EL REY Y EL MAR, Heinz Janisch

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HEINZ JANISCH, El rey y el mar, Lóguez, Salamanca, 2009, 42 páginas.

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Wolf Erlbruch ilustra estas 21 historias cortas.
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EL REY Y LAS NUBES

   "¡Qué!", les dijo el rey a las nubes. "¿Nuevamente de can¡mino? ¿No puedo convenceros para que os quedéis? Tengo el país más bonito en cien millas a la redonda. Aquí hay abundante verde, praderas y campos negros. Aquí, hay torres tan altas como..."
   Pero las nubes ya se habían alejado.
   "Entiendo", dijo el rey con voz apagada. Después, suspiró. 


ZETA, Manuel Vilas

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MANUEL VILAS, Zeta, DVD Ediciones, Barcelona, 2002, 176 páginas.

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BARCELONA

   Salí de la habitación del hotel pensando que en cualquier momento me caería muerto. Pero qué bonita estaba Barcelona. Y yo no tenía nada que hacer en toda la mañana. Sólo los pobres, los emigrantes, los vagabundos, los fantasmas, los viudos, y yo, no tenemos absolutamente nada que hacer. Es un paro perpetuo. Pero la vida es un paro perpetuo. Y comencé a dar vueltas por las calles como una bestia enamorada del aire. Del aire y del espíritu de las cosas, de la pereza y de la luz que alumbra este mundo y entra en mis ojos. Me tomé un café con leche y un bollo, y había una chica a mi lado que enseñaba la pierna casi hasta la nalga. Luego paseé por las Ramblas. Llevaba sus piernas en la cabeza. Qué llevan las malas bestias en la cabeza, sino oscuros cofres con mísera ceniza humana.
   Miraba tiendas. Tiendas con relojes antiguos, de segunda mano, pero muy caros. Tiendas de discos de vinilo. Viejos discos que yo recordaba perfectamente. Y todo cuanto veía era falso. Portadas de álbumes de los setenta. Un disco de Joe Cocker, que me trajo el pasado y me lo puso delante de los ojos. La falsedad bailaba en mi cabeza, esa cabeza mía tan enferma, tan necesitada de drogas, y tan víctima de las drogas, ese enorme dolor de cabeza que acaba en sufrimiento, en dolor grande y vencedor. Dolor que hace de mí una víctima, que me reduce a esclavo, a remolinos sofocantes de fracasos enracimados, abrazados. Como si llevase encima la nada de las cosas, la soledad de todas mis arterias y de todos mis malos nervios. La ciudad entera ha muerto ya, o más bien nunca estuvo viva. Todas las ciudades son una broma de Dios. Una broma de suciedad y viento. Sucias estaban las calles, y sucias estaban mis manos. Entré en el lavabo para lavarme las manos con ese jabón barato y pegajoso de los bares y allí un negro me clavó un cuchillo en la garganta. Me senté a desangrarme, y noté humedad en el culo. Me había sentado en un charco. Y seguía sangrando. Pero aún quise salir a la calle otra vez. Pero me dolía tanto el cuello y el negro no hacía más que reír, monstruosamente. Era mi ángel de la guarda aquel enorme negro de casi dos metros de altura. Me acarició el pelo y no dejó que entrase nadie en el lavabo. “Es bonita Barcelona”, dijo. Y añadió “unos antepasados tuyos, ya sabes que yo lo sé todo, eran de aquí, vivían en la calle del Hospital, en un cuarto piso, hace ciento cincuenta años, vivían mal y pasaban hambre, les gustaba el mar, ir al mar los domingos, pero se murieron y luego tiraron la casa, ya veo que sigues sangrando mucho”. Fue a buscar una croqueta a la barra y luego vino otra vez. Tenía hambre, dijo. Y se comió la croqueta con mucho gusto.

CARVANA Y DESIERTO, Omar Jayyam

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OMAR JAYYAM, Caravana y desierto, Renacimiento, Sevilla, 2014, 144 páginas.

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En Jayyam y yo (pp. 9-19) Almuzara anota: "No sé cuándo leí por primera vez los versos de Omar Jayyam, y sin embargo en el recuerdo, impreciso y fabulador, aquel descubrimiento lo cambió todo". En un gesto de impagable generosidad, Almuzara ofrece al lector estas bellísimas recreaciones. 
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Al final nadie quiere pasar como si nada.
Hay quien muere matando, en héroe o villano.
Otros legan al mundo su esfuerzo y su camada.
Yo, cigarra aplicada, no habré cantado en vano.

BREVE ENCICLOPEDIA DE LA INFANCIA, Emilio Gavilanes

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EMILIO GAVILANES, Breve enciclopedia de la infancia, Castalia, Barcelona, 2014, 252 páginas.

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Esta novela ganadora del XVI Premio Tiflos, organizada como un diccionario, permite una gozosa lectura independiente de las breves narraciones que constituyen cada entrada.
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COMPAÑEROS

