HUEVOS MORALES, Barón de Hakeldama

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BARÓN DE HAKELDAMA, Huevos morales: axiomas de perpleja elocuencia exhortados en tiempo de Adviento a la gloria del Inefable en el monasterio de El Pauler a la hora de ánimas por la pluma del doctísimo el muy sereno, Swan, Madrid, 1983, 78 páginas.

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Bajo el pseudónimo Barón de Hakeldama, José Gustavo Bernal Vidal firma unos huevos morales que, como él mismo explica en sus Disertaciones de apertura, no dicen "la palabra, la palabra se dice en mí en su arrebato, me señala con su vómito, su lepra y su insignificancia".

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No tengo intención de existir en mis palabras. Siento a la niebla por madre y en al hojarasca escucho a mis vástagos.
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El vacío todo lo horada. Es como si el alma fuera demasiado gorda, excesivamente cebada como para enhebrar un universo tan fino, ideado con tan mala leche.
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El triunfo únicamente es fruto de la imbecilidad de los demás: el fracaso de la necedad propia. Resulta difícil distinguir un destino sin culpables.
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El juicio final, como las cataratas del Niágara u otras cosas desmesuradas, será, más que nada, un acontecimiento turístico.
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Lo contrario de la lucidez es la sensatez, por eso de dios puede esperarse todo menos que dimita.
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Para pasar a la historia debería ser bastante con una sola frase. Con una puñalada es suficiente.
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La mejor manera de ocupar un lugar de excepción en el corazón de alguien es traicionarle; amarle sólo asegura un puesto de segunda categoría en el fárrago de su pensamiento.
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Un acontecimiento, cuando es presentido, es ya un asunto acabado.

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