacha brillante con ahínco, sonríe y espera. Pero algo debe vislumbrar en los ojos de quienes lo rodean, que petrifica su sonrisa y se llena de espanto.
   El Heraldo se acerca al galope y lee el nombre del condenado, que es el verdugo.