   Un día Pit, que a veces acompañaba a su padre a cazar, me invitó a ir con ellos. Tuve que levantarme tan pronto que me sentía desdoblado: aunque me veía en la calle, me parecía que mi yo profundo, real, seguía en la cama. soñando que me había levantado.
   Cuando llegamos al punto en el que habían quedado con los otros cazadores, el padre de Pit dijo que no iba a ir porque no se encontraba bien. Realmente tenía mala cara. Estaba muy pálido.
   Todos los conejos, las perdices, las codornices, todos los animales con cuya muerte mi imaginación ya se había conmovido, echaron a correr y a volar, libres.
   De vuelta al barrio, el padre de Pit no paró de sudar. Yo iba sentado detrás en el coche y le veía pasarse todo el rato un pañuelo por el cuello. Cuando llegamos, dijo que se subía a casa. Pit le pidió que nos dejase quedarnos en el campo con la escopeta. Para mi sorpresa, el padre dijo que si.
   Debíamos de hacer una estampa ridícula, avanzando despacio los dos juntos, atentos a nuestro alrededor, como si estuviésemos rodeados de animales, como si aquel terreno chato y desnudo, sin un solo árbol, fuese la sabana africana. Un terreno en el que nada más veías lagartijas y hormiga; y únicamente oías grillos, cigarras, insectos.
   Hacía un día precioso. El cielo era de un azul intenso, limpio. El sol brillaba alegre. Atravesábamos un aire quieto, refrescante. Parecía que estrenábamos el mundo.
   Estábamos al principio del otoño y apenas había hierbas.
   De repente, vimos, como a diez metros de distancia, en lo alto de un cardo seco, un jilguero, un pájaro que visto al aire libre, no dentro de una jaula, pintado con colores vivos, sobre un fondo apagado, parecía un roto por el que asomaba otro mundo.
   Todo el campo se quedó en silencio. El pájaro miraba a su alrededor, quizá tratando de resolver el camino que debía seguir. Hacía movimientos con la cola, como para equilibrarse. Era un momento perfecto.
   Pit se puso de rodillas y le apuntó durante tanto tiempo que parecía que al final el pájaro se iba a acabar escapando.
   De pronto sonó una explosión que nos hizo cerrar los ojos. Se oyó también el retroceso de la escopeta golpeando en el hombro de Pit.
   Cuando abrimos los ojos el cardo ya no estaba. Durante un instante aún fueron visibles los miles de partículas en que se había pulverizado, flotando en el aire, como una nube pequeña. Nos acercamos y no encontramos restos del jilguero. No se veía el menor pedacito de carne, no había sangre. No había muerte. Tan solo una plumita limpia. Del cardo sólo quedaba el tocón, recto, impávido, como si por encima siguiese estando la planta, entera pero invisible. Parecía que habíamos asistido a un truco de magia.
   De vuelta al barrio vimos una escena alarmante. Un amigo del padre de Pit iba corriendo (ver correr a un adulto era alarmante) y entraba en el portal de Pit.
   Unos segundos después supimos que el padre de Pit había muerto en la escalera de la casa.

DICTADOS Y SENTENCIAS, María Zambrano

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MARÍA ZAMBRANO, Dictados y sentencias, Edahasa, Barcelona, 1999, 144 páginas.

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Antonio Marí, responsable de la edición, advierte: "Los aforismos recogidos en este libro son pensamientos extraídos de sus libros, escogidos por la verdad intrínseca presente en ellos y por la claridad y la belleza de su manifestación.
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Los dioses han sido, pueden haber sido inventados, pero no la matriz de donde han surgido.
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Filosófico es el preguntar y poético el hallazgo.
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En los tiempos modernos, la desolación ha venido de la filosofía y el consuelo de la poesía.
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El hombre ha de hacerse su propia vida a diferencia de la planta y del animal que la encuentran ya hecha y que sólo tienen que deslizarse por ella, al modo de como el astro recorre su órbita, dormido.
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Las utopías nacen solamente dentro de aquellas culturas donde se encuentra claramente diseñada una edad feliz que desapareció.
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La historia de la criatura humana [...] es una lucha entre el desengaño y la esperanza, entre realidades posibles y ensueños imposibles, entre medida y delirio.
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La soledad no es punto de partida, sino de llegada.

LUCIÉRNAGAS, Camilo Bargiela

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CAMILO BARGIELA, Luciérnagas, Renacimiento, Sevilla, 2009, 270 páginas.

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Renacimiento recupera, en su necesaria Biblioteca de Rescate, el único libro del bohemio tudense, en una magnífica edición de Emilio Gavilanes. Las secciones Cuentos y sensaciones y Otros cuentos reúnen sus relatos, preferentemente breves.

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INGENUIDAD

   —¿Y ese imbécil, ya volvió?
   —Pero, Ernesto, sólo considerando que es tan discreto al no mezclarse en nuestras cosas, debías ser más indulgente cuando hablases de Antonio.
   —¡Noto que le defiendes con mucho calor! Si no conociera a tu excelente marido, era cosa de tener celos de él.
   —¿Celos tú?... El hombre distinguido que toma las pasiones como un juego, que no interesa jamás al corazón. Quédense los celos para los albañiles y demás gente vulgar que aún cree en el amor, tan desacreditado en nuestros días.
   —¡Dolores!...
   —No, no te defiendas; así es como me resultas, loco mío. Tu desahogo será fingido, lo tendrás por pose, quizá sea una exigencia del buen tono, pero te sienta muy bien. Para amar en burgués, me bastaba con mi marido.
   —Pero, hija, ¿otra vez vuelves a sacar a escena a tu buen esposo? Ten mejor gusto. ¿No ves que desentona el cuadro?
   —Lo que quieras, Ernesto.
   —Debemos olvidarnos del mundo para ocuparnos de nosotros. Hoy estás diabólicamente hermosa.
   —Y tú rematadamente cursi.
   —¡Burlona!
   Sonó un beso, y la chaise-longue gimió agobiada por el peso de Dolores y Ernesto, que se sentaron. Ernesto la miraba con el cínico desenfado que le había dado fama de atrevido y conquistador entre las damas, atusándose el enhiesto bigote, descaradamente levantado sobre sus labios abultados y sensuales. Dolores se extasiaba en muda contemplación, irradiando a intervalos sus pupilas verdes, valientes y crueles, tonos metálicos, donde se revelaba el erotismo que estremecía aquel cuerpo ondulante y nervioso.
   Dolores se incorporó y trató de desasirse dulcemente de Ernes­to, exclamando:
   —¡Casi es de noche! Voy a mandar que los criados enciendan.
   —No; con la luz del crepúsculo los crímenes adquieren cierta grandeza. Espera.
   —Has hecho una frase. ¿Por qué no te dedicas a escribir novelas por entregas? Quizá te labraras un bonito porvenir.
   Las risas de Dolores y Ernesto, francas y ruidosas, se mezclaron.
   Reinó luego el silencio en la estancia.
   Ya brillaban las estrellas como globos de oro, presos entre las brumas de otoño, cuando Dolores mandó que entrasen las luces.
   —¿Qué hora es?
   —Las siete.
   —Tarda hoy más que de ordinario ese.
   —Hija, otra vez ese. Indudablemente te vas enamorando de tu manso compañero. ¡Tiene gracia la cosa!
   Y Ernesto se rió con risa forzada y nerviosa.
   —Lo que tiene gracia, es que tú estás celoso de Antonio.
   —¡Yo!...
   —Calla. Ahí está.
   Sobre la pared se dibujó una sombra que se agrandaba, a medi­da que el ruido de pasos sonaba más distintamente en el pasillo que conducía al salón donde se encontraban Ernesto y Dolores.
   A los pocos momentos apareció don Antonio, con su cara redonda y sin expresión, y su facha bonachona, adocenada e insig­nificante.
   —Da gracias a tu amigo Ernesto, que me acompañó para ayu­darme a matar el aburrimiento.
   Ernesto y don Antonio se saludaron afectuosamente.
   —Sí, amigo don Antonio, aquí me tiene usted cumpliendo gus­toso un deber de amistad. Ya que usted llegó, dejo al feliz matrimo­nio entregado a las dulces intimidades del hogar.
   Apenas había traspuesto Ernesto la puerta del salón, Dolores se levantó, echó los brazos al cuello de don Antonio, con desesperezos de gata, y dejó en los labios de su esposo un beso muy apretado.
   Don Antonio se estremeció al influjo de aquel transporte de su pequeña, como él la llamaba, y Dolores se sintió muy feliz, única­mente porque engañaba al presumido de su amante.

CUENTOS PARA DESPUÉS DE HACER EL AMOR, José Carlos Carmona

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JOSÉ CARLOS CARMONA, Cuentos para después de hacer el amor, Signatura, Sevilla, 2003, 120 páginas.

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LA BÚSQUEDA

   Más que un amante del amor, Jacinto Bermúdez era un amante de la literatura, o un tímido que se ocultaba tras un muro de papel y tinta. Jacinto Bermúdez creía que el sexo era un pasatiempo entre lectura y lectura y, aunque sabía que todas las chicas que habían pasado por su cama pensarían que lo de la pasión por la literatura debía de ser un cuento, él sabía que lo que era un cuento era su apasionamiento por el sexo.
   Jacinto Bermúdez las llevaba siempre a su casa con la excusa de ense­ñarles su nutrida biblioteca y ellas sabían que no iban para eso, pero iban porque Jacinto era tierno y bueno, dulce y apocado~ cariñoso y tímido. Jacinto las llevaba a su dormitorio porque allí estaba la litera­tura y mientras él miraba los estantes ellas miraban la cama. Luego Jacinto tomaba entre sus manos un volumen con exquisito cuidado y les leía poemas, cuentos, historias. Él se sentaba en la cama y ellas se tumbaban para ser leídas y él se lanzaba a la lectura y ellas siempre, siempre, apartaban de sus manos el libro, le quitaban con cuidado las gafas y se lo comían a besos, a abrazos, a gemidos. Jacinto Bermúdez miraba de reojo el libro y pensaba, una vez más, que nunca encontra­ría a la mujer que compartiera con él su sueño de tomar el sexo como un pasatiempo entre lectura y lectura.


EL VIENTO EN TU CARA, Félix Terrones

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FÉLIX TERRONES, El viento en tu cara, Editorial Nazarí, Granada, 2014, 132 páginas.

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TRAICIONERAS

   Tomé mi tiempo en aprenderlas pero una vez que empecé a manejarlas, no hubo quien me superase. Escogía las más pertinentes a la hora de conocer a alguien, explicar cualquier cosa o exponer mi punto de vista. Incluso cuando se trataba de mentir ellas surgían, veloces y persuasivas, para recrear esa realidad que me negaba a aceptar. Pero cuando me llegó el momento final, las traicioneras se resistieron a salir de mis labios, dejándome en un silencio vacío de palabras.

MÍNIMAS, Leonardo da Jandra

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LEONARDO DA JANDRA, Mínimas, Avispero Ediciones, Oaxaca, 2013, 174 páginas.

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Ante el éxito y la muerte todos somos aprendices.
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Cuando el miedo se vuelve una adicción las sociedades regresan al primitivo estado de redil.
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Donde no hay libertad los genios y los idiotas gozan del mismo prestigio.
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Algunos de los más grandes pensamientos y de las más profundas reflexiones se han hecho desde la enfermedad y el fracaso.
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Nadie adula a un fracasado, porque la sombra que proyecta no es de vida sino de muerte.
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A nivel cósmico el ser humano no es más que una bacteria pensante.
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En la selva, como en la política, el instinto trepador sólo se alimenta de muerte.
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Con renacido fervor, me preparo día a día para no esperar nada.
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Preocuparse es premorir, entender la vida como efimeridad y acabamiento.
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Por desgracia aún no he aprendido a serle fiel al silencio.

A-Z EMIGRADOS EN LONDRES, Xesús Fraga

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XESÚS FRAGA, A-Z Emigrados en Londres, Témpora, Salamanca, 2006, 162 páginas.

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Varias narraciones de este libro publicado por Xerais en 2003 son cortas.
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LILLIE RD., SW6

   ¿Quién es el primer amigo? ¿Con quién se estrena ese vínculo, si es que ya se puede calificar de amistad?
   Es en ese incierto crecimiento en el colegio donde se for­jan las alianzas y se ganan los enemigos que han de acom­pañarle a uno a lo largo de los años. Aquí nacen las lealta­des, las afinidades que no se eligen ni por gustos ni por favores: la empatía es una corriente soterrada, misteriosa e inexplicable, y su mano toca en la frente a los elegidos.
   Mi primer amigo lo fue sólo durante unos pocos meses. Apenas guardo recuerdos de la guardería de Lillie Road. Una estancia de techos bajos, suelo enmoquetado y dos estantes haciendo esquina llenos de libros. El readers cornel el lugar mágico donde era posible olvidarse de todo lo que había alrededor y sumergirse en otro mundo, el de papel. De hecho, es el único fotograma claro que conservo de la guar­dería. Hasta la presencia de Robin está descolorida Robin, mi amigo, mi compañero de juegos, inseparables al parece~ excepto en la lectura: era todavía muy niño para saber las letras. Robin, de nombre como uno de mis héroes, el pros­crito de Sherwood Forest, el protagonista de la primera película de la que tengo memoria, y con la que me reencon­traría muchos años más tarde, ante un televisor. Sí, Robin, quien lloró terribles lágrimas el día que me marché, yo, que le llevaba unos meses, y el colegio me reclamó antes que a él. Volvería a la guardería semanas después, una visita a los viejos compañeros, Robin también, creo que nos dimos un abrazo y yo, como aquel maldito día en que nos separaron, le tuve que explicar que no llorase, que así era la vida.
   Robin, ahora miro la fotografía que nos tomaron a toda la clase sentados sobre la hierba de un jardín y no sé decir quién eres, ni si realmente estás en el retrato. Mi madre tampoco es capaz de identificarte. ¿También tendrás tú esta fotografía? ¿Podrás tú saber quién soy yo?
   Robin, sí, el primer amigo, aunque sólo por unos meses.
   Robin, el único amigo que derramó lágrimas por mí. Sabías que llorar es la más certera de las lenguas, ya sabías bien pronto lo que es la vida, de qué me serviría explicártelo.

LECHE DEL SUEÑO, Leonora Carrington

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LEONORA CARRINGTON, Leche del sueño, FCE, México, 2013, 48 páginas.

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FCE edita una adaptación de los cuentos que la pintura surrealista imaginara para un público infantil.
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HUMBERTO EL BONITO

   Humberto, el niño más bonito de la ciudad, tenía ojos azules y chinos dorados. A pesar de que era muy bonito también era antipático. Le gustaba, por ejem­plo, echar ratas en las camas de sus hermanas para hacerlas llorar.
   Un día, su hermana Rosa puso un cocodrilo en su cama...
   —¡Ayyy! ¡Qué miedo! —gritó Humberto—. ¡Hay un cocodrilo en mi cama! Pero Humberto era tan bonito que el cocodrilo, en vez de atacarlo, le sonrió alegremente.
   Desde entonces, Humberto y el cocodrilo son grandes amigos y, por supuesto, ahora el niño es todavía más antipático, pues siempre va a todas partes con él.



UN MUNDO PELIGROSO, Felipe Benítez Reyes

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FELIPE BENÍTEZ REYES, Un mundo peligroso, Pre-Textos, Valencia, 1994, 116 páginas.

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EL VIGILANTE

   Que griten. Yo, como si fuese sordo. Que arañen sus elegantes forros de seda. A mí sólo me pagan para que vigile esto, no para que cuide de ellos ni para que me quiten el sueño con sus gritos. ¿Que bebo demasiado? No sé qué harían ustedes en mi lugar. Aquí las noches son muy largas… Digo yo que deberían tener más cuidado con ellos, no traerlos aquí para que luego estén todo el tiempo gritando, como lobos, créanme. Ahora bien, que griten. Yo, como su fuese sordo. Pero si a alguno se le ocurre aparecer por aquí, lo desbarato y lo mando al infierno de una vez, para que le grite al Demonio... Pero a mí que me dejen. Toda la noche, como les digo. Y tengo que beber para coger el sueño, ya me dirán. Si ellos están sufriendo, si están desesperados, que se aguanten un poco, ¿verdad? Nadie es feliz. Además, lo que les decía: tengan ustedes más cuidado. Porque luego me caen a mí, y ustedes no me pagan para eso, sino para cuidar los jardines y para ahuyentar a los gamberros, ¿no? ¿Qué culpa tengo yo de que los entierren vivos? Y claro, ellos gritan.

LOS SIETE LIBROS DEL KAMA SUTRA, Vatsyayana, Mallinaga

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Los siete libros del Kama Sutra. Aforismos de amor, Grijalbo, Barcelona, 2003, 258 páginas.

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 Libro de gran formato con más de 200 ilustraciones acompañadas de textos descriptivos precedidos de aforismos encontrados.
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La decencia, la propiedad y el amor; obediencia a todos ellos.
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La base de la experiencia erótica es el placer experimentado cuando: la oreja, la piel, el ojo, la lengua, separadamente, o junto con la nariz, están unidos en la propia persona, y gobernados por los sentidos.
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Vale todo. Porque la pasión no espera a nadie. Así dice Vatsyayana.
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Haz lo que haga. A un golpe, responde con otro. Y de la misma manera, devuelve besos con besos.
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Por haberse mantenido en secreto, y haberlo probado solo algunas veces...quién sabe...¿quién debe hacer qué, cómo y cuándo?





BOSQUE DE OJOS, María Rosa Lojo

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MARÍA ROSA LOJO, Bosque de ojos: microficciones y otros textos breves, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2011, 252 páginas.

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FORMA OCULTA DEL MUNDO

   Arrancada sin violencia del confin sigiloso, puesta claramente en espacio, dejas las aguas que los días han filtrado sobre la grava y aquella fragua severamente gélida que ahuyenta a los forjadores, los maestros en la transformación.
   Forma oculta del mundo traspasadora de las tierras compactas, allí donde reclama con cercanía el fresco temblor impalpable de la primavera que desdeñan.

WIKIPEDIA (Y OTROS MONSTRUOS), Javier de Navascués

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JAVIER DE NAVASCUÉS, Wikipedia (y otros monstruos), Los Papeles del Sitio, Sevilla, 2012, 84 páginas.

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FIJEZA DEL MONSTRUO

   Es un poco raro todo este cuento de la Gorgo­na. Según me han informado, el monstruo de ojos de sirena es capaz de convertir a un hombre en estatua de piedra sólo con mirarlo. Por el camino he podido comprobar con horror la verdad de los hechos. Decenas de cuerpos inmóviles se repartían a uno y otro lado del sendero, con sus posturas pa­téticas y los ojos abiertos, fijos en la nada eterna. Pero, cuando he llegado al final de mi viaje, me he dado cuenta de que esto no puede ser completa­mente cierto: cómo va a serlo si estoy detenido aquí y ahora, maravillado ante tanta belleza.

EFECTO MARIPOSA, Nana Rodríguez Romero

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NANA RODRÍGUEZ ROMERO, Efecto mariposa, Colibrí, Lima, 2004.

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BORGES Y LOS GATOS

   Jorge Luis Borges amaba a los tigres y sentenció que Dios creó al gato para que el hombre pudiera acariciar al tigre. Es así que bajo la caricia de la lengua áspera de los pequeños felinos en sus manos, conoció la secreta escritura, el enigma que guardan en el fondo de sus ojos, la adoración que provocaron entre los faraones del antiguo Egipto.
   Mi gato sube cadencioso las escaleras del altillo, se acerca, lame las manos del retrato de Borges, me mira, se acuesta a sus pies y para mi asombro, forma un círculo frente al sendero de miradas que se bifurcan.

CUENTOS DE OTRO MUNDO, Ángel Olgoso

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ÁNGEL OLGOSO, Cuentos de otro mundo, Editorial Nazarí, Granada, 2013, 164 páginas.

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EL GIGANTE

    De hito en hito el gigante, acometido de sueño y torpor súbitos, baja de las montañas en dos zancadas y se echa a dormir pesadamente sobre los pueblos parduscos de la dehesa. La cabeza de esta mole montaraz se posa entonces sobre Alcaudique. La espalda sobre Agicampe, Túrcal y Membrillar. Las piernas sobre Milanos y Tajarilla. Los brazos sobre Gibrapulpo y Retamales de Plines. A esta particular circunstancia sus habitantes la llaman noche.

ZONA DE INCERTIDUMBRE, Antonio Serrano Cueto

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ANTONIO SERRANO CUETO, Zona de incertidumbre, Paréntesis, Alcalá de Guadaíra, 2011, 288 páginas.

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LA ESTACIÓN DE LAS NIDADAS

   Mis amigos Sonia y Javier acordaron poner fin a una década de vida conyugal el día en que descubrieron excrementos de murciélago bajo la cama del dormitorio. Hasta entonces habían anidado en la habitación matrimonial numerosas parejas de aves de albo plumaje, que, según las estaciones del año, alternaban sus estancias o compartían el mismo hábitat en armoniosa y gárrula convivencia.
   Las primeras en aparecer fueron las ocas canadienses, tras un vuelo transoceánico que las dejó exhaustas. Pese a que en la casa reinaba el clima mediterráneo, las ocas se adaptaron con admirable prontitud y el hogar no tardó en llenarse de graznidos sagrados. Antes de emigrar hacia otras latitudes con sus crías, aún coincidieron durante una corta etapa con un par de flamencos —garbosa estampa como ninguna— que se instalaron junto a la cómoda de caoba.
   Después llegaron hermanados en el cielo los cisnes y las cigüeñas. Traían haces de ramas secas en los picos para la fábrica de los nidos. Los cisnes escogieron la mesilla de noche del lado de Sonia, mientras que las cigüeñas aplicaban barro y paja en los brazos de la lámpara del techo crotorando sin descanso.
   La estancia más tumultuosa fue sin duda la de las palomas, de suyo tan inquietas y volubles. Se acomodaron en una estantería junto al armario y en pocas jornadas la hembra empollaba dos huevos. Apenas las crías empezaron a volar con autonomía, la familia levantó el vuelo en dirección a los aleros de la iglesia próxima, atalaya excelente para controlar la llegada a la plaza de los ancianos con bolsas de pan.
   La última fase del matrimonio se caracterizó por la afluencia de las visitas internacionales, ya que estuvo presidida por una pareja de garzas reales procedentes de Venezuela, otra de cacatúas galeritas nativas de Oceanía y una tercera de pelícanos llegados desde la remota Mongolia.
   Al marcharse todas las aves y quedar el dormitorio desierto, la armonía se quebró y Sonia y Javier aceptaron que su matrimonio había entrado en fase terminal. Porque en tanto había vida en los humedales y cantos en las ramas de la tupida arboleda, las desavenencias y el desapego crecientes reposaban sobre un lecho ilusorio, de albo y mullido plumaje.

PENSAMIENTOS DESPEINADOS, Stanisław Jerzy Lec

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STANISŁAW JERZY LEC, Pensamientos despeinados, Pre-Textos, Valencia, 2014, 224 páginas.

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Yo mismo presencié un milagro. Fue cuando las cosas aún podían arreglárselas sin ellos.
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También el mal quiere sólo nuestro bien.
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Sé el primero en tirar la piedra; si no, te llamarán epígono.
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Siempre que la humanidad tiene la oportunidad de hacerlo, los crímenes se subliman con el arte.
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Insisto en que a la gente le gustan los pensamientos que no le obligan a pensar.
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Dos líneas paralelas se encuentran en el infinito. Y se lo creen.
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Cuando el mito se transforma en realidad, ¿de quién es la victoria, de los materialistas o de los idealistas?
***
Entra en ti mismo sin llamar.
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Cuando un caníbal come con cuchillo y tenedor, ¿se puede hablar de progreso?
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Incluso en su silencio había faltas de ortografía.

ACTOS QUE CREAN HÁBITO, Roberto Perinelli

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ROBERTO PERINELLI, Actos que crean hábito, Macedonia, Morón, 2014, 136 páginas.

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DECISIÓN


   En el rubro del diario “personas extraviadas” encontró una foto suya. Los otros datos también coincidían: pelo oscuro, ojos negros y una cicatriz de niño en la mejilla derecha. La edad era aproximada y la talla casi daba con la suya. Salió a buscarse y se localizó sentado en un banco de plaza, tomando el sol de la tarde, sin ninguna gana de que lo encontraran, tampoco de volverse a casa.

SOMBRAS AL MEDIODÍA, Alejandro Jodorowsky

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ALEJANDRO JODOROWSKY, Sombras al mediodía, Dolmen, Santiago de Chile, 1995, 200 páginas.

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CALIDAD Y CANTIDAD

   No se enamoro de ella, sino de su sombra. La iba a visitar al alba, cuando su sombra era mas larga.

365 HAIKUS Y UN JISEY, Joan de la Vega

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JOAN DE LA VEGA, 365 haikus y un jisey, Rúbrica Editorial, Prat de Llobregat, 2012, 102 páginas.

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La flor intacta
despeja toda duda.
Ama el amor.

SEGUNDA ANTOLOGÍA DEL CUENTO CORTO COLOMBIANO, Guillermo Bustamante Zamudio & Harold Kremer

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GUILLERMO BUSTAMANTE ZAMUDIO & HAROLD KREMER, Segunda antología del cuento corto colombiano, Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá, 2007, 188 páginas.

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 En la Introducción (pp. 11-12) los autores señalan que "la época que atravesamos, frívola y ajena a la pregunta, cada vez hace menos necesaria la literatura". Estos 145 cuentos cortos abogan por desatar la perplejidad.
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CATARSIS

   EL hombre abre el libro y al entrar en él, una mujer alta y delgada se dirige al lavabo. Siente entonces un vértigo, quiere respetar esa intimidad pero la mujer ya está a horcajadas sobre la taza.
   La repasa minuciosamente, él no la ha escogido pero está, allí, solitaria y desnuda, tan cerca que podría tocarla. Ella parece no verle, se levanta, coge una toalla y se dirige al lecho. Él la sigue, luego arranca sus ojos del desnudo, recorre el cuarto y se detiene de espaldas a la ventana por donde se filtra la luz amarilla de un farol.
   La mujer a bordo del lecho se vuelve hacia la mesita de noche y enciende la radio, la música irrumpe con la cadencia de un blues, mientras la puerta se abre y un hombre joven entra y se tiende junto a ella. El hombre de la ventana recrimina su actitud, siempre ha respetado la intimidad de los demás pero pese a su resistencia es incapaz de retirar la mirada de la escena amorosa, se ha excitado a tal grado que su respiración lo delata.
   —¿Hay alguien más aquí? —pregunta el joven incorporándose rápidamente del lecho.
   El hombre se avergüenza y cierra el libro.

Orlando López Valencia

GUINDAS EN AGUARDIENTE, Francisco Sosa Wagner

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FRANCISCO SOSA WAGER, Guindas en aguardiente, Uned, Valencia, 2000, 80 páginas.

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En Teoría de la guinda en aguardiente (pp. 9-11), el autor declara que las guindas de este libro "no pretenden ser aforismos ni sentencias". Elige para estos Dichos para quedar bien en las reuniones, la estela de las greguerías de Ramón, los aerolitos de Ory o los pensamientos despeinados de Lec.
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Las vidrieras de algunas catedrales son las calcomanías del Cielo.
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Las revoluciones son los despertadores de la Historia.
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Debería haber neveras donde poner a enfriar los desengaños amorosos.
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Las notas a pie de página son la ortopedia de los libros.
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La conferencia es la misa del ilustrado.
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Las palabras en español que tanto se emplean en el idioma español deberáin ser tiradas por el water.
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Cuando roncamos asustamos a los sueños.

EL LIBRO DEL ESCARNIO, El Descosío

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EL DESCOSÍO, El libro del escarnio, Ma Non Troppo, Barcelona, 2000, 224 páginas.

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"La risa [...] equivaldría a una liberación de nuestras tendencias antisociales", leemos en el Prólogo de esta antología que recoge perlas de ingenio malévolo.
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Lo malo de los cristiano renacidos es que todavía son más pelmazos la segunda vez.
[Herb Caen]
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Debe de haber algo de cierto en eso de la acupuntura, al fin y al cabo, nunca he visto a un puercoespín enfermo.
[Bob Goddard]
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Lo de las Falkland fue una disputa por un peine entre dos calvos.
[Jorge Luis Borges]
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Me gustaría llegar a ser tan conocido uno de estos días, tan celebrado, tan popular, tan famoso, que pudiera yo echarme un pedo en público y que el público lo considerase la cosa más natural del mundo.
[Honoré de Balzac]
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Es un libro para que maten el tiempo aquellos que lo prefieren muerto.
[Rose Macauly]
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Me gusta la música de Wagner más que ninguna otra. Es tan ruidosa que uno puede hablar todo el rato sin que la gente oiga lo que uno está diciendo. Lo cual es una ventaja.
[Oscar Wilde]
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Como las mujeres no saben hacer nada excepto amar, le atribuyen a eso una importancia ridícula.
[W. Somerset Maugham]
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Triunfar no es suficiente, es menester que los amigos fracasen.
[Gore Vidal]
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Hoy día los niños son unos déspotas. Contradicen a sus padres, se atiborran de comer y tiranizan a sus profesores.
[Sócrates, hacia 425 a.C.]
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Los críticos son como los eunucos de un harén: saben exactamente cómo hay que hacerlo, y todas las noches ven cómo se hace, pero ellos no lo consiguen.
[Brendan Brehan]
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Ser actor o actriz es como dibujar sobre un papel higiénico. Diez minutos más tarde todo se tora y adiós a la gran creación.
[Shelley Winters]
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La televisión es un invento mediante el cual usted se distrae en su sala de estar con la conversación de unos individuos a los que normalmente no dejaría pasar de su recibidor.
[David Frost]
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El cisne canta antes de morir: no sería malo que algunas personas muriesen antes de haber cantado.
[S.T. Coleridge, 1772-1834, poeta inglés]

MORDIENDO EL FRÍO, Edwin Madrid

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EDWIN MADRID, Mordiendo el frío, Visor, Madrid, 2004, 68 páginas.


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FOTO DE MI PRIMA

   Mi prima Cirinea a quien ya le estaban apareciendo un par de montañitas en el pecho, una noche se metió en mi cama. No recuerdo si dijo por miedo o mucho frío. Poco a poco se colocó sobre mí, me tomó del sexo y susurró: Tienes un pito pequeñito; luego también dijo. No importa con tal que pite, y se zambulló en las cobijas. Entonces yo, en vez de pitar, casi-casi me orino.
   Después intenté hacerlo con cada una de las primas pero ninguna sabía nada de nada. Así que cada vez esperaba con ansias a Cirinea. De esta manera crecimos hasta que se marchó al extranjero. Ahora, de vez en cuando, envía fotografías en las que aparece junto al gringo de su marido, y al fondo se divisa la estatua de la libertad.

FICCIONES A CONTRAPUNTO, Fernando Sánchez Clelo

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FERNANDO SÁNCHEZ CLELO, Ficciones a contrapunto, BUAP, Puebla, 2012. 

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EL MARQUÉS Y LA SÁDICA

   —¡Hagamos el 69! —ordenó enérgico.
   —No —respondió tranquila la mujerzuela—, para ti prefiero el 61.
   Lo decapitó y le hizo el amor.

MALDITO VICIO, Carlos de la Fé

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CARLOS DE LA FÉ, Maldito vicio, Editorial Nazarí, Granada, 2013, 164 páginas.

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EL ETERNO RETORNO
A Carlos Almira

   Se había convertido en inmortal y nadie lo sabía. Por otro lado, nadie vivía tanto para comprobarlo. Nadie es perfecto.
   Nacía y resucitaba cada cierto tiempo. El único inconveniente era haber olvidado la técnica para hacerlo a su antojo.
   Cada vez que cualquiera se interesaba por la historia de su vida, renacía. Cuando creían saberlo todo, lo condenaban al olvido, a la muerte, a la nada.
   No era tan malo saber que todo se repetiría una y otra vez, detalle a detalle. Puede parecer tedioso pero era reconfortante saber que tarde o temprano alguien se emocionaría al conocer su historia y resucitaría con cada nueva lectura.

EL APESTOSO HOMBRE QUESO Y OTROS CUENTOS MARAVILLOSAMENTE ESTÚPIDOS, Jon Scieszka

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JON SCIESZKA, El apestoso hombre queso y otros cuentos maravillosamente estúpidos, Thule, Barcelona, 2004, 52 páginas. Ilustraciones de Lane Smith.


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LA PRINCESA Y LA BOLA DE JUGAR A BOLOS

   Érase una vez que había un príncipe. Y por alguna razón al padre y la madre del príncipe (el rey y la reina) se les metió en sus reales cabezas que ninguna princesa habría de ser lo bastante buena para su hijo a no ser que fuera capaz de notar la presencia de un guisante bajo cien colchones.
   No es de extrañar, pues, que al príncipe le costara dar con una princesa. Cada vez que conocía a una chica guapa, su madre y su padre apilaban cien colchones uno encima del otro sobre un guisante y luego la invitaban a dormir en lo alto.
   Cuando la princesa bajaba a tomar el desayuno, la reina le preguntaba:
   —¿Qué tal has dormido, preciosa?
   La princesa, muy educada, decía siempre:
   —Bien, gracias.
   Y entonces el rey le indicaba la puerta.
   Así fue durante tres largos años. Como es lógico, nadie era capaz de notar la presencia de un guisante bajo cien colchones. Hasta que un día el príncipe conoció a la chica de sus sueños. Y decidió tomar cartas en el asunto. La noche en cuestión, antes de que la princesa se acostase, el príncipe colocó una bola de jugar a bolos bajo los cien colchones.
   Cuando, a la mañana siguiente, la princesa bajó a desayunar, la reina le preguntó:
   —¿Qué tal has dormido, preciosa?
   —Siento decirlo —respondió la princesa—, pero creo que tendríais que cambiar el colchón. He tenido la sensación de dormir sobre un bulto tan grande como una bola de jugar a bolos.
   El rey y la reina se miraron satisfechos.
   Al poco, el príncipe y la princesa se casaron.
   Y todos fueron felices, aunque no del todo honrados, y comieron perdices.


LOS CUADERNOS DE REMBRANDT, José Jiménez Lozano

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JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO, Los Cuadernos de Rembrandt, Pre-Textos, Valencia, 2010, 240 páginas.


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Esta sexta entrega recoge los cuadernos desde finales del 2005 hasta el 2008.
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En una revista femenina supermoderna, este espontáneo comentario de una diva o mujer mundana y famosa: “Siempre que veo por la tele a todos esos niños hambrientos, no puedo evitar echarme a llorar. Es decir, que me encantaría ser así de flaquita, pero sin la muerte y todo eso”.
Es toda una confidencia, ciertamente, y nos deja un tanto perplejos su frivolidad; aunque también puede ser ésta solamente una de las maneras de exorcizarse o liberarse de las acusaciones de aquellas terribles imágenes ciertamente acusadoras para todos. Pero quizás un comentario moralizante sobre la injusticia de nuestro mundo, envuelto en mucho humanitarismo y en el buenismo de nuestros sentimientos, o todavía peor en razones políticas, muestra una más retorcida frivolidad que la de la diva. Y ésta sí que es una verdadera maldad, aunque no lo parezca.
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Un personaje público gallego ha pedido la galleguización de las lápidas sepulcrales, para ofrecer a los siglos venideros, en el caso de una catástrofe planetaria, unos vestigios lingüísticos por lo menos. Y el asunto tiene su lado más bien cómico, pero no del todo.
Como ya nos previno Ernst Bloch, la gran esperanza para el individuo de este tiempo estaría en la gran corona de flores que enviaría la empresa en la que había trabajado en vida, y, visto lo visto, la gran esperanza de los pueblos sería la de convertirse en material arqueológico, en espera de un Champollion. Es decir, de la filología como Juicio Último.

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San Roberto Belarmino, que fue el presidente del tribunal que juzgó a Galileo, y que por cierto era copernicano como el propio Galileo en cuestiones de astronomía, decía: “Si los españoles supiesen que tengo las obras de Calvino, y que las leo frecuentemente podrían hacerme mucho daño”. ¡Si nos conocería! Y continuamos lo mismo.
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Una noticia más acerca de la vida del hampa que ya cohabita con nuestra vida civil: una paliza dada a un adolescente por otros chicos de su misma edad es grabada, en un teléfono móvil —se supone que como souvenir—, y sus autores castigados luego con cien euros. ¿En atención al uso de nuevas tecnologías, esta comprensiva benevolencia del castigo? ¿O en atención a la joven edad y la deportividad de los implicados en el hecho? ¡Quién sabe!

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ANOCHECER DE JUNIO

Hoy, al ponerse,
incendió el sol la corteza de los pinos
de un rojo cobrizo;
pero enseguida
impuso la noche su orden,
cubrió de ceniza aquellos resplandores,
y encendió sus candiles.

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Evelyn Waugh hablaba, sin embargo, de un exilio más terrible cuando escribía: “Haber nacido en un mundo preñado de belleza y morir en medio de la mayor fealdad es el destino común de todos nosotros, los exiliados”, Pero Waugh se refiere al mundo que vivió en su infancia y al exilio o la extrañeza del mundo que tuvo que vivir después; y tiene sus razones. Aunque todavía no era el nuestro, que tiene todas las posibilidades para ser vividero para sus habitantes, pero no lo es, sino que es el triunfo de los abstractos, y un mundo “de una horrible fealdad”, como ya decía Walter Gropius de la arquitectura.
Pero me parece que, de todos modos, es el exilio de la infancia lo que nos acongoja de veras.


JARDÍN DE FRANCIA, Elena Poniatowska

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ELENA PONIATOWSKA, Jardín de Francia, FCE, Madrid, 2008, 430 páginas.

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Recoge este volumen los artículos de que Elena Poniatowska escribió durante los años 50.
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MARÍA CASARES Y JEANNE MOREAU

   Además de Edith Piaf, Audrey Hepburn y Leslie Caron, también María Casares y Jeanne Moreau destacaron en los teatros y en las pantallas de Francia. ¿Quién no conoce a esa gran actriz que es María Casares, la mejor intérprete de Jean Cocteau, de Marcel Carné, de André Cayatte, de Rafael Alberti, la esposa des­deñada por Jean~Louis Barrault en Les enfants do Paradis, la inolvidable muerte en Orfeo?
   La Lady Macbeth de María Casares es una tigresa. Vive en un pequeño departamento de la calle de Vaugirard, en donde los ladridos de su perrito Quat'sous (Cuatro centavos) reemplazan el sollozo de las lechuzas, los rayos y truenos prescritos por Shakespeare. En la sala no había brujas ni caldera con la poción envenenada, ni la bola de cristal del futuro, ni hechizos o escobas. La acompañante de María, su fiel Ángela, le sirve casi a diario unos huevos revueltos con Jitomate porque es española y tiene los mismos gustos que patrona, a quien atiende desde hace más de veinte años.
   María Casares, actriz de origen español, conoce bien a Octavio Paz. Admira su poesía y siente simpatía por Elena Garro, su talentosísima mujer. "Elena es especial, ¿verdad? La encuentro aún más atractiva que él.”
   Es hosca, pero cuando un tema le interesa, se suelta hablando como cotorra, a veces en español, a veces en francés, un poco a la manera de La Bella Otero, que interpreta nuestra María Félix.
   La conversación de María Casares sorprendería a los amateurs de cocktail parties, a los adictos a la trivia, que ella rechaza con una terquedad de hembra española. “¿Qué quiere usted? Soy infeliz en reuniones sociales.” Cuando María ríe, le sale una risita de cabra acatarrada que descon­cierta.
   —¿Qué papeles ha hecho últimamente?
   —La Provincial de Turgueniev, en la que tuve que usar una peluca rubia que me disgustó. “La Segunda”, de Colette. “La Perricholi» peruana, y la Grouchenka de Los hermanos Karamazov papel al que aspiraba la rubia aero­dinámica de la época nylon, Marilyn Monroe. Me quejo de no hacer más que papeles funestos pero reconozco en Lady Macbeth el rol de mi vida.
   María Casares tiene una larga trenza negra que encarcela dentro del casco de Lady Macbeth. Además cuando fuma, da el golpe, como decimos en Méxi­co, y guarda el humo durante tanto tiempo que tuve la absoluta certeza de que saldría pita y pita y caminando como locomotora pero a los cinco minutos lo soltó redondeando la boca, y descansé.
   —Lady Macbeth no es un papel, señorita, es una serie de flashes o de fuegos de artificio (y enciende un fuego de artificio imaginario entre sus de­dos). Lady Macbeth no es un ser humano; es una fuerza de la naturaleza. No está unida a su marido, sino sembrada en él, como un árbol, cuyas raíces se aferran a la tierra. Es tan ambiciosa como una planta sedienta; se seca y espera que la rieguen. Se abandona a la alegría del éxito como el viento a la alegría de soplar. Su crimen es un monumento a la torpeza. El único que puede con ella es el sueño. Hice el papel de Lady Macbeth como pienso que ella lo vivió, es decir, sin pensar


JEANNE MOREAU

Por culpa de Jeanne Moreau, Jean Marais decidió transformarse en Pigmalión. La Moreau lo dejó con la boca abierta y su admiración por ella es ilimitada (Ella y Marlene Dietrich, la abuelita de las piernas más bellas de Europa, son las dos únicas mujeres que han logrado impresionarlo.) A Marais le gusta la barbilla voluntariosa de la Moreau, su mirada atenta, su energía y el modo que tiene de memorizar sus papeles y ensayarlos sin tregua ni descanso.
   Desde que montó Pigmalión de Bernard Shaw Jean Marais no ha tenido otra compañera de teatro. Jeanne huyó de la Comedia Francesa a la edad en que todos sueñan con ser admitidos en ella. Por culpa de Jeanne Moreau, Ma­rais montó también Galatea de Bernard Shaw.
   Si Elisa Doolittle la pordiosera vende violetas, Jeanne Moreau reempla za el cockney de la heroína de Bernard Shaw por una especie de jerga francesa.
   Cada una de las actitudes de la Moreau, sus entradas a escena, sus movimientos fueron minuciosamente planeados por Marais “¡Ah! —dice Jeanne Mo­reau—, puedo tener la certeza de que a mi director no se le va una. Estoy ex­hausta y encantada.